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lunes, julio 4, 2022

El oculto «Diego y yo, 1952» de Frida Kahlo. Un regalo para Alejandro Finisterre

– Rafael Lema-

Un cuadro de Frida Kahlo, «Diego y yo», pintado en 1949, acaba de batir el récord en una subasta como la obra mejor pagada del arte latinoamericano, al ser adquirida en 34,8 millones de dólares por el coleccionista argentino Eduardo Constantini, un entusiasta de la obra de la genial artista de Coyoacán. Se trata de un autorretrato en donde Frida, con lágrimas en los ojos, se pinta con un pequeño Diego dibujado en su entrecejo, a modo de tercer ojo.

Pero esta original pintura, que cierra una serie de autorretratos del mismo formato, tendrá su contrapartida en una desconocida obra pintada por Frida en 1952 y regalada a su entonces amante el editor y poeta gallego Alejandro Finisterre. Este trabajo oculto (Diego y yo, 1952) desde entonces cuenta con dos protagonistas: Frida en la parte superior y Diego en la inferior. En este caso Frida hace uso de su maestría como dibujante trazando con línea clara y firme uno de sus retratos más bellos, plena de juventud y con un brillo de mujer enamorada en su mirada. La imagen de Diego, al contrario, es la de un rostro envejecido, arrugado, de sapo de mirada clemente y alucinada, que en el centro de su frente lleva el ojo de Frida soltando una lágrima. Es la antipintura de «Diego y yo», con las tornas cambiadas, él la lleva en el pensamiento, aunque no retiene su rostro, sólo un ojo con una furtiva lágrima.

El contexto en que fue realizada esta nueva obra, en su último año de creación plena, ayuda a interpretarla. Frida vive un romance con Alejandro Finisterre, sueña en una nueva vida con él, mientras sigue sufriendo las infidelidades y la ausencia de Diego. Es un regalo a su amante español, comunista y exiliado. Quiere que la vea y conserve en su esplendor. Forma parte de una serie de objetos personales que Frida le regala a Finisterre en 1953, que se completa con otra caja entregada en la primavera de 1954, con cartas, diarios y dibujos de la artista.

La mayor parte de este material forma parte de la colección privada de A. P. , un mexicano amigo del editor gallego y que hemos ido sacando a la luz en este medio en exclusiva, tras siete décadas ocultos. Aparte de los textos autógrafos de Frida la colección incluye nuevas pinturas de la autora. Además del cuadro «Diego y yo, 1952», la pintora entrega a Finisterre un retrato de Chavela Vargas y otro del «joven Dimas». Ambos no localizados. Sí se encuentra en la colección de A.P. una caja decorada en 1954 con dos pinturas, un feto en la cara exterior y una versión expresionista y desgarrada de «La venadita» en la cara interna. Un portarretrato con las imágenes de Frida y Finisterre.

Entre el material localizado hay hojas sueltas, dibujos, una docena de cartas, correspondencia epistolar que abarca desde abril de 1953 hasta la primavera de 1954. Los textos y cartas entregadas por Frida a su amante gallego incluyen numerosos dibujos inéditos de la autora. Son un diario ilustrado, dedicado a Alejandro Finisterre, iniciado en abril de 1953 (D 53-54). Dos poemarios iluminados en 1953 para Alejandro Finisterre y José Bartolí: «Mi voz sometida» (MVS 53), de 55 páginas; y «Pura manzanilla» (PM 53), 81 páginas. Un libro de recetas de cocina recogidas por la propia pintora. El cuaderno escolar de 1940 para Diego y N. Muray (CE 40), de 36 páginas.

El precioso y amplio Album Negro para Alejandro de 1953 (AN 53), con 127 páginas de textos e ilustraciones. En total forman la colección de A.P. 352 hojas inéditas de dibujos y escritos de Frida. Completa la colección un cuadro de Picasso regalado a su amigo Finisterre, en donde el malagueño recrea la historia de amor de Alejandro y Frida, a quienes trató y estimó.

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