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martes, octubre 4, 2022

Las banderas escondidas del Partido Popular

Durante la pasada campaña electoral decía Mariano Rajoy que en cada aldea de España había una persona con la bandera del Partido Popular, dispuesta a defender los principios del partido. Hace unos días, en una entrevista que le hicimos en Adiante Galicia comentaba Diego Calvo que en el caso de A Coruña existía una maquinaria de 30.000 militantes que sí se activa es difícilmente vencible en las urnas.

Cuando se pierden votos en cantidades industriales, se esfuman alcaldías y hay dificultades para contar con apoderados, interventores y aforo en los mítines, hay un grave problema. Cuando hay comités locales que llevan años sin reunirse, y muchos de esos hombres y mujeres a los que aludía Rajoy han escondido sus banderas en los armarios aunque posiblemente las conserven en su corazón, la cosa es seria.

No sé si a las altas esferas del partido llega este rumor incesante y repetitivo que los demás escuchamos entre dirigentes, militantes y simpatizantes de toda Galicia. Es posible que sí. Falta ilusión en las bases del partido hegemónico en esta tierra.Parece que los aspirantes del PP en las distintas provincias han dado con la fórmula o quizás como se dice coloquialmente se han caído de la burra. O eso dicen. Escuchas hablar a Alfonso Rueda, Xosé Manuel Baltar, Elena Candia, Raquel Arias, Diego Calvo o a Javier Escribano, y todos apuntan en direcciones similares. Hay que aumentar el contacto con los ciudadanos y dar mayor protagonismo a la militancia.Justo.

El problema de comunicación que detectó Alberto Núñez Feijóo hace años no se soluciona con copiosas subvenciones a los grandes medios de comunicación mientras se sigue sacando un insuficiente en la gestión de las redes sociales. El problema de falta de ilusión de la militancia no se arregla con reflexiones de cara a la galería, documentos internos o reuniones en donde la crítica se queda en la puerta de entrada.

Hay que provocar la tormenta de ideas y la crítica sincera. Porque a los militantes de a pie no les gusta enfrentarse el jefe de turno por distintos motivos. Pero es el político (que por cierto está en la actividad con carácter voluntario) el que tiene que ir en búsqueda de esa reflexión directa.

Los dirigentes del PP de Galicia deben darse cuenta que la derrota es culpa del entrenador y de los jugadores, no del público y con diálogo y esfuerzo conseguir que «las banderas escondidas del Partido Popular» vuelvan a ondear orgullosas. Si quieren claro, sino que dejen paso a otros dirigentes u a otras organizaciones.

Después de reiterados avisos electorales, se avecina una campaña electoral para las elecciones autonómicas y a lo mejor otra anterior para las generales. Los congresos provinciales serán el momento que necesita el Partido Popular para que la maquinaria funcione a toda marcha o para que el motor acabe de griparse.

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