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viernes, julio 1, 2022

La Prehistoria reciente del Cabo Finisterre

– Juan Gabriel Satti Bouzas-

Para comenzar el recorrido por la historia de Finisterre debemos remontarnos unos 4000 años atrás aproximadamente. Efectivamente, según el profesor Luis Monteagudo García, y hasta el momento no he encontrado una voz mejor calificada, los tres fragmentos de cerámica hallados por el Dr. Esmorís Recaman en la zona de Calcova en 1944 (hoy en poder de sus herederos) se corresponden con la cultura del vaso campaniforme: civilización prehistórica asociada al Calcolítico y al período inicial de la Edad del Bronce. 

Según las expertas Laure Salanova y Pilar Prieto, el intervalo en el que se define el campaniforme en Galicia podría abarcar desde el 2600 al 1600 a. C.; siendo el estilo epicampaniforme regional el mayoritario en las fechas más recientes (“Las comunidades Campaniformes en Galicia”- Ed. Dip. de Pontevedra/2011).

Representación de un vaso campaniforme (forma de campana invertida), según dibujos de Monteagudo de las piezas fisterranas // Puñal de lengüeta con hoja plana de cobre de 25,2 cm x 4,8 x 0,5 y 126 gr (foto-diseño J.G. Satti. Agradecer al Lic. Manuel Canosa por sus indicaciones al respecto)

En nuestro caso nos encontramos ante ejemplares del llamado Campaniforme Marítimo que ofrece decoración puntillada, agrupada en bandas estrechas horizontales que alternan con otras de similar anchura lisas, sin decoración. De color rojo brillante bien cocidos. La dispersión de los campaniformes marítimos es costera, lo que justifica su nombre y tiene su origen en el estuario del río Tajo.

Su presencia está relacionada con la difusión de la metalurgia del cobre por la Europa occidental, y en Fisterra lo confirma la presencia de un puñal de espiga plana junto a los trozos de vasijas hallados por Esmoris (quien lo confundiera con “una lanza” y donó al Museo de Pontevedra).
Hasta hace poco tiempo se pensaba que las piezas campaniformes eran exclusivamente funerarias. Pero también se conoce un volumen grande de cerámica en los ámbitos domésticos. 

Se trató de asociar este fenómeno a un tipo o etnia concreta desarrollándose varias teorías: una centra sus orígenes en Oriente (concretamente en Egipto), estas fueron las tesis de arqueólogos como Montelius o Dechelette. Otros como Munch, piensan en el origen centroeuropeo y que las migraciones del vaso campaniforme es el primer desplazamiento de los pueblos indoeuropeos hacia el sur de Europa.

“Galicia antes de la llegada del campaniforme estaba comprendida de lleno dentro de la Cultura Megalítica. Las evidencias que se poseen en la actualidad sobre este periodo no permiten suponer que existiese en el noroeste otra manifestación cultural distinta a esta” (“La cerámica campaniforme en Galicia” – F. Criado Boado, ‎J. M. Vázquez Varela/1982).

Pero tampoco parecen demostrar que el megalitismo de este momento fuese uniforme. A pesar de la escasez de investigaciones y nulo interés de las autoridades gubernamentales, nos encontramos en Fisterra una zona en la cual se desarrollan en un mismo espacio temporal y geográfico diferentes procesos culturales.

En efecto, el paso de una Edad a otra no se da de forma abrupta sino que la cerámica campaniforme penetra en la Cultura Megalítica Final y se funde con ella, por lo que existe una unidad conceptual entre el Neolítico y el Calcolítico. Pues bien, vayamos hacia los monumentos megalíticos a ver que nos dicen.

Pilas en serie o cascada con desagüe en el monte Facho (similar a Laxe das rodas – Monte Louro) donde catalogué una inscultura solar // Piedras Santas donde la tradición jacobea dice que descansó la Virgen al final de su periplo en su barca de piedra. Fin del Camino (fotos J.G. Satti).

