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jueves, diciembre 8, 2022

Acciones de corsos y piratas en nuestros días

– Rafael Lema –

A los corsarios y piratas de nuestras aguas hemos dedicado muchas páginas en este medio ( Ver Corsarios y Piratas en el Finisterre). Nacieron con la navegación, crecieron con el incremento del comercio marítimo y aún siguen presentes en muchas costas del mundo. Aunque estos nombres nos puedan sonar a películas y viejas crónicas en el siglo pasado aún vivimos cercanas acciones piratas. El acuerdo de Ginebra de 1958 contaba con tres artículos en donde se abordaba la piratería (incluyendo la novedosa navegación aérea) y el transporte de esclavos.

Los piratas modernos:  Cigarrillos rubios y secuestros

Piratas modernos, actuales y occidentales, siguieron actuando en tiempos recientes en nuestras aguas. Hablamos en otra ocasión de la derrota pirata del pesquero inglés Girl Pat que hizo escala en abril de 1936 en Corcubión. El 31 de agosto de 1970 el propietario de un night club holandés quiso secuestrar la emisora flotante Radio Mar del Norte Internacional, hecho considerado un acto de piratería.

El americano Eliot Bur Forrest y el flamenco Van Delden en 1952 capturan en alta mar un mercante holandés tras pasar por nuestras costas, cargado con 2700 cajas de cigarrillos rubios por valor de 10.000 dólares, descargando su mercancía en Córcega. Tardaron cuatro años en echar el guante a los cabecillas, dueños de una banda de 47 bandidos, entre ellos el intermediario corso Paolini.

La mayor parte de estos modernos piratas se esfumaron o aparecieron muertos en extrañas circunstancias. El 12 de febrero de 1952 en el estrecho de Formosa, según el Manchester Guardian, «han atacado unos piratas al vapor británico Wing Sang (3560 toneladas)», tomando prisionero al capitán mr, Stanton y al diplomático norteamericano mr. Edward Stansbury. Se trataba de un junco chino, que obtuvo 10.000 dólares por el rescate. Son bien conocidos los casos de la actual piratería del siglo XXI sobre mercantes, pesqueros, en el Índico, el golfo de Guinea, en donde hay unidades de la Armada Española protegiendo las rutas comerciales.

Galvao

La historia de Henrique Galvao

En enero de 1961 el ex-capitán portugués Henrique Galvao, con 70 compañeros, captura en alta mar la motonave de pasaje Santa María que había partido de Curaçao con 600 pasajeros, y la retendrá durante once días hasta que desembarca en Recife-Brasil. Galvao declaró que se trataba de un acto de protesta contra las dictaduras de Franco y Salazar en la península Ibérica.

En el barco iban muchos emigrantes gallegos, entre ellos un vecino mío, de Xaviña-Camariñas, a quien para siempre le quedó el «alcume» de O Galvao. Y en la misma década la prensa americana alertaba de acciones de este tipo en el Caribe sobre yates y pequeños mercantes a los que se culpaba de su desaparición a las tormentas.

En la II Guerra Mundial por otra parte siguió habiendo guerra de corso, como las acciones del crucero auxiliar alemán Atlantis del capitán Bernhard Rogge, que durante 622 días atrapó 22 mercantes. En 1953 fue ascendido a contralmirante de la OTAN.

Las estadísticas sobre acciones piratas de Wolfram zu Mondfeld

Wolfram zu Mondfeld habla de cómo la potencia militar y económica de los piratas deviene en un factor político. Todas las grandes potencias los llegaron a adular, condecorar, incorporar a sus armadas. Todas menos España, «único gran país europeo donde la piratería jamás llegó a echar raíces», según el gran investigador, que hace un balance estadístico de la piratería.

Un 45% de ellos lo eran por cuenta propia, un 42% estaban al servicio de algún país, y el resto navegaba en aguas turbias nada claras, sujeto a cambios. Un 38% fueron piratas toda la vida, un porcentaje similar pasa a la vida comercial o privada, y una cuarta parte asumieron puestos militares, cargos elevados.

