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viernes, septiembre 30, 2022

Alejandro Finisterre: un genio por descubrir

– Rafael Lema-

Si un personaje ha sido objeto de la atención de este medio es Alejandro Finisterre. Le hemos dedicado muchas páginas y de nuevo desde hace un año renovamos su figura al hilo de la correspondencia encontrada en su relación con la genial pintora Frida Kahlo. Estamos en mayo, un día 4 de este mes hace 102 años nacía Alejandro Campos en Fisterra. En esta primavera dimos a conocer su acta de bautismo que rectifica la fecha hasta ahora conocida de su nacimiento. Por ello aprovechamos su mes para anotar nuevas notas en su biografía. Fue mucho más que el inventor del futbolín.

Alejandro Campos Ramírez (Alejandro Finisterre) fue un singular personaje nacido en la villa de Fisterra/Finisterre (A Coruña) el 4 de mayo de 1919 en el seno de una familia acomodada de la burguesía coruñesa, dueños de una popular zapatería. Su padre, el radiotelegrafista Don Manuel Campos Pedreira, había sido destinado a la emisora de radio del famoso cabo, tras su boda con la joven Josefina Ramírez Barreiro en enero de 1917. La familia permanecerá en Fisterra hasta 1924. El 4 de mayo de 1919 nace el primero de sus nueve hijos. Llevará el nombre de su abuelo materno, el zamorano Alejandro. Su tío paterno y su tía materna figuran como sus padrinos. El acta de bautismo está firmada por el párroco Don Domingo Miñones Barros, partida 92, «Campos Ramírez Alejandro. Hijo de Manuel y Josefina».

«En la Iglesia Parroquial de Santa María de la Villa de Finisterre Provincia de la Coruña Arzobispado de Santiago a diez y nueve de Mayo de mil nove cientos diez y nueve yo el Dr. Don Domingo Miñones Barros cura propio de la misma bauticé solemnemente y puse por nombre Alejandro a un niño que había nacido el cuatro de los corrientes, es hijo legítimo de D. Manuel Campos Pedreira y Dª Josefina Ramírez Barreiro naturales de Coruña y vecinos de Finisterre. Abuelos paternos D. Manuel Campos Rodríguez y Dª Rosa Pedreira Patiño (difunta), naturales de la Coruña. Abuelos Maternos D. Alejandro Ramírez Peña, difunto, Dª Josefa Barreiro Carballo (difuntos, naturales y vecinos también de Coruña). Padrinos Dn José Mª Campos Pedreira y Dª Antonia Ramírez Barreiro naturales y vecinos de Coruña, a quienes advierte de todo lo que previene el Ritual Romano y para que conste lo firmo. Domingo Miñones».

A los quince años, Alejandro marcha a estudiar el Bachillerato a Madrid, pero a la familia le sucede un contratiempo económico, pierden su negocio de calzados, Casa Campos de A Coruña, y el joven tiene que valerse de sus propios recursos en la capital. Según esta versión, incapaz de pagar la matrícula de los estudios, el director de la escuela lo puso a corregir los trabajos escolares de los cursos inferiores para seguir estudiando. También buscó empleo como peón de albañil, en una imprenta y como bailarín de claqué en la compañía de Celia Gámez.

Durmiendo en la calle, a las puertas de las iglesias

Alejandro Finisterre llegó a dormir en la calle, a las puertas de las iglesias. Haciendo horas en una imprenta descubre el activismo político, los ideales anarquistas, por medio del poeta Pedro Luis de Gálvez. Durante la II República perteneció a la teosofista Asociación de Idealistas Prácticos, a la que llega de la mano de uno de los profesores con los que colabora, que le presenta a Miguel Calvo, el promotor madrileño de la entidad.

Funda la revista «Paso a la Juventud» en junio de 1936, junto a Rafael Sánchez Ortega, el «Periódico Iconoclástico Defensor de los Valores Anónimos». Aquí nace ya el seudónimo Alejandro Finisterre, que usará siempre, con el que firma sus primeros ensayos; es como si al desprenderse del vínculo familiar, solo en la gran ciudad, sin nadie, sin tierra, diese vida a un nuevo ser; el hombre moderno desprendido de raíces y credos, sin las rémoras del pasado, cargado de futuro, que se hace a sí mismo. En octubre conoce a León Felipe (1884-1968) en el hotel Florida de Madrid, cuando acude a una de las tertulias frecuentadas por el poeta de Tábara (Zamora). Una amistad que durará toda la vida, será especialmente intensa en el ciclo americano de ambos.

