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sábado, julio 13, 2024

Los inicios del carnaval fisterrán en el siglo XIX

“… y allí, puesto Sancho en mitad de la manta, comenzaron a levantarle en alto y a holgarse con él como con perro por carnestolendas”
(El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 1605).


Próximo a celebrarse una nueva edición del Carnaval de Verán de Fisterra, la originalidad hace que esta villa realice esta fiesta 2 veces al año (pues el disfrazarse y el teatro va con la idiosincrasia del pueblo), y es menester ver un poco cómo empezó todo.


El Carnaval en España es una celebración festiva documentada desde la Edad Media y en concreto, parece que el inicio fue en Cádiz, en el Siglo XV, con la llegada de mercaderes italianos con una rica personalidad propia a partir del Renacimiento que ha quedado recogida en la literatura española y otras artes localizadas en los diferentes pueblos del Estado español.​ Como en el resto de los carnavales mundiales supone una suma de diferentes fiestas paganas asociadas a la cristiana de la Cuaresma.

Según la Iglesia Católica el nombre “Carnaval” deriva de “carnem levare” (quitar la carne), que representa el período anterior a la Cuaresma, período durante el cual no está permitido comer carne (véase “Historia breve del Carnaval de Finisterre”).

Obra de D. Francisco de Goya «Disparate de carnaval», 1819 (foto wikipedia).


En cuanto al verdadero origen del Carnaval, Entroido o Antroido de Finisterre no es más que la simple imitación de los que se celebraban en todas las capitales de provincia desde tiempos inmemoriales. Pero las versiones actuales devienen de los entroidos celebrados a partir del fin de las guerras napoleónicas. Y que la Iglesia intentaba, sin éxito, prohibir por todos los medios posibles.


En efecto, en 1851 clamaba el señor vicario eclesiástico de Madrid, por el restablecimiento de las buenas costumbres “dirigiendo a S. M. una vehemente exposición encaminada a remediar las escandalosas infracciones de los preceptos y prácticas de la iglesia que se cometen durante el carnaval, y en los llamados entierro de la Sardina y domingo de Piñata, pide además el señor vicario, según parece, que se suspendan, como antiguamente, las representaciones teatrales durante toda la cuaresma, o que, cuando esto no se hiciera, se forme para ese tiempo santo un repertorio español de composiciones, que, como el drama Isabel la Católica, tengan carácter serio y religioso” (“El santiagués”, nº 40 – 04/03/1851).


La Iglesia apeló siempre para lograr la extinción del Carnaval, y la fiesta popular que daba cierre al mismo en todas partes del país celebrada el miércoles de ceniza y conocida como el Entierro de la Sardina. Como ejemplo el cura de Quiroga hizo todas las gestiones posibles para prohibirlo, pues “en él se ha de ridiculizar el ceremonial católico”.


El entierro de la sardina es una parodia de un funeral en el que se prende fuego y se quema una gran figura de sardina para marcar simbólicamente la despedida de los placeres de la vida y la triste llegada de la Cuaresma.


Se empezó a popularizar en el siglo XVIII. Según la leyenda un cargamento de sardinas llegó durante el reinado de Carlos III en mal estado a los mercados de Madrid. Era tan desagradable el olor que se dispersaba por las calles, por lo que el rey tuvo que mandar enterrar las sardinas en la ribera del río Manzanares.


El maestro Francisco de Goya plasmó esta “ceremonia” en una de sus famosas pinturas: “Una función de máscaras” (El entierro de la sardina), pintado por el aragonés hacia 1814-1816. De este célebre óleo goyesco existe un estudio preparatorio en que el estandarte que preside la composición presenta la inscripción MORTUS sobre una figura que puede ser una sardina. Esta inscripción también estaba presente inicialmente en la pintura definitiva pero Goya acabó tapándolo con una gran cabeza sonriente o de rey Momo.

Estudio preparatorio del célebre óleo goyesco conocido como «Una función de máscaras» (El entierro de la sardina), pintado por Goya hacia 1814 (foto fundaciongoyaenaragon,es).


