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Santiago de Cereixo. Simbología y mensaje eucarístico de la primera barca jacobea

 Santiago de Cereixo. Simbología y mensaje eucarístico de la primera barca jacobea

Reportaxes | Publicada: 26/04/2020

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Tempo de lectura: 31 minutos e 28 segundos.

//Rafael Lema//

En 2019 el Concello de Vimianzo organizó un meritorio congreso sobre la translatio del pórtico de Cereixo, la escultura más antigua del traslado del cuerpo del apóstol Santiago a Galicia, evento que sirvió para divulgar esta joya artística de la ría. Aunque los ponentes nada nuevo aportaron que no fuese ya analizado por el mejor estudioso del peculiar románico de la comarca, José Ramón Ferrín González (Arquitectura Románica en la Costa da Morte, 1999); fue sin duda un buen inicio para promover (e incorporar) nuevas visiones sobre una era de oro del arte en Nemancos y en Galicia.

 Ya he tratado sobre Cereixo y los templos de la ría en varios artículos y en dos libros editados en castellano e italiano (el Camino Secreto De Santiago, La Vía Pagana A Compostela), pero aún queda mucho por publicar, fruto de trabajos de campo propios o de compañeros apasionados en recuperar la historia del viejo Reino de Galicia. En estas líneas de nuevo seguiré esta estela, atendiendo al interesante arte religioso de la ría en donde vivo, Camariñas.

En otros artículos hice referencia a las collas de artistas que dejaron su impronta en el románico de la ría de Camariñas, en donde además del influjo compostelano destaca precisamente el taller cántabro de la puerta sur de Cereixo, que aporta una suerte de motivos únicos dentro de este estilo en Galicia. Pero ahora quiero remarcar un aspecto, que aunque se suele citar no se aborda con el suficiente rigor: el carácter simbólico del arte románico. 

A uno le causa estupor ver en libros de texto, catálogos y enciclopedias siempre una misma cantinela -que no se puede justificar ni atendiendo a la pereza mental de estos tiempos extraños, con su desidia posmoderna-, la que describe el arte de nuestros templos con una panoplia repetitiva de “motivos decorativos”, sin dar mayor explicación al mensaje de los viejos arxinas o pedreiros que los crearon, con un motivo que no es meramente artístico. La religión no es arte ni artificio.

Por ello cuando en nuestra sed de conocimiento, o simplemente por curiosidad, buscamos en un texto una interpretación o descripción de un pórtico, un capitel, nos quedamos como al principio si encontramos la misma enumeración de motivos: besantes, rombos, dientes de sierra, bolas, volutas, cuerdas, lises, rosáceas. Ya vemos que están ahí, pero no nos explican su significado. ¿Son caprichos del autor, brincadeiras de artista?  ¿Y por qué se repiten en ciertos espacios, en un tiempo común, en tan lejanos lugares? 

Los templos no son obras de arte ni museos, ni recursos turísticos, sino ecclesia, congregaciones de creyentes; “pedra do lar” central de esa casa comunal tribal que es la parroquia, legado de los tiempos suevos. Aunque ahora sirvan también por sus cualidades patrimoniales, fueron levantados como casas de Dios, y siguen siendo hoy templos católicos con la luz prendida en el altar mayor, a donde los fieles acuden para ver a Cristo, María, a los santos y santas de su devoción. Bautizar a sus hijos, enterrar a sus muertos.

Uno de los pocos autores que me acompañan en esta búsqueda  mas allá de la anécdota y el frío enunciado, Ricardo López, en su pionera obra Símbolos (escrita en 1993 no pudo ver la luz en limitada autoedición viguesa hasta 1997) deja bien claro que la arquitectura eclesial está significando a Cristo. El altar, la pila bautismal, los capiteles son casi todos eucarísticos. 

Las iglesias románicas del XII llenan sus puertas, ventanas y cornisas de motivos cristológicos. Sus constructores y “patronus” afirmaban con mensajes la presencia de Cristo dentro de una catequesis para los ojos, un credo en imágenes. Por muy extraños que nos parezcan ciertos motivos, especialmente los geométricos o vegetales, los elementos arquitectónicos y escultóricos de las iglesias medievales considerados solamente decorativos guardan un significado simbólico, son fruto de una intencionalidad, no son meramente ornamentales. 

Y por ello precisan una explicación, más allá de la mera enunciación de que un fuste muestra “motivos geométricos, como líneas en zigzag y cintas entradas que encierran una especie de flores de lis”; o columnas decoradas con “círculos secantes, festones de arquillos de medio punto, entrelazos y rosetas”. Frases y párrafos que machaconamente se repiten una y otra vez dejándonos tan ciegos como al inicio. No podemos obviar estos términos, por ser ya comunes en los estudios estilísticos, pero si aclararlos.

"Ni Cereixo, ni Moraime, ni Leis ni Xaviña" se recargan con elementos decorativos ..."

