Cartas de Lejos XIII
Por transgresión entendemos actos que traspasan el límite de las normas establecidas. Su resultado es realizar un acto “anormal”, contrario u opuesto ya sea a la moral, la estética, la política, la religión, la ética, etc. Tal comportamiento es sancionado por la sociedad en sus respectivas áreas, y en ocasiones también puede ser delictivo o ilegal.
En toda sociedad existe una cultura hegemónica, y en el tema que nos ocupa, un poder político que determina quién manda y obedece, qué es público y privado y quién es amigo y enemigo; en definitiva, establece lo que está permitido y prohibido por el poder, lo aceptable y lo inadmisible. Por ello, en ocasiones, el término “transgresión” tiene connotaciones positivas y, en otras, negativas. A veces son chiquilladas, en otras crean graves crisis sociales. Negar la ley, incumplir la ley, se debe considerar una acción negativa, destructiva, contraria al interés general, al interés de la Patria.
Evidentemente, no es lo mismo manifestarse por una subida de impuestos que asesinar a una persona por ojerizas personales. No es lo mismo que un directivo de un banco estafe a sus clientes que unos niños hagan una pintada en la puerta del colegio. No es lo mismo que un adolescente transgreda las normas de la estética a que prenda fuego a la delegación de hacienda con el delegado dentro. Por ello, no todas las transgresiones tienen la misma gravedad o importancia.
Todo poder político carga a unos ciudadanos con unas obligaciones o intereses económicos en favor de otros grupos, y todo ello se realiza a través de normas jurídicas que reglamentan todo el procedimiento. Unas cargas son aceptables y aceptadas, como pagar las pensiones a los ancianos o las medicinas; pero esas mismas acciones o cargas impuestas son menos aceptables si se comprueba que roban el dinero.
Tenemos los conceptos de pecado, culpa, redención; ley divina, ley natural; lo que es justo por naturaleza y lo que es justo por convención; la ley positiva y la costumbre.
Para Hobbes, el “hombre es lobo del hombre” y, en su opinión, ello es irreversible, no existe posibilidad de cambio, transformación. Para Hobbes, el “hombre es lobo del hombre” siempre y para siempre, por los siglos de los siglos, por mucho teatro que se fomente. A los transgresores que piensan como el filósofo, no les gustaría el método que Hobbes defendía para perseguir la transgresión, y de ello hablaremos en breve. Hay más autores que estudian la cuestión, desde Marx y su visión del hijo del dios Plutón, el dinero y la Plutocracia, o también tenemos a Freud, que nos habla de la sexualidad, la muerte, la salud mental.
Como no estamos estudiando la Muerte, vamos a la cuestión por la que os contesto. ¿Podemos considerar que los transgresores de las normas políticas en nuestra Patria son iguales que los de otras naciones? Transgreden por avaricia, estatus y hábito. La mayoría, el mayor número, lo hacen por su pobreza relativa y la rentabilidad rápida que obtienen.
Otros no necesitan robar ni apropiarse del dinero ajeno, pero también lo hacen para alcanzar el supuesto estatus y la riqueza que ellos consideran que alcanzan.
En China, utilizando el método Hobbes, acaban de condenar a muerte por fusilamiento a dos ministros. ¿Se lo imaginan? Aunque hay muchos chinos, el número de ministros es semejante al de todos los estados del mundo. En eso no cambian. Parece ser que los ministros se habían apropiado de riqueza, había corrupción que daba lugar a la entrada del enemigo en la seguridad del estado chino. Está claro que el estado chino no permite la existencia ni de lobos, lobatos, zorros ni zorras. Hobbes, que no era chino, estará satisfecho aunque sean los chinos los únicos que aplican su método.
Lo que es interesante es la inteligente estrategia a la que asistimos de fomento de la transgresión. Así agentes económicos, políticos, sociales, morales y culturales, permiten la transgresión, fomentan la transgresión de los pequeñitos para con ello legitimar su inmensa transgresión. El fomentar y permitirla crea un doble ambiente: el de permisividad y el de alianza entre los transgresores, donde surgen lazos de camaradería. Ejemplo es una banda callejera, una banda organizada, una secta, o los ministros chinos y sus compinches.
Dicen los psicólogos que la transgresión en todos los ámbitos, de no haber castigo, crea una sensación de alegría, de euforia, y siempre de impunidad. Es la sensación que tienen los niños cuando hacen chiquilladas, los adolescentes cuando hacen sus aventuras. El sistema nervioso crea felicidad, placer. Incluso hay personas que se pueden volver irremisiblemente transgresoras por esa circunstancia.
Los Transgresores diminutos son felices con sus vicios, fomentados y alentados por los superiores jerárquicos, y ello es todo muy viejo y muy obvio. Los superiores la fomentan, y dejan a los pequeños que sean así por tres motivos: Los pequeños serán fanáticos defensores de los superiores que les permiten transgredir. Y los superiores al conocer sus transgresiones los pueden castigar denunciando ante la sociedad o ante la justicia sus fechorías, con lo cual los pequeños quedan atrapados en la trampa. Y la tercera es psicológica, ya que el transgresor sufre cuando le expulsan del sindicato de trasgresores.
En la sociedad de clases del siglo XXI, turbo-capitalista, liberal-woque, la sustracción de recursos va acorde al nivel o proporción de la pobreza. A los inferiores les resulta suficiente transgredir en cuestiones no económicas o de poca monta. Lo normal. Si vamos subiendo por las diferentes clases sociales la sustracción de los recursos públicos se va incrementando. Lo que es óptimo en un escalón es una pequeñez en el escalón siguiente y así sucesivamente. Existe un anhelo común en escalar en la escala de transgresores para trasgredir más y mejor. Una maravilla!!!
La cuestión a la que vamos asistir es la siguiente: al estar implantada en ciertos ámbitos como lo normal la transgresión y lo anormal es no transgredir, ¿en qué grado la reacción para restablecer la normalidad conllevará el cambio de régimen o sistema político?