Xavier de Salas ya explicó en 1968 (“Precisiones sobre pinturas de Goya: ‘El entierro de la sardina”) las modificaciones de contenido que sufrió la obra muy poco después de que la pintara Goya: “cambios atribuibles al mismo artista, hechos quizás para suavizar los elementos paganos o anticlericales palpables en el dibujo preliminar que se conoce. En el dibujo se distinguen con mayor claridad las vestimentas eclesiásticas de los personajes que subrayaban el espíritu de parodia y burla de la religión, pues con el entierro de la sardina, se festejaba el fin del ayuno (simbolizado por el pescado) y la penitencia asociados con la Cuaresma” (fundaciongoyaenaragon.es).


En 1838 el Arq. Municipal José Ma. Noya proyecta el Teatro Principal de La Coruña (Coliseo de San Jorge y más tarde en 1909, Rosalía de Castro) cuando el Ayuntamiento adquirió el solar de la antigua iglesia de San Jorge para construir el teatro y emitió una suscripción pública de acciones para realizar dicha construcción. 1841 se finalizan las obras del Teatro Nuevo o Principal. Allí la Sociedad Recreativo musical La Oliva, celebraba sus fiestas de Carnaval y ya se representaba el tradicional entierro de la Sardina.

Versión definitiva de ‘El entierro de la sardina’ (foto wikipedia).


Sabemos que “el domingo de carnaval recorría las calles de Padrón una numerosa y lucida comparsa en la que figuraba en una carroza el Dios Momo acompañado de Venus con un gallardo cortejo y seguida de un coro de locos. Algunos escolares de Santiago asistieron con violines y guitarras, recorriendo las calles de la histórica villa seguidos de bastante concurrencia” (“La Voz de Galicia”- 23/02/1882).


En Ferrol una estudiantina que componían más de 30 jóvenes, y cuya “comparsa se propone disfrutar de los carnavales en la villa de Noya, donde irán a desarrollar su proyecto de mascarada, en obsequio principalmente de las noyenses” (“El Eco de Galicia” – 03/02/1884).


El Circo de Artesanos de Coruña otorgaba unos premios ofrecidos por la Reunión de Artesanos para las comparsas y máscaras consistente en dinero en metálico, abanicos de nácar, objetos de tocador, brazaletes para las mujeres y pitilleras de plata para los hombres (“La Voz de Galicia”-14/02/1885).

Teatro Principal de La Coruña (Coliseo de San Jorge y más tarde en 1909, Rosalía de Castro). Allí la Sociedad Recreativo musical La Oliva, celebraba sus fiestas de Carnaval y ya se representaba el tradicional entierro de la Sardina (foto web).


En prensa se recoge que “en Ferrol se trata da organizar como en años anteriores no una, sino varias mascaradas para los próximos Carnavales” (“El Correo Gallego”- 07/02/1886).
Sabemos que para optar a los premios que la Reunión de Artesanos ofrecía en el baile del día dos, figura “la parodia en una comparsa de Submarinos, otra alusiva al conflicto de los tablajeros, la cual cantará la habanera “La perra chica”. Se está organizando otra, que ridiculizará la moda.

También otra comparsa compuesta de distinguidos, la cual representará la última crisis (…) Hemos oído también de una comparsa de niñas vestidas de langostas (…)

La comparsa denominada Los Trovadores, saldrá a recorrer las calles de esta población el próximo domingo de Carnaval” (“La Voz de Galicia”- 26/01/1890).


El entierro de la Sardina, organizado por El Liceo de Lugo, se celebró en la noche del martes, recorriendo varias calles, acompañado de la banda de música. Rompían la marcha batidores á caballo, seguían dos filas de ensabanados, con hachas de viento, luego la bien dispuesta carroza fúnebre, cerrando la marcha la banda de música. Desde el balcón de la casa en que está instalada dicha sociedad, dirigió Fray Calixto su palabra a la numerosa concurrencia, pronunciando un romance jocoso, de mucha gracia, aunque a trozos un poco cargado de picante” (“La Voz de Galicia”- 1890/02/22).


En 1891 también se hacía entierro de la sardina en Santiago, organizado por la asociación Juventud Compostelana.


