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domingo, julio 3, 2022

Pablo Villarino, héroe de Dubra y Argentina (segunda parte)

RAFAEL LEMA Y SHAILA AGUSTIN

Pablo Villarino (leer primer parte) fue un dubrés con una intensa vida en la etapa final del Virrreinato de la Plata. Formó parte de la fundación de la congregación del Apóstol Santiago en Buenos Aires en 1787 y del Tercio de Gallegos. Tratando sobre la cofradía ya comentamos que tres son las figuras destacadas de la congregación jacobea: Benito González Ribadavia, José Fernández de Castro y Pablo Villarino y Pieyra. El tercero natural de San Salvador de Bembibre, municipio de Buxán (actual Val do Dubra).

Durante las invasiones inglesas de Buenos Aires, los gallegos defendieron la ciudad dentro del Tercio de Gallegos, nacido en 1806, el segundo regimiento más antiguo de la incipiente nación argentina. En sus filas había numerosos Miembros Fundadores de la Congregación de Santiago. Pablo Villarino fue designado Comisario de Víveres de la unidad. Veamos algunas de las acciones de este gallego y sus compatriotas.

Abandonada ante el rechazo del primer ataque inglés la capital platense por el cobarde virrey y su inepta camarilla, este puesto se declaró vacante y, por tanto, debía recaer en el militar de más alta jerarquía en la plaza, el héroe de la Reconquista, D. Santiago de Liniers. Luego de debatir en Junta de Guerra, el nuevo Virrey decidió la creación de regimientos voluntarios, en virtud de la inminente posibilidad de una contraofensiva británica, frustrados por perder ante una «chusma de mulatos españoles…»

Así nació el ejército patriota, compuesto por Escuadrones de Caballería, Baterías de Artillería y Regimientos de la Infantería: los Argentinos, con la Legión de Patricios, Arribeños (de las provincias de arriba), Granaderos Provinciales (de Buenos Aires), Pardos y Morenos, Cazadores Correntinos, etc., y los Tercios Españoles con el Tercio de Voluntarios Urbanos de Galicia-también con Asturianos-, el de Miñones Catalanes, el de Vizcaínos (y Navarros), el de Cántabros Montañeses y el de Andaluces (Levantiscos y Castellanos).

La Legión de Patricios lleva el Numeral «1» del Ejército Argentino. En ese orden de ideas, el Segundo Regimiento de la Patria, cronológicamente y en volumen de tropas, correspondió al conjunto social más importante -luego de los naturales del país-: los gallegos, quienes crearon el Tercio de Voluntarios de Galicia. Más de 1.500 gallegos que lucharon en la Reconquista y la posterior Defensa de Buenos Aires. El Tercio de Gallegos se constituyó con un pie de batalla de 600 hombres, en una ciudad que apenas sobrepasaba las 40.000 almas.

La creación del escuadrón miliciano salió de dos centros, la Escuela de Náutica y la Congregación del Apóstol Santiago.

La Escuela Náutica había nacido el 25 de noviembre de 1799, por inspiración del Secretario del Real Consulado de Buenos Aires, el abogado criollo D. Manuel Belgrano, heroico General de la Independencia. Belgrano impulsó la creación de esta academia, sabiendo que las naciones más poderosas de la tierra tenían las mejores marinas mercantes, como factor estratégico del comercio internacional. Junto con la Escuela de Náutica nace la de Dibujo. Al frente de este Primer Instituto de Enseñanza Superior de las Ciencias Exactas en el Río de la Plata, se coloca al ilustrado pontevedrés, ingeniero voluntario del Exército, D. Pedro Antonio Cerviño, siendo su segundo el piloto mercante D. Juan de Alsina, nativo de Corcubión. A los principios militares se une la experiencia en el corso, el uso de la artillería en mercantes armados.

Cerviño había arribado al Río de la Plata en 1781, como oficial de la partida destinada a demarcar los límites de las posesiones españolas y portuguesas, creada luego del Tratado de San Ildefonso (1777). Se dedica a levantar cartas náuticas, planos y mapas de las tierras ignotas del virreinato. Toma contacto estrecho con los nativos y crea una profunda amistad con su jefe, el gran marino y naturalista D. Félix de Azara.