No, señores, ni Cereixo ni Moraime, ni Leis ni Xaviña se recargan con elementos decorativos ni motivos ornamentales a mayor gloria del emocionado escultor. Todo fue bien colocado y con un fin; el artista conocía los códigos, los significados. Por supuesto, nuestros templos, con ser singulares, permanecen vinculados al arte europeo de su tiempo, llegado por el camino jacobeo. 

Por ello la interpretación que hacemos es válida para todo el románico, los motivos locales cuentan con cientos de casos gemelos en todo el viejo continente. Los artistas del románico beben de lejanas fuentes, es un estilo sincrético que busca ante todo el modelo clásico, la recuperación del ideal romano; pero asimismo desde el norte  y desde el sur perciben influencias de tema, de estilo. 

No solo alimentaron nuestra iconografía los evangelios canónicos sino también los apócrifos, incluso corrientes tan populares como heréticas (gnósticos, priscilianistas, cátaros). Pero, por encima de todo, nuestros templos guardan un mensaje, bien claro para nuestros ancestros en la época de su creación: esta es la casa del Señor, presente en el sacrifico incruento de la santa misa en comunión de carne (pan) y sangre (vino) con su pueblo. La parroquia, a quien Jesús le aseguró que quien coma su cuerpo y beba su sangre tendrá la misma vida divina.

El precioso templo  de Santiago de Cereixo (concello de Vimianzo, arciprestazgo de Nemancos) nos sirve como magnífico ejemplo para mostrar esta nueva visión del románico de la ría de Camariñas. En Cereixo aparece la mano de dos maestros distintos. El primero, vinculado a los talleres de la catedral compostelana, especialmente al de Platerías, había trabajado en Xaviña y Leis a finales del XII. Interviene en la construcción y decoración del ábside, arco triunfal y capiteles. 

El segundo taller de Cereixo levanta la puerta sur (translatio) y la puerta oeste hacia el año 1200. Es el llamado maestro de la puerta sur de san Julián de Moraime. Este taller realiza también la puerta oeste de Santa Leocadia de Frixe y guarda vínculos temáticos con Santa María de Cambre. Un grupo llegado de la Trasmiera cántabra, el más esotérico del románico español, dejando preciosas muestras de su oficio en Santander, Burgos, Palencia. Todos estos templos de nuestra comarca, como el de Cambre y tantos otros de la provincia, apadrinados por las nobles de la casa de Traba, fomentadoras del monacato gallego, al que dieron grandes abadesas. 

En otros artículos he analizado la lectura heterodoxa de nuestro original románico, adentrándome en sus creadores y objetivos, ahora quiero completar el trabajo con otro misterio oculto, u “agochado”. El mensaje de los padrinos, monjes y nobles, bien entendido por los fieles, la comunidad católica que sigue hoy en día haciendo uso de su lugar de devoción, manteniendo la llama del culto parroquial. Una voz de piedra bien clara, aunque velada por la “bajeza de miras” de los nuevos tiempos y sus pandemias mentales.

Los estudiosos se centran en el análisis de los capiteles historiados, que mal llaman “escultura ornamental”; buscando la filiación estilística figurativa, la interpretación del programa iconográfico. Eruditos que solo muestran interés por los relieves de los tímpanos, la presencia de crismones, agnus dei. La descripción de canecillos. Pero obvian el análisis de toda una serie de elementos “geométricos, vegetales” que componen la mayor parte del programa escultórico de nuestras iglesias. También de la orfebrería, piezas de culto, por desgracia en buena parte desaparecidas.

Precisamente cuando reaccione contra el exceso decorativo románico la nueva corriente cisterciense, también presente en la zona (Moraime), será este ultimo grupo “ormanental”, estilizado, el que permanezca. Es suficiente para el iniciado, el que sabe leer el mensaje de la piedra.

Atendiendo al primer maestro, llegado del obradoiro de Platerías, el interior de Cereixo, Xaviña y Leis muestra un esquema de arco triunfal, doblado y sostenido por dos pares de soportes, con columnas entregas para el arco menor y columnillas acodilladas en el mayor. Los capiteles con motivos vegetales de Cereixo repiten temática y factura con los de Ozón, Xaviña, Leis, Santa Mariña do Tosto. Cuerpos de voluminosas hojas con incisiones centrales, en unas con formas ovales como nervios secundarios, otras en volutas de gran vuelo o pomas.

Los canecillos figurados guardan filiación de estilo con los de estos dos últimos templos. Son muchos los motivos de interés del interior del templo, pese a que suele ser descrito tan solo con la fría enumeración técnica de sus variados motivos, todos de clara influencia compostelana. E igual de frío y perplejo se queda el lector. 