Veo al joven Alejandro descubriendo todo un nuevo mundo, tanto de cultura como de paisajes, tan distintos a su Galicia; al lado de los intelectuales del grupo de la AIP y en compañía de chicos y chicas de su edad, sus «hermanos», camaradas.

Nuevas amistades, nuevos sueños, nuevos conocimientos en medio del circo del mundo para aquel niño criado en los arenales de Fisterra. Le enseñaban a luchar contra la pedantería y el orgullo, pero también contra la mediocridad, el rebaño, la violencia. En sus tareas de impresión, el joven A.F. se relaciona con personajes de la cultura, y con el movimiento anarquista de fuerte presencia en el gremio. Igualmente, al hacer sus bolos como bailarín en la compañía de Celia Gámez, con actuaciones solistas de baile moderno, tendría compañeros del mundo del espectáculo, sindicados y concienciados. El grupo al que pertenecía buscaba sobre todo la prédica entre la juventud, para construir un mundo nuevo, renovado, sin diferencias de credo, casta, sexo, color. Pero estamos en el verano de 1936, empieza la guerra civil, no es época de sueños.

Alejandro Finisterre y la Guerra Civil

El joven Alejandro se alista y combate con su columna en la defensa de la capital, en primera línea. Pertenece a las milicias anarquistas que se engloban en el V Regimiento; el de Líster, Modesto, el Campesino. Junto a las Brigadas Internacionales (Batallón Dabrowski, Batallón Edgar André) combaten desde el 6 de noviembre en el asedio de los sublevados a la capital, en las trincheras de la Ciudad Universitaria. Sufren el primer bombardeo aéreo sobre población civil, cuando ya el Gobierno se había trasladado a Valencia temiendo la inevitable derrota.

En noviembre de 1936, a los 17 años, Finisterre fue herido en un bombardeo durante el asedio a Madrid. Es la gran ofensiva del 16 de noviembre, con el acoso artillero durante dos días a gran escala sobre las posiciones del Manzanares, la Gran Vía, la Estación del Norte, Atocha, la Casa de Campo. Lo pudieron sacar de los escombros y lo llevaron a Valencia. Luego fue trasladado al Hospital de Sangre de la Colonia de Puig, cerca de Montserrat, donde convalece de sus heridas y conoció a niños heridos que no podían jugar al fútbol.

El invento del futbolín

Allí inventó el futbolín, inspirándose en el tenis de mesa. Poco antes de la Navidad de 1936 compra en Barcelona unas barras. Un carpintero vasco, Francisco Javier Altuna, también refugiado, le hizo la mesa y torneó las figuras. También crea un pasahojas de partituras musicales dedicado a una enfermera de la que se enamora. Joan Busquets, un anarquista de Monistrol dueño de una fábrica de gaseosas, vio su futbolín y le animó a patentar el invento. Aquel fue su inesperado regalo de Navidad a sus jóvenes compañeros de hospital e infortunio; y a tantos miles de jugadores de «matraquillo, futillo, metegol» en los reservados y terrazas de tantos boliches en los años venideros.

Lo patentó en enero de 1937. Según su versión, atravesando los Pirineos en 1939, busca refugio en Francia llevando el papel de la patente de su invento consigo, pero lo perdió. Su equipaje era escaso: la patente, una lata de sardinas y dos obras de teatro. Helena y Del amor y de la muerte. Durante 10 días no cesó de llover y todos los papeles que llevaba se convirtieron en argamasa. En el mismo viaje, Finisterre extravía el manuscrito de una novela de la que estaba muy satisfecho. A pesar de ello, escribió muchos poemas y un libro pseudo biográfico titulado «Coplas del maldecir y florinabos del tiempo y del espacio» que firmó como Simplicio Revulgo.

