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sábado, noviembre 26, 2022

La llegada por mar de clérigos peregrinos europeos a la Costa da Morte en 1546

-Rafael Lema– Fotos-archivo

La entrada de villas costeras de la Costa da Morte como Malpica, Laxe y Camariñas en la red de caminos jacobeos cuenta con una nueva aportación documental. La llegada a estos puertos por vía marina de «clérigos peregrinos» franceses y centroeuropeos en el siglo XVI cuya presencia se constata en una visita pastoral de 1546.

Las guerras de religión del siglo XVI derivadas de la Reforma protestante, atrajeron a Galicia a muchos exiliados europeos, llamados en general franceses. En buena parte entran por mar, aprovechando la gran red comercial que llega a nuestra costa, o por la atracción del Camino de Santiago. Curas sin parroquia en zonas en manos de protestantes y numerosos clérigos o meros estudiantes que aún no terminaron sus estudios eclesiásticos llegan en avalancha en años de fuertes convulsiones. Si por la documentación, las referencias aparecen más explícitas desde 1530, lo cierto es que esta presencia foránea viene de más atrás.

De nuevo no se puede separar la atracción de estos exiliados por la costa lucense y el tramo Malpica-Camariñas del desarrollo socio-económico de una amplia red comercial marina vasco-franca a Galicia: el inicio de la Era de los Descubrimientos (Casa de Contratación de A Coruña, mercado sevillano y lisboeta), las expediciones a los bacalaos y ballenas de Terranova.

Si citamos al principio la relación entre la peregrinación jacobea por mar y esta masiva entrada de eclesiásticos por la ruta cántabra desde los puertos franceses es porque hay documentación que la acredita. Una es la vía e los hechos, la querencia por los tramos de costa indicados (Mariña lucense, Bergantiños y ría de Camariñas), que sostienen una ruta comercial consolidada en la Edad Media con el Mar Celta. Una costa compostelana, perteneciente a la provincia de Santiago y en donde su Arzobispado tiene puertos de señorío.

Peregrinos jacobeos que entran por Malpica, Laxe o Camariñas

Y como demostración de que una parte específica de estos peculiares exiliados son peregrinos jacobeos que tras llegar a la costa lucense entran en Malpica, Laxe o Camariñas, a la mención ya conocida de los clérigos franceses oficiando en nuestras feligresías en la primera mitad del siglo XVI añadimos un grupo procedente de regiones centroeuropeas, como Hungría, «de los que se dice que habían llegado en peregrinación» y entraron al servicio de beneficios parroquiales en Santiago (Baudilio Barreiro). Así de claro se especifica en los libros de la visita del licenciado Velasco (1546-47), siendo una preciosa marca del uso de nuestros fondeaderos como puertos jacobeos. La comentaremos.

En líneas generales hablamos de puertos y villas nacidos (o refundados, repoblados) de las fundaciones reales que sobre todo auspiciaron monarcas tan gallegos como Fernando II o Alfonso IX, fomentadores del comercio y los caminos de mar y tierra. Castriz (fortaleza medieval compostelana en el camino real a Bergantiños) y el puerto jacobeo de Cereixo surgen en un primer impulso, luego se suman Fisterra y Muxía. Cee, Camariñas, Laxe, Malpica o Caión en la documentación de la Edad Moderna gozan de títulos de villas asentadas, con sus privilegios y cargos. Puertos de embarque, una y otra vez señalados en los portulanos.

Villas identificadas con un templo parroquial de referencia, a veces elevado a colegiata, cuyo patrón suele ser la Virgen María; que crean un mapa caritativo y devocional (con ermitas, hospitales). Santa María apadrina Cee, Fisterra, Muxía, Laxe o Caión. En las que se instalan nuevas familias religiosas, órdenes mendicantes, asistenciales, como los franciscanos (Padrón, Noya, Muros), agustinos (Caión). Sin olvidar los intentos de crear centros franciscanos o dominicos en camariñas en el siglo XVIII y por supuesto la larga tradición monacal medieval de la costa entre Muxía y Caión, una auténtica «ribeira sacra».