Los capiteles del arco fajón tienen gruesos collarinos decorados: el izquierdo con una línea en zigzag, también visible en el contorno de la escocia; el derecho con un sogueado (como en un capitel del arco triunfal de Leis). La parte superior recortada en tacos. El arco triunfal presenta basas con garras o decoración sogueada. Escocia ornada con línea en zigzag y medias bolas (como en Leis). Capiteles con gruesos collarinos, con sogueado el del norte. Cestas con hojas decoradas con pétalos ovales, bolas o volutas. El cimacio izquierdo muestra arquillos de medio punto en relieve. Hasta ahí el inventario de estilo, ahora encendemos la luz sobre la falsa oscuridad medieval.

Ya hice referencia a que estamos ante una iglesia católica, espacio sagrado marcado por la presencia de Cristo. En general los expertos destacan los “motivos vegetales” como un elemento singular “decorativo”. Y yo les niego tales adjetivos, para pasar a hablar del simbolismo de las plantas para el cristiano. 

De dos plantas, la que nos da el fruto de la espiga y la que nos regala en la vendimia las uvas. El artista románico eligió del mundo greco-latino el capitel corintio de espinosas hojas de acanto buscando en su evolución la significación de la vid o el trigo, las plantas eucarísticas. Las hojas de los capiteles interiores sugieren la vid, la planta de las uvas de donde sale la sangre de Cristo, y sus espirales (volutas, caulículos, hélices) son sus zarcillos, sarmientos. Ya aparece el capitel clásico de hojas de acanto como vid en la iglesia mozárabe de San Miguel de Escalada de León, con hasta 16 zarcillos, encima de una moldura sogueada (la espiga). 

En Cereixo las hojas de parra, las volutas, cuerdas o sogas, semiesferas o besantes,  son la vid, la sangre de Cristo. Arquillos y tacos suelen aparecer junto a estos símbolos (arco fajón de Xaviña). El maestro de Platerías hace profusión de estos elementos, destacando sus columnas retorcidas o entorchadas con uvas a modo de pequeñas bolas o flores, coronadas por un precioso crismón. Los dientes de sierra o zigzag y los dobles collarinos son formas de representar la espiga, el pan eucarístico, la carne de Cristo. 

Los mas primitivos dientes de sierra de España figuran en un capitel paleocristiano de la iglesia de San Juan de Panxón (Pontevedra). Herencia que pasa al prerrománico astur, y al románico cántabro que tanto influye en nuestra ria. Otro símbolo del pan es la bola del remate de la hoja que la rodea (vid) en capiteles de Cereixo, Moraime, Xaviña, Leis, Ozón, Santa Mariña, Toba, Redonda. No se nos escapa que llamamos así a nuestro pan tradicional (bola, bolo) y, por su forma, a los cantos rodados (bolos).  

Es el símbolo preferido de los “mestres” románicos para significar a Cristo, aunque lo vemos en los textos con nombres imposibles como: bulbos, pomas, manzanas, esferas. Suelen colocarse siempre alternando con el símbolo de la vida, como en estos capiteles de Cereixo. El pan eucarístico, Cristo. Ya está presente en un capitel del panteón de los reyes galaico-leoneses de San Isidoro de León de 1063. El arte cisterciense y el gótico incorporan la bola a nuestras madonnas, tantas de ellas desaparecidas o cercenadas, como la de Muxía. El cuerpo y la sangre del señor, ¿que otra cosa vamos a encontrar dentro del templo? La iglesia es Cristo.

En el exterior analizaremos las dos portadas, obras de canteros de la Trasmiera cántabra. La puerta occidental tiene dos columnas acodilladas apeadas en basas de perfil ático con garras sobre altos podios, esbeltos fustes monolíticos y capiteles con gruesos collarinos y dos órdenes de hojas anchas pegadas a la cesta, con incisiones y bolas en los extremos. Un tipo de capitel similar a la puerta sur del mismo templo y a la puerta oeste de Frixe. Los cimacios muestran palmetas de bella factura en el lado izquierdo y flores hexapétalas o rosáceas en el derecho. Sobre las impostas se tienden dos arcos de medio punto con pequeñas flores cuatripétalas, como las que veremos en la arquivolta de la otra puerta.

Ya hemos indicado arriba que las hojas representan a la vid (sangre de Cristo), que se une al pan (bolas). Igualmente son símbolos de la vid el sogueado y las pequeñísiñas flores (uvas) de la arquivolta. Las de San Martín de Mondoñedo son exagonales, en las iglesias astures apenas tienen relieve.

A veces las uvas aparecen como rombos (arco triunfal de Nemiña). Salvo las de lis o las de loto no son frecuentes las flores en nuestro románico, cuando aparecen representando claramente a una flor lo hacen de un modo destacado, no es el caso. Los motivos vegetales de los cimacios más parecen vinculados a la hoja de vid, y en todo caso el follaje en románico siempre es alusión a Cristo, el árbol de la vida. Lo entiendo así en las palmetas; y en las rosáceas incluso se puede apuntar una alusión solar, a la luz, a María.

