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sábado, febrero 17, 2024

Daniel Anido reconstruye la chalupa ballenera de la Costa da Morte

DANIEL ANIDO RECONSTRUYE LA CHALUPA BALLENERA DE LA COSTA DA MORTE PARA LA RLNE// ENTREGÓ UNA MEMORIA A LA DIPUTADA PAULA MAS

Daniel Anido Verdes es un aficionado al maquetismo naval de Malpica y miembro de la Real Liga Naval Española. Anido creó una maqueta de la chalupa ballenera que se usaba en la Costa da Morte, en puertos como Malpica, Caión, Laxe o Camelle en el siglo XVII, barca que estuvo expuesta en la Casa del Barómetro de Camariñas en noviembre.

Además el autor entregó un dossier sobre su trabajo al delegado provincial de la RLNE Rafael Lema y a la parlamentaria autonómica Paula Mouzo Mas. El modelo está construido en madera de cerezo, conservada con aceite de linaza, y el problema mayor fue trabajar sobre la limitada cantidad de tracas de madera del forro, por el gran ancho de algunas y la doble curvatura; por ello reconoce que el laborioso proceso de forrado, a base de calor y humedad.

El trabajo de investigación previo de Daniel Anido se denomina «Reconstrucción conjetural de la chalupa ballenera originaria vasca, utilizada en los puertos de Caión y Malpica de Bergantiños en torno a 1.613/1.618″ y dejamos aquí un resumen del mismo.

EL ANALISIS DE DANIEL ANIDO VERDES

La chalupa o txalupa ballenera es una embarcación desarrollada en el País Vasco y Cantabria, y tiene su origen y ascendencia en la ferja normanda, que llega al golfo de Vizcaya alrededor del siglo XI, de la mano del oficio de la caza de ballena, también heredada de las tierras del norte.

A partir de los siglos XIII a XV, dicha ferja de alrededor de 10 m de eslora acabaría convirtiéndose en la chalupa, que con 8 m de eslora y una bancada menos que la anterior, sería más maniobrable y más apta para su transporte dentro de naos y mercantes de cara a las campañas balleneras en Terranova y otros caladeros del norte de América.

La chalupa mantendría, hasta finales del siglo XVIII su aspecto prácticamente inalterado, dado su fiabilidad y sencillez, a excepción del casco, que de origen totalmente a tingladillo, pasaría a una concepción mixta y a una etapa final con todo el forrado a tope, además de la inclusión del timón de codaste en lugar del remo a modo de espadilla, ambos cambios considero que se pudieron producir a partir de la mitad del siglo XVII.

Desaparición de las chalupas vascas

Tras una amplia extensión a través de la costas cántabras y gallegas del norte de esta embarcación, muchas veces de la mano de la extensión del oficio de la caza de ballena y otras veces cedidas en modo de alquiler o préstamo para cabotaje y otras artes pesqueras, las chalupas irían desapareciendo poco a poco a finales del siglo XVIII a principios del XIX, con el declive de la caza de ballena, condición ésta dada por dos factores fundamentales; el abandono por parte de muchas especies de estos cetáceos de las costas en tiempo de invierno, posiblemente a raíz del calentamiento de las aguas y ciertas cláusulas que devanan del tratado de Utrech de 1.713, en el que se obliga a España a abrir cupos a extranjeros en ciertos sectores, como el descrito, lo que produce el declive de muchos puertos peninsulares que, dependiendo del monopolio Vasco de la caza de ballena, se dedicaban, ya no solo a la caza costera, sinó también a la fabricación de armazones, flete y avituallamiento* 1 de naos y chalupas para las campañas de Terranova.

Así pues, a raíz de lo descrito, en lo que se refiere a las poblaciones de Malpica y Caión, que explotaron esta industria durante muy largo tiempo de manera totalmente autónoma, se centrarían en la pesca de sardina y otros principalmente, decantándose por otros tipos nuevos de embarcaciones más pequeñas al efecto y de las cuales, si llegásemos a profundizar, podrían tener también su ascendencia principal en la citada ferja o chalupa.

A finales del siglo XIX, en puertos del norte de Galicia, aparece la trainera, otra vez de manos de la tradición Vasco-Cántabra y de nuevo evolucionada de la ferja y la chalupa, con vela al tercio bien configurada, casco a tope y timón de codaste, concebida y apta para la pesca de la sardina con cerco americano.

