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lunes, marzo 4, 2024

Recordando el fallecimiento de Alejandro Finisterre

Foto exclusiva de Finisterre y sus compañeros de catequesis

Alejandro Finisterre -inventor, editor, músico, poeta y trotamundos nacido en Fisterra- murió un día como hoy y lo recordamos comentando algunas de las novedades biográficas que en el último año fuimos desvelando en estas páginas. Casado al año de la muerte de Franco con la cantante soprano zamorana Ana María Amparo Herrero Palacios, con ella regresó a vivir a España en la transición. Murió en Zamora el 9 de febrero de 2007.

Antes de morir, Finisterre entregó a la gran agente literaria Carmen Balcells más de 400 folios en los que repasa su vida. «El libro lo publicará RBA en febrero de 2008. Los que han tenido ocasión de leer ese original dicen que está a la altura de las mejores novelas de aventuras. Quién iba a dudarlo» informaba Víctor Rodríguez en «El Mundo Crónica», el 18-2-2007. La familia de la viuda intenta buscar el texto.

Alejandro Campos Ramírez (Alejandro Finisterre) nació en la villa de Fisterra/Finisterre (A Coruña) el 4 de mayo de 1919. Su padre, el radiotelegrafista Don Manuel Campos Pedreira, había sido destinado a la emisora de radio del famoso cabo, tras su boda con la joven Josefina Ramírez Barreiro en enero de 1917.

La familia permanecerá en Fisterra hasta 1924. El 4 de mayo de 1919 nace el primero de sus nueve hijos. Llevará el nombre de su abuelo materno, el zamorano Alejandro. Su tío paterno y su tía materna figuran como sus padrinos. El acta de bautismo está firmada por el párroco Don Domingo Miñones Barros, partida 92, «Campos Ramírez Alejandro. Hijo de Manuel y Josefina». Localizamos su partida de bautismo y la publicamos en su día en primicia.

«En la Iglesia Parroquial de Santa María de la Villa de Finisterre Provincia de la Coruña Arzobispado de Santiago a diez y nueve de Mayo de mil nove cientos diez y nueve yo el Dr. Don Domingo Miñones Barros cura propio de la misma bauticé solemnemente y puse por nombre Alejandro a un niño que había nacido el cuatro de los corrientes, es hijo legítimo de D. Manuel Campos Pedreira y Dª Josefina Ramírez Barreiro naturales de Coruña y vecinos de Finisterre. Abuelos paternos D. Manuel Campos Rodríguez y Dª Rosa Pedreira Patiño (difunta), naturales de la Coruña. Abuelos Maternos D. Alejandro Ramírez Peña, difunto, Dª Josefa Barreiro Carballo (difuntos, naturales y vecinos también de Coruña). Padrinos Dn José Mª Campos Pedreira y Dª Antonia Ramírez Barreiro naturales y vecinos de Coruña, a quienes advierte de todo lo que previene el Ritual Romano y para que conste lo firmo. Domingo Miñones».

Además en recuerdo al editor publicamos en primicia ahora una foto de 1923 en donde está el párroco Miñones con los niños de Fisterra de entonces y sus madres, entre ellos los vástagos de la familia Campos, en el exterior de la iglesia.

En nuestras últimas crónicas seguimos indagando sobre la estancia mexicana del editor y su amorío con Frida Kahlo. O descubrimos novedades sobre la vida de su esposa. En Aranda de Duero (Burgos) viven los parientes de la viuda del editor e inventor del futbolín, María Herrero Palacios. Son su hermana Consuelo Herrero y su sobrina Socorro Segura Herrero. Conocimos que Alejandro estuvo casado en primeras nupcias en España antes de emprender la aventura americana y tuvo un hijo. Con su primera esposa Emilia de Roa había recorrido la miserable España de los años cuarenta dando conferencias, realizando programas de radio. En 1946 se encuentra en Francia, terminada la guerra mundial. Según el propio autor tuvo un hijo de nombre Alejandro, muerto pronto. Quizás el motivo de su boda. En 1948 Alejandro se exilió a América. Volverá a España en 1975 y se instala en El Escorial.

En 1977, Finisterre conoció a María Herrero, soprano de 30 años natural de Aranda de Duero, la que sería su mujer hasta el final de sus días. Alejandro tenía 58. Por la colaboración de la periodista Silvia Gámez supimos de la muerte de su viuda. La cuñada del editor, Consuelo Herrero le contó que formaban una pareja que se «quería muchísimo y se cuidaba mutuamente». «(Finisterre) era un hombre muy inteligente. Siempre lo veías en su despacho, escribiendo». Su hija Socorro Segura Herrero, sobrina de María, es también soprano. Como ya hemos escrito en otros artículos, tras unos años en Aranda de Duero la pareja compró un departamento en el barrio de Pinilla en Zamora. Tras la muerte de Finisterre, su viuda sufrió un ictus, pero logró recuperarse. «En los últimos cinco años su estado empeoró, se hundió progresivamente en la tristeza; vivía sola, casi no salía de casa y apenas comía. Cayó en una depresión que no llegó a ser diagnosticada porque se negaba a ir al doctor» indica Gámez. «Decía que era lo que mandaba Dios», recuerda su sobrina. En el último año sus familiares pudieron trasladarla a una residencia de Aranda de Duero. Poco a poco, volvió a hablar y a caminar, también a tocar el órgano, pero de nuevo sufrió un infarto falleciendo el pasado 31 de mayo, a los 74 años.

