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sábado, julio 2, 2022

El jaqués en la Vía Céltica y el Camino Jacobeo

– Rafael Lema –

En la Vía Céltica que desde Santiago llega a la Costa da Morte atravesando el puente de Portomouro y la Terra de Xallas destaca la existencia del taqueado jaqués, una decoración del románico ibérico vinculada al Camino de Santiago de la que he hablado en otro artículo. El jaqués aparece en Paramos, Cereixo, Leis, Xaviña, Frixe, Mens y Anllóns.

En primer lugar, recalco que el taqueado jaqués se tiene por un elemento decorativo vinculado al Camino Jacobeo, y pese a que pueda parecer un motivo bastante extendido en nuestro románico lo cierto es que no son tantos los ejemplos gallegos. Todos guardan además filiación y responden en general a obras de la segunda mitad del siglo XII. Por una parte, subrayamos su simbolismo jacobeo, su carácter identificador del camino. Por otra, la mano de padrinos comunes: los benedictinos o señores relacionados con órdenes militares como el Temple o San Juan.

La primera idea nos lleva a pensar en el tablero de juego (damas, ajedrez). Es el camino un juego, una empresa a acometer. El cuadro de juego de 8×8 filas nos habla de un número significativo (8). Como lo es su resultado: 64. El paraíso al final del juego de la oca. Otros motivos del arte románico son a la vista cercanos y suelen aparecer al lado del jaqués: los rombos, triángulos, aspas, cintas entrelazadas, estrías. En mis intentos por descifrar la simbología secreta de los mal llamados «rasgos decorativos» del románico lo trato del símbolo más oscuro. Por supuesto, me sumo a su significación jacobea, como marco de caminos de peregrinación e incluso de hospedería (de tierra de monjes y señores hospitalarios).

El significado bíblico del número 8 está íntimamente ligado a Jesús. Es la «fertilidad abundante», el número de la obra ya acabada, el número de la perfección. El del renacer, la vida que comienza dentro de esa obra. Todo lo que ganamos es lo que vamos perdiendo en el camino, lo innecesario que dejamos atrás envuelto en el polvo levantado por nuestras botas gastadas, para ilusionarnos de nuevo mirando a la luz que viene del lejano horizonte con el viento marino. Como señal de inicio, el 8 aparece en otras culturas (china, japonesa). En numerología es compatible en lo material con el 4 y en lo espiritual con el 9. Es la justicia y plenitud, el equilibrio cósmico, con una dimensión horizontal y vertical (la que vive el peregrino caminado hasta el elevado pórtico). El juicio final, la puerta al paraíso.

En el tímpano del pórtico de la traslación de Santiago de Cereixo (orlado con un tornalluvias jaqueado) son ocho las figuras de la escena. El arco de medio punto se divide en dos, en cada parte hay siete flores que sumadas al abad que bendice en la piedra clave suman 8. El abad es el obispo Teodomiro descubriendo el sepulcro compostelano. Siete apóstoles más Cristo se hallan en el tímpano de la puerta sur de Moraime, del mismo autor. Un taller de la Trasmiera cántabra. En el reverso se dispone un agnus dei, con dos aves picando en el fruto de la vid (la sangre de Cristo) y dos ángeles sosteniendo el clipeus donde se inscribe el cordero. Cristo en un clípeo, asistido a ambos lados por dos apóstoles que flotan en el aire con las capas llevadas por el viento a modo de alas, recibiendo una piedra y unas llaves, lucen en un friso de la portada de San Miguel el Mayor de Pavía, tempo fundamental del románico lombardo. Dos pilastras (una estriada y otra con zigzag) suben hasta su altura en esta basílica. Otras dos columnas con idéntica decoración y ubicación soportan el tímpano de Moraime. En el crismón del pórtico de Jaca, origen del taqueado jaqués, leemos el mensaje de la Santísima Trinidad. Dispone rosetas entre los 8 radios, que se relacionan con el Paraíso.

Cristo resucitó del reino de los muertos el primer día de la semana. Tras el diluvio, Noé fue la octava persona que pisó la Tierra para dar inicio a una nueva era. La Biblia contiene hasta 8 resurrecciones, incluyendo la de los santos. Aarón y sus hijos fueron consagrados en 7 días y comenzaron su misión en el octavo. La fiesta de los Tabernáculos duraba 8 días. Existen 8 cánticos en el A.T que se guardan para ser cantados después de la Resurrección. La curva irregular en forma de bucle, cercana al analema lunar (figura en forma de 8) es un patrón «decorativo» que aparece en las primeras creaciones prehistóricas. Por ejemplo, en un colgante de marfil encontrado en Stajnia (Polonia), de 41.500 años de antigüedad, considerada la pieza ornamental más antigua de Eurasia. Y en otras del Jura de Suabia o Francia.

