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sábado, febrero 17, 2024

Bartolomeo Fontana: un peregrino por la Vía Céltica en 1539

El humanista veneciano Bartolomeo Fontana está entre los más célebres peregrinos jacobeos. Su famoso itinerario es uno de los grandes libros de viajes sobre el Camino de Santiago, pionero de la moderna literatura sobre la peregrinación.

Viajó a Roma, Santiago, Fisterra y Muxía en 1538. 22 meses de ruta de ida y vuelta. Pero lo interesante es que suele desviarse de las rutas oficiales, y llega a Compostela tras costear por la Costa da Morte. En agosto de 1539 Fontana entra en Galicia por Ribadeo.

La ruta de Bartolomeo Fontana por Galicia

Llega a A Coruña. Desde la capital gallega se acerca en septiembre a la costa de Caión atravesando Laracha en demanda de Malpica, Laxe. Atraviesa por el puente de Ponte do Porto hacia Muxía y sigue a Fisterra. El 12 de septiembre se encamina hacia Santiago por Corcubión, Cee, Olveira.


Para los defensores de la Vía Céltica y de la inclusión de nuestros puertos en las rutas jacobeas sin duda su periplo es todo un hito, velado o interesadamente oculto por los investigadores, por ello queremos acabar con este injusto desvío de la verdad. Un antecedente del Camiño dos Faros.


En la Vía Céltica


Sabemos que Bartolomeo Fontana viajó a Galicia entre 1538 y 1539, y en el año jubilar romano de 1550 se publica su itinerario de largo nombre en pos de Compostela, Fisterra y Muxía:

«Itinerario o vero viaggio da Venetia a Roma con tutte le città, terre e castella per strade più habitate, con breve dittione delle sette chiese principali di Roma, et altre divotioni notabili; seguendo poi per ordine di Roma fino a Santo Iacopo in Galitia, Finibus Terrae, La Barca, il Padrone et Santo Salvatore, per più d’una via che far si può, con il nome pure delli paesi, delle cittadi, et terre, così marittime, come fra terra, reliquie, et chiese principali che per camino si trovano, montagne, heremi, fiumi et mari famosi che veder conviensi, fedelmente descritto, sì come dall’autore è stato cercato e veduto».

Personaje de la época

Los caminos de Bartolomeo Fontana

Entra en España por Barcelona, pasa por Montserrat y el Pilar de Zaragoza, sigue el curso del Ebro hasta empalmar con el Camino Francés y alcanza Compostela después de acudir a San Salvador de Oviedo.

Esa es su ruta más conocida, referenciada por los estudiosos; pero nos interesa saber sobre su entrada gallega y su periplo interior, cuestión apenas abordada y totalmente desenfocada, ocultando los detalles que a nosotros no sólo nos llaman más la atención sino que apuramos a denunciar por su ocultación interesada, pese a los varios siglos transcurridos de la edición de su diario.

Tampoco en Galicia prosigue por la senda del camino Norte o del Primitivo; así nos avisa «di avere deliberadamente allungato la strada di cinque leghe per toccare Finisterre».

Pero no hace uso del camino de prolongación al Finisterre, dato que queremos aclarar por su importancia para el objetivo de nuestra empresa y la revalorización de los caminos del mar por nuestros puertos.

Costea la cara oeste coruñesa como un patrón de cabotaje veneciano. Le sobraban mapas y portulanos en Venecia de nuestro tramo finisterrano, de sus puertos y rutas marinas. Memorias de navegantes, de su tiempo y anteriores.


Conocedor del Camino Jacobeo. No pierde la visita a Padrón, Muxía, Fisterra, como buen conocedor del Camino, sus mitos, hitos y sus leyendas. Pero no importa sólo a dónde sino cómo.


Fontana por lo tanto se desvía del camino francés y toma la ruta norte, por la costa asturiana y de las Mariñas. Da cuenta de la existencia de monasterios y posadas, en donde no tuvo problemas para conseguir un sitio donde descansar. Evidencia del paso de muchos otros peregrinos pese a no ser la «verdadera» vía. Esta es la ruta costera asturiana que sigue para entrar en nuestro viejo reino, anotada en leguas. Entra en Galicia el miércoles 20 de agosto de 1539.