La famosa puerta sur de Cereixo nos aporta la primera referencia escultórica de la traslación de los restos del apóstol, como ya aparecía narrada en los primitivos manuscritos de la Historia Compostelana. Un motivo iconográfico previamente reflejado en una moneda de Fernando II (1157-1188) de la necrópolis de Adro Vello (O Grove). En su reverso, en una embarcación dotada de mástil, dos discípulos traen la cabeza yacente del decapitado Santiago. 

El románico español solo cuenta con dos capiteles románicos con el tema, en Tudela y Lérida. En Cereixo se esculpió una embarcación de tingladillo, de tablas curvadas en la proa y la popa, sin mástil, sobre un mar de olas onduladas. Además tenemos en el icono la primera referencia a la leyenda de los siete varones apostólicos ordenados por s. Pedro y s. Pablo en Roma y enviados a España. Dos figuras ocupan las claves de las arquivoltas de la portada, un ángel turiferario y un abad-obispo. Ferrín cree que en este caso se representa la escena de la inventio, el descubrimiento del cuerpo del apóstol en Compostela por el obispo Teodomiro, tras el 830, en un alarde estelar. Un tiempo lleno de incidencias astrales, según los anales chinos, con un cometa anunciando en el 837 la muerte del rey Luis el Benigno.

Este tímpano excepcional en el románico gallego oculta otra serie de motivos muy interesantes presentes en la puerta, escasamente tratados más que como formas ornamentales, algo que espero corregir en esta ocasión y por vez primera. Y, por supuesto, unidos al mismo mensaje que el mismo autor nos legó en Moraime. En primer lugar, las columnas se apoyan en basas áticas de plintos circulares, con podios decorados con arcos de medio punto entrelazados (izquierda) y círculos secantes (derecha). El primer motivo lo vemos en el plinto de una basa del presbiterio de Xaviña. El último es característico de este taller activo en la ría de Camariñas, como en una basa y en los cimacios de los capiteles de la puerta meridional de Moraime. 

Los capiteles son vegetales, con dos órdenes de hojas decoradas con incisiones y rebajes, con bolas en los extremos. Unas caras humanas asoman entre el follaje en los ángulos de la cesta. En un capitel de la puerta sur de Moraime varias figuras humanas surgen en los vértices, rodeadas de animales. Los cimacios se decoran con motivos vegetales geometrizados. En el izquierdo vemos palmetas anilladas. Como en los cimacios de de la portada meridional de Moraime, en el cimacio derecho de la puerta  sur del mismo templo y en los del arco triunfal de Ozón. Motivo de gran difusión en el románico gallego, sobre todo por la influencia del taller de Platerías. En el derecho, flores hexapétalas en círculos, a modo de rosetas.

Como ya hemos comentado, los motivos vegetales simbolizan la vid (vino, sangre), que unidas a las bolas (pan) nos invitan al banquete pascual. Un follaje que aprisiona al “hombre verde”, hombre nuevo, un Adán pecador redimido cuando aparece entre zarcillos y exento, como en el tímpano de Santa María de Belante (Lugo).

El tímpano se rodea con dos arquivoltas de medio punto. En la menor aparecen pequeñas flores cuatripétalas, como en la rosca del arco de la otra puerta o la arquivolta  menor de la puerta meridional de Moraime, con rosetas distribuidas del mismo modo.

El arco mayor se cubre con una decoración de circos secantes, al igual que las basas. Motivo presente en los cimacios del lado izquierdo de la puerta sur de Moraime. Ya apuntamos el uso de este tipo de entrelazados en la puerta occidental de Frixe, siendo en ambos casos un aspecto central destacado que corona de forma sugestiva ambas puertas. A paño con el paramento del muro aparece en Cereixo un tornalluvias con decoración de billetes en damero. Forma que vemos en el arco que rodea la doble arquivolta de la puerta occidental de Santa María das Areas de Fisterra. 

Moraime

Los círculos secantes, las pequeñas flores, simbolizan la vid, la sangre de Cristo. Arcos enredados como zarcillos que coronan el mensaje de la puerta y asimismo conforman las bases, “os ciamentos”. Uno de los símbolos menos claros es el ajedrezado que rodea la arquivolta, que vinculo a los dientes de engranaje, ángulos diedros o tacos; por ello a la espiga, el pan eucarístico que  siempre debe estar al lado de la sangre del Mesías, del vino del árbol de la vida. Rodea las arquivoltas de Cambre y Fisterra. 

En todo momento recordando la hermandad de este pórtico de Cereixo con la citada puerta sur de Moraime en donde el mensaje eucarístico es bien claro. Con su original tímpano de la última cena rodeado por un zodiaco semejante al de la abadía piamontesa de la Sacra di San Michele, la que sirvió de inspiración a “El nombre de la rosa”. En el reverso el agnus dei, con el cordero (Dios) entre dos ángeles, como en el bello tímpano de Cambre; y dos palomas picoteando del árbol de la vida, la parra de la sangre de Cristo. 