El jaqués visto como tabla del Alén, final del juego, del camino, si seguimos la línea de los templos en donde los antiguos maestros canteros lo grabaron, nos acerca al mar de la Costa da Morte, a las «arenas del paraíso»: a Santa María das Areas de Finisterre, a la Area Maior de Moraime y a la poza-fondeadero del puerto de Santiago de Cereixo.

Otro mensaje que saco del estudio del jaqués en nuestras iglesias es el de ser un motivo emparejado al de Cristo como Hijo de Dios. Aparece diáfano en la iglesia original, la catedral de Jaca.

El mensaje cristológico del taqueado es claro en la portada del Cristo de los Gascones de la iglesia de los santos Justo y Pastor de Segovia. En templos con jaqués de Palencia como Moarves de Ojeda (pórtico de San Juan Bautista) o el friso exterior de Pisón de Castrejón (modelo de Ojeda y Carrión). La cruz de Malta orla el tímpano de San Salvador de Pazos de Arenteiro, encomienda templaria y sanjuanista. Y el crismón es un elemento clave en San Pedro de Leis (Muxía), San Pedro de la Rúa de Estella (en el centro del arco de la porta), San Pedro de Escunhau (Lérida). En esta última iglesia brilla también un magnífico Cristo resucitado. A Cristo nos lleva el patronazgo de muchos se estos templos decorados con ajedrezados: el Salvador, el Santo Sepulcro, Santa María, los Apóstoles (sobre todo Pedro y Santiago). A veces va acompañado de flores de lis (Cristo), como abajo citaremos. El tornalluvias ajedrezado de la puerta norte de Eiré corona la arquivolta del cordero. En Ferreira de Pallares se perfilan con arcos de moldura ajedrezada las alacenas sagrario de los muros, en donde se exponía la custodia cuando dejó de guardarse en la sacristía.

Bellos ejemplos gallegos de taqueado jaqués los observamos en San Pedro de A Mezquita, San Pedro de Dozón, San Julián de Astureses, Santo Tomé de Serantes (Leiro), San Pedro de Ansemil, San Salvador de Pazos de Arenteiro, Razamonde (Ourense), San Miguel de Eiré (Ourense), Santa María de Armenteira, San Nicolás de Portomarín, Santa María de Ferreira de Pallares, la catedral de Santa María de Lugo, San Martiño de Mondoñedo. Son templos que fueron abadías o relacionados con monasterios como Xunqueira de Ambía, Armenteira, Carboeiro. O con San Paio de Antealtares (Dozón, Ansemil), que anexionará Mens y Seavia. Los señores de Montaos y las abadesas de su casta fueron grandes patronos de las monjas que custodiaban el sepulcro jacobeo.

La gran representación del jaqués en la catedral de Lugo es un ejemplo altamente significativo, por la relevancia política y religiosa de la sede lucense. Aparecen impostas corridas de billetes anillando el interior de los muros, en fustas de arcos, tornalluvias, en la puerta del muro sur, la puerta norte. Lugo es la ciudad de Santa María y del Sacramento. La devoción eucarística lucense parte del siglo XI y más tarde adquiere el privilegio de la exposición continua.

No es menor la referenca al jaqueado en ventanas y capiteles de San Martiño de Mondoñedo (X-XI). El tímpano de la portada oeste presenta un crismón y un agnus dei inscrito en un círculo tetralobulado. El tornalluvias está decorado con flores de lis. El pórtico se acompaña a sus lados por ventanas orladas con jaqueados. Un capitel interior presenta decoración de jaqueado y zarcillos de vid (el vino, la sangre de Cristo). De nuevo refuerzan la simbología cristológica del jaqués. La sede de san Rosendo y san Gonzalo guarda la memoria de la antigua Britonia y su Monasterium Maximi, que desde el refugio del obispo-abad de Dumio por la invasión sarracena contaba con Nemancos para su sustento y hasta 1955 conservó parroquias en la Costa da Morte (Xornes y Camariñas). Como dejó escrito Chamoso Lamas, el ecléctico templo «es producto de la Historia antes que de un maestro concreto». En San Martiño, como en San Juan de Villanueva (1040), San Esteban de Ribas de Miño, Vilar de Donas, Santo Tomé de Serantes, Santa María de Mezonzo aparece la mano de los maestros del románico lombardo llegado desde Cataluña. El origen y centro de la rosa. Las arcadas lombardas decoran fachadas, ábsides, pilastras.

