Segunda Parte//El padre de James Bond, Ian Fleming, fue un destacado espía en la Estoril de los años cuarenta. Su labor principal apuntaba a Galicia, contrarrestar la “araña”, la red de apoyo a submarinos nazis, el tráfico de wolfram. Pero también las actividades de los maquis y los conspiradores contra el régimen de Franco.
Rafael Lema Mouzo
No podemos olvidar una tercera pata en esta “estrepia” lusa. La ya citada presencia de la corte de Don Juan de Borbón en Estoril, su consejo privado. El conde de Barcelona conspiró para acabar con el régimen de Franco desde el fin de la guerra civil, y esperaba la derrota el eje para la posterior caída de Franco y la restauración monárquica. Para ello colaboró intensamente con los ingleses, sus grandes protectores junto al presidente americano Roosevelt. Sobre todo por su señora, muy liberal y muy “amiga” de exiliados republicanos españoles.
Don Juan era primo de la reina de Inglaterra y hasta que su tío Luis Mountbatten no lo convenció en las Navidades de 1947 de que los aliados no harían nada contra Franco, apoyó los planes para la invasión aliada de España. Los hombres fuertes de don Juan como Pedro Sáinz Rodríguez mantuvieron contacto permanente con la red de Estoril y con Arthur Yencken, el jefe del espionaje británico en la embajada inglesa de Samuel Hoare en Madrid. Sainz se entrevista desde 1942 con Hoare y con el agregado naval Allan Hillgard, para el que trabajaba la red de nuestro amigo OO7.
Pedro Saínz Rodríguez
Pero sobre todo traba estrecho vínculo con Yencken, que murió en un extraño accidente en 1944 en la sierra de Artigós, en Tarragona. Hoare pactó con Sáinz que si España entraba en guerra o permitía la operación Félix de Hitler para tomar Gibraltar, la Royal Navy ocuparía las Canarias para establecer en ellas un gobierno de resistencia con don Juan como rey y Sáinz de presidente del ejecutivo. El capitán general de Canarias, García Hernández está en el complot.
Don Juan
La España franquista no era un búnker sino un conglomerado de familias e intereses diversos. Los falangistas perderían la batalla a la caída del Eje. Deportado por Franco, Sáinz consiguió huir a Lisboa en 1942. La red de espionaje luso tiene hilo directo con Vigo, otro punto caliente, lleno de nazis. Hoare se desplaza en varias ocasiones a Lisboa a verse con Sáinz y la corte de los rabadanes española, como la llama Franco. Estos encuentros son conocidos por el embajador inglés en Portugal, Ronald Campbell. Otro enlace con el grupo español en la embajada es el intrigante diplomático Collin Mclaurin. Al estallar la guerra mundial, las cosas están claras: Franco es germanófilo y apoya al Eje sin fisuras. Desea entrar en la guerra y plantea sus sueños territoriales; pero Hitler tiene otros planes, quiere un imperio colonial y la colaboración del gobierno francés de Vichy. Y eso que Hitler proyecta la ocupación de España, el plan Isabella. Don Juan es aliadófilo. Pero la red inglesa y americana lanza su red en la España autárquica y capta a muchos monárquicos, entre ellos destacados militares del entorno cercano a Franco: Kindelán, Aranda, García Hernández, Vigón, García Valiño, Fanjul, Joaniquet, Orgaz, Saliquet, Solchaga, Varela, Ponte.
Para que España se mantenga neutral, los aliados intentan dividir al gobierno, a los diplomáticos, y a los mandos del ejército franquista. Pedro Sáinz revuelve la Universidad contra el caudillo. Estados Unidos en 1941 envía 13 millones de dolares a su red de espías y colaboradores para que compren voluntades en los altos cargos españoles y para apoyar a su quinta columna. Son distribuidos por el general Aranda. El soborno empieza a dar frutos. Luis Carrero Blanco, monárquico y probritánico, el hombre fuerte del Régimen hasta su muerte, es nombrado subsecretario de la Presidencia.
Samuel Hoare
Hoare dice que la maquinaria gubernamental española está controlada por los alemanes que imponen su censura a la prensa. El desembarco de los aliados en Italia en julio de 1943 derivará en más conspiradores, en sublevaciones descubiertas por Franco y destituciones. Treinta procuradores en Cortes piden la restauración monárquica cuando la caída de Hitler está cantada. El general los persigue y destituye a todos. Deja claro que solo se irá del Pardo con los pies por delante. Una posible invasión de España sería contestada con la defensa por las armas de la integridad nacional. España estaba movilizada, en las costas gallegas se levantaban campamentos militares en numerosos pueblos (Ponte do Porto, Baio, ría de Noia, Arousa).