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//Rafael Lema//

En 2019 el Concello de Vimianzo organizó un meritorio congreso sobre la translatio del pórtico de Cereixo, la escultura más antigua del traslado del cuerpo del apóstol Santiago a Galicia, evento que sirvió para divulgar esta joya artística de la ría. Aunque los ponentes nada nuevo aportaron que no fuese ya analizado por el mejor estudioso del peculiar románico de la comarca, José Ramón Ferrín González (Arquitectura Románica en la Costa da Morte, 1999); fue sin duda un buen inicio para promover (e incorporar) nuevas visiones sobre una era de oro del arte en Nemancos y en Galicia.

 Ya he tratado sobre Cereixo y los templos de la ría en varios artículos y en dos libros editados en castellano e italiano (el Camino Secreto De Santiago, La Vía Pagana A Compostela), pero aún queda mucho por publicar, fruto de trabajos de campo propios o de compañeros apasionados en recuperar la historia del viejo Reino de Galicia. En estas líneas de nuevo seguiré esta estela, atendiendo al interesante arte religioso de la ría en donde vivo, Camariñas.

En otros artículos hice referencia a las collas de artistas que dejaron su impronta en el románico de la ría de Camariñas, en donde además del influjo compostelano destaca precisamente el taller cántabro de la puerta sur de Cereixo, que aporta una suerte de motivos únicos dentro de este estilo en Galicia. Pero ahora quiero remarcar un aspecto, que aunque se suele citar no se aborda con el suficiente rigor: el carácter simbólico del arte románico. 

A uno le causa estupor ver en libros de texto, catálogos y enciclopedias siempre una misma cantinela -que no se puede justificar ni atendiendo a la pereza mental de estos tiempos extraños, con su desidia posmoderna-, la que describe el arte de nuestros templos con una panoplia repetitiva de “motivos decorativos”, sin dar mayor explicación al mensaje de los viejos arxinas o pedreiros que los crearon, con un motivo que no es meramente artístico. La religión no es arte ni artificio.

Por ello cuando en nuestra sed de conocimiento, o simplemente por curiosidad, buscamos en un texto una interpretación o descripción de un pórtico, un capitel, nos quedamos como al principio si encontramos la misma enumeración de motivos: besantes, rombos, dientes de sierra, bolas, volutas, cuerdas, lises, rosáceas. Ya vemos que están ahí, pero no nos explican su significado. ¿Son caprichos del autor, brincadeiras de artista?  ¿Y por qué se repiten en ciertos espacios, en un tiempo común, en tan lejanos lugares? 

Los templos no son obras de arte ni museos, ni recursos turísticos, sino ecclesia, congregaciones de creyentes; “pedra do lar” central de esa casa comunal tribal que es la parroquia, legado de los tiempos suevos. Aunque ahora sirvan también por sus cualidades patrimoniales, fueron levantados como casas de Dios, y siguen siendo hoy templos católicos con la luz prendida en el altar mayor, a donde los fieles acuden para ver a Cristo, María, a los santos y santas de su devoción. Bautizar a sus hijos, enterrar a sus muertos.

Uno de los pocos autores que me acompañan en esta búsqueda  mas allá de la anécdota y el frío enunciado, Ricardo López, en su pionera obra Símbolos (escrita en 1993 no pudo ver la luz en limitada autoedición viguesa hasta 1997) deja bien claro que la arquitectura eclesial está significando a Cristo. El altar, la pila bautismal, los capiteles son casi todos eucarísticos. 

Las iglesias románicas del XII llenan sus puertas, ventanas y cornisas de motivos cristológicos. Sus constructores y “patronus” afirmaban con mensajes la presencia de Cristo dentro de una catequesis para los ojos, un credo en imágenes. Por muy extraños que nos parezcan ciertos motivos, especialmente los geométricos o vegetales, los elementos arquitectónicos y escultóricos de las iglesias medievales considerados solamente decorativos guardan un significado simbólico, son fruto de una intencionalidad, no son meramente ornamentales. 

Y por ello precisan una explicación, más allá de la mera enunciación de que un fuste muestra “motivos geométricos, como líneas en zigzag y cintas entradas que encierran una especie de flores de lis”; o columnas decoradas con “círculos secantes, festones de arquillos de medio punto, entrelazos y rosetas”. Frases y párrafos que machaconamente se repiten una y otra vez dejándonos tan ciegos como al inicio. No podemos obviar estos términos, por ser ya comunes en los estudios estilísticos, pero si aclararlos.