Si pensamos que el románico finisterrano, y el gallego en general, deben tanto a los talleres de la catedral de Santiago (Mateo, Esteban de Platerías), lo cierto es que no es precisamente el taqueado jaqués un elemento artístico presente en las maravillosas puertas de la sede metropolitana. Esteban es el maestro de Platerías. Se muestra en San Isidoro de León como discípulo del maestro de Jaca. En la catedral de Santiago de Compostela levanta los capiteles del crucero, después de trabajar en San Isidoro de León, al morir el que hasta entonces era maestro de obras Bernardo el Viejo (seguramente padre de Esteban). Su mano la vemos en la Basílica de San Sernín de Toulouse, concluida por el maestro Esteban hacia el final de su vida. El gran maestro Mateo, autor del Pórtico de la Gloria y posiblemente gallego, es probable que se formara en los tramos franceses del camino.

Los ejemplos compostelanos de billetes los vemos en templos menores, pero simbólicos. En la portada de Santa María Salomé, o en la Colegiata de Santa María de Sar (ventanas exteriores del cabecero, puerta norte, puerta principal). Sar se fue anexionando monasterios como Ambía, y en Bergantiños los de Santo Estevo de Anós y San Tomé de Nemeño.

Desde su origen en Jaca el taqueado se extendió por el Camino Jacobeo, pero de nuevo va marcando o singularizando una serie de templos entre los que encontramos algunos de los más renombrados de la gran vía de peregrinación. Lo ilustraremos con ejemplos españoles.

Franjas o molduras de billetes los vemos en: la catedral de San Pedro de Jaca, Santa María del Camino y Santiago de Carrión de los Condes, la Portada del Cordero de San Isidoro de León, la Porta Speciosa de San Salvador de Leyre. O en los templos de: San Pedro de la Rúa de Estella, Santa María la Real de Sangüesa, Santos Justo y Pastor de Segovia, Santo Sepulcro de Torres del Río, San Pedro de Tejada, el Santuario de la Virgen de Lugás, Santa María de Valdediós, San Facundo y San Primitivo de Silió, San Martín de Tours de Arzaiz, San Román de Cirauqui, San Pedro de Escunhau, San Pantaleón de Losa, Moarves de Ojeda, Pisón de Castrejón, Cozuelos y Sotillo (Palencia), El Olmo (Segovia), Caltojar (Soria), Santa María de Puilampa, San Miguel de Biota, San Claudio de Olivares.

De ERGOGAR – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=35572447

DE JACA AL JAQUÉS

El taqueado jaqués se denomina asimismo ajedrezado, billetes, tacos, escaqueado, dados, escacat, taquejat. Se trata de un tipo de ornamentación típico de nuestro románico basado en pequeños cilindros alineados que se encuentra en frisos y arquivoltas de puertas y ventanas. Incluso en capiteles. Podemos buscar un origen en el románico lombardo, en el friso de rolleo o de rodillos, aunque en ese caso los cilindros alternan con áreas planas. Se tiene por un tipo de decoración salido del románico de Jaca, ciudad episcopal que le dio nombre. Desde los obradores de la catedral de Jaca se extendió por el Camino de Santiago hacia el oeste de la península Ibérica.

La Catedral de San Pedro de Jaca o Seo de San Pedro de Jaca es una de las construcciones más antiguas del románico español. Las obras pudieron iniciarse con las de la catedral de Santiago de Compostela, en el último cuarto del siglo XI y en unas circunstancias también parecidas de búsqueda de apoyos europeos a los proyectos políticos e ideológicos de dos reinos católicos acosados por el Islam, y de cobijo espiritual a la sombra redentora de Roma. La obra de Jaca nace de las relaciones diplomáticas de los primeros reyes aragoneses con Roma, y por tanto con los talleres del románico del norte de Italia, a su vez centro de una red de influencias llegadas por las estradas de Alemania. En 1068, el papa Alejandro II concedió la sede episcopal de Jaca, cabeza religiosa y política de Aragón, un pequeño y amenazado reino rodeado de enemigos llamado a conseguir muchas glorias. Y muchos quebraderos de cabeza a Roma en el tablero de la política italiana.