Se amenazó desde 1942 por la parte aliada con bombardear puertos gallegos y minar las rías por la cobertura a los submarinos. Hasta 1948 España está en alerta. Muchos ex combatientes de la División Azul seguirán incorporados como reserva a estos campamentos de la costa. La Guardia Civil combatirá dos décadas contra los maquis en una guerra cierta en la que los agentes son usados como cuerpo militar de choque, para lo que no están preparados, porque para el régimen los guerrilleros no son soldados sino bandoleros. Con cientos de bajas de agentes en durísimas condiciones, silenciadas. Los montes gallegos y leoneses no están exentos de esta lucha, de los “foucellas”.
Los aliados estudian el desembarco en España para atacar al Eje, antes de la acción de Normandía, es el plan Imoffproyectado por Eisenhower. Incluso las costas gallegas entran dentro de la operación, la Royal Flush. Pero Stalin por vez primera salva a Franco, indirectamente. Se opone a que los aliados ocupen España porque tiene otros planes, no quiere que la Península caiga en la órbita capitalista. Ingleses y americanos quieren entrar en Francia desde España en 1944, a Stalin no le parece bien. Se había opuesto antes en la Conferencia de Teherán (septiembre a diciembre de 1943), en donde no apoya la monarquía en España y sí al gobierno de la República constituido en Bolivia. Esta tozudez hace que los aliados aparquen la decisión para otra cita. Al final de la guerra, por tercera vez, el sanguinario dictador comunista se aliará sin querer con su odiado caudillo fascista.
Por supuesto la CIA también jugó un destacado papel en este contubernio. Allen W. Dulles, director de la agencia norteamericana de contraespionaje en Europa con sede en Suiza y posteriormente director de la CIA estuvo siempre muy próximo a don Juan, que asimismo residió en Lausana antes de fijar su corte en Estoril, bien provista de gin londinense. Curiosamente los dos ambientes en donde nació 007. Le avisó del desembarco aliado en África en 1942 y de la proyectada invasión aliada de España en 1944. Convenció a un muy mermado Roosevelt del plan para derribar a Franco consistente en el apoyo al maquis en el norte, intervención aliada para pacificar la situación, derrocamiento del caudillo y proclamación de la monarquía.
Stalin aceptó el plan en Yalta (febrero, 1945), tratando de engañar a los aliados. Quería que se instalase la monarquía para que el Frente Popular obtuviese la victoria en las primeras elecciones democráticas y llevara España a la órbita soviética, como luego pasó en varios países del Este, que exiliaron a sus reyes. El gobierno republicano en el exilio apoya la invasión y pacta con los monárquicos por la solución de la Restauración, con elecciones libres. Muerto Roosevelt, el nuevo presidente americano Truman se dio cuenta de los planes de Stalin y en medio de las tensiones de la guerra fría y la ocupación comunista de varios países del este optó por el apoyo a Franco como mal menor ante una posible España stalinista y su efecto reflejo en Hispanoamérica. Stalin es el dueño en Rumanía, Bulgaria, Checoslovaquia. Bloquea Berlín. Con ello robustece a Franco, que siempre trató de no enemistarse con EEUU e Inglaterra. Hoare hace varias vistas a Galicia, el 19 de agosto de 1943 se entrevista con Franco en el Pazo de Meirás.
En septiembre de 1945 Pedro Sáinz escribe a don Juan: “asegúrese V.M. pero este cabrón de Truman ha dejado a V.M. con su regio culo al aire”. En 1948 Londres y Washington olvidan la División Azul y la alianza con el Eje y apuestan por Franco sin discusión, por su importancia estratégica en la guerra fría. Y Franco ganará su partida particular con don Juan, destinado a seguir con su gin y bacalhau ao lagareiro en el Albatroz. No será rey, lo será su hijo Juan Carlos, que tendrá que educarse en España bajo la sombra del caudillo. Tendrá la corona cuando la providencia ordene y el general deje de existir. La única opción de la corte de los rabadanes Estoril está en una enfermedad o accidente del caudillo. Y de hecho sufrirá conspiraciones y tendrá varios “accidentes” que son atentados reales. Como relata Luis María Ansón en su obra Don Juan en la Nochebuena de 1961 a Franco le explotó la escopeta. Camilo Alonso Vega afirmó de forma inequívoca a otros miembros de gobierno que había sido un atentado. La muerte del Jefe del Estado ese día convertiría a don Juan en rey, ya que el ministro del ejército Barroso, el capitán general de Madrid (Martín Alonso), y el de Barcelona (Rodrigo) le eran favorables. En 1969 el príncipe don Juan Carlos acepta la sucesión en la Jefatura del Estado y empieza el camino a la transición. La partida de truco entre Franco y don Juan ha terminado.