La sátira política ya era un clásico en su época: “Dícese que en los próximos Carnavales saldrá por esas calles de Dios, digo de la Coruña, una comparsa en la siguiente forma: Sobre una plataforma amplia y elegante irá un descomunal pito, sobre el cual cabalgará Cánovas con cara satisfecha. Por el agujero del pito asomará la cabeza de Ruiz Zorrilla, y a un costado de la plataforma irá Sagasta con una picaraña en la mano, con la cual pretende, dar golpes…” (“La Voz de Galicia”- 30/01/1892)


Durante los días de Carnaval también recorría las calles de Vivero una comparsa formada por individuos de la sociedad de obreros, ejecutando bajo la dirección de D. Juan Latorre, escogidas piezas musicales (“La Voz de Galicia”- 18/02/1893).

Primera referencia del carnaval de Fisterra. No se sabe la data exacta de la creación de la primera comparsa pero esta crónica denota que fue anterior a ese año, pues al corresponsal lo que sorprende es la antelación con que se prepara y no el hecho en sí (hemeroteca El Diario de Galicia).


Pues bien, todos los elementos descriptos de los diversos Carnavales gallegos fueron copiados por las familias pudientes de Fisterra y poco a poco fue consolidándose y atrayendo gentes de pueblos vecinos.


Sabemos, por la prensa de la época, que en el siglo XIX ya se hacían actividades en un kiosco o templete de madera de pino del país que estaba situado en la plaza pública de Finisterre, propiedad de Don Manuel Martínez Olveira; y organizaban una comparsa que no dejaban nada librado a la improvisación, puesto que se preparaba con 4 o 5 meses de antelación, por lo que era una tradición bien arraigada según se desprende de una crónica de la época:


“Ya varios jóvenes andan buscando medios para organizar una comparsa que durante el Carnaval próximo anime esta villa. Empiezan muy temprano y será más fácil el que antes de allá les sobrevenga el cansancio”; expresa el ultracatólico corresponsal de “El Diario de Galicia, periódico católico e independiente” (14 de octubre de 1894).


Y al parecer sus deseos se cumplieron en parte, pero no por las razones que esgrime sino más bien por otras de fuerza mayor, como se verá más adelante:


Los carnavales en esta y sus contornos estuvieron cual era de desear sin haber máscara, mascarón ni cosa parecida; pues las gentes van civilizándose (¿?) y por consiguiente conociendo el ridículo papel que desempeña el bufón que se atreve á disfrazar el rostro con que Dios le ha dotado. Sin embargo, aunque no de máscaras hubo el martes un baile que duró hasta cerca del día, siendo de extrañar sobre manera que concurrieran á él varias señoritas; las cuales deben ignorar el puesto que desempeñan en la sociedad y el respeto que se le debe al día de Ceniza, que empieza desde las doce de la noche. Nada diré a Ud. de si era a no el baile decente, porque mi poca afición a esas cosas no me ha permitido presenciarlo; pero de cualquier modo cierta clase de personas deben dar ejemplo” (05/03/1895, El Diario de Galicia).

Templete provisional de madera instalado hacia 1902 en Salamanca. Similar a este había en la plaza principal de Fisterra hasta finales del s. XIX (foto Aurelio Paz dos Reis).


Al margen de que no sabe qué ocurrió dentro del local de baile (si tenían o no preparado las mascaradas dentro, y daremos razón para ello), veamos qué ocurrió con el resto de las fiestas en los puntos más importantes de la geografía gallega, según el resto de medios informativos.


“EL certamen cómico organizado por la comisión de festejos del Circo de Artesanos no pudo verificarse a causa del mal tiempo. Resultó pasado por agua el domingo de Carnaval en La Coruña, y no ciertamente porque ese día, el más señalado, el de mayor esplendor de los tres del reinado de Momo, faltase aquí acción, o alegría. Nada de eso; prometía resultar este año mucho más animado y lleno de atractivos que en años anteriores, pero la copiosa lluvia, que en ocasiones caía a mares, aguó la fiesta o las fiestas de carnaval con gran sentimiento de pesar para todos” (“La Voz de Galicia”- 26/02/1895).


“¡Vaya una tarde la del domingo! Contra los buenos anuncios de Noherlesom, que predecía una suspensión de hostilidades por parte del mal tiempo, abriéronse las cataratas del cielo para aguar la fiesta y deslucir el preparado tiroteo de la calle Real, más desanimado por esta causa que lo que se proponían los y las bien pertrechadas combatientes (…) Máscaras no faltaron, aunque la lluvia retrajo a muchas (…) Las comparsas de pierrots, la de obreros, la de labradores y la de clowns no pudieron realizar por completo sus propósitos (…) Los bailes estuvieron muy animados” (El Ferrol, 26/02/1895 -“El Correo Gallego”).