Iniciamos el recorrido hacia el monte llamado del Facho a través de la aldea de A Insua o Lugar de la Ynsua como puede leerse en la esquina de una casa, topónimo este que sugiere la consideración de que el promontorio fue una isla como aquel país que promete Don Quijote a Sancho Panza y que hace pensar en la creencia del dios celta Manannan cabalgando sobre las olas hacia la Isla de la Eterna Juventud.

Avanzando por el camino hacia el oeste, que fue antes una calzada romana y que llaman de Marcos, pues había allí una piedra de mármol o marco (mojón, en gallego) que pudiera ser un miliar romano consistente en una columna que marcaba las millas en dichas vías; nos encontramos con la llamada Pedra da Cama y cercana a esta una de forma piramidal que llaman Pedra Bicuda y dos grandes y casi redondas piedras de nombre Pedras Santas (sin descartar un menhir de 8 metros de altura, hallado en la vertiente occidental del monte Pion de Duio, registrado por Huidrobro y Serna) prueban su remota importancia.

Relaciono todas estas rocas como representaciones del Omphalós (ombligo, en griego), que en las tradiciones antiguas representa un Centro Espiritual. Para entender lo que decimos recordemos lo que está escrito a propósito de lo que le ocurrió a Jacob ca. 1850 a.C.: «Y Jacob despertó y dijo: este lugar es la casa de Dios y la puerta de los Cielos! …entonces colocó la piedra que había sido su cabecera, como un pilar y derramó aceite sobre ella (para santificarla).Y dio a ese lugar el nombre de Beithel (casa de Dios)». 

A ningún teólogo se le ocurriría relacionar este relato con un mito de la fecundidad.

Así que, en todos los casos era una “piedra profética”, una “piedra que habla”, es decir una piedra que daba oráculos o junto a la cual se daban oráculos, gracias a los “influjos espirituales” de que era soporte; y el ejemplo del Ónfalo de Delfos es muy característico a este respecto; comparable a la reunión anual de los Druidas en el «lugar consagrado central» de las Galias, en el país de los Carnutos o el “nemèton” de la antigua comarca de Nemancos (Fisterra).

El dolmen de Orcavella situado dentro del recinto antiguo de Telefónica en la ruta megalítica de Fisterra donde también están  O Veladoiro, Pedras Santas oscilantes y A Pedra do Cavalo, sin ningún tipo de promoción turística del Concello (foto J.G. Satti).

Rocas que a su vez eran “la puerta de los Cielos”, tal el caso de los dólmenes como la tumba de Orcavella (la “meiga zugona”, bruja que chupaba la sangre de los niños) situada en la cumbre del monte Facho. Orca, en portugués, significa dolmen y es sinónimo del gallego Arca de igual significado. Así pues Orca Vella hace alusión también a una arca vieja o dolmen viejo para ser precisos.

Sucedánea de una tumba megalítica del Condado de Cork, que llaman “el lecho de la bruja”: labbacallee o labbanacally. Es la tumba de cuña irlandesa más grande y data del 2300 a.C.

En 1934, las excavaciones revelaron fragmentos de una vasija decorada de la Edad de Piedra tardía y huesos humanos. Eran los restos de una mujer. Aunque el cuerpo se había colocado dentro de una cámara de la tumba, su cráneo se encontró en otra.

Esto sugiere que existe cierto grado de regionalidad en las tradiciones populares sobre la arquitectura megalítica; y en el oeste de Munster, a la bruja se la conoce específicamente como Cailleach (que significa `la vieja’ en gaélico moderno). Las leyendas dicen que estas piedras inmensas eran puertas de acceso al otro mundo, una región mágica nunca vista. 

Alineamiento en la ladera occidental del Monte Facho localizado por el abogado Benjamín Trillo y descripto en «Las huellas de Santiago en la cultura de Fisterra»-1999 (foto J.G. Satti).

La condición de “puertas al más allá” de estas piedras las vincula directamente con la Vía Láctea, como vehículo de almas y su relación con los ligures y su dios solar, pues en Irlanda también es llamada: “el despliegue del arcos iris de Lugh” (véase mi artículo Los orígenes del Camino de Santiago II:Los ligures y cultos solares /Adiante Galicia 2017).

