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sábado, julio 13, 2024

La Dama Italiana del Encaje de Bolillos

Isabela Parasole fue una gran dama italiana del encaje, referente en nuestro país por sus picados en la corte de los Austrias, que se hicieron muy populares y fueron muy copiados. Lo que enlaza con la leyenda de la dama italiana que enseñó a palillar a las mujeres de Camariñas.

La grabadora y talladora romana Elisabetta Catanea Parasole (1570-1617) fue una de las más célebres creadoras de patrones del Renacimiento, conocida por su diseño de láminas de botánica y patrones de encaje.

En sus primeros libros (Specchio delle virtuose donne, 1595) apenas se encuentran muestras para la realización de encaje de bolillos pero con los años va introduciendo mayor número y más complejas tramas (Teatro delle nobili et virtuose donne 1616). En este último libro aparecen ya más de setenta patrones para bolillo, de distintos anchos, de catorce hasta cien palillos.

El encaje de bolillos en la Costa da Morte

Llegaron a nuestros días pocos encajes antiguos, por la fragilidad del material. Por ello tiene valor el localizado en Ponte do Porto, aunque sea de pequeño tamaño. En el origen del encaje de bolillos siguen marcando la pauta Flandes y Venecia. Por ambas vías y por mar llegaron a Galicia y a la Costa da Morte, en donde desde que hay memoria escrita se significaron más las palilleiras que en ningún otro sitio (entre Corme y O Ézaro).

Bien sabemos que Almagro, Cataluña (Arenys de Mar, Arenys de Munt) y Camariñas (su ría) llegaron a nuestros días como centros encajeros nacionales. En España y en nuestra región en tiempos de Felipe IV se expandió el encaje de bolillos, que propició unas manufacturas más populares, de mayor producción con la nueva técnica, más rápida y barata. Si bien en el siglo XVI ya era conocida la artesanía, un siglo de convivencia entre aguja/bolillo. En los dos primeros libros de encaje conocidos siguen predominando los modelos para aguja, pero ya encontramos el bolillo.

Son obras de ascendencia veneciana. Los patrones de Le Pompe de 1557 y el Nuw Moldelbuch, impreso en Zurich en 1553, (de una encajera anónima llamada R. M.) que introduce en la ciudad modelos venecianos llegados con comerciantes de este origen. Una mujer, esta ya conocida y antes citada, Isabella Parasole en 1595 publica sus picados, dibujos apropiados al encaje fino.

Las rendas italianas destacan por el uso del lino, la seda, hilos metálicos, con una trama espesa y fuerte. Las flamencas usan hilos más finos y patrones más abiertos, son más ligeras y delicadas. En Inglaterra se producen masivamente desde 1669 (Devonshire y Somerset), y la influencia por supuesto les llegó por el mar desde Génova y Flandes.

En 1600 los encajes de bolillos están presentes en los principales puertos europeos, en ciudades y cortes. En España predominan en este siglo los foráneos. Los investigadores tachan a la etapa 1621-1675 como la del triunfo del encaje. En España la mayor parte de las puntillas parecen proceder de Flandes; pero en Francia se les llama pointas (del español puntas, puntillas), por seguir modelos españoles y por ser destinados en buena parte a nuestro mercado, su principal cliente.

Las puntillas

En Camariñas también se les denomina desde siempre sobre todo puntillas y puntilleiros a los vendedores. Al lado del mercado de lujo surgen en el Barroco propuestas populares en el entorno de París (Campaigne y Guese) muy acordes a los modelos que en el futuro se desarrollarán en la Costa da Morte. En las colchas conservadas de la corte de Felipe IV encontramos la fidelidad a los patrones de Parasole. Un diseño y técnica de origen italiano (Venecia y Génova), técnicamente descendientes de los encajes de Le Pompe, con formas y estilos a la española.

«Doce autos sacramentales y dos comedias divinas»

En 1622 publica el íntimo amigo de Lope (lo atendió en su lecho mortal) Joseph de Valdivielso sus «Doce autos sacramentales y dos comedias divinas». Una de estas comedias, representadas por el cura de Santiago de Ameixenda José Canosa y Lado en el XIX, era «El peregrino», ilustrada por el rector con imágenes de romeros finisterranos.

Un ejemplar de esa prima edición de Valdivielso se conserva en Ponte do Porto, con una pieza de encaje cosida en la parte interna del lomo que es el más antiguo ejemplar de puntilla de Camariñas conocido.

El libro perteneciente en su día a la familia Pazos, estuvo antes en manos de un cura de Ameixenda y del abad de Toba (avecindado en Ponte do Porto), uno de los grandes puntilleiros de mediados del siglo XIX, que pudo ser el que envió encajes gallegos a la Exposición Universal de Londres de 1851. En competencia con los de Bruselas, Valenciennes, Malinas, Alençon.

La mecanización ya había llegado a muchos centros de producción, desde el fin de la era napoleónica. No a Camariñas. En donde se sigue recordando una leyenda, la de la dama italiana que enseñó a palillar a las lugareñas. A la ría llegaban las galeras de Venecia en la era gótica. Dama italiana vinculada a Cereixo pudo llegar desde Nàpoles con los condes de Andrade o los de Lemos. O en forma de libro impreso como madrina de nuevos patrones para atender los deseos de nobles y clero.

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