Los autóctonos Cigarrons de Verín y Boteiro de Viana (foto wikipedia).


“En la antigua Compostela llovió a mares durante estos días, el domingo de Carnaval ha pasado como otro cualquiera, pero triste, el cielo negruzco, deshaciéndose en agua y agua sin cesar, impidiendo que la fiesta de Carnaval luciera con los esplendores que hasta aquí llega anualmente” (26/02/1895- “Gaceta de Galicia: Diario de Santiago”).


“Debido al mal tiempo reinante escasea de tal manera la pesca en este puerto (Finisterre) que ya ni olor a pescado conserva, y por consiguiente estamos viviendo como los de la montaña en cuanto a la manutención” (15/02/1895- “El Diario de Galicia”).


“El temporal de lluvias sigue en algunos puntos de Galicia, como desde hace dos meses” (“La Voz de Galicia”- 01/03/1895).


En resumen, que en Fisterra se suspendió la actuación de la comparsa y demás actividades programadas igual que en toda la zona Norte de Galicia a causa de los temporales. Y como podemos comprobar, a nuestro corresponsal católico lo pudo más el fervor religioso que el rigor periodístico. Resaltamos este hecho porque las circunstancias climatológicas se le pueden pasar por alto a un cronista amateur pero no es nuestro caso, especialmente en Galicia donde es habitual la suspensión de actos a causa del mal tiempo.


Por lo que damos por sentado, que una comparsa que se preparó con tanta antelación, solo las inclemencias perjudicaron su lucimiento como en años anteriores; pero no fue óbice para realizar el típico baile de fin de fiesta acostumbrado.


Una cantiga de aquellos años de finales del XIX nos detalla a los más `festeiros´ del pueblo:


“Se estaba soñando/ que alá, por Fisterre,/ as mozas e os mozos/ co gaiteiro a rentes,/ vestidos de festa,/ ceibando foguetes,/ con moito rebumbio,/ e o demo qu’os leve,/ xuntábanse en fato/ homes e mulleres,/ rapaces, petrucios,/ hastra os mais encrenques,/ o crego e concello/ levando ao seu frente;/ Villaronga, Paz, Barrentos, Estebez,/ Xampen, Carbonell, Don Domingo, Senlle,/ Andrés, Ferrolán, Muñoz, Graña, Pepe,/ Sendon e Riveira, Ramón e Maneche,/ Canosa e Pequeño con outros enxebres,/ misturados iban con aquela xente,/ pr’alí festexaren contentos e alegres” (R. M. Couceiro, REVISTA GALLEGA nº 195 /1896).


Por contra, se decía “que el Carnaval se ha refugiado en los salones de baile abiertos por los círculos, sociedades y teatros…” (28/02/1895- “El Diario de Galicia”).


Y prueba de ellos es un artículo aparecido en La Voz de Galicia sobre “Bailes en el Casino” de Fisterra, donde destaca el primer “entierro de la sardina” que se hizo en la villa:


“No he visto nunca en los bailes de esta sociedad mayor número de concurrencia que los celebrados en el Casino de Finisterre. Más de 50 parejas, al compás de bulliciosa música, con elegantes y variados disfraces, daban animación extraordinaria con sus trajes y bromas. Allí estaban representadas todas las clases se la sociedad de Finisterre.