Avilés, li. 5. Pravia, li 1. Cudillero, li 3, para ir allí se atraviesa un puerto. Cabo Vidio, li 3. Luarca, li 4, es un puerto de mar. Navia, li 3, puerto de mar. Tapia, li 3, allí se deja Asturias. Ribadeo, li 1.

El legado escrito de Bartolomeo Fontana

Bartolomeo Fontana en el año 1539 mencionó Ribadeo y Viveiro como puertos en la ruta jacobea norte, además de Neda y Mugardos en la ría de Ferrol y el puerto de Pontedeume. Hasta A Coruña. Suele el paraje traducirse bastante mal, lo rectificamos:


«En Ribadeo se entra en Galicia, país todo de montañas y de valles aislados. Parece cierto, según los pocos peregrinos encontrados, porque se viaja poco, que los aldeanos del país son, en cualquier caso, extremadamente hospitalarios.

Desde Ribadeo, quien quiera andar directamente hasta Santiago, va a Vilanova, a cuatro leguas (…), ciudad; Vilalba, li. 5, Santa María de Tardoni, li 1; Betanzos, li. 6, ciudad, que es puerto de mar; Pola (Poulo) a cinco leguas, Compostelle (Compostela) donde está Santiago, a cuatro leguas; y después a Santa Maria de la Barca en Finisterre, a cuatro leguas».

Sigue el autor: Viveiro, a doce leguas de Ribadeo. Y otros lugares por la estrada, San Martín de Mondoñedo a cuatro leguas. Nieda (Neda) a seis leguas, Mugardo (Mugardos) a seis leguas, Ares a una legua, Pontedeume a una legua.

«En la entrada de Pontedeume pasé por un largo y muy antiguo puente de piedra sustentado por numerosos arcos, que franquea un golfo. Jamás en mi vida he visto otro igual de largo, cualquiera que sea el país en el que piense, y puede que nunca, tampoco, otros lo hayan visto; en el medio de ese puente hay un hospital que acoge peregrinos».

Sigue a A Coruña, con dos topónimos confusos antes de la ciudad. Pazo Mariñán de Bergondo es una torre hidalga conocida desde el siglo XV, del linaje de los Mariñas. «Lugna» encaja con Santa Eulalia de Liáns (Oleiros), en donde hay un pazo y el conocido castillo de Santa Cruz, levantado en ese turístico puerto por los Mariñas en 1594.

En la misma parroquia, un lugar llamado Mosteiro, que nos indica un antiguo cenobio. La pronunciación véneta o franca del término anotado por Fontana coincide con el topónimo gallego (Lugna: Liñá).

«Paso Mariñan (?), li, 1; Lugna (?), li. 1, La Corogne, li 3, en una punta; Malpica, li. 3; Laxe, li. 3, Muxia, li 5; todos sobre la mar Océana».

Tenemos pues en esta importantísima relación la ruta costera de A Coruña a los puertos de Bergantiños, recogida en los viejos mapas, la de los romeros a A Barca. A Caión, Malpica, Laxe y la ría de Camariñas (Ponte do Porto, Cereixo). La de Martín Sarmiento en 1745 y la que recorrió de sur a norte el rey Alfonso IX y su cumplida comitiva real de nobles y obispos en 1228.

Fontana en la Virxe da Barca de Muxía

Bartolomeo Fontana anota, tras este listado de lugares recorridos, que «Muxía es un lugar pequeño, con pequeñas casas; a una flecha del lugar (a un tiro de flecha) hay una pequeña iglesia y dentro una imagen esculpida de Nuestra Señora de un brazo de largo, y ella está de pie.

Se llama Santa María de la Barca porque ella vino hasta allí (por lo que dicen los habitantes) en una barca de piedra, la cual se puede ver hoy sobre la orilla. Aquellos que no están en estado de pecado mortal con un sólo dedo mueven el gran árbol petrificado que está sobre la orilla, cosa casi increíble de ver, y sin embargo yo lo hice».

La Pedra de Abalar y el perro hermafrodita

«Allí, uno recibe un perdón al dar tres vueltas alrededor de la iglesia al lado del camino y, en cada portal, citando (postrado) un pater y un ave. Y, luego, un peregrino francés que estaba allí me hizo ganar este perdón en su compañía. Hay una gran roca plana varada, entre el círculo y el cuadrado, cóncava con la concavidad en la parte superior, que se dice que es la barca bajo la cual se atraviesa; y quien está en un estado de pecado mortal no puede pasar a través de ella.

