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Santa Comba
sábado, febrero 17, 2024

Historias del abuelo


Y cuando se murió el dictador, nos dijeron que éramos libres. Que teníamos derechos y libertades. Nos dijeron que se había terminado la dictadura, que a partir de ese momento la Soberanía residía en el Pueblo. Se reconocieron derechos en una Constitución.

Ya podíamos manifestarnos, los trabajadores tenían derecho a la huelga. Había libertad de expresión, e incluso decían ¡de pensamiento, como si antes no pensáramos! También nos prometieron que el gobierno sería el representante del Pueblo. Que votando libremente nosotros poníamos a gobernantes que defenderían el interés público. Y lo creíamos, estábamos contentos. Nos dijeron que éramos una Democracia, que ya no había caciques, ni ladrones, ni abusos de poder, ni inútiles en puestos de responsabilidad, que todo seria claro y no habría nada oculto para el Pueblo.


Nos dijeron que el Estado velaría por nuestro bienestar, que la educación, la sanidad, la Justicia, los servicios públicos seria los necesarios para el Pueblo. También nos dijeron que al ser europeos ya podíamos estar en Europa, o que al estar en Europa ya éramos europeos; ya no lo recuerdo bien, pasaron muchos años y nos dijeron tantas cosas…n
Y después empezaron a gobernar: votábamos con ilusión, ganas, y alegraría. Y después nunca nos hicieron ni puto caso. Los trabajadores se ponían en huelga y les decían que ya ganaban bastante. Nos manifestábamos pero no valía de nada, acabábamos en un bar. Hacíamos huelgas y no nos escuchaban. Hicimos muchas huelgas generales y ninguna sirvió para nada: ellos hacían lo que quería.


Empezamos a opinar y nunca escuchaban nuestras opiniones. El pueblo hablaba y ellos sonreían burlonamente. Hacían lo que querían y sin responder ante nadie. Votábamos pero no valía para nada. Cambiamos el voto y las cosas eran las mismas.


Empezamos a darnos cuenta de que nos mentían. De que manifestarnos no valía para nada. Que nuestra opinión les importa una mierda; nunca consultaban al pueblo. Ellos hacían y deshacían en sus despachos, y a veces, en aquel parlamento se insultaban y se reían; un día uno llevó una fotocopiadora, otro llevó un bebe; la mayoría se llevaban dinero, mucho dinero y nunca pasaba nada.


Y un día los Letrados de la Administración de Justicia se pusieron en Huelga. A la Ministra le importó un rábano. Y se paralizo la Justicia. Sólo discutían de la dictadura, de dictador, algo de sexo, de animales, y de quien era más ocurrente, locuaz y deslenguado.
Y la justicia se paralizó.

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