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No, señores, ni Cereixo ni Moraime, ni Leis ni Xaviña se recargan con elementos decorativos ni motivos ornamentales a mayor gloria del emocionado escultor. Todo fue bien colocado y con un fin; el artista conocía los códigos, los significados. Por supuesto, nuestros templos, con ser singulares, permanecen vinculados al arte europeo de su tiempo, llegado por el camino jacobeo. 

Por ello la interpretación que hacemos es válida para todo el románico, los motivos locales cuentan con cientos de casos gemelos en todo el viejo continente. Los artistas del románico beben de lejanas fuentes, es un estilo sincrético que busca ante todo el modelo clásico, la recuperación del ideal romano; pero asimismo desde el norte  y desde el sur perciben influencias de tema, de estilo. 

No solo alimentaron nuestra iconografía los evangelios canónicos sino también los apócrifos, incluso corrientes tan populares como heréticas (gnósticos, priscilianistas, cátaros). Pero, por encima de todo, nuestros templos guardan un mensaje, bien claro para nuestros ancestros en la época de su creación: esta es la casa del Señor, presente en el sacrifico incruento de la santa misa en comunión de carne (pan) y sangre (vino) con su pueblo. La parroquia, a quien Jesús le aseguró que quien coma su cuerpo y beba su sangre tendrá la misma vida divina.

El precioso templo  de Santiago de Cereixo (concello de Vimianzo, arciprestazgo de Nemancos) nos sirve como magnífico ejemplo para mostrar esta nueva visión del románico de la ría de Camariñas. En Cereixo aparece la mano de dos maestros distintos. El primero, vinculado a los talleres de la catedral compostelana, especialmente al de Platerías, había trabajado en Xaviña y Leis a finales del XII. Interviene en la construcción y decoración del ábside, arco triunfal y capiteles. 

El segundo taller de Cereixo levanta la puerta sur (translatio) y la puerta oeste hacia el año 1200. Es el llamado maestro de la puerta sur de san Julián de Moraime. Este taller realiza también la puerta oeste de Santa Leocadia de Frixe y guarda vínculos temáticos con Santa María de Cambre. Un grupo llegado de la Trasmiera cántabra, el más esotérico del románico español, dejando preciosas muestras de su oficio en Santander, Burgos, Palencia. Todos estos templos de nuestra comarca, como el de Cambre y tantos otros de la provincia, apadrinados por las nobles de la casa de Traba, fomentadoras del monacato gallego, al que dieron grandes abadesas. 

En otros artículos he analizado la lectura heterodoxa de nuestro original románico, adentrándome en sus creadores y objetivos, ahora quiero completar el trabajo con otro misterio oculto, u “agochado”. El mensaje de los padrinos, monjes y nobles, bien entendido por los fieles, la comunidad católica que sigue hoy en día haciendo uso de su lugar de devoción, manteniendo la llama del culto parroquial. Una voz de piedra bien clara, aunque velada por la “bajeza de miras” de los nuevos tiempos y sus pandemias mentales.

Los estudiosos se centran en el análisis de los capiteles historiados, que mal llaman “escultura ornamental”; buscando la filiación estilística figurativa, la interpretación del programa iconográfico. Eruditos que solo muestran interés por los relieves de los tímpanos, la presencia de crismones, agnus dei. La descripción de canecillos. Pero obvian el análisis de toda una serie de elementos “geométricos, vegetales” que componen la mayor parte del programa escultórico de nuestras iglesias. También de la orfebrería, piezas de culto, por desgracia en buena parte desaparecidas.

Precisamente cuando reaccione contra el exceso decorativo románico la nueva corriente cisterciense, también presente en la zona (Moraime), será este ultimo grupo “ormanental”, estilizado, el que permanezca. Es suficiente para el iniciado, el que sabe leer el mensaje de la piedra.

Atendiendo al primer maestro, llegado del obradoiro de Platerías, el interior de Cereixo, Xaviña y Leis muestra un esquema de arco triunfal, doblado y sostenido por dos pares de soportes, con columnas entregas para el arco menor y columnillas acodilladas en el mayor. Los capiteles con motivos vegetales de Cereixo repiten temática y factura con los de Ozón, Xaviña, Leis, Santa Mariña do Tosto. Cuerpos de voluminosas hojas con incisiones centrales, en unas con formas ovales como nervios secundarios, otras en volutas de gran vuelo o pomas.

Los canecillos figurados guardan filiación de estilo con los de estos dos últimos templos. Son muchos los motivos de interés del interior del templo, pese a que suele ser descrito tan solo con la fría enumeración técnica de sus variados motivos, todos de clara influencia compostelana. E igual de frío y perplejo se queda el lector. 

Los capiteles del arco fajón tienen gruesos collarinos decorados: el izquierdo con una línea en zigzag, también visible en el contorno de la escocia; el derecho con un sogueado (como en un capitel del arco triunfal de Leis). La parte superior recortada en tacos. El arco triunfal presenta basas con garras o decoración sogueada. Escocia ornada con línea en zigzag y medias bolas (como en Leis). Capiteles con gruesos collarinos, con sogueado el del norte. Cestas con hojas decoradas con pétalos ovales, bolas o volutas. El cimacio izquierdo muestra arquillos de medio punto en relieve. Hasta ahí el inventario de estilo, ahora encendemos la luz sobre la falsa oscuridad medieval.