Estas villas se consideran jacobeas, porque son un paso importante en los caminos de Santiago, son sucursales compostelanas visitadas por los peregrinos (Muxía, Fisterra) o porque surgen como puertos de Santiago y en buena parte de ellos tienen los vecinos y las instituciones de Compostela una presencia constante (o la tuvieron e intercambiaron con el poder real). El alfoz de influencia terrestre de la ciudad llega hasta la frontera de Castriz con Bergantiños.

En 1546 toma posesión de la diócesis compostelana el arzobispo don Juan Manuel, pero en sus cinco años de posesión de la tercera mitra del país no pisó Galicia. Cubrió su ausencia el licenciado Alonso de Velasco quien emprendió la ardua tarea de estar en todos los arciprestazgos como vicario y visitador general. El original de esta visita de 1547-48 se conserva en el Archivo de la Catedral de Santiago (ACS. L.275 a 279). Nos aporta una valiosa documentación sobre el estado de las parroquias de la Costa da Morte, Bergantiños y Xallas (Céltigos, Nemancos, Soneira, Seaia) que podemos contrastar con las visitas de 1530-40 y la posterior y más conocida del cardenal Jerónimo del Hoyo de 1607.

No es que el visitador recorriera todas las parroquias, aunque ve alguna varias veces, incorpora datos recogidos también por otros enviados, o copia en parte las visitas de 1530-40. En general tenemos un espejo del estado de la diócesis más grande de Galicia antes del Concilio de Trento que arroja muchas curiosidades, y pone de relieve la voluntad de reforma impulsada por los obispos ya antes del concilio de Trento, pero también los muchos problemas encontrados que la impiden, en buena medida por la tradición y los privilegios (rechazo del cabildo, de los curas, nobles y pueblo).

Por ejemplo, conocemos la ubicación de un amplio número de albergues u hospitales de peregrinos en la costa entre Malpica y Cee (no habiendo camino oficial que abarque a la mayoría), que refuerza el valor de la peregrinación marina en nuestros puertos en una época todavía de gran flujo. La baja dimensión demográfica de las parroquias, con 23 casas de media, que dificulta el mantenimiento de la iglesia y la atención del cura (a veces sin presencia en diez o quince días); las grandes faltas del clero encargado de pastorear (baja formación, pobreza material, deficiente comportamiento); con un elevado absentismo, un 80 por ciento de las iglesias no atendidas por el cura titular sino por clérigos o criados, con dudas en muchos casos sobre su pertenencia al estado eclesiástico. El peligro de las capillas costeras, con citas a robos de piratas y barcos extranjeros, la pobreza material de las mismas en objetos sagrados de valor. Es pues un documento de gran valía del que podemos extraer muchas notas curiosas.

La primera en la que vamos a incidir es la apuntada permanencia en los puertos de la costa (en Nemancos, Seaia y también en la zona xalleira) de muchos clérigos franceses o de Centroeuropa, en general refugiados por guerras o exiliados por conflictos religiosos.

Un 25% de iglesias atendidas por clérigos franceses

En la comarca hasta un 25 por ciento de las iglesias eran atendidas por estos «franceses»; entre los que había también húngaros o croatas, de zonas acosadas por las rapiñas de turcos y tártaros, lindantes con los señoríos del monarca castellano y emperador Carlos V, quien acogió a miles de «germanos» y eslavos. Y como consecuencia de esta presencia tan singular, se destapan comunidades filo protestantes, neo erasmistas, clérigos influenciados por las ideas reformistas. Una de ellas en Muxía, en donde procedió con pronta tarea la Inquisición, como a fin de siglo debió atender otras veleidades en el interior de la ría, en Ponte do Porto y Carantoña.

Este grupo de clérigos franceses acogidos a la generosidad de la diócesis compostelana se distribuye por la Costa da Morte, por los puertos de Camariñas, Malpica y Laxe, ocupando parroquias no costeras (más demandadas por el clero local, de extracción hidalga) y sustituyendo a rectores que residían en la ciudad de Santiago.