Hice esta ceremonia el jueves 11 de septiembre de 1539 y vi en este lugar un perro que era hermafrodita. Partiendo de allí, y yendo por la montaña directamente al mar, llegué a Finisterre o Finibus terrae, li. 4, en el Océano».

Visita Fisterra, breve parada de una jornada, el día 12. Luego anota su periplo desde el antiguo fin del mundo precolombino hasta Compostela, en parte por el actual camino posjacobeo.

Emplea seis jornadas para llegar a Santiago ¿Qué punto de interés hay en estas etapas? En la narración sólo cita: Corcubión, Cee, Ponte Nafonso, Bon Xesús. Teniendo en cuenta la histórica miseria de estos caminos, la pernocta en Corcubión es muy posible. Una ría de mucho interés estratégico y comercial.

La mención a Ponte Nafonso solo se explica si se dirige a Muros-Noia (puertos de interés véneto, lo que podía coincidir con la demora de días empleados), o si se equivoca con Ponte Olveira. Aquí ve dos cabañas con el techo de paja al lado del puente. Y un humilde hospital en Bon Xesús también con la techumbre de paja. Memoria del activo paso de romeros.

Ruta de Fisterra a Compostela

Más tarde añade al relato una lista general de los puntos del camino jacobeo oficial desde Francia, que no es exactamente el seguido por él.
Sí pudo hacer la conocida ruta de Fisterra a Compostela por los hitos que él mismo cita, pese a la posible mención errónea de Ponte Nafonso. «De Finisterre a Santiago 16 leguas, a la Villa de Cesse (Cee) 2, a Puente Albara (Olveira) 3, a Mon Jesus (Bon Xesús) 2, á Las Barreras 2, á Cegua 1, a Puente Maceda 3, a Santiago 3».
Como vemos, el 12-9-1539 parte de Fisterra a Santiago. Conocemos el tiempo empleado en Fisterra y Muxía, puntos de pernoctación. Había entrado en Galicia el 20 de agosto, como sabemos, por Ribadeo. Un mes para ir de Ribadeo a Compostela, aclarando él mismo que hay otro camino directo.

Podemos pensar que los pueblos citados en el periplo entre Ribadeo y A Coruña, y entre la ciudad herculina y Finisterre, son escalas en donde se detiene. A comer o a pernoctar. Pudo emplear los días entre el 18 y el 31 de agosto en la primera parte, por As Mariñas y A Coruña. Otros doce días por la Costa da Morte.

Bartolomeo Fontana por la Costa da Morte

En todo caso, mucho tiempo si no hay necesidad de recoger datos, visitar personas. A Coruña, sobre todo, pero también Ribadeo y Viveiro, serían enclaves de interés comercial y estratégico de las rutas marinas.

En una escala menor, pero no por ello menos conocida para los adriáticos, están Malpica, Laxe, Muxía y Fisterra. Las abadías principales, como Ozón o Moraime, ni se mencionan. No hay santuarios famosos ni reliquias, sólo lugares de interés local.

Si en esta media, díez o doce días son para ir de A Coruña a Fisterra, y otros tantos entre Ribadeo y A Coruña, tendríamos unas siete paradas a pernoctar en el tramo mariñano, coincidiendo con los topónimos citados; pero algunos están muy próximos.

Cuando da referencias exactas no habla de más de dos jornadas en un punto, lo cual complica más el asunto.Ribadeo, Viveiro y Pontedeume parecen sitios claves para reposar. Y la ciudad coruñesa es sin duda un referente mayor, con presencia de comerciantes italianos.

En los posibles diez días de estancia por la Costa da Morte (entre A Coruña y Muxía) el romero menciona Malpica, Laxe, Muxía. En el medio de estos lugares de posada, y teniendo en cuenta los rigores del camino y los imprevistos, las escalas en Caión (casa noble, albergue monacal) o Ponte do Porto son previsibles.

La villa porteña es un paso obligado, con la histórica presencia de embarcaciones para recorrer la ría y acercarse a Muxía o Camariñas. Vado usado por Alfonso IX (que pernoctó en Cereixo) y Martín Sarmiento (que siguió por el camino de Leis y Merexo).

En este siglo ya contaba con el santuario de San Roque y Guadalupe como refugio de romeros que van a la Barca de Muxía, una magnífica rectoral donada y varias casas nobles. Relación documentada a fin de siglo por el cardenal del Hoyo, y por nuestro apoyo documental.

