70 aniversario del supuesto Platillo Volante en el Camino de Santiago

El 6 de noviembre de 1954 en La Voz de Galicia los lectores se sorprendían por una curiosa noticia, el supuesto aterrizaje de un platillo volante del tamaño de un gran quiosco a 42 kilómetros de A Coruña, en un apartado enclave de la carretera de Santiago.

De hecho sucedió a la salida de la capital de Galicia. Gonzalo Rubinos Ramos, chófer de la Jefatura Provincial del Movimiento, vio ascender el objeto a 200 metros de la vía pero una cegadora luz plateada le impidió observar mejor la supuesta nave que describe al modo muy habitual de una época de posguerra plagada de avistamientos.

Unos días antes se daba cuenta de otro ovni en Becerreá. Platillos volantes o cigarros volantes eran los nombres que recibían en la prensa. En muchos casos se pensaba en extraños fenómenos astrológicos, en nuevas armas de la guerra fría, pero la ufología empezaba su edad de oro.

El señor Gonzalo, que no pudo evitar posteriormente el mote de «o home do platillo» había salido de Santiago en un coche con pasaje que a los pocos kilómetros sufrió una avería. Pudo ser reparada pero era el aviso de un viaje singular y lleno de avatares. No avanzó mucho el auto cuando se le rompió el disco de embrague en la llamada Curva del Obispo.

Los pasajeros tuvieron que bajar del coche y fueron recogidos por otra línea, para proseguir su ruta a A Coruña, quedando solo el chófer aguardando por su turno de rescate, en plena noche.

Bólido con forma de un gigantesco quiosco

Paseando por la carretera en la larga espera, eran las once menos veinte de la noche cuando a sus espaldas, en una fraga, notó un resplandor muy claro. Se volvió y vio una luz potentísima como si fueran fuegos artificiales, que por un momento parecieron disminuir.

«En el centro de ella pude apreciar como un gran bólido en forma de un gigantesco quiosco. Como el que está ahora en la Plaza de Orense, pero de mayor tamaño» aseguraba en la crónica. Otra luz cegadora y el temor que lo dominaba le impidió apreciar más motivos.

En las casas distantes escuchó el ladrido alarmado de los perros. Entonces sintió un fuerte ruido, «como si fuera un arranque violentísimo y a la vez suave». Después nada, silencio y miedo. Se encomendó a todos los santos y rezó el rosario. El chófer estuvo esperando por otro coche hasta las dos de la madrugada.

Esta curiosa crónica periodística nos recuerda al pionero de la ufología en España, el coruñés Oscar Rey Brea, militar y científico que en su campaña rusa con la División Azul había observado un fenómeno aéreo sorprendente y sin explicación.

En el sitio de Leningrado, en el cruento combate de Krasny Bor, el 10 de febrero de 1942, Rey y sus compañeros de trinchera pudieron observar sobre sus cabezas una nave en forma de disco fija durante varios minutos sobre el campo de batalla. En 1945 sus padres vieron en Los Cantones un misterioso objeto volador muy luminoso que Oscar Rey interpretó como un platillo volante, un ovni.

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