Los últimos veleros de Álvaro Cunqueiro

Álvaro Cunqueiro en 1953 inició una campaña en la prensa gallega para salvar a uno de los dos últimos veleros de cabotaje de Corme, el San Antonio y Ánimas. Rafael Lema

En un artículo publicado en El Correo Gallego el 28 de abril de 1953 se entristecía el insigne autor porque sólo quedaba uno de los famosos “cormeños”, los veleros de Corme famosos en todo el Cantábrico. Era el Perla del Río. Ese año el escritor daba la triste noticia de que el otro velero cormeño que le acompañaba en el canto del cisne del cabotaje, el San Antonio y Ánimas, se había convertido en un barco a motor.

El autor recuerda que casi todos los veleros que, pasada la primavera, se ven entonces por la costa asturiana son de Noia y Corme. Pero los asturianos a todos llaman cormeños. Como las golondrinas, sus velas les anuncian la primavera. En 1953 el escritor mira el mar desde el faro de Tapia, y lamenta que los veleros que pasan aquellos temperamentales mares cantábricos da la Bay of Biscay son ahora sobre todo de Noia, y sólo dos de la villa del almirante Mourelle. Pero le han avisado con galaica pluma que uno de los dos últimos cormeños, el San Antonio y Ánimas, se ha convertido en barco a motor: “cartas recibo de que le han tirado el botalón y el mesana y le han puesto, a navío de tan católico y galaico nombre, un poderoso motor germano y protestante”. El autor siente que debe hacer algo, pero el aviso le llega tarde. “Cartas recibo pidiéndome que protestase de tal desaguisado, que defienda los árboles del San Antonio y Ánimas como cosa propia, y que excite a las gentes de Corme a que no hieran su prestigio marinero”. 

El autor recuerda el velero estibando en Avilés, en donde le contaron que era barco centenario, con 98 años de mar y viento, “y cuando me contaron su heroica edad, a los labios me vinieron palabras de oración. No, no es lícito dañar a quien tanta peregrinación cumplió”. Pero el vate mindoniense reclama para él la paz de los héroes portadores de los penates divinos: “resucitarás San Antonio y Ánimas, con el ánimo marinero y todos los palos y velas que tuviste, y los navegantes que están en el Paraíso, viendo como en el verso del Dante tremolar la marina, al verte pasar dirán: ¡ya vienen los cormeños!”.

Son deseos de poeta con fe, pero el articulista siente que se fue el velero y con el se va yendo otro tiempo, otro mundo de mareantes de compás y guieira. “Así recé por el pero me temo no haber sido escuchado”.

Ciertamente el vindicado velero dejó de serlo ese año. Y el Perla del Río enseguida le acompañó. En la única foto que conservamos de éste a mediados de la misma década ya tiene motor. Si bien son los últimos cormeños, el último velero de cabotaje de altura de España será aún de la Costa da Morte. Nos queda ese honor, sobre el alto pendón noiés citado por don Álvaro.

El Puente del Puerto, un hermoso pailebot de tres palos aparejado de goleta, construido en Ponte do Porto en 1918 con la leña caída del bosque noble de la condesa de las torres de Cereixo, con una eslora de 28,46 metros y una manga de 7,38. Estará en activo con sus tres altas velas preñadas de viento hasta 1959, patroneado por el camariñano Esteban Ramos. En su último año también le instalan un motor, pero, descompensado y torpe, sólo hace una temporada, para terminar como pantalán en la ria del Ulla. Triste fin de nuestros gloriosos veleros, otrora rumbosos hijos del alado Mannanam de los celtas en los puertos cántabros, en Levante y Andalucia.

No faltaba a la razón el impagable maestro Cunqueiro al dar cita de la nombradía de Corme entre los patrones de las viejas navegaciones. En el año 1885 Corme contaba con unos 34 buques de cabotaje y 2 de carrera a América. En un documento emitido nueve años después, el día 23 de enero de 1894 dirigido al Capitán General del Departamento de Ferrol solicitando el nombramiento de un ayudante de Cabo de Mar para la ría de Corme y Lage don Eusebio Decoroso Centeno Pastoriza podemos leer que en ese tiempo contaba la ría con 38 buques de cabotaje.

Veinticinco años después, en el 1910, Corme aportaba 219 barcos de cabotaje. En la época neutral de la Primera Guerra Mundial y en los años veinte siguió la bonanza, pero nuestra postguerra y los aires de la modernidad fueron desbaratando la flota. Muchos patrones se embarcaron en la mercante, mejoraron las carreteras y el cabotaje entre puertos fue desapareciendo.

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