Cabe la sospecha de que los ligures sean los representantes de todo el neolítico occidental y por lo tanto, responsables del predominio de estos monumentos líticos por toda la costa occidental de Europa y de sus islas; dando cuenta de la gran expansión continental de este pueblo navegante.

En 1927, Joseph Déchelette constató que los túmulos ligures del valle del Ródano son idénticos a los erigidos posteriormente por los celtas (véase El origen del Camino de Santiago III: los celtas y el camino de las estrellas).El mito celta habla de una raza divina: Tuatha Dé Danann (“los hijos de la diosa Danu”) que se retiró a través de estos portales de piedra, siguiendo la invasión gala y fundó un nuevo reino en un cosmos paralelo. Conocidas en irlandés como sidhe o “montículos mágicos”, estas entradas al otro mundo fueron también reverenciadas como posadas de dioses y diosas individuales.

En consecuencia, cuando se habla del culto a las piedras de tantos pueblos antiguos, hay que comprender que estos cultos litolátricos no se dirigían a las piedras sino a la divinidad de la que eran la residencia. Como la Virgen María lo fue del Verbo encarnado… 

Y que en algunos casos estaban destinados a promover o a incrementar la fertilidad de la tierra, como postularon en 1970 el ingeniero inglés Alexander Thom y su hijo. Para ellos los alineamientos de menhires están orientados hacia los puntos solsticiales y equinocciales de salida del Sol, creando así un calendario que permitía predecir las etapas importantes de la vida agrícola.

Como el alineamiento del Cabo Finisterre que desde el lado occidental de ese monte se unía con otro que iba en dirección este-oeste, partiendo a muy pocos metros de la estructura de la capilla de San Guillermo. Lamentablemente derribado parcialmente por la apertura de un cortafuegos durante unos trabajos forestales; fue dispuesto durante el Neolítico, en algún momento entre los milenios V y III a.C. de forma similar a  los de Carnac en la Bretaña francesa.

Vista parcial del alineamiento cercano a la capilla de San Guillermo  revisado por el profesor Alonso Romero en 1981 (foto op.cit.).

Por tanto, descarto el origen de estas piedras con ritos de fecundidad paganos (el término «profanos» sería más apropiado) de épocas posteriores que sólo pudo ocurrir accidentalmente y de un modo muy indirecto y, que con la llegada del cristianismo y su persecución, el vulgo los conjugaría en la «cama» de la ermita de San Guillermo; cometiendo a su vez un error de interpretación aprendida de manera oral, que muestra que el verdadero sentido de la tradición se les escapa y hacen que «los doctos» sean arrastrados a ello (véase las peregrinaciones jacobeas a la ermita de San Guillermo de Finisterre).

Este templo se encuentra al abrigo de una gran roca bajo la cual existe una pequeña cueva, donde, en palabras del Profesor Alonso Romero, «podemos estar seguros que el devoto peregrino que se encontrase en la capilla de San Guillermo al amanecer del equinoccio de primavera vería salir el sol tras la cima de A Moa (627 metros de altura), y a sus primeros rayos penetrar hasta el fondo de la gruta anunciando con su luz primaveral el despertar de la naturaleza» (“Sobre la orientación astronómica de la capilla de San Guillermo”-Anuario Brigantino nº 22/1999). Esto pude confirmarlo in situ con el hallazgo de una cazoleta que señala el punto donde se produce el fenómeno.

Cazoleta de 7 cm x 4,5 en el interior de la gruta de San Guillermo donde se encontró un sepulcro del siglo VII que prueba la existencia de inhumaciones tradicionales a lo largo del tiempo (foto J.G. Satti) // Ustrinum o quemadero en una estancia contigua a la ermita de San Guillermo (foto Xunta de Galicia).

En todas las fases cronológicas de los petroglifos gallegos del Paleolítico Medio hasta la Edad de Hierro están presentes las cazoletas (un pequeño hueco artificial excavado en la superficie de algunas rocas). Pueden encontrarse tanto aisladamente como formando agrupaciones y lo normal es que al menos una de ellas, coincida con un vórtice energético.