La mitad de los salteadores llegaron a viejos, fallecieron en cama y en paz. Un 30% murieron en plena acción, un 8% muere en naufragio, y solo un 12% fueron presos y ejecutados. Pese a la gran fama romántica y novelera de los piratas ingleses, el terror de nuestras costas en los siglos XVI y XVII eran barbarroja y los berberiscos, como acreditan las fuentes e incluso nuestros escritores del siglo de oro.

Importante flota corsaria española

Pero, con todo, España tuvo que pactar con hombres como Azor Jairedín o sir Henry Mainwaring. En ciertas épocas, España mantuvo una importante flota corsaria (no pirata), cuya memoria tratamos de sacar a la luz en nuestros trabajos. Aquí destaco a los primeros Borbones, sobre todo a Felipe V, que usó el corso incluso contra su familia francesa, pagando a sus enemigos con las mismas armas, causandoles grandes perjuicios en cuanto no se dotaba al país de la magnífica armada y los grandes astilleros (como Ferrol) de la segunda mitad del siglo.

A lo largo del siglo XVIII, y parte del XIX, ser corsario en España fue una necesidad de muchos armadores por la crisis del comercio con las Colonias de Ultramar y las guerras con Inglaterra. Comerciantes y empresarios de toda Galicia se embarcaron en la aventura de capturar buques mercantes enemigos amparados por la Patente de Corso concedida por Su Majestad, que se dotaba de una gran flota privada y recibía su quiñón de presa. Entre 1739 y 1748 muchos navegantes gallegos se lanzaron al corso, sobre todo capturando barcos ingleses.

Patente de Corso

Corsarios de Galicia

En esta época en Galicia se llegaron a armar 60 corsarios, capturando un total de 170 embarcaciones enemigas, con Vigo y Marín como bases principales. Los mayores corsos son Juan Fernández del Villar, Louis Oliver, Pedro de Ges, Olivier Colan, Francisco Barrera. Hay muchos croatas, colonia que mantendrá actividad comercial en Camariñas, Corcubión: Lucas Constantino, Pedro Esteban Dubroca, Jácome Canese. Muchos extranjeros avecindados: Roubier, Chevalier, Pereira, Olveira, Silvi, Maccarthy, Hervin, Lucas.

La firma de la Paz de Basilea con Francia, en 1796, da lugar a otra época de bonanza de nuestro corso, con Inglaterra como principal damnificada. A Coruña es ahora el núcleo corsario más importante de Galicia, que tiene 171 Patentes de Corso. Entre los mayores corsarios coruñeses recordamos a Juan Francisco Barrié, Marcial F. del Adalid. En Vigo, Buenaventura Marcó del Pont. Escaja, Leira, Pardiñas, Agramunt, Roura, Medanich en la Costa da Morte.

Tratado internacional contra la piratería

La segunda mitad del siglo XIX trasladó la piratería al campo de la novela romántica. En 1856 se firma en París el primer tratado internacional contra la piratería y la guerra de corso. Pero Gran Bretaña (que raro) fue condenada por las acciones del corsario inglés Alabama en 1864 a favor de los confederados. Y los alemanes usaron el corso en las dos guerras mundiales del siglo XX. El sábado 8 de marzo de 1862 fue colgado en la prisión de Tomb-EEUU Natty el Limpio, acusado de piratería. Pero, ciertamente, no era un pirata sino un negrero, iniciado con un viejo conocido nuestro, el gaditano-gallego Pedro Blanco. Su barco, el Erie, de 500 toneladas, cargado con mil negros, fue apresado por el barco de guerra Mohican en plena Guerra de Secesión.

Sí fue el último pirata europeo el gallego Benito Soto Aboal, patrón del Black Joke, ejecutado en Gibraltar el 25 de enero de 1830. Entre 1821 y 1825 durante la rebelión griega contra el poder turco se hicieron célebres las acciones de piratas helenos contra la flota del sultán, al grito de «Jristos nijai!» (¡Cristo vive!). Eran capitanes como Miaoulis, Mavrocordatos, Canaris, Tombasis.