Ya hice referencia a que estamos ante una iglesia católica, espacio sagrado marcado por la presencia de Cristo. En general los expertos destacan los “motivos vegetales” como un elemento singular “decorativo”. Y yo les niego tales adjetivos, para pasar a hablar del simbolismo de las plantas para el cristiano. 

De dos plantas, la que nos da el fruto de la espiga y la que nos regala en la vendimia las uvas. El artista románico eligió del mundo greco-latino el capitel corintio de espinosas hojas de acanto buscando en su evolución la significación de la vid o el trigo, las plantas eucarísticas. Las hojas de los capiteles interiores sugieren la vid, la planta de las uvas de donde sale la sangre de Cristo, y sus espirales (volutas, caulículos, hélices) son sus zarcillos, sarmientos. Ya aparece el capitel clásico de hojas de acanto como vid en la iglesia mozárabe de San Miguel de Escalada de León, con hasta 16 zarcillos, encima de una moldura sogueada (la espiga). 

En Cereixo las hojas de parra, las volutas, cuerdas o sogas, semiesferas o besantes,  son la vid, la sangre de Cristo. Arquillos y tacos suelen aparecer junto a estos símbolos (arco fajón de Xaviña). El maestro de Platerías hace profusión de estos elementos, destacando sus columnas retorcidas o entorchadas con uvas a modo de pequeñas bolas o flores, coronadas por un precioso crismón. Los dientes de sierra o zigzag y los dobles collarinos son formas de representar la espiga, el pan eucarístico, la carne de Cristo. 

Los mas primitivos dientes de sierra de España figuran en un capitel paleocristiano de la iglesia de San Juan de Panxón (Pontevedra). Herencia que pasa al prerrománico astur, y al románico cántabro que tanto influye en nuestra ria. Otro símbolo del pan es la bola del remate de la hoja que la rodea (vid) en capiteles de Cereixo, Moraime, Xaviña, Leis, Ozón, Santa Mariña, Toba, Redonda. No se nos escapa que llamamos así a nuestro pan tradicional (bola, bolo) y, por su forma, a los cantos rodados (bolos).  

Es el símbolo preferido de los “mestres” románicos para significar a Cristo, aunque lo vemos en los textos con nombres imposibles como: bulbos, pomas, manzanas, esferas. Suelen colocarse siempre alternando con el símbolo de la vida, como en estos capiteles de Cereixo. El pan eucarístico, Cristo. Ya está presente en un capitel del panteón de los reyes galaico-leoneses de San Isidoro de León de 1063. El arte cisterciense y el gótico incorporan la bola a nuestras madonnas, tantas de ellas desaparecidas o cercenadas, como la de Muxía. El cuerpo y la sangre del señor, ¿que otra cosa vamos a encontrar dentro del templo? La iglesia es Cristo.

En el exterior analizaremos las dos portadas, obras de canteros de la Trasmiera cántabra. La puerta occidental tiene dos columnas acodilladas apeadas en basas de perfil ático con garras sobre altos podios, esbeltos fustes monolíticos y capiteles con gruesos collarinos y dos órdenes de hojas anchas pegadas a la cesta, con incisiones y bolas en los extremos. Un tipo de capitel similar a la puerta sur del mismo templo y a la puerta oeste de Frixe. Los cimacios muestran palmetas de bella factura en el lado izquierdo y flores hexapétalas o rosáceas en el derecho. Sobre las impostas se tienden dos arcos de medio punto con pequeñas flores cuatripétalas, como las que veremos en la arquivolta de la otra puerta.

Ya hemos indicado arriba que las hojas representan a la vid (sangre de Cristo), que se une al pan (bolas). Igualmente son símbolos de la vid el sogueado y las pequeñísiñas flores (uvas) de la arquivolta. Las de San Martín de Mondoñedo son exagonales, en las iglesias astures apenas tienen relieve.

A veces las uvas aparecen como rombos (arco triunfal de Nemiña). Salvo las de lis o las de loto no son frecuentes las flores en nuestro románico, cuando aparecen representando claramente a una flor lo hacen de un modo destacado, no es el caso. Los motivos vegetales de los cimacios más parecen vinculados a la hoja de vid, y en todo caso el follaje en románico siempre es alusión a Cristo, el árbol de la vida. Lo entiendo así en las palmetas; y en las rosáceas incluso se puede apuntar una alusión solar, a la luz, a María.

