Los Condes de Trava: sus monacatos y el Temple en Finisterre

Cuando se pretenden estudar as fundacións e a historia dos mosteiros atopamos constantemente á familia Froilaz o Traba”

José Luis López Sangil (1938-2016)

Varias órdenes religiosas se dieron cita y dejaron su impronta en este enclave estratégico militar, político-económico y mágico-espiritual.

De las primeras en establecerse en la zona fue la benedictina del monasterio de Toxosoutos (Noia), fundado por dos caballeros en 1132, Froila Alonso y Pedro Muñiz de Carnota. El rey Alfonso VII, a cuya corte pertenecían, les concedió grandes favores y privilegios cuando se decidieron a cambiar la vida militar por la monacal. Llegó a ser de los cenobios más ricos de Galicia hasta que en 1504 se anexionó a Sobrado dos Monxes. Según el Padre N. Gaite, el claustro de Toxosoutos fue vendido por 4.000 pesetas al Vizconde de San Alberto.

Entre los favores reales estaba la donación de las parroquias vecinas de Fisterra, San Salvador y San Martiño, con sus propiedades en el valle de Duio, el 5de diciembre de 1135; confirmada por su nieto Alfonso IX, el 28 de junio de 1228. Pero el documento real A.H.N. Clero. Carpeta nº 556, doc. nº 1 dice, refiriéndose a esta villa: “Hereditates de uoce regia sub aula Sancte Marie in Villa Arenis” (“posesiones que tenía debajo de la iglesia de Santa María en Villa Arenas”); y quealgunos autores atribuyen su fundación a Chindasvinto, rey visigodo (642-653); al tiempo que se ubicaba a los pies del “Monte Rou” cerca del río “Portelo” y del valle de Duio. En efecto, a principios del siglo XII Fisterra no existía como tal.

Monje benedictino con su hábito característico (foto wikipedia)

Pues bien, Ramiro III (966-985), hubo de enfrentarse por el trono de León, al rey nombrado por los condes gallegos, su primo Vermudo II (982/984-999), hijo del rey Ordoño III (951-966). El lugar de la batalla se llamaba “Portella de Arenis (junto a) Montem rosum”. Los estudiosos suelen decantarse por Antas de Ulla en Lugo, pero sin ningún tipo de ‘Portela/o’ ni evidencias concluyentes…

La Casa Pérez de Traba tuvo por mucho tiempo el gobierno de casi todo el país gallego, contribuyendo enormemente a la fundación y riquezas de diferentes cenobios como el de Toxosoutos. Así es que aparecen importantes donaciones a estos monjes en los años 1142, 1147, 1148, 1154, 1169, 1177, etc.

La tutela y cura de esta noble familia sobre sus casi 40 monasterios e iglesias fue siempre muy estrecha. Por tanto, plenamente reconocible en los siglos XI, XII, XIII y, tal vez, como resultado de una característica política matrimonial, las viejas unidades territoriales castreñas del antiguo ámbito geográfico de los ártabros quedaron todas en manos de una dinastía: los Petriz.

En nuestro caso la Tierra de Nemancos, será un territorio siempre en manos de los jefes del clan descendientes de los Pérez (Prolis Petriz) encabezado por el Conde de Trava Don Pedro Froilaz (“maior inter comites de Galicia”) hasta la muerte del último Pérez: Rodrigo Gómez. En una permuta de 1132 entre el monasterio de Xubia y el siguiente Conde de Traba, este se llama a sí mismo como “Fernando, del linaje Pérez”: “Ego comes dominus Fernandus, prolis Petriz”, Y en la plementería de la bóveda del altar mayor de la iglesia de Finisterre vemos la inscripción “P. Ptz”, indicando si no a la estirpe, sí a uno de ella.

También quedó su marca en un contrafuerte del muro testero de la iglesia, en cuya inscripción de letra carolingia se lee:

[er]a : MC : PZ / IDEM : DE STME

El texto, que está cortado (parece una copia de una inscripción anterior) vendría a decir: «En la era de 1100 (año 1062) Petrus Z… / el mismo de San Tomé?»; según, consultada, la amable respuesta de la Dra. Ainoa Castro Correa, ERC StG Researcher del Departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea de la Universidad de Salamanca.