Entre las hipótesis existentes sobre su funcionalidad están la astronómica, marcadores de caminos migratorios, de sitios con alto grado propiciatorio, ligadas a ritos de fertilidad agraria, o señalando un espacio sagrado prehistórico; y asimiladas dentro de templos cristianos con el devenir de los siglos (“Rochas com covinhas no Alto Tejo portugués” – F. Henriques, J. Caninas, M. Chambino/1995). Características todas que convergieron de manera indubitable en la Ermita de San Guillermo (s. XIII) del Cabo Finisterre.

Recinto este de gran valor arqueológico, en el que unos deficientes trabajos de consolidación de los restos de la capilla, sacaron a la luz de manera fortuita una especie de “ustrinum”.

 Parte del plano del conjunto arqueológico de San Guillermo // Pasador de bronce (fotos Xunta de Galicia).

Se trata de una estructura de combustión, de forma rectangular y con las esquinas redondeadas en un lecho de piedras de granito muy planas, dispuestas de una manera más o menos ordenada. Las evidencias de combustión son intensas, tanto por las piedras que componen el lecho, como por la abundancia de vestigios de carbones y de arcilla cocida documentada.

En la Memoria Técnica Final de los trabajos arqueológicos se hace constar que hay 3 niveles de tierra, que permiten comprobar que efectivamente sí se pueden identificar varias fases de ocupación en torno a la ermita de San Guillermo («Escavación arqueolóxica e Consolidación da Ermida de San Guillerme”- Fisterra, A Coruña-2a Fase. Xunta de Galicia/2010).

Cuestión que explica no solo los procesos de limpieza sucesiva a que se sometería el ustrinum después de cada incineración, sino también que la estructura no se hubiera conservado entera y/o pudiera encontrarse arrasada en sus niveles superiores. 

El rito funerario para toda la Edad del Hierro fue la cremación, los cadáveres ardían en una especie de horno de pequeñas dimensiones; de ahí los huesos calcinados se pasaban a urnas de cerámica, depositándose en un hoyo que se tapaba con una piedra plana; o bien se depositaban directamente en el suelo dentro del hoyo. En ambos casos iban acompañados de ofrendas y objetos personales. Los enterramientos eran señalados por estelas, y pudo haber sido una de ellas la que se utilizaba como “cama” en la ermita por las parejas estériles que acudían con el fin de procrear; según comentó en 1745 el Padre Sarmiento en ocasión de su visita a Fisterra.

Cantimplora micénica con esvástica de doble espiral encontrada en el valle de Duio y datada por Monteagudo hacia el 1500 a.C. de la colección Esmorís (foto-diseño J.G. Satti).

El ustrinum, a falta de C14,  podría datarse gracias a los objetos hallados en su entorno y de entre estos un posible pasador para el pelo similar a unos pasadores de bronce del Santuario de Artemisa Ortia de la Grecia arcaica (Edad de Hierro, siglos VIII-VI a.C.).

La Época Arcaica es la etapa posterior a la llamada Edad Oscura griega, la cual sucedió a la civilización micénica que se desarrolló en el período prehelénico del Heládico reciente, es decir, al final de la Edad del Bronce, entre 1600 -1100 a. C. Representa la primera civilización avanzada de la Grecia continental, que pereció durante el colapso del Bronce Final en el Mediterráneo oriental.

Su comercio exterior por vía marítima, florece tras la caída de la civilización minoica y era parte muy importante de la economía micénica. El rastreo de las mercancías de exportación se pudo hacer a través de la arqueología, y destacan especialmente los restos de cerámica que contenían vino, perfume y aceite; aunque la propia cerámica, que a menudo aparece con una destacada decoración, era considerada un producto de lujo. Como una pequeña cantimplora que encontraron en Duio y forma parte de la colección privada de la familia Esmoris.

Sobre la presencia griega en Fisterra véase El origen del Camino de Santiago VI: Los griegos en busca del Ara Solis y el Paraíso en Finisterre- 1ª parte y 2º parte final».

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