El Boletín Oficial Del Arzobispado de Santiago se guardaba en tomos encuadernados en las parroquias gallegas. El del año 1888, bajo el papado de Leon XIII recoge muchos datos de interés. Por ejemplo, un artículo sobre las aportaciones de la Iglesia a la ciencia, en una era de profundo debate entre las corrientes del positivismo y los hombres de ciencia con las verdades de la fe católica. Un listado de eclesiásticos inventores que merece su transcripción en un debate que sigue abierto siglo y medio después.

HOMBRES DE IGLESIA Y CIENCIA
Bacon, monje franciscano, inventó también el telescopio; Galeno, obispo de Munster, las bombas de sacar agua; y Silvestre II el reloj de ruedas y también órganos mecánicos en que intervenía el agua caliente.
El Abad Perrin compuso la primera pieza de ópera; Copérnico, el padre de la Cosmografía moderna, era canónigo de Frauenburg en Polonia; Moscópulo, monje griego, inventó la teoría de los cuadros mágicos; Lucas di Borgo tuvo gran parte en el descubrimiento del Algebra; Pascal de Port-Royal fue el inventor del triángulo aritmético que abrió el camino al análisis; los indivisibles fueron parto del Jesuita Cavalieri; la circulación de la sangre, que tanto ha influido en la Filosofía y Medicina, fue debida a Nemesio, obispo de Nemesia; las leyes de la Anatomía fueron establecidas y desarrolladas por Fallopio, canónigo de Módena y por el obispo de Stenon; las leyes de Fisiología anatómica fueron fijadas por el Abad Spallanzani; así como las de la luz lo fueron también por F. Maurólyco, Abad Siciliano y por el Jesuita Grimaldi. También deben su establecimiento en la ciencia las leyes de la electricidad al P. Lana, Jesuita y al P. Beccaria, Escolapio; lo mismo que las de las aguas lo deben á Castolli, Abad del Monte Casino y á Mariotte, Prior.

El Canónigo de París, Hatiy, ha hecho los más importantes descubrimientos mineralógicos; el diácono Flavio de Gioia, de Amalfi, descubrió la brújula; y el primero que fue con ella de Inglaterra a Irlanda en 1327 fue un monje de Oxford llamado Linna. Además, el microscopio es debido al Padre Magnan; la linterna mágica, al P. Kircher; el odómetro (instrumento adaptado a una rueda de vehículo, para medir el camino recorrido), al Abad Outhier; la telegrafía acústica, a Gautney, monje Benedictino; la telegrafía aeriana, al Abad Cappe; y la Stenografía debe mucho a Pedro, Diácono del Monte Casino.

El reloj debe no poco a Ricardo, Abad de San Albano, a Boecio y Casiodoro, al Arcediano de Módena, Parisico, a Silvestre Il y al Abad Hautefeuille de Orleans. Dos Monjes trajeron de la China a Europa los gusanos de seda; los Jesuitas trajeron la quina, que ellos descubrieron en otros países, así como las tinturas y otros muchos remedios, sin contar con las plantas y pájaros los más extraños.
El Jesuita Cavalieri descubrió los gusanos infusorios, y al Cura Camponi se debe el invento del corte de piedras. Los Benedictinos, en el siglo XI, hicieron los primeros molinos de viento, y uno de aquellos, Guido de Arezzo, fue el autor del sistema musical que actualmente tenemos.
Él inventó las notas ut re mi fa sol la sacándolas de los primeros versos del himno Ut queant laxis, propio de la Natividad de San Juan; y ya que hablamos de música, dejando aparte a San Ambrosio y San Gregorio, que tanto hicieron en el canto, debemos añadir que Francesco, Maestrescuela de la Catedral de Lieja, inventó en 1066 el contrapunto; que Juan de Muris, Canónigo, y Felipe de Vitri, obispo de Meaux, contribuyeron de una manera notable a la formación del ritmo musical por las mejoras que ellos introdujeron en la forma y valor de las notas; que á eclesiásticos como el Abad Gafforio, es debida la teoría de la composición musical; que el P. Mattini, hermano minorita de Bolonia, y el Abad Volger han sido los promotores de la música nueva, y que en el siglo XII, Bedos de Celles, Benedictino de San Mauro, perfeccionó el órgano de una manera notable. Gracias a una feliz casualidad de dejar caer un botón de plata en el horno, fue inventada por el alemán Santiago, del Orden de los
Dominicos, la manera de dar color al vidrio. Así al menos consta de la tradición. La Astronomía moderna reconoce por fundadores al Cardenal de Cusa y a su discípulo el canónigo Copérnico. La gravitación fue naturalizada entre los sabios por dos Monjes, el mínimo Jacquier y Lesneur; y sabido es que ha sido un Papa el reformador del Calendario, Gregorio XIII. El P. Marsena, mínimo, fue el inventor de la línea llamada cicloide; el P. Laloubere inventó la curva cilíndrica; el Jesuita Fraille mostró los centros de gravedad de las figuras geométricas. Caselli fué el inventor del Pantelégrafo; Fr. Cosme del Litótomo, y el Abate Melloni construyeron su aparato para las experiencias del calor. El Sacerdote Gasendo ha sido copartícipe de la gloria que cabe a Galileo, por haber sido como el restaurador de las ciencias.


