Delalma y «Santa Compaña»: Más que un doble disco, una experiencia musical inolvidable

DELALMA «SANTA COMPAÑA» – MALDITO RECORDS (2026)

Si hay alguien que vierte todo su alma en cualquier proyecto al que se enfrenta, ese sin duda es Manuel Seoane. La vida profesional del gallego de adopción ha sido convulsa en los últimos años, de nada sirve negar la evidencia. Seoane lo apostó todo a una sola carta, volcando toda su creatividad artística al servicio de una única aventura musical, su proyecto con mayúsculas, DELALMA. Manuel lo sacrificó todo para crecer junto a su gran desafío profesional. Cuando parecía que todo iba viento en popa a toda vela, con la brisa a su favor, llegó la marejada, la agitación y el oleaje lo echaron todo a perder… o eso parecía…

No hay mal que cien años dure y a veces es necesario tocar fondo para salir a flote con mayor vitalidad que nunca. Eso es sencillamente lo que ha ocurrido. Manu lo pasó mal, todo se tiñó de negro cuando menos lo esperaba, fueron meses despiadados, pero lo que no te mata, te acaba haciendo más fuerte. Mil ideas, mil esbozos, mil tácticas artísticas pasaron por su cabeza, mil pensamientos creativos que el pasado mes de febrero se materializaron en lo que significa la nueva entrega del proyecto, una especie de DELALMA renacidos, una nueva encarnación, con la misma profundidad, con el mismo espíritu, con las mismas entrañas, con el mismo corazón, pero con distinta piel…

La magia de Manuel Seoane

Su jugada maestra, Lázaro y su tormento eterno, su condena perpetua a través de sus llantos emocionales y su delirio anímico, tratando de purgar sus penas, negociando con el mismo Dios para ver la luz al otro lado, para despojarse de sus lastres infinitos, de sus rémoras vitales, pero ahora acompañado, arropado y abrigado por nuevos compañeros de viaje, su némesis, su escudero eterno, su lado oscuro, el Mirlo, su gran amada, su agua y su sed, Casilda, su eslabón y su agarre a la vida, su amigo de siempre, Justo, el espejo en el que siempre quiso mirarse, su padre, sus sombras, sus piedras en el camino, Edgar y el Padre Tobías…

Seoane lo tuvo claro desde el principio. El proyecto, la historia, la narración, la dinámica de la obra… todo demandaba desde el inicio ese tratamiento de Ópera Rock que al final se le ha dado, DELALMA siempre ha sido concebido para brillar en este formato.

Este nuevo trabajo, segundo del proyecto DELALMA, no tiene título explícito por petición expresa del propio Seoane, cada seguidor lo hará suyo como cada uno considere, de hecho fue Maldito Records quien acabó identificando cada parte como «Santa» y «Compaña», títulos únicamente definidos en los lomos de las ediciones físicas, por contra las portadas se presentan limpias y diáfanas, simplemente DELALMA, nada más.

Dos personajes se presentan como protagonistas en esta nueva entrega, dos identidades recayendo sobre el mismo ser, el bien y el mal, la luz y la oscuridad, el cielo y el infierno, el perdón y la culpa, Lázaro, Ronnie Romero, jugada maestra, y el Mirlo, José Andrëa, estrategia perfecta. Entre ambos se reparten el grueso de la obra. Ronnie brillando al nivel que nos tiene acostumbrados, uno de los mejores vocalistas del Heavy Metal europeo, santo y seña de la escena, referencia ineludible a los micros, habiendo trabajado con lo más granado del panorama internacional, ahora con el aliciente de escucharlo cantar en castellano, y Jose mostrando su carisma intacto