Las visiones del Vakner de Dumbría. En busca de un rostro

Uno de mis campos de trabajo en la investigación jacobea es el de las peregrinaciones de pueblos de Oriente Medio como los armenios y la figura de Martiros de Armenia y el enigmático Wakner-Vakner monstruoso del camino a su paso por los montes de Nemancos. En la búsqueda de una imagen del vákner, voz extraña a nuestra lengua y cultura, por lo tanto foránea (se leería faacna) es una buena idea buscar en las fuentes escritas de aquel cambio de era renacentista los iconos de los monstruos vinculados al tema. Por una parte, los códices y visiones de su lejano autor, por otro los grabados de monstruos y bestias de Nemancos. Y podemos aportar dos modelos tan curiosos como excitantes: Dos cuadrúpedos cornudos en los montes de Nemancos aparecen en el Mapa de Galicia por Lucas Jansz Waghenaer de 1586. Y la serie de monstruos de la muestra de códices armenios expuestos actualmente en la Biblioteca Nacional de España.

Un obispo armenio, Martyros Ersenkatsi, en su camino pos-jacobeo a Fisterra cita por primera vez este nombre (Vákner, en la traducción francesa del original latino o armenio) en el relato de su largo periplo causando quebraderos de cabeza a los investigadores de los mitos, ya que entramos en ese mundo y no en la de ningún acontecimiento real, en algo que le haya sucedido al viajero. Un supuesto monstruo llamado vákner asustaba a los peregrinos que pasaban el río Xallas en el siglo XV, según el obispo; nadie más lo cita. No es un lobo ni un oso, animales bien conocidos y sin oficio de bandoleros; se trata de una bestia maligna y por lo tanto de leyenda, no una criatura natural.

Es producto de los miedos del pueblo. No es un nombre gallego ni ibérico ni nunca tal cita nació en boca de nuestros antepasados. Es por tanto una creación literaria de un viajero que escribe un relato al modo de los grandes aventureros de su época y bajo sus hormas culturales. Las de un armenio ilustrado en los inicios de la Edad Moderna. Nos deja la nota de un curioso topónimo Santa María Fenesdirna, vinculado al de Stellam Obscuran de tradición germánica. La estrella como marca simbólica de esta vía milenaria precristiana, recuperada en el imaginario caballeresco como lugar de prodigios y bestias marinas y terrestres. Bestas (yeguas) dibujadas en mapas de la época en las montañas de Nemancos, en las leyendas jacobeas. Cuadrúpedos velludos de múltiples ojos de los códices medievales armenios. En una de estas coloridas láminas de bermellón, azafrán y lapislázuli pude admirar la escena de cuatro monstruosas bestas atacando una comitiva real sobre una colina; un rey, con la espalda resguardada por un noble y en vanguardia un guerrero que se defiende a espada desenvainada del grupo de animales con las bocas abiertas mostrando sus dientes y las garras alzadas.

A uno solo se aprecia una enorme cabeza de oso, con un gran ojo negro. Los otros tres son como grandes lobos del tamaño de potros o leones, de cinco gruesas patas terminadas en garras, con cola de león, lomo peludo y muchos ojos. Uno presenta cinco, otro seis. Si nuestro viajero tenía una referencia visual de un monstruo infernal en los escritorios de los monasterios de su país, sería la de esta estampa miniada de un códice de su tiempo. El grupo real presenta ricas vestes góticas, bellos jubones aterciopelados orientales.

El obispo Mártir de Arzendján, emprendió su peregrinaje desde el monasterio de San Ciriaco de Norkiegh, donde residía, el 29 de octubre de 1489, prolongándolo hasta 1496 por Constantinopla, Venecia, Francia y Alemania, la costa cántabra hasta Santiago y el cabo Fisterra. Lo más probable es que su periplo hispano tuviese lugar en 1493. A los relatos orales recogidos por su deambular europeo y galaico sumó su propia cultura oriental y sus lecturas.

Para un oriental, imbuido en la cultura bizantina, rodeado de ortodoxia, afligido por la pérdida del Imperio…la bestia aún habita en la frontera del abismo occidental, amenazante. En las iluminaciones de los Beatos hispanos que comentan el Apocalipsis hay un icono especialmente diáfano en su oscuridad simbólica, que no pasó desapercibido para el culto autor de «El nombre de la rosa». Un cuadro rodeado de nudos célticos enmarca una escena partida.

Abajo, la bestia emerge de lo profundo amenazando la imagen de la Jerusalem celestial (el paraíso). «La bestia que sube del abismo les hará la guerra y les vencerá y les quitará la vida…Y se abrió el templo de Dios, que está en el cielo, y se dejó ver el arca del testimonio (Apocalipsis 11, 7 y 19). La gran bestia que viene del mar, el Anticristo, el aviso del milenio. Esta miniatura se podía ver en el Beato que se custodiaba en San Isidoro de León en el viaje de Mártiros, el que describió Ambrosio de Morales en 1572 en su paso a Galicia en busca de reliquias.

