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sábado, julio 13, 2024

Los orígenes de las tradicionales hogueras de San Juan en Sardiñeiro de Fisterra

Ciertos autores relacionan a los ligures con la cultura del vaso campaniforme, pues esta cerámica (originaria en el estuario del río Tajo) se extendió por Europa y fue introducida en las Islas Británicas entre el 2200 a. C. y el 1900 a. C. (véase “La Prehistoria reciente del Cabo Finisterre” J.G. Satti 2022); a la vez que esta misteriosa cultura se distribuye también por la costa gallega en lugares donde se encuentran monumentos megalíticos y su condición de “puertas al más alla” como el dolmen de Orcavella en Finisterre o Pedra da Arca en Vimianzo, les vincula directamente con la Via Lactea, como vehículo de almas y su relación con los astros, especialmente el Sol. Según las crónicas el dios ligur era una deidad solar que no tenía imagen.

Restos de la antigua ermita de San Juan de Sardiñeiro prácticamente destruída, de planta rectangular (8 m x 4,5 m). Los muros, de unos 70 cm. de ancho, estarían formados por sillería y mampostería de granito (foto J.G.Satti).

Lug es palabra indoeuropea que significa «el que brilla», «luminoso», pero también «cuervo»; maestro de todos los oficios, su otro animal totémico era el lobo (no olvidemos este dato). Más tarde Lug sería asimilado por la mitología celta (ver “Los ligures y cultos solares J.G. Satti 2017).

En la villa de Sardiñeiro (lat. Villar Sarnon, derivado del indoeuropeo que significa “poblado junto al río”), que es el asentamiento más antiguo del municipio de Fisterra, hay un monte conocido como de San Juan, y en él restos de una ermita de planta rectangular (8,2 m x 4,4 m. de orientación N-S) con entrada por el oeste. Muros de 70 cm. de ancho, estarían formados por sillería y mampostería de granito (véase “El origen del Camino de Santiago XIII: Eremitas: los iniciados del Camino” J.G. Satti 2018).

Estaba dedicada a San Juan Bautista, patrono del pueblo y que también lo fue de la Orden del Temple, que tuvo presencia en la zona y de las hermandades de constructores, de donde tomarían origen las festividades masónicas de los dos «Juanes» ligadas a los solsticios de verano e invierno. Pues a menudo se relaciona al Bautista con los esenios y una sección de éstos era llamada Bannaim, los constructores. Único santo éste del que se celebra su natalicio. (véase “La huella de los templarios en Fisterra J.G. Satti 2005).

Iglesia de San Juan de Sardiñeiro (concello de Fisterra), cuyas últimas reformas y ampliaciones se realizaron en 1774 (foto J.G.Satti).

La ermita fue abandonada para celebrar al Santo en una nueva iglesia del siglo XIII construida sobre un antiguo castro al pie del monte (así en documentos medievales: “Johannes Petri et Arias Didaci, clericus Sancti Johannis de Villar Sarnon” B.- Tombo, f. 179v, 09/08/1241). Como curiosidad destacar que en el antiguo cementerio recibieron devota sepultura los padres jesuitas Jorge Blanier y Francisco Rosillo, después del naufragio del galeón San Jerónimo de la flota de Martín Padilla, en 1596 (véase Sardiñeiro, última morada de dos heroicos jesuitas de la armada de Padilla J.G. Satti 2020).

La fiesta de las hogueras de San Juan que se celebramos en Sardiñeiro y en las aldeas de la comarca, remite a la teoría expuesta por Caro Baroja de los Hirpi Sorani, que significa los lobos de Soranus (“Leyendas de Finisterre”, Alonso Romero-1999). Este era el nombre con el que los etruscos denominaban al Sol y al que dedicaban celebraciones solsticiales caminando con los pies desnudos sobre las brasas de una hoguera de madera de pino. La presencia de etruscos en tierras gallegas se hace evidente en pueblos como Coluns, según indicó el profesor Monteagudo (gentilicio etrusco Collunius; cul puerta, dios de las puertas- ob. cit.). Curiosamente en el monte citado hay una roca llamada Pedra do Lobo frente a los dos islotes conocidos como Lobeiras (“Fogueiras en Fisterra J.G. Satti 2005).

 Restos arquitectónicos de la primitiva iglesia aún son visibles hoy día (foto J.G.Satti).

Este simbolismo animal vinculado con la luz se dio también entre los griegos; en griego, el lobo es lykos y la luz, lykê. De ahí el epíteto, de doble sentido, del Apolo Licio. En efecto, en la época helenística Apolo había pasado a estar estrechamente relacionado en los cultos a Helios (personificación del Sol) y su apelativo Febo («brillante»), fue adherido al anterior (“Las hogueras de San Juan bajo el meigallo de Sardiñeiro” J.G. Satti 2007).