En el Ejército de África

Tras pasar un tiempo en los horribles campamentos del sur de Francia y en Andorra, regresa a España en el mismo año de 1939, «por nostalgia familiar y sin dinero». Lo fuerzan a servir en el Ejército de África por cuatro años, hasta 1943. A.F. cuenta que en la vida militar emprendió estudios de árabe, de su historia y su arte, con lo que dio conferencias de esos temas en centros culturales, y ayudado por unas clases de parvulitos, se fue defendiendo en las tierras ceutís.

Tras este periplo sigue con charlas folclóricas, recitales de poesía, intervenciones radiofónicas por todo el país. Después de haber publicado en edición de autor «La gaita» y el poemario «Cantos esclavos. Versos del buen y mal humor» (1946), A.F. se exilió a Francia en 1947, en medio de una represión a células anarquistas ocultas. Allí siguió escribiendo, se empapó de versos solidarios y de la experiencia.

Estando en París, un año después, se sorprendió al ver un escaparate en el que vendían un pasa-hojas y futbolines idénticos al que había diseñado. Es pues en París, en 1948, cuando se entera de que un antiguo compañero de hospital había patentado su invento, por lo que reclama al fabricante y obtiene una cifra importante en concepto de derechos, mediante la asesoría jurídica de la Asociación Internacional de Refugiados. Con este dinero podría emprender la aventura americana, como tantos otros refugiados, huyendo de un continente arrasado moral y económicamente, tras la guerra.

Ligado al periodismo

En estos años A.F. ya era un incansable viajero, que se movía por toda Europa en sus distintos oficios. De hecho hay constancia de un proyecto de viaje en 1944 a América, y de unas colaboraciones para la revista mexicana Rueca, entre ellas una entrevista hecha a Frida Kahlo. Trabajaba en Francia en la radio y era secretario de redacción en revistas como L´Espagne Républicaine (1945-1949) dirigida por Ricardo Gasset Alzugaray y en la que colaboraron, entre otros muchos, Víctor Alba, Francisco Giner de los Ríos, Federica Montseny o Jacinto Luis Guereña.

En sus páginas publicará entrevistas a Rafael Alberti, Carmen Amaya, Pablo Picasso. El trato con el pintor malagueño propició su colaboración ilustrando un libro de Alejandro dos años después, en Roma: «Cantos rodados» (Danesi, 1950). De esta intensa relación contamos con varias obras ahora salidas del ostracismo, junto al legado de su romance con Frida. En 1948 publicó una «Historia de la danza española» en Combat. La música era otra de sus grandes pasiones, como bailarín, investigador del folclore y compositor.

Es invitado A.F. al Congreso Internacional de Folklore que se celebra en Venecia; y estrena en marzo de 1949 en Montecarlo un ballet basado en su cuento «Del amor y la muerte», representado por el prestigioso ballet del Marqués de Cuevas, con gran éxito. Fue su primera bailarina, Tamara Toumanova, quien se interesó por el argumento. Compartió programa con obras consagradas como «El lago de los cisnes» y «Cascanueces» de Tchaikovski.

En mayo del 1949 se estrena su obra en el Liceo de Barcelona, inaugurando la temporada de primavera que incluía en su programa «El Cisne Negro» de Tchaikovski y «Las Sílfides» de Chopin; triunfando de tal modo que vuelven a estrenar al año siguiente. En esta etapa francesa, cursa Filosofía y Letras en París y Roma, ciudades en las que también se especializa en Artes Gráficas. Vive, trabaja y estudia en Londres, Turín, Lausana. Llega a conocer en Italia a una joven y prometedora soprano que ya actuaba en La Arena de Verona y La Fenice de Venecia, llamada María Kalogeropoulou y que en 1949 adopta el apellido Callas.

Alejandro Finisterre, editor y poeta

Con los ingresos de las patentes parte a Ecuador, en donde retoma dos de sus más grandes pasiones, las de editor y poeta. Finisterre viaja a Quito (Ecuador) en 1948, allí funda la mítica revista de poesía Ecuador 0º0´0´´. En 1952, en Cabo de Santa María (Guatemala), fundó junto a sus hermanos una juguetería que trabajaba con madera y metal. Su producto estrella fue el «futillo», es decir el futbolín, y allí fue donde perfeccionó su invento con barras telescópicas de acero sueco y mesa de caoba.