Entre las señoras recuerdo a la de Góñez, la viuda de Nemiña, la viuda de Marty y otras muchas de que no es posible hacer memoria. Entre los concurrentes recuerdo á D. José Sendón, D. Feliciano de Haz, D Manuel Eiras, D. Jesús Rivera, D Joaquín González, D. Celestino Porteiro, D. José Vallhonrat, D. José Paz, D. Manuel Traba, Cipriano Graña y D. Carlos de Haz. Entre las señoritas sobresalían las hermanas Manolita y María Sendón: con trajes de muradanas, estaban encantadoras; su hermana Marceditas, de aldeana suiza; Isabelita de Haz, de aldeana alicantina, muy linda y elegantísima; Pepita y Manolita Nemiña, tan espirituales y simpáticas, de jardineras orientales, elegantísimas; Tomasita Graña, arrebatadora, de muradana da Riveira; Pepita Canosa, de gallega; Manolita Góñez, estaba seductora, de jardinera hebrea; Carmen Insua, Genoveva Lobelos y María Insua, en trajes da sala; estas tres simpáticas jóvenes llamáron la atención por su elegancia y hermosura; Sofía Domínguez y Pepita Trillo, de sala, divinas, y otras tantas que no pude conocer. Entre los jóvenes que formaron una nutrida comparsa recuerdo á Feliciano de Haz, con traje de Juana la Loca; Pepito Sendón, de cocinero del convento; Adolfo de Haz, de fornido chino; Antonio Marty, de comendador; Ricardo de Haz, de gitana, Benjamín Góñez, de trovador; Antonio Fernández, de aldeano griego; Pedro Ballón, de flamenco, y otros muchos de llorones.

Esta comparsa durante los tres días hizo sus salidas por las calles con una rondalla, dando bromas en casa de principales familias del pueblo, y en todas fué obsequiada espléndidamente. El entierro de la sardina fue una sorpresa por la bullanga y por el sinnúmero de llorones que lo formaban, una novedad que no se esperaba, y como tal llamó mucho la atención” (28/02/1904).


Como vemos, el Carnaval de Finisterre siempre fue muy popular pero está lejos de tener tintes autóctonos como pueden ser los Cigarrons de Verín o el Boteiro y los Folións en Viana do Bolo, su origen es mucho más prosaico.

En los años 80 D. Manuel Traba recupera el Entierro de la Sardina en Fisterra que más tarde sería reemplazado por la Quema del Pulpo (foto concello de Fisterra)


Así y todo, hacia principios del siglo XX ya gozaba de gran fama y concurrencia comarcal, como se aprecia en un cuento de Entroido titulado “Os dous pescos” publicado en “Nova Galicia-revista semanal, dos gallegos é pr’os gallegos n’as Américas” (nº 224-27/02/1908):


“Viñeron de Coimbra para Fisterra, os dous péscos d’este conto. Foron unha ves á pescar po-la veira do Cabo de Touriñán. E costume d’os péscos de que cando po-l-o medio día non cai nada n’as redes por mor d’a calor, saen po-l-as aldeas á trocar os peixes da mañán por broa ou touciño. Cando quixeron volver pr’a lancha virón n-a Insua unha manada de bestas bravas q ‘estaban á sombra d’un mosqueiro: estonces á un d’eles metéuselle na cachola dar unhas carreiriñas d’acabalo.


Aquela egoa ou cabalo o sentir aquel corpo alleo encima d’o lombo votou á correr como demo que rouba almas ou lebre que sinte pólvora.


— ¡Ajárrate o timón, Manoel, q’ese animal che vai á esmendrellar contra un petón.
Quixo á sorte qu’aquela fera cambease de rumbo e siguen á carreira car’o mar, maxinando que de tal xeito libiariase d-o extraño espantallo que dendes o alto d-o mosqueiro lle caera súpitamente n-o lombo e se lle había fincado ó rabo.


E Manoel foi o que quixo; que chegase tamén o momento de librarse san dunha mal pensada arriscanza.


Efeutivamente no medeo d-o mar saltou Manoel e nadando desviouse d-o macho ou femia, e d-o raesmo xeito pillou o animal rumbo d-a térra pra ir xuntarse c-os seus hirmans.
O chegar cansadiño Manoel o pé d-a lancha c-un calor com’á cera, dixolle o compañeiro.
— ¿Gustouche á troula? ¡Vinte morto po-l-a alfiestra dunha águila!!
— ¡Nunca pensei que á caballeiria de Fisterre fose tan tola ¡A de Coimbra e mansiña!
— ¡Pro s’ivas posto d-o rivés, o meu parecer?
— ¡Xa mo parecía á min, recontro!
— O xinete debe mirar sempre pra cabeza do cabalo ¿ti como ivas?
— Eu iva cegó e cheo de medo: con tanto temporal nin puden ver si miraba cara á popa ou cara á proa.
—Así é o antroido”.
Fdo. José Ma. Ozón Lema. (Quiroga, F. C. O.).

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