«Bajo vientos, mareas y pechelingues»

Esas perdidas memorias las tituló «Bajo vientos, mareas y pechelingues». Algunos amigos pudieron hojearlas brevemente. El hispanista italiano Gabriele Morelli recuerda cómo Finisterre se presentó ante Picasso para solicitarle una imagen como portada de su poemario Cantos rodados (1952). «Picasso estaba en la playa, y en un guijarro le hizo un dibujo para su libro».

Pero en nuestra investigación pudimos saber que la relación con el pintor se mantuvo con los años, lo visitó varias veces en Francia y se cambiaron obras; como un retrato de Finisterre por Picasso que publicamos en primicia o un álbum de dibujos del malagueño. En las memorias habla de su único hijo, Alejandro, quien posteriormente falleció. La última frase de cada capítulo servía de título al siguiente. En sus últimos años se centró en conservar la obra de sus amigos Larrea y León Felipe. En apoyar la carrera musical de su mujer, organizando congresos y premios literarios que concluían con un recital. Alquiló un espacio en el Carnegie Hall de Nueva York para que la soprano pudiese cantar en ese escenario.

El dibujante italiano Alessio Spataro investigó su vida de Finisterre para crear el cómic Futbolín (Debolsillo, 2016). Cree que fue un sincero antifascista, luchador comunista como lo describe Frida Kahlo, pero con algunas partes misteriosas de su vida, con lazos políticos diversos. Era un empresario, necesitaba hacer realidad sus proyectos.

Ramón Chao criticó la «protección especial» recibida del presidente mexicano Luis Echeverría. También buen amigo de León Felipe. Lo relacionaron amorosamente con un empresario, el marqués de Cuevas, dueño del famoso Gran Ballet de Montecarlo, que escenificó en 1950 una pieza basada en su obra «Del amor y de la muerte». Y es conocida su amistad con Celia Gámez o cómo se desenvolvió en los cabarets republicanos bailando claqué o en las emisoras del régimen en los años cuarenta.

Finisterre de regreso a España

Según Spataro, al volver a España en 1939 se convierte en Alejandro Finisterre, realiza trabajos improvisados y su nueva identidad clandestina le permite pasar desapercibido. Pero el único problema que tiene Finisterre es el de no haber hecho la mili, la realiza y trabaja sin problema en emisoras y centros muy afines al nuevo falangismo rampante. Imparte recitales poéticos y conferencias sobre danza y folclore español y árabe. No es una vida fácil, envuelta en la picaresca y la privación, escapando de pensiones por no poder pagar, tantas veces sin comer. Como la de miles de españoles, o los personajes de La Colmena de su amigo Cela.

Finisterre pudo tener problemas políticos por viejas amistades, aunque lo buscan por otras cuestiones; pasó la guerra civil como menor de edad y en un hospital recitando poemas. Una demanda fue por abandonar a su esposa, otra por no cumplir con los pagos de alguno de sus proyectos culturales. Ya hemos contado algunas noticias de juicios, demandas, notas de prensa, desde su juventud anarquista; y aparecen algunas más.

En junio de 1944, un juzgado civil de La Coruña pide la requisitoria del «procesado» Alejandro Campos Ramírez por el delito de estafa, orden que es anulada cinco años después. Para esa fecha, el editor se encuentra desaparecido de su país, en América.

En el Boletín Oficial del Estado del 3 de enero de 1955 se informa de un expediente de declaración de ausencia promovido por su esposa Emilia de Roa Riaza, quien tiene el beneficio de «pobreza legal». Indica que se casaron en 1945 y, un año después, Finisterre se ausentó de España, «sin que a partir de esta fecha se hayan tenido noticias de su paradero». Estaba en Francia, luego se embarcó a Guatemala, donde se hizo empresario con sus hermanos.

Una investigación de Arturo Taracena Arriola en el Archivo Histórico de la Policía Nacional de Guatemala dada a conocer por Isabel Gámez precisa que el editor fue detenido el 7 de diciembre de 1954, y el 25 de febrero de 1955 comenzó el trámite para su expulsión del país. En noviembre de ese año se ordenó el arraigo de sus bienes y, un mes después, fue acusado de estafa, agresión y amenazas. Alejandro cuenta que lo intentó secuestrar la policía franquista en un avión, que secuestró para aterrizar en Panamá; una anécdota por investigar. El 25 de octubre de 1956 las autoridades mayas informan que residía en Costa Rica. Luego se instala en México como editor y empresario.

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