Tras siete años de tarea en la Escuela de Náutica, y ante la invasión británica, todos toman las armas, y se dan cuenta de la necesidad de un cambio rotundo en la política virreinal. Y en la nación española en pobres manos encomendadas. Cerviño es convocado por el virrey Liniers para la Junta de Guerra, evidenciando altos conocimientos castrenses en sus precauciones contra la nueva intentona británica. Escribe el erudito opúsculo «Preparativos para la Defensa de Buenos Aires».

Vista la necesidad de crear regimientos, Cerviño no duda en proponer el nombre de su patria: Galicia. Es lealmente secundado por sus alumnos de la Escuela de Náutica y los gallegos de la ciudad, quienes lo eligen Comandante. Así nace el 17 de septiembre de 1806, el tercio de Voluntarios Urbanos de Galicia. Entre los cadetes de la Escuela de Náutica en el Tercio figuran dos destacados personajes: D. Bernardino Rivadavia, capitán de la 6ª. Compañía de Fusileros, quien años después fuera el Primer Presidente de la Nación; y un jovencito de 14 años, Lucio Norberto Mansilla, camarada de Rivadavia en la misma Compañía de Fusileros, y quien con el tiempo cruzará los Andes con el general San Martín.

El grueso de la masa humana fue aportado por la Congregación de Santiago. 20 años atrás, ya se habían reunido 156 personas para el acto constitutivo, ahora su poder convocante era mucho mayor. Por eso fue seleccionado como Segundo Comandante un hombre de la cofradía: D. José Fernández de Castro. Otras pruebas concretas de la fuerte presencia de la Congregación en la conformación del Tercio, fue la rápida organización y el alto nivel de disciplina de la unidad, lo que hace suponer una metodología preexistente.

La comunión con la identidad propia de Galicia, es otro dato reseñable. El artículo 1ª. del Reglamento del Tercio, redactado el mismo 17 de septiembre de 1806, y aprobado por Liniers, en su carácter de Comandante General de Armas, tan solo tres días después, nos dice: «Que este cuerpo tendrá el nombre de Tercio de Voluntarios de Galicia, y dos banderas; la una con el escudo de las Reales Armas de Castilla y León por un lado, y por el otro la Cruz Roja de Santiago, Patrón de las Españas; y la otra con las del Reino de Galicia por un lado y por el otro las de esta ciudad de Buenos Aires…». Los atributos de la cofradía quedan plasmados en las divisas del Regimiento. La bandera de la Congregación estaba confeccionada con paños «de tafetán blanco, con la divisa del Reyno de Galicia, y la Cruz del Santo Apóstol…», el Tercio tendría estos atributos elegidos por la Congregación en un paño de cada una de sus dos banderas.

Dice el texto del Artículo 2ª: «Que para que el Dios de las Batallas bendiga las acciones militares del Tercio; por intercesión del mismo Santiago Apóstol, lo tendrá por Patrón del propio cuerpo, pues como tal fue elegido el unánimemente…». Encabezaron esta iniciativa miembros de la Congregación.

La comandancia del Tercio quedaría a cargo de quien fuera, por entonces, el gallego más ilustrado en las artes y las ciencias de la Guerra: Cerviño. Pero la Congregación, con su mayoritario aporte humano, retiene el cargo inmediato: Fernández de Castro es designado Segundo Comandante.