Un manuscrito con profusión de «bestas e dragóns». En el fol. 237, la fiera verde, en el fol. 278. El sueño del medievo y el milenarismo seguían siendo alimentados por estos libros de la vida, del juicio final, envueltos en la dorada aureola nebulosa del cambio de era y la nueva lucha humanista con la razón y la ciencia. Cualquiera de estas «feras» hispanas hijas del milenarismo pudo alumbrar la imaginación del armenio al escuchar en una pousada o un adro un viejo cuento de invierno del Finisterre. Por otra parte, los cuentos de lareira del país están llenos de lobos, águilas, osos e incluso jabalíes. Este último es el gran enemigo de muchos labradores (y conductores) por la proliferación de sus manadas en este siglo y aquí añadimos otra curiosidad fonética. La presencia en las montañas interiores de Galicia de «vacamulos», enormes porcos bravos con más de diez años de vida e impresionante fisonomía, más del doble que un ejemplar normal. Todo un monstruo salvaje sin enemigo en el monte con una masa muscular extraordinaria, hasta 200 kilos y 160 centímetros de longitud, que un medio como National Geographic denomina superjabalí.

En el camino a Ponte Olveira el romero oriental se encontró con la Pedra do Encanto, citada en un relato de Francisco Suárez en 1897. Nos cuenta el pionero literato local que ese encanto de la tradición local era un monstruo escondido en su penedo que amenazaba a los caminantes. Leyendas y miniaturas, tradiciones del este y el oeste en el cambio de era, cuando la imprenta empieza su revolución. Pero mi vista va a las dos citas del comienzo del artículo, un mapa y una exposición de códices armenios.

Dos cuadrúpedos cornudos aparecen en el Mapa de Galicia por Lucas Jansz Waghenaer-Caerte vande zee Custen van Galissien, van Ortugal tot voer biki C. de Finisterre-1586. Están en el interior de las montañas de Nemancos que cercan el sur de la ría de Camariñas, en una obra impresa para ayuda de navegantes un siglo después del viaje del armenio. Son dos enormes toros, señores de un cordal montañoso en un mapa que marca un feraz interior en contraposición a los puertos, guieiras y abrigos litorales. Uno sentado, otro de pie y vigilante. No podemos dejar de pensar en las leyendas jacobeas, donde bueyes y toros tienen tanto peso (y crédito finisterrano), en la sutil relación taurina de la Península, en la toponimia (O Boi, Touriñana).

Una exposición de manuscritos armenios abierta en marzo de 2026 en el BNE muestra tesoros de esta cultura. Algún miniaturista nos presenta un infierno de grandes cabezas de porco bravo de feroz dentadura devorando pecadores; también aparecen toros solitarios dominando regiones. Mayor sorpresa nos llevamos con los cuadrúpedos velludos de múltiples ojos de los códices medievales armenios.

En una de estas coloridas láminas a doble página de bermellón, azafrán y lapislázuli pude admirar la escena de cuatro monstruosas bestas atacando una comitiva real sobre una colina; un rey, con la espalda resguardada por un noble y en vanguardia un guerrero que se defiende a espada desenvainada del grupo de animales con las bocas abiertas, mostrando sus dientes y las garras alzadas. Son dos páginas iluminadas que pertenecen a la Historia de Alejandro Magno, del siglo XVI, conservada hoy en Roma; por lo tanto, obra muy próxima al acervo cultural y a la época del obispo viajero.

En la página izquierda, la de la escena de la comitiva de Alejandro atacada por la jauría, al pie aparece un bestia; solo se aprecia una enorme cabeza de oso, fuertes orejas, con un gran ojo y un estirado cuello saliendo de una penumbra; al estar de perfil, no se descarta que fuese otro porco bravo tan bien representado en otras piezas del bestiario oriental. Sus posibles parientes presentan igualmente esos perfiles de ancha nariz, color pardo, grandes orejas y enormes ojos, fila serrada de afilados dientes.

El grupo real presenta ricas vestes góticas, bellos jubones aterciopelados orientales. Los otros tres animales del grupo son como grandes lobos del tamaño de potros o leones, de cinco gruesas patas terminadas en garras, con cola de león, tórax ancho, lomo peludo y muchos ojos. Uno presenta cinco, otro seis; un tercero aparece cortado por la unión de las hojas, coloreados en castaño claro, marrón y rojo. La página contigua aporta en la parte inferior otro monstruo de la misma especie fantástica pero de un tamaño aún mayor, con una larga cola acabada en una peluda y ancha punta; las garras delanteras levantadas, boca abierta dentada y seis ojos. En la parte superior, tres hombres desnudos, pegados, sin cabeza, con ojos y boca en el pecho.

Si nuestro viajero tenía una referencia visual de un monstruo infernal en los escritorios de los monasterios de su país, sería la de esta estampa miniada de un códice de su tiempo; o la de tantos otros de herencia medieval y como vemos no solo con referencias cristianas (Apocalipsis) sino de las crónicas históricas de tradición helénica o persa.

La Biblioteca Nacional de España organiza, junto con el Ministerio de Educación, Ciencia, Cultura y Deporte de la República de Armenia, el Instituto «Matenadaran» Mesrop Mashtots de Manuscritos Antiguos y la Fundación Amigos de la BNE (FABNE), la exposición Por los caminos del mapa de la espiritualidad: el arte manuscrito armenio, que hasta el 21 de junio mostrará algunos de los tesoros artísticos y bibliográficos más importantes conservados en el Matenadaran, uno de los centros de investigación y conservación más importantes a nivel internacional, que alberga la mayor colección de manuscritos armenios del mundo.

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