Teniendo en cuenta que el descifrado de la Dra. Castro es a partir de fotos, nosotros con una visión in situ, deducimos:

a : MC : PZ / LOC : M : DE STME

Esto es: “a(ño) de 1100 Petriz / (este) lugar al m(onasterio) de San Tomé».

Inscripción en la bóveda del altar mayor de la iglesia Sta. María de  Finisterre, significando Prolis Petriz o uno de la prole llamado Pedro Pérez (+1064) // Sillar reutilizado de otro templo que referencia el apellido Petriz (fotos J. G. Satti)

Había en la falda meridional de la sierra de Nariga, en tierra de Bergantiños, un Monasterio de Canónigos Reglares de San Agustín, conocido con el nombre de Santo Tomé de Nemeño. Tanto los ascendientes de D. Pedro, como los de su esposa Dª Urraca, habían adquirido derecho sobre la propiedad de dicho Monasterio; y a la muerte de la Condesa se había adjudicado a su hijo D. Froilán la parte que a ella le correspondía. Cuando falleció D. Froilán, D. Pedro heredó la parte de su hijo. Con esta cuarta parte, con otra que había adquirido por permuta de su hermana Dª Visclávara y otra que comprara a Guntroda Núñez, llegó a hacerse dueño in solidum del Monasterio. El mejor uso que D. Pedro juzgó debía hacer de aquellos bienes, fue el cederlos en beneficio de estos agustinos de Nemeño y en sufragio por las almas de su esposa Dª Urraca y de su hijo D. Froilán, como declara en el diploma otorgado el 6 de mayo de 1105 (“Historia de la Santa iglesia de Santiago de Compostela”, Antonio López Ferreiro-1898). Señala el Conde, en la escritura, los confines de toda aquella heredad y manifiesta que no quiere conservar en ella más que el derecho de protección y amparo; derecho que ha de trasmitirse exclusivamente a aquel de sus descendientes que mejor se condujere con el Convento. Es mucho lo que el monacato agustiniano ha hecho en favor del Camino de Santiago, a partir del concilio de Santiago de Compostela del año 1056, que estableció la vida común de los canónigos, monjes y otros clérigos; dando origen a muchos conventos y monasterios con la Regla de San Agustín que colaboraron en la hospitalidad de los peregrinos jacobeos. Quizás por ello el Padre Martín Sarmiento, que visitó Fisterra en 1745, vio un “San Guillermo de piedra vestido de agustino en la ermita dedicada al santo; etapa final del Camino Xacobeo (“El brazo de San Guillermo de Fisterra está en Bretaña?” , J. G. Satti 2022).

En el libro “A nobreza altomedieval galega” de mi estimado José Luis López Sangil (†)se relata la llegada del Císter a Galicia: “Como muestra de amistad entre D. Fernando Pérez de Trava y San Bernardo, éste en persona le envía doce monjes cistercienses que llegan a Santiago en febrero de 1142 para hacerse cargo de Sobrado”, monasterio ruinoso propiedad de los Trava.De la presencia de estos monjes en Fisterra sólo queda una corte (establo) en la aldea de A Insua “que perteneceu ó mosteiro de Sobrado dos Monxes” (“Arquitecturas da Pcia. Da Coruña”, J. Soraluce Blond-Xosé Fdez. Fdez. 2001).

Monje agustino con su hábito característico (foto wikipedia)