Otro dato concreto es la presencia en las filas del Tercio, de numerosos Miembros Fundadores de la Congregación. Los roles de enlistados nos mencionan a: Benito González Rivadavia, sobrino de su homónimo fundador, en la 6ª Compañía de Fusileros; Bernardino Rivadavia, hijo de aquel y Capitán de la misma Compañía; Joséf de Castro en la 2ª; Juan Antonio de Castro en la 8ª; Antonio Fernández en la 5ª; Francisco Fernández en la 4ª; Juan Domingo Gómez (herido en combate) en la 7ª; Gregorio González en la 3ª; el Oidor Alonso Pérez González en la 8ª; Josef López en la misma; Rafael Martínez en la 1ª; Lorenzo Santabaya, Capitán de la 8ª; Juan Varela, Sargento 2º de la 3ª, muerto en combate; Juan Vázquez Varela y Josef Vidal en la 4ª; Manuel Yañez en la 1ª y Pablo Villarino que fuera designado Comisario de Víveres de la unidad.

Las características fundacionales del Tercio dan una muestra de la presencia de la cofradía jacobea. El Tercio de Gallegos se formó, como toda estructura castrense, verticalmente; pero desde abajo hacia arriba, la tropa eligió a sus comandantes, capitanes y oficiales, y estos a los cabos y sargentos. Los gallegos, a través de la Congregación primero y del Tercio luego, sembraron en la ciudad porteña las primeras semillas democráticas. Pero las Cortes de León y Galicia en el siglo XII son el acreditado origen del parlamentarismo europeo.

Las características solidarias que le dieron sus formas distintivas a la Congregación, aparecen calcadas en el Reglamento del Tercio: «Que todos se uniformarán a sus espensas, y para los que no puedan costear el uniforme, el cuerpo proporcionará los arbitrios necesarios… Que en consideración de que varios que componen este cuerpo, viven de su trabajo personal, y que cuando tomen las armas les cesa toda agencia, en este caso se les asistirá con sueldo y ración cuando salgan á campaña, y los pudientes se obligan á servir sin sueldo ni otra cosa, que munición de boca y guerra y pertrechos que necesiten para la defensa de estos dominios…»

Se nutría de comerciantes y artesanos, profesionales y labradores, pudientes hacendados y paisanos de la gleba. El Comandante Cerviño afirma que «En consecuencia á la segunda que se tuvo á las naturales del Reyno de Galicia , quedaron formadas nueve compañías de gente joven , sana y robusta, bien dispuesta toda ella á derramar la última gota de sangre antes de rendir la cerviz al enemigo, ni reconocer otra dominación que la de su rey y señor Natural Don Carlos cuarto, que Dios guarde…». Agregando luego: «…Tantas, y tan justas justas consideraciones, empeñan al Tercio de Voluntarios de Galicia, á conservar siempre el buen nombre que sus compatriotas y descendientes han adquirido desde la más remota antigüedad, en defensa de la Religión, de la Patria, y de sus amados soberanos. Para estos tres grandes objetivos, en que se interesa el bien de toda la Monarquía española, se comprometen los naturales del Reyno de Galicia, reunidos en cuerpo según va expresado, á servir libre y espontáneamente…»

Hacia finales de junio de 1807 los británicos, luego de tomar presa la Banda Oriental del Río de la Plata, arriban a las costas de Buenos Aires a bordo de la flota más grande jamás vista por estas latitudes, dispuestos a lavar con 12000 hombres de la más disciplinada y experimentada tropa, la afrenta sufrida un año atrás.

El día 28 desembarcan más al sur de Quilmes, y forman sus regimientos con una vanguardia de más de 2500 hombres, guiada por el Teniente Coronel Denis Pack; con la fuerza principal al mando del jefe de la expedición, el General John Whitelocke; y con una reserva que quedaría cerca de los Quilmes, para acercarse por el río y desembarcar en el Retiro en apoyo de los invasores.

Avanzaron casi sin oposición, ya que las fuerzas patriotas se habían concentrado en la ciudad, desde donde habían partido a la campaña el día 30. En esa oportunidad, el Cabildo porteño regaló al Comandante Cerviño la gaita Guión del 71º de Highlanders «para servicio…» de la unidad, la que se uniría a otra serie de estos instrumentos, que -al decir del Ilsmo. Cabildo en la ceremonia de entrega- era «considerado como un instrumento provincial de Galicia…». Con ello, los instrumentistas del Tercio se convirtieron en la Primera Banda Militar de Gaitas del Nuevo Mundo. Aunque con pippers escocesas.