En el Imperio Romano fueron los legionarios que habían servido a Roma en las fronteras orientales quienes introdujeron el mitraísmo o misterios de Mitra en el siglo I d. C. cuya liturgia se realizaba en templos denominados mithraeum. Estos espacios eran en un principio cavernas naturales, y luego, construcciones artificiales imitándolas, oscuras y carentes de ventanas.

Plano de la parroquial en el siglo XIX donde se aprecia la ubicación de la lápida de los jesuitas, hoy bajo 10 cm de tierra y hierba (foto J.G.Satti) // El Dr. Manuel Martín Bueno recuperó en 1987 el anillo del padre Jorge Blanier con la inscripción «IHS» (Iesus Hominum Salvator) (fotoM.M.Bueno).

Se han descubierto mitreos en lugares tan distantes entre sí como el norte de Inglaterra y Palestina. Su distribución por la geografía del Imperio está en relación con las instalaciones militares siendo una religión iniciática muy difundida entre los soldados que rendía culto a una divinidad solar cuyos compañeros se llamaban Cautes y Cautópates y representaban la salida y la puesta del sol respectivamente, además de contar con la ayuda de un cuervo al igual que ocurriría con San Benito (vamos viendo como las religiones se superponen como capas de una cebolla…).

Según el relato mítico el cuervo enviado por el Sol le avisó a Mitra que debía realizar el sacrificio salvífico de un toro, al que le clavó un cuchillo y de la columna vertebral salió trigo, y de su sangre vino. Por esto en el rito principal los alimentos ofrecidos eran pan y vino como en el ritual cristiano; que lógicamente, incluía la inmolación de un toro y otros animales (práctica esta común a todos los pueblos de la antigüedad independientemente de la deidad a la que se ofrendara).

Imagen del santo patrono en la hornacina de la fachada principal de la Iglesia de San Juan de Sardiñeiro // Interior del Altar Mayor (foto J.G.Satti).

También hacían bautismo de fieles con la sangre del toro y una muerte simulada del aspirante ligada a la reencarnación como último paso de la ceremonia iniciática. El 25 de diciembre los adeptos de Mitra (coincidiendo con el solsticio de invierno) celebraban su nacimiento y santificaban el domingo, dies solis. A finales del siglo III se produjo un sincretismo entre la religión mitraica y ciertos cultos solares de procedencia oriental, que cristalizaron en la nueva religión del Sol Invictus que fue oficializada en el año 274, por el emperador Aureliano.

Filósofos como Macrobius, decían que la Via Láctea abarca de tal modo el zodiaco en ruta oblicua en los cielos que lo intersecta en dos puntos: cáncer y capricornio, llamados “las puertas del Sol”, por donde las almas descienden del Cielo a la Tierra y remontan de la Tierra al Cielo.

Lo que nos sitúa nuevamente en los orígenes de estas creencias y sus lugares de culto en primitivos altares de roca natural como el que se encuentra en el monte Facho junto al dolmen de Orcavella, donde se aprecian una disposición de dos o tres en serie o en cascada de pilas o cazoletas sacrificiales con canales de desagüe (similares a otras del Monte Louro) y una inscultura igual a la simbología solar de una cantimplora de cerámica hallada por Don Esmoris en Duio datada entre el 2000-1500 a.C. por Don Luis Monteagudo.

Aprestos para la gran hoguera en la playa de Sardiñeiro, otras más pequeñas se distribuyen por descampados del pueblo (foto J.G.Satti).

El mismo cura Domingo Miñones recoge en 1895 la tradición que sitúa un Ara Solis romano (altar al sol) en lo que fue el antiguo Semáforo en el propio Cabo Finisterre y también una figura solar puede contemplarse en la entrada principal de la iglesia fisterrana.

El cristianismo intentó suprimir estos cultos durante el siglo IV con Prisciliano a la cabeza, al convertirse en la única religión oficial del Imperio Romano en el año 380. Pero lo cierto es que la liturgia católica misma atribuye a Cristo el título de Sol Justitiae.

El verbo es el «Sol Espiritual», es decir, el «Centro del Mundo». Si el Sol simboliza a Cristo, los rayos son los Apóstoles («enviados», como los rayos también son enviados por el sol). Se ve entonces, la perfecta conformidad del Cristianismo con una tradición ancestral que nada tiene de mítico y que perduró hasta nuestros días.

Pilas en serie o cascada con desagüe en el monte Facho // El dolmen de Orcavella situado dentro del recinto antiguo de Telefónica en la ruta megalítica de Fisterra(foto J.G.Satti).

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