Esta característica refuerza el fuerte vínculo de estos puertos con las vías marinas que los unen con la costa francesa, por donde van y vienen cargas y pasajeros, por ello también peregrinos. En nuestra comarca además aparecen esas referencias a antiguos protestantes y a prácticas religiosas consideradas por el visitador peligrosas y merecedoras de ser llevadas al tribunal de la Inquisición en el caso de proseguir en uso. Una Inquisición que en esta etapa llegó a la hoguera a supuestos herejes desembarcados en nuestros puertos.

La entrada por vía marina se produce en primer lugar en los puertos de la Tercera Bretaña, de la mitra de Mondoñedo. Diócesis a las que pertenecían San Xurxo de Buria y Camariñas o Xornes (Ponteceso), cuestión que no se debe obviar. Sobre todo por la relación mercantil entre Camariñas y las villas marinas lucenses en el tráfico sardina-hierro, la presencia de mariñaos en el vecindario camariñán. O la documentada compra de barcos de Camariñas en los astilleros mariñaos. Cuestiones ampliamente tratadas por mí en otros trabajos.

Baudilio Barreiro Mallón en su estudio de la diócesis de Santiago en la Edad Moderna cita esta singular presencia de clero foráneo desde 1530, como un fenómeno localizado en las comarcas de la orla cantábrica gallega, eclesiásticos «que habrían llegado por vía marítima a Galicia, bastantes años antes de la fecha de esta visita».

El licenciado Alonso de Velasco en su visita de 1546 recorre 20 parroquias de Nemancos (incluye Duio), 14 de Seaia y 21 de Céltigos. Entre los problemas comunes que denuncia en la Costa da Morte y Xallas está la presencia de clérigos franceses o centroeuropeos que sustituyen a los titulares, ofician misa cada dos semanas, y no presentan las titulaciones debidas. El clérigo Mafre que sustituye en Serramo al canónigo compostelano Nunes responde a esta descripción, al igual que el francés Arnao Jacobe en Anos, sustituto del prior de Sar. Este mismo problema se indica en Xaviña, Cereixo y Cambeda.

Clérigos franceses en Esternande, Cícere, Grixoa, A Pereira y Santa Comba

En Céltigos (Terra de Xallas), Santa Comba, Cícere y Grixoa no cuentan con párrocos residentes. Los rectores viven fuera y atienden estos beneficios tres curas franceses afincados en Galicia. El clérigo francés Gullelme sustituye en Esternande al criado del cardenal Martín Romero, que era el titular. No presenta títulos de órdenes ni licencia ministerial. Los mismos problemas suceden en Mallón y Alón. También se cita la presencia de un capellán francés en San Luis da Pereira. En el entorno xalleiro, similar situación se vive en Vilabade, Landeira, Os Baos. Andrés Romano celebra en Barro por el rector que vive en Santiago. No presenta títulos y oficia misa cada 15 días.

Casos similares se aprecian en la otra comarca gallega afectada, la costa mindoniense. Así las constituciones sinodales de Mondoñedo se venían ocupando del problema, y las de guevara lo matizan más «por quanto nos consta la visita, dice el obispo, que muchos clérigos franceses y otros de otras partes y muchos frailes…andan por nuestro obispado diciendo misas y aún siendo rectores de muchas iglesias…y muchas veces a los clérigos franceses no los entienden, y los frailes que andan por acá, vienen apóstatas y sin licencia, y aun muchos clérigos naturales de la diócesis no tienen que comer por aver tantos extranjeros: ordenamos…que ningún eclesiástico, de cualquier dignidad, estado y condición…sea osado de tener en su iglesia y poner por excusador a ningún clérigo ni fraile de los sobredichos, excepto si alguno o algunos aia diez años que están en la diócesis o son beneficiados en ella» (Synodicon Hispanum, I. Galicia. Madrid, 1981).

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