El catedrático Isidro G. Bango Torviso data el inicio de la construcción de la seo jaquesa alrededor del año 1060 con el reinado de Ramiro I y sostiene que sería la primera catedral del románico pleno en España. En el proyecto «trabaja un gran arquitecto al que más tarde se une un escultor» según Bango, quien explica que en 1072, cuando se erige la iglesia de Iguacel, en el cercano valle de la Garcipollera, los elementos fundamentales de la catedral de Jaca están ya perfectamente definidos y que Iguacel se hace por un grupo de canteros locales interpretando las formas que están viendo en la catedral de Jaca.

En efecto, el modelo de Jaca se extiende al vecino monasterio de Santa María de Iguacel (1040-1072). Palmetas y jaqueado orlan la portada principal. Sobre esta puerta hallamos una inscripción en la que, además del nombre de patronos y artistas, se puede leer: «Esta es la puerta del Señor por donde entran los fieles en la casa del Señor, que es la iglesia fundada en honor de Santa María…». Al Señor y a Santa María responden todo símbolo, toda obra del maestro; me parece un texto transparente y significativo, con valor para todos los templos aquí citados. El conjunto de la portada de Iguacel se forma con cinco arquivoltas: la primera dovelada, la segunda con palmetas, luego un baquetón dividido en tres y por último una arquivolta dovelada rematada con otra formada de taqueado jaqués. La primera arquivolta descansa sobre dos capiteles de palmetas que decoran las jambas.

En cuanto a la catedral de Jaca, las naves remataban en ábsides semicirculares, pero únicamente se conserva íntegro el de la nave de la epístola (la derecha del espectador). El ábside está recorrido por una cenefa de ajedrezado jaqués. Otros símbolos deslumbran por su peculiaridad e importancia dentro del mensaje codificado del templo y nos sirven para interpretar los glifos de los viejos maestros de nuestro románico. Hay un conjunto de iconos que desde Jaca, y antes desde Lombardía, llegarán al Finisterre.

La unidad del jaqueado con estos signos artísticos de primer nivel, como el crismón, nos lleva a asumir el significado cristológico del conjunto. El tímpano de la puerta principal es un bajorrelieve presidido por un crismón y flanqueado por dos leones en cuyas garras aparecen sendas figuras humanas. Es unánime entre los expertos tratarla como una pieza románica excepcional por la calidad de la escultura, sus grandes dimensiones y, ante todo, por su significado iconográfico, reforzado por textos latinos que figuran en el crismón, en cada uno de los leones y en el dintel. De nuevo, como en Iguacel, conservamos lápidas explicativas de la fundación, algo atípico.

El texto latino inscrito en el círculo que rodea el crismón hace referencia a la Santísima Trinidad. El círculo representaría la eternidad y las rosetas inscritas entre los ocho radios se relacionarían con el Paraíso. Recordemos la importancia del 8. «Hac in sculptura, lector, sic noscere cura: P. Pater, A. Genitus, duplex est Spiritus Almus. Hii tres iure quidem Dominus sunt unus et idem». Padre, Hijo y Espiritu Santo, los tres por derecho del Señor son uno y el mismo.

El león situado a la izquierda del espectador muestra la boca cerrada y protege a un hombre, situado a sus pies, que con la mano sujeta una serpiente (la muerte, el pecado). Encima, otra inscripción latina indica: «El león sabe perdonar al caído, y Cristo a quien le implora», Parcere sterneni leo scit, Xristus petenti.

Por su parte, el león de la derecha, simétrico del que tiene enfrente, con la boca abierta, enseña los dientes y pisa a un oso y a un basilisco. Su inscripción nos dice: «El poderoso león aplasta el imperio de la muerte», Imperium mortis conculcans est leo fortis.

Otro texto latino situado al pie del tímpano vendría a decir: «Si quieres vivir, tú que estás sujeto a la ley de la muerte, ven suplicando, rechazando venenosos placeres. Limpia el corazón de pecados, para no morir de una segunda muerte», Vivere si queris qui mortis lege teneris, huc splicando veni renvens fomenta veneri. Cor viciis munda, pereas ne morte secunda.

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