En las guerras de independencia hispanoamericanas nacieron flotas de filibusteros en Venezuela y Colombia cuyas acciones también tuvieron lugar en nuestra costa, como ya hemos tratado en otros trabajos. Entre 1815 y 1825 la prensa internacional recoge muchos casos de ataques a barcos españoles pero también a norteamericanos por parte de estos barcos llenos de la peor caterva de múltiples países. Hasta 1926, EEUU no dio por terminada la piratería en sus costas.

¿A qué se dedicaban los piratas?

La novela, el cine, nos han dejado determinada idea de las acciones de un pirata. ¿A qué se dedicaban los piratas? El acuerdo de ginebra de 1958 lo resume: «es piratería cualquier acto ilegal de violencia, privación de libertad o saqueo que, con fines privados, sea cometido por la tripulación o pasajeros de un barco…contra otro barco… o en las personas o bienes que se encuentran a bordo de ellos: a) en mar abierto, b) en un lugar situado fuera de la zona de soberanía de un estado.

En general, el patrón pirata no actúa bajo un pendón nacional y el corso sí, tiene «papeles, cartas patentes». Hay un pequeño grupo de pirata que responde al tipo de «malo» con pata de palo, ojo tuerto o gancho en el muñón del brazo, sin patria ni ley, que asalta barcos, secuestra rubias imponentes y oculta tesoros en islas perdidas.

Pero la abrumadora mayoría responde al tipo de navegante, comerciante, es decir son múltiples sus rasgos físicos; todos cuentan con audacia temeraria y afán aventurero, faenan en una profesión de riesgo como era la misma navegación, el trato de armas (arma blanca, artillería); entre ellos hay rufianes rechonchos y elegantes aristócratas, bandidos del mar y almirantes de flotas, patrones de gamela y comandantes de navíos de 70 cañones. Desheredados de la fortuna, vagabundos de puerto, delincuentes junto a opulentos armadores.

En la Historia nos encontramos con un puñado de mujeres enroladas e incluso mandado barcos y flotas. muchos obtuvieron alguna vez en su carrera fortuna, pero también la perdieron con facilidad. El caso es que solo un 25% no vieron coronada su vida de piratería con cierto éxito económico y un retiro acomodado.

Diferencias entre piratas y corsarios

La diferencia entre piratas y corsarios, viene marcada porque el pirata era un ladrón de alta mar, usaba la violencia para apoderarse de las posesiones de otra persona ya sea saqueando, robando barcos o realizando incursiones en puertos actuando por su cuenta, sin bandera de un país.

Aunque son numerosos y bien documentados los casos en que, de manera encubierta, si trabajaban para un estado. Los corsarios atacaban barcos de estados enemigos al suyo propio, contando con la autorización de un monarca o rey de su propio país o incluso de otro, patente por la que abonaban una carga o aportan un quintal a su rey o señor. Con esta flotilla privada el Estado llevaba a cabo hostilidades y contra el enemigo de manera no oficial y sin declarar la guerra, causando importantes pérdidas al bando contrario,a su flota de guerra y sobre todo mercante.

En todos los casos las armadas debían enviar contra el corso o para vigilancia de las rutas afectadas a unidades de guerra que así no podían ser usadas en otro cometido, teniendo en cuenta la regla aún actual por la que sólo un tercio de la flota de un país se encuentra en plena operatividad, mientras la otra parte se halla en fase pasiva por mantenimiento, instrucción, etc.

Legalmente la captura de un mercante enemigo por un corsario se constituía como una adquisición legítima, el capitán corsario debería ser tratado como preso de guerra; en tanto que la presa de un pirata sería un robo y con bastante frecuencia su capitán colgado al momento, al no estar bajo jurisdicción o fuero.Los corsarios no eran estrictamente piratas, salvo cuando se extralimitaron en sus funciones con respecto a los términos de sus acuerdos y comisiones con reyes y monarcas.

En este caso podían ser castigados por el país o estado que los patrocina al volver a tierra. Son asimismo numerosos los casos de este tipo documentados, tras las denuncias entre los estados en litigio, compañías atacadas, etc. El corsario tenía el apoyo de un gobierno y el pirata actuaba con mayor libertad, bien por su cuenta y riesgo o contando por detrás con apoyo oficioso. 

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