Cereixo

En la compañía de romeros de la Virxe da Barca

Como podemos comprobar, Fontana camina hacia Muxía durante las fiestas de A Barca, por ello en el tramo de Laxe a Ponte do Porto acompañará a los cientos de romeros que van a su novena. No tendría problema en encontrar barqueros que lo llevaran, ni en hallar las puertas abiertas día y noche del santuario albergue porteño.


No hace falta decir que el puente de dos ojos románicos y dos góticos de Ponte do Porto llevaba varios siglos en uso, en el Camino de Santiago, seguido por el buen rey gallego Alfonso Nono y posteriormente por el erudito Sarmiento. En este siglo precisamente se trazaron bellos ejemplares cartográficos con la mención de nuestros puertos y del puente porteño.

Ponte do Porto

Atravesando Ponte do Porto


Fontana llega a Muxía desde Laxe, atraviesa Ponte do Porto (en donde honran esa semana también a su patrona la Guadalupe), para pasar en Muxía el jueves y viernes de A Barca. El fin de semana lo pasa en Fisterra en plena celebración del Santo Cristo.

No puede ser casualidad que el italiano planifique su ruta para estar en estos dos enclaves jacobeos (Fisterra, Muxía) durante su semana grande, acompañando a sus singulares romeros, llegados sobre todo de la costa galaica y la vieja Trastámara.

Como seguro hicieron tantos otros romeros que se acercaron al Finisterre desde Santiago o desde la costa siguieron a la ciudad santa, no pisó dos veces por sus mismas huellas.

Por una ruta vino y por otra se fue. Siente la grandeza del Océano y recuerda el mito de Europa, en el centro mítico del continente. Reproducimos el pasaje, un hito de las peregrinaciones en busca de la tumba de las estrellas.

Atardecer en Fisterra

Caminando por Fisterra

«Finisterre es un lugar pequeño en un punto que penetra en el mar, y el fin y las fronteras de la tierra en esta parte llamada Europa, que tira su nombre de Europa, hija de Cadmus, rey de Phenicia, quien por su belleza demasiado grande fue amada por Júpiter y, embarazada, dio a luz a Minos, Eaque y Sarpedon; Entonces Júpiter, en memoria perpetua de ella, nombró Europa a la tercera parte del mundo.

Bate la orilla en la playa de esta tierra, este Océano, padre de los mares y dispensador de los perpetuos, tan vasto que sólo es comprensible de su único creador. Él rodea toda la tierra y encierra en él un infinito de islas. Es el Océano, por una gran parte, bordeado cerca de este Finisterre por montañas muy altas y salvajes, bahías y cabos, rocas que parecen hechas de bronce.

En Finisterre, hay pequeñas cabañas y, al entrar un poco en la tierra, en una pequeña iglesia de mármol hay una imagen esculpida de Nuestra Señora sedente, coloreada, y coronada sobre un cabello largo de oro extendido en los hombros, y ella sostiene al niño sentado en el brazo izquierdo y él presenta, de la mano derecha, una manzana dorada. Cerca de la iglesia, hay un hospital que da la bienvenida a los peregrinos, y en la altura, hay una iglesia donde San Guillermo hace penitencia.

Más se debe tener un guía para no perderse, y con este guía, o con otras personas del lugar, sabemos muchas cosas hermosas, que serían largas de escribir. Visité el Santuario, admiré el gran mar y observé bien lo que vi, el viernes 12 de septiembre de 1539. Y me fui, pasando por la gran montaña desde donde, durante mucho tiempo, vemos el mar por tres lados.

Me fui hacia Santiago viendo: Corcubión, Li. 2, país en el mar; Cee, Li. 1, en el mar; Ponte Nafonso, Li. 3, este es un lugar donde atraviesa un río con dos cabañas de paja en el borde; Bon Xesús, li. 1, es un hospital de paja, con dos cobertizos iguales al lado (uno al lado del otro)».

“Los peregrinos que van a Galicia y no ven estos ritos han visto muy poco”

Entra en Santiago «giovedi» 18-9-1539. Apenas pasa un par de días en lo que debiera ser el centro de su viaje, pues el 21 lo vemos en Padrón y luego regresa a su patria por el Camino Francés y la Vía Tolosana. Tras un mes en Galicia, pero sólo dos días en Compostela, curioso viaje jacobeo de casi dos años.