LA RECONSTRUCCION de la CHALUPA BALLENERA

Para la reconstrucción de este modelo, lo más aproximado a lo que pudo haber sido en realidad, tenemos que trabajar con los datos arqueológicos y bibliográficos que disponemos y concentrar el desarrollo del mismo en torno a una fecha en la que todos los datos confluyen lo más adecuadamente.

En este caso, tenemos los descubrimientos arqueológicos de finales del siglo XX sobre la nao ballenera San Juan, datada de segunda mitad del siglo XVI, pecio el cual contenía los restos bastante bien conservados de una chalupa de dicha época, y el cual tomaremos casi al completo para elaborar el casco. Si tenemos en cuenta la larga vida de la chalupa en la que apenas ha sufrido cambios significativos aparte de los descritos, estos planos nos pueden facilitar una información muy fiable.

Para el aparejo velero, si bien es cierto que partimos en la trainera de una vela al tercio y que este tipo de aparejo no aparecería bien definido y sujeto a algún tipo de normativas hasta finales del siglo XVIII, esta embarcación utilizará un sistema anterior a la citada vela al tercio; la vela cuadra con amura prolongada o llamada en las dornas actuales, en las que aún pervive, vela de relinga.

Esta vela no es más que la modificación en posición y distancia de los puños de escota y amura de la vela cuadra tradicional norteña, para ser usada cerca de la costa y con vientos laterales, de modo que podría hacer bien la función de vela cuadra en vientos portantes y vela de tipo cuchillo en las ceñidas por los costados.

Para el aparejo he utilizado datos propios recopilados por mí y el estudio de planos y documentación diversa sobre la dorna a tope del norte.

El modelo está construido en madera totalmente de cerezo, conservada con aceite de linaza, y debido a sus cortas dimensiones se ha tenido que prescindir de clavazón real, utilizando cola blanca de carpintero para las uniones permanentes y cianocrilato para las fijaciones rápidas puntuales.

Dada la información y el despiece ofrecido por la monografía no fue complejo elaborar el molde y las piezas, no obstante la limitada cantidad de tracas de madera que componen el forro, en número fijo de seis por banda, el gran ancho de algunas de las mismas, y en ocasiones la doble curvatura, hicieron que el proceso de forrado, a base de calor y humedad, fuese tedioso y largo.

LA CHALUPA VASCA

Por lo general cada chalupa llevaba 9 personas que desarrollan las siguientes funciones:

Espaldero/Timonel(1): Se situaba en la séptima bancada de la embarcación y la dirigía con el remo o pala al efecto.

Remeros (6): Eran personas fuertes y hábiles, que debían mover la embarcación a remo en las maniobras, que debían ser rápidas, o en ausencia de viento.

Cestero (1): Era el encargado de estibar la estacha en las cestas (cuatro en número por lo general) al efecto y de ir dando cabo al arpón a medida que el cetáceo se sumergía o se alejaba. El cestero era uno de los remeros situado en los bancos de proa.

Motila (1): Durante la presencia vasca, el motila era un joven aprendiz de arponero, el cual tenía obligación de disponer de uno por chalupa y preferiblemente de origen vasco para evitar en lo posible la transmisión a locales del oficio. No me es posible asegurar si estos requerimientos siguieron siendo obligatorios tras la emancipación del negocio o no, pero está claro que las chalupas si llevaban varios jóvenes aprendices.

Arponero (1): Es quizás el oficio más destacado. Era el encargado de lanzar el arpón principal y «enferrar» la ballena. El arponero guardaba sigilosamente su oficio, transmitiéndolo sólo de generación en generación y creando castas de arponeros, importantes a veces y notorias como fueron la de Pedro Suárez, con una línea sucesoria importante, Joseph Amigo o Juan de Cores en Malpica y las de Jácome Vidal o Bartolomé Fernández en Caión.

El armazón es el conjunto de herramientas utilizadas para la captura de la ballena. Así pues podemos destacar del mismo las siguientes piezas:

Arpón principal: De 75cm de punta de hierro y asta de madera de 1m a la que se le ataba la arponera o cabo que la unía a la estacha. Es manipulado por el arponero.

Estacha: Cabo principal de cáñamo de sobre 100 a 200 mts que sujeto al arpón hace de unión entre el cetáceo «enferrado» y la embarcación y sirve para recuperar dicho arpón ante un lance fallido o cualquier otra eventualidad. Manipulada por el cestero.

Sangraderas o jabalinas; Son arpones menores que se lanzan sobre el animal ya «enferrado» para desgastarlo, desangrarlo y cansarlo. Son manipulados por todos los miembros de la tripulación.

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