La aventura guatemalteca surgió en Ecuador. En la presentación de la revista Ecuador 0º0´0´´ conoció al entonces embajador de Guatemala, quien lo convenció de fabricar los futbolines en su país. Se hace buen amigo de intelectuales como el peruano afincado en Cuba Ciro Alegría, el exiliado caraqueño Rómulo Gallegos; o los guatemaltecos Alejandro Galindo, Wilberto Cantón o Rafael Solana. Sus artículos periodísticos anteriores le hacían un nombre conocido entre algunos círculos de la intelectualidad hispana, especialmente la más comprometida políticamente y relacionada con el exilio español. En América, de nuevo, podrá reencontrarse con viejos conocidos, sobre todo con León Felipe.

Convertido ya en un exitoso hombre de negocios y viajero infatigable, A.F. colabora con la diplomacia republicana en el exilio centroamericano, ya muy tocada por el cambio de actitud de EEUU hacia Franco y otros regímenes autoritarios hispanoamericanos. El golpe de estado que la CIA venía pergeñando en Guatemala desde 1950 se activa en 1953, cuando el gobierno de Juan Jacobo Árbenz confiscó noventa y seis mil hectáreas de tierras ociosas a la United Fruit Company, como parte de la Reforma Agraria. A principios de 1954 llega a Guatemala Ernesto Che Guevara, en donde estuvo poco más de nueve meses, tiempo suficiente para jugar unas partidas de futbolín con su inventor: «Venía todos los días al Centro Republicano Español en Guatemala. Teníamos estilos parecidos», recuerda A.F. En la versión relatada por el propio Finisterre, éste ganó siempre al Che pero nunca logró vencer a su entonces compañera, Hilda Gadea.

El 18 de junio de 1954, 400 rebeldes bajo el mando del Coronel Carlos Castillo Armas ejecutan torpemente el golpe de estado en Guatemala, pero antes del desastre son auxiliados por Estados Unidos y consiguen el objetivo. El 27 de junio de 1954 Arbenz fue derrocado, con el patrocinio de la United Fruit Company y la ejecución de la CIA mediante la operación PBSUCCESS, siendo sustituido por una Junta militar que finalmente entregó el poder al coronel Castillo Armas en septiembre. El ex presidente fue acusado de comunista, por atacar los intereses estadounidenses y de los oligarcas agrícolas nacionales, principalmente con la reforma agraria, y por dar cabida entre su círculo íntimo de asesores a los miembros del Partido Guatemalteco del Trabajo.

La empresa de A.F. hacía una fuerte competencia al monopolio estatal de las tragaperras, por lo que la Dictadura ordenó su detención, bajo la excusa de sus ideas republicanas, con riesgo de deportación a España. Así lo explicaba A.F.: «Yo era amigo del embajador de la República Española en Guatemala. Antes del golpe de Estado, temiendo lo peor, él me pidió que llevara la valija diplomática a México. Quedó constancia de ese favor y, cuando el coronel Castillo Armas tomó el poder, me secuestraron y me metieron en un avión hacia Madrid. Pero amenacé al piloto con estrellar el aparato siendo el primer secuestrador aéreo de la historia. Más tarde, en México, me dediqué a editar».

Efectivamente, tras el golpe de estado en Guatemala, el régimen de Franco planeó un secuestro frustrado de Finisterre, el 11 de junio de 1956. El segundo intento sí llegó a buen puerto, y es embarcado por agentes de Franco en un avión para su deportación a Madrid. En pleno vuelo, entró en el baño, envolvió una pastilla de jabón en papel de aluminio, simuló que tenía una bomba y que la haría estallar si no regresaban. Amenazó a la tripulación y se ganó el favor de los viajeros, tras gritar: «¡Soy un refugiado español al que han secuestrado, y si es necesario, sé cómo evitar que este avión llegue a su destino!» El avión se desvió a Panamá. Tras abandonar el país, viaja a México. Luis Mariñas Otero, el único diplomático de Franco en el Consulado Español, dirigió el secuestro de Finisterre. España hacía poco que contaba con una embajada en el país, rango que había adquirido la delegación en julio de 1954. En agosto se dio la primera credencial de embajador a Mariano Vidal Tolosana.