La famosa puerta sur de Cereixo nos aporta la primera referencia escultórica de la traslación de los restos del apóstol, como ya aparecía narrada en los primitivos manuscritos de la Historia Compostelana. Un motivo iconográfico previamente reflejado en una moneda de Fernando II (1157-1188) de la necrópolis de Adro Vello (O Grove). En su reverso, en una embarcación dotada de mástil, dos discípulos traen la cabeza yacente del decapitado Santiago. 

El románico español solo cuenta con dos capiteles románicos con el tema, en Tudela y Lérida. En Cereixo se esculpió una embarcación de tingladillo, de tablas curvadas en la proa y la popa, sin mástil, sobre un mar de olas onduladas. Además tenemos en el icono la primera referencia a la leyenda de los siete varones apostólicos ordenados por s. Pedro y s. Pablo en Roma y enviados a España. Dos figuras ocupan las claves de las arquivoltas de la portada, un ángel turiferario y un abad-obispo. Ferrín cree que en este caso se representa la escena de la inventio, el descubrimiento del cuerpo del apóstol en Compostela por el obispo Teodomiro, tras el 830, en un alarde estelar. Un tiempo lleno de incidencias astrales, según los anales chinos, con un cometa anunciando en el 837 la muerte del rey Luis el Benigno.

Este tímpano excepcional en el románico gallego oculta otra serie de motivos muy interesantes presentes en la puerta, escasamente tratados más que como formas ornamentales, algo que espero corregir en esta ocasión y por vez primera. Y, por supuesto, unidos al mismo mensaje que el mismo autor nos legó en Moraime. En primer lugar, las columnas se apoyan en basas áticas de plintos circulares, con podios decorados con arcos de medio punto entrelazados (izquierda) y círculos secantes (derecha). El primer motivo lo vemos en el plinto de una basa del presbiterio de Xaviña. El último es característico de este taller activo en la ría de Camariñas, como en una basa y en los cimacios de los capiteles de la puerta meridional de Moraime. 

Los capiteles son vegetales, con dos órdenes de hojas decoradas con incisiones y rebajes, con bolas en los extremos. Unas caras humanas asoman entre el follaje en los ángulos de la cesta. En un capitel de la puerta sur de Moraime varias figuras humanas surgen en los vértices, rodeadas de animales. Los cimacios se decoran con motivos vegetales geometrizados. En el izquierdo vemos palmetas anilladas. Como en los cimacios de de la portada meridional de Moraime, en el cimacio derecho de la puerta  sur del mismo templo y en los del arco triunfal de Ozón. Motivo de gran difusión en el románico gallego, sobre todo por la influencia del taller de Platerías. En el derecho, flores hexapétalas en círculos, a modo de rosetas.

Como ya hemos comentado, los motivos vegetales simbolizan la vid (vino, sangre), que unidas a las bolas (pan) nos invitan al banquete pascual. Un follaje que aprisiona al “hombre verde”, hombre nuevo, un Adán pecador redimido cuando aparece entre zarcillos y exento, como en el tímpano de Santa María de Belante (Lugo).

El tímpano se rodea con dos arquivoltas de medio punto. En la menor aparecen pequeñas flores cuatripétalas, como en la rosca del arco de la otra puerta o la arquivolta  menor de la puerta meridional de Moraime, con rosetas distribuidas del mismo modo.

El arco mayor se cubre con una decoración de circos secantes, al igual que las basas. Motivo presente en los cimacios del lado izquierdo de la puerta sur de Moraime. Ya apuntamos el uso de este tipo de entrelazados en la puerta occidental de Frixe, siendo en ambos casos un aspecto central destacado que corona de forma sugestiva ambas puertas. A paño con el paramento del muro aparece en Cereixo un tornalluvias con decoración de billetes en damero. Forma que vemos en el arco que rodea la doble arquivolta de la puerta occidental de Santa María das Areas de Fisterra. 

Moraime

Los círculos secantes, las pequeñas flores, simbolizan la vid, la sangre de Cristo. Arcos enredados como zarcillos que coronan el mensaje de la puerta y asimismo conforman las bases, “os ciamentos”. Uno de los símbolos menos claros es el ajedrezado que rodea la arquivolta, que vinculo a los dientes de engranaje, ángulos diedros o tacos; por ello a la espiga, el pan eucarístico que  siempre debe estar al lado de la sangre del Mesías, del vino del árbol de la vida. Rodea las arquivoltas de Cambre y Fisterra. 

En todo momento recordando la hermandad de este pórtico de Cereixo con la citada puerta sur de Moraime en donde el mensaje eucarístico es bien claro. Con su original tímpano de la última cena rodeado por un zodiaco semejante al de la abadía piamontesa de la Sacra di San Michele, la que sirvió de inspiración a “El nombre de la rosa”. En el reverso el agnus dei, con el cordero (Dios) entre dos ángeles, como en el bello tímpano de Cambre; y dos palomas picoteando del árbol de la vida, la parra de la sangre de Cristo. 

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