En Padrón pasa la noche del domingo 21 y el lunes observa de nuevo a los peregrinos en los pasajes jacobeos. En la villa iriense habla de ritos parecidos a los vistos en Muxía, en unas piedras vinculadas al culto a Santiago, que según la leyenda arribó a aquel antiguo puerto y sede episcopal.


Los peregrinos intentan el prodigio de entrar por unos agujeros diminutos, en un santuario galaico de curación como el de Muxía.

«A la derecha del púlpito, hay otros dos agujeros, largos y estrechos, que tienen el mismo origen que el primero, de las mismas rocas, por las cuales entran los visitantes, lo que parece imposible si no fuera el ojo para probarlo.

Este rito, repetido tres veces a través de los agujeros anteriores y siguiendo los usos (costumbres), se hace (también) en Santa María de la Barca, en Muxía; y el que no puede entrar por la razón mencionada arriba, pasa por un agujero más grande, detrás del púlpito, que también está compuesto de rocas, numerosas y muy grandes. Los peregrinos que van a Galicia y no ven estos ritos han visto muy poco.

Me encontré en Padrón el domingo 21 de septiembre de 1539 y pasé la noche allí, y el lunes vi bien estas cosas notables, y luego, después yo partí, y por colinas, roquedos y valles caminando, vi los lugares a continuación, que son buenos y bien habitados a la manera del país».

Y enfila de nuevo un camino costero hasta Redondela. Por la ruta del vino embarcado, a Ribadavia, Ourense, Triacastela, Vilafranca, Ponferrada. Aquí se encuentra con «el gran camino antiguo». En Ponferrada conoce a un peregrino milanés llamado Martín, como el que le acompañó en Lyon.


Va a Roncesvalles, que cruza el 29-10-1539. Aún descubrirá nuevos desvíos, visitando Susa y Le Puy, los montes de Aubrac, en donde se salva de morir en una descomunal ventisca, gracias al pronto avistamiento de un hospicio, el 25-11-1539.

Da gracias a Dios, a Santiago, a la Virgen. No podemos decir que no sea un ferviente católico, aunque su ansia de saber le juegue malas pasadas a la vuelta. Tampoco vale el reproche de no ser un patriota; exclama de Venecia: «la qual, si come do bellezza tutte l´altre cittá da me vedute eccede, cosi di templi notabili é copiosa». Decide seguir a Milán, en Fusina sul Brenta toma un barco a su Venecia.


Una estancia larga en la Costa da Morte


Un mes tarda Fontana en costear As Mariñas, Bergantiños, Nemancos. Pudo demorarse en A Coruña en espera de alcanzar Muxía en plenas fiestas, aunque realmente llega al día grande de Fisterra.


Resulta una estancia larga, el viaje de A Coruña a Muxía es rápido, no encaja con este marco cronológico ni con los breves apuntes del peregrino. Contamos con varios itinerarios de caminantes jacobeos que visitaron Muxía y Fisterra. Con memorias de ministros y comisarios eclesiásticos o reales de visita por Nemancos.


Pero también con extraordinarios viajeros históricos que atravesaron la ruta costera; coincidiendo con el nuevo Camiño dos Faros o la Vía Céltica.


Son piezas de caza mayor para el investigador interesado y sin traumas previos; mal negocio de prejuiciosos y diletantes. Alfonso IX empleó seis días. Sarmiento cuatro.

En el primer viaje medieval bien documentado a la Costa da Morte, el de Alfonso IX, el rey galaico atraviesa Soneira y Bergantiños cerca de la costa entre el 23 y el 28 de junio. Llega el 23 desde Santiago y termina el 28 en A Coruña. No difiere mucho de la ruta de Sarmiento en el siglo XVIII. Son dos buenos apoyos para trazar el camino de Fontana.

Igualmente, en el siglo XVI, los pueblos, parroquias, rutas marinas y terrestres (puentes, calzadas, posadas) del Finisterre están ya definidos, no modifican el paisaje inicial de la era borbónica.


De interés: Le Voyage à Compostelle: Du Xe au XXe siècle-Adeline Rucquoi, Françoise Michaud-Fréjaville, Philippe Picone. Bouquins Robert Laffont, Paris 2018. Fucelli Antonietta: L’itinerario di B. F., Perugia 1987. Antonelli Lucia: Dizionario Biografico degli Italiani-Volume 48, 1997.

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