El representante diplomático de la República, amigo de A.F., era nada menos que Félix Gordón Ordás, ex diputado de Unión Republicana; amigo y compañero del diputado gallego de UR Pepe Miñones, sobrino del cura que bautizó a A.F. en Fisterra. Por las mismas palabras de A.F. vemos que realizaba constantes viajes a Panamá, Ecuador, México, en los que servía de enlace a los cargos del gobierno en el exilio, cuando aún contaban en algunos países con cierta legitimación. En 1936 Ordás fue nombrado embajador en México, donde realizaría importantes gestiones diplomáticas durante la Guerra Civil Española ante el gobierno de Lázaro Cárdenas. Más tarde desempeñaría la representación de España ante Panamá, Cuba y Guatemala. Fue miembro de la Junta Española de Liberación y llegó a ser nombrado presidente del Gobierno de la República en el exilio desde 1951 a 1960, etapa en la que conoce a A.F. Durante su gobierno la oposición en el exilio entró en una crisis interna cuando el Gobierno franquista entró en la ONU, siendo así reconocido a nivel internacional. Falleció en México el 22 de enero de 1973, el año que A.F. celebra un gran homenaje a León Felipe, con importantes intelectuales del exilio. Por otra parte, León Felipe fue nombrado agregado cultural de la embajada de la República Española en el exilio y fundó, junto a Juan Larrea y Jesús Silva Herzog, Cuadernos Hispanoamericanos. Como vemos A.F. figuraba en lo alto del cenáculo político y cultural del exilio español en América.

Finisterre en México

En la capital azteca se instaló definitivamente en 1956, A.F. editó una revista y fundó la Editorial Finisterre Impresora, que publicó más de 200 títulos de poesía de autores exiliados españoles, mexicanos y guatemaltecos. Entre sus editados abundan sobre todo los republicanos españoles: León Felipe, Francisco Ayala, José Ramón Arana, Juan Larrea, Américo Castro, Ernestina de Champourcin, Max Aub, Emilio Prados, Antonio Robles, María Teresa León, Pedro Garfías, Celso Amieva, Manuel Andújar, Luisa Carnés, Mada Carreño, Américo Castro, Juan José Domenchina, Juan Marichal, Manuel Durán, José Moreno Villa, Emilio Prados; y autores cuya vida literaria se inicia en México o muy involucrados con el exilio, como Maruxa Vilalta, Octavio Paz, Federico Patán, Paco Ignacio Taibo, Griselda Álvarez Ponce de León, Andrés Henestrosa, Ernesto Cardenal.

En México se dedicó a recopilar documentos de León Felipe, en viajes y subastas. Salvó también (huyendo de la policía política de Videla en Argentina) los escritos del poeta vasco Juan Larrea, siendo el mayor apoyo de ambos y su albacea. En una antología homenaje a León Felipe, reunió a Jesús Silva Herzog, Vicente Aleixandre, Max Aub, Francisco Giner de los Ríos, Luís Ríos, Mauricio de la Selva. Desde 1957 seguirá realizando viajes periódicos a España dentro de sus giras por Europa. Casado al año de la muerte de Franco con la cantante soprano zamorana Ana María Amparo Herrero Palacios, con ella regresó a vivir a España. Murió en Zamora el 9 de febrero de 2007.

Antes de morir, Finisterre entregó a la gran agente literaria Carmen Balcells más de 400 folios en los que repasa su vida. «El libro lo publicará RBA en febrero de 2008. Los que han tenido ocasión de leer ese original dicen que está a la altura de las mejores novelas de aventuras. Quién iba a dudarlo» informaba Víctor Rodríguez en «El Mundo Crónica», el 18-2-2007, tras la muerte del editor y escritor. Finalmente el cartapacio no llegó a las galeradas y permanece en los archivos. Fue su viuda quien prohibió su edición. Otro de sus últimos anhelos, que no vio cumplido, era reunir en una exposición los centenares de libros que publicó.

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