Se encontraron ambos cuerpos el 2 de julio en los Corrales de Miserere, entrada oeste de la ciudad. Es el bautismo de fuego del ejército patriota y, consecuentemente, del Tercio de Gallegos. Se luchó casa a caa, corrral a corral. Cuando los ingleses tomaban una casa, los allí acantonados, pasaban a otras por los techos o subsuelos, y seguían en la brega. Las amplias parroquias de la capital, unidas por secretos túneles, podían convertirse en hospitales o en cuarteles capaces de albergar a un escuadrón completo de caballería montado.

Los gallegos se batieron en todos los frentes, desde la primera campaña, hasta la victoria final; pero el episodio en el que más se destacaron, considerado a juicio unánime de los investigadores e historiadores como el más heroico de la Defensa de Buenos Aires, fue la ruptura del Cerco del Retiro.

El Cuartel del Retiro -al norte de la ciudad- era un puesto altamente estratégico, pues por sus barrancas al río se podría abastecer a las tropas británicas a través de la flota, si está fondeaba allí cerca, Para cubrir este puesto, se envió a lo más destacado de la tropa patriota: la compañía de Granaderos del Tercio de Gallegos, al mando del Capitán Jacobo Adrián Varela, junto a Patricios, Marinos y Pardos.

Luego de soportar fuego graneado e incesante durante horas por parte de los británicos, que los triplicaba en número, los patriotas se agrupan en el centro de la vecina Plaza de Toros y allí aguantan firmes. Al terminarse las municiones, el capitán Varela solicita autorización al comandante Gutiérrez de la Concha, para intentar romper el cerco con una carga de fusilería y bayoneta concentrada en una bocacalle, por la que luego se podría evacuar la tropa, evitando caer prisioneros. Autorizado, se pone al frente de sus Granaderos Gallegos y al grito de: -¡Santiago!¡Muertos antes que rendidos!, cargan contra los ingleses con el último cartucho de fusil, por los lodazales del páramo. Logra su cometido, llevando sana y salva a su compañía hasta el Cuartel General de la Plaza Mayor.

Los británicos no pueden creer en una nueva derrota, sitiados en los bastiones conquistados. El capitán D. Bernardo Pampillo, de la 7ª de Fusileros del Tercio de Gallegos, finalmente solicita la rendición incondicional del último reducto británico en el Convento de Santo Domingo. El General Crawford se niega, y los patriotas comienzan a batir sus torres con los cañones del Fuerte de Buenos Aires. Persuadido por Pampillo de la inutilidad de la resistencia, Crawford entrega su sable al capitán gallego, quien lo conduce a salvo hasta el Fuerte, donde se concreta la claudicación total. Buenos Aires, nuevamente era salvada por su pueblo, con los Patricios y Gallegos a la cabeza. A raíz de estas valerosas acciones, el Rey concedió a Cerviño el grado de teniente coronel de los Ejércitos de España, pero ordenó cerrar la Escuela de Náutica.

En mayo de 1808, se levanta en armas el pueblo español contra las tropas napoleónicas, y se crean juntas que gobiernan en nombre de S.M. El Rey D. Fernando VII. En Buenos Aires tras esta demostración de poder y soberanía popular se instaló la necesidad de formar una junta de gobierno a similitud de las constituidas en la península.

El virrey Liniers era mirado por el partido español, en virtud de su origen francés, su nutrida correspondencia con Napoleón luego de la victoria de Buenos Aires, y sus recientes contactos con el Marqués de Sassenay, enviado por el Emperador para sondear la posibilidad de ganar la ciudad. La fractura entre autoridades y pueblo, afrancesados y patriotas, con la corona en estrecha sien ceñida y arrastrada en el albañal de Fontainebleau devino en una guerra civil y en la rotura argentina con la abandonada metrópoli. Preámbulo de la quiebra hispana en suelo americano, pero también de la disgregación de hermanos; y la necolonización del anglo, del yanquee para lucro de una oligarquía criolla, marginación del pueblo.

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