El testamento de Urraca Fernández (hija del Conde), redactado en 1199 en el monasterio cisterciense de Santa María de Sobrado, es un importante documento muy utilizado por historiadores, biógrafos y periodistas debido a la gran información que contiene. La trascripción que he estudiado es la que hizo Antonio López Ferreiro (“Galicia Diplomática”, 1889). Los principales beneficiarios de dicho texto fueron los monjes de la orden del Císter, como se desprende de los nombres de una docena de sus monasterios. Y, a la par que los monjes, sus fieles escuderos templarios, cuyo juramento decía: “…no negaré a las personas religiosas, principalmente a los religiosos del Císter y a sus abades -que son nuestros hermanos y compañeros- ningún socorro, ya sea de palabra, ya sea con obras pías y mismo con las armas…”. Así es, allí donde iban los cistercienses los protegían los caballeros, y por esto también ya habían recibido beneficios de D. Fernando Pérez de Trava para establecer su encomienda en Burgo de Faro y más tarde recibirían por medio de su hija, como dispone en su legado, “quanta hereditate habeo in Aravegio” y donaciones para las obras de iglesias (ad opus ecclesie) como ocurre con las de Cambre y Ste. Marie de Finibus Terre. Hago mención a estas iglesias a modo de ejemplo de la comunión entre ambas órdenes. El puerto de Fisterra quedaría en manos del Temple para defensa de la piratería que asolaba desde hacía tiempo los monasterios costeros. Y del mismo modo pasaba en Cambre, pues los templarios controlaban la ría del Burgo y el tráfico de peregrinos que hacían el Camino Inglés o de Faro. Incluso se pueden apreciar las mismas huellas en un templo y en otro. Este signo es una cruz inscrita en un círculo que está tanto en la puerta principal de la iglesia fisterrana como en una pila bautismal de Santa María de Cambre. Esta última ubicación echa por tierra las teorías de neófitos en simbolismo que relacionan dicho signo con “consagraciones de templos y/o capillas” (Alonso Romero), explicación difícil de aplicar a una pila bautismal…

Doña Urraca, en su escrito, también deja donaciones a monasterios benedictinos: (Mouraime, Zebrario, Samaos, etc.) y a otras órdenes de caballería: ad frayres de Hospitale (Hospitalarios o de San Juan), ad frayres Spatis (Santiago) y ad frayres de (Santo) Sepulcro. El testamento no sólo es importante por la cantidad de datos que ofrece, sino también porque refleja cómo estaba distribuido el poder político-económico, religioso y militar en todo el territorio de Galicia durante la segunda mitad del siglo XII y el primer cuarto del XIII.

San Bernardo dando clases a monjes cistercienses (foto wikipedia)

La Orden del Temple y el Conde de Trava contactaron en Portugal en 1128, con ellos viaja a Jerusalén en 1147; y los ayudará a que sus encomiendas continúen expandiéndose por toda Galicia: Amaea, Arentia, Betanzos, Caaveiro, Cambre, Carballo, Corcubión, Culleredo, Dos Freires, Finisterre, Laracha, Laxe, Lugo, Malpica, Monforte, Muros, Padrón, Pontevedra, Temple, Val do Dubra, Viveiro, Vigo, y un largo etcétera; las cuales dependían jerárquicamente de la bailía de Faro. Estas propiedades consistían en casas, capillas, montes, fincas y demás bienes principalmente en la zona de influencia de los Trava: el condado familiar que toma el nombre de Trastámara, tras el río Tambre (Tamara); y abarcaba áreas de la actual provincia de A Coruña, incluyendo zonas de la Costa da Morte, Bergantiños y tierras limítrofes. Pero esta familia, por sucesión pierde poder con el paso del tiempo al comprometerse su base territorial a consecuencia de las donaciones y las particiones familiares. Es una familia que tiene también todos sus bienes en régimen de co-propiedad, percibiendo cada miembro una cuota. Posteriormente, una serie de caballeros estrechamente emparentados a los Trava como los Mandiá, Piñeiro, Lago, Pita da Veiga, Freire de Andrade, Mariño, etc colocarán verdaderas dinastías familiares de priores, que también controlarán y se perpetuarán en los cargos (véase “Los Mariño” , J. G. Satti 2019).

En el año 1118 es fundada la orden de los Templarios, Templarii o caballeros del Templo, llamados así porque el rey de Jerusalén los había alojado cerca del lugar en que estaba antiguamente el Templo de Salomón. Fueron instituidos bajo el reinado de Balduino con el objeto de defender a los peregrinos que iban a visitar los santos lugares. Se les asignó una regla en el Concilio de Troya, que aprobó el Papa Honorio II. De estos caballeros quedan en Fisterra las marcas de sus cruces en los muros de la Iglesia, idénticas a las que hay en la Colegiata de Padrón.

 Balduino II de Jerusalén entrega a los templarios la mezquita de Al-Aqsa (foto Miniatura de la Histoire des Croisades (s XIII) BNF)

El templo de la Colegiata fue reconstruido en el siglo XIII y la portada occidental fue labrada a principios del siglo XIV. Se trata de uno de los primeros hitos de la arquitectura gótica francesa en la península ibérica. En ella podemos ver una serie de cruces, repartidas en las paredes exterior e interior. Se trata de una serie de cruces templarias de modelos distintos. Ahora sólo hay 13, pero el número original era de 27. Junto a esta iglesia, lápidas de época medieval y aún anteriores, suévicas, paleocristianas y compañeriles. Y en la piedra las perennes inscripciones de cruces patadas dentro de círculos. De igual manera que en Padrón sucede en Finisterre: un puerto importante, lápidas antiguas y una iglesia con marcas templarias.

Dijo Ricardo López que «una iglesia necesita símbolos para poder entenderla como espacio sagrado” y así es que, rodeando el templo fisterrán, nos encontramos grabada en la pared oriental la inconfundible cruz templaria casi imperceptible por el paso del tiempo; en un lateral de una de las capillas agregadas, un espiral o laberinto (típico ligarlo al juego de la Oca) y otra cruz templaria; en la pared occidental, una cruz inscrita en una circunferencia, además de una cruz del Temple y otra más, en el lado sur. Analicemos cada caso.

En cuanto a las cruces templarias, primeramente destacaremos que son únicas. No las hay en ninguna otra iglesia de la comarca. Aunque la Orden dependiera directamente del Papa, nunca utilizaron la cruz latina como insignia. Al contrario, se acercaba más a la griega con los cuatro brazos iguales. Según Rodríguez Campomanes, la cruz del Temple fue casi como la de la Orden de San Juan con la diferencia de ser los remates no en punta, como la de San Juan, sino en medio círculo como es nuestro caso (“La huella de los templarios en Fisterra 2005).

 Plano de la iglesia fisterrana y sus distintos símbolos (foto J. G. Satti)

El laberinto, tiene una doble razón de ser, en cuanto permite o veda, según los casos, el acceso a determinado lugar donde no todos pueden penetrar indistintamente; sólo los que están «cualificados» podrán recorrerlo hasta el fin, mientras que los otros se verán impedidos de penetrar o extraviarán el camino. Se ve inmediatamente que hay aquí la idea de una «selección», en relación evidente con la admisión a la iniciación misma. Podemos agregar que en masonería se describe la escalera en espiral del Templo de Salomón como una alegoría de la vida humana y lección de valor, pues si la ascensión de una escalera recta es sin emboscadas, no es lo mismo aquí, donde en cada vuelta es el hombre acechado por lo desconocido.

A la cruz en el centro del círculo se le ha dado, desde una época muy antigua, una significación «solar»; en realidad el sol mismo es un símbolo del verdadero Centro del Mundo, que es el Principio divino. Esta figura, a su vez, es la imagen de un ciclo de manifestación, como esos ciclos cósmicos de las doctrinas hindúes. Las divisiones determinadas en el círculo por las extremidades de los brazos de la cruz corresponden a los diferentes períodos o fases en que se divide el ciclo según sean estos más o menos extensos. Se tendrá así, por ejemplo, y para atenernos sólo al orden terrestre, los cuatro momentos principales del día, las cuatro fases de la luna, las cuatro estaciones del año, y también, según la concepción que encontramos tanto en las tradiciones de la India y de América Central como en las de la antigüedad grecolatina, las cuatro edades de la humanidad.

No hacemos aquí más que indicar someramente estas consideraciones, para dar una idea de conjunto de lo que expresan los símbolos en cuestión; y que están, por otra parte, vinculadas a otros artículos aquí publicados (“Simbología y marcas gremiales en Santa María de Finisterre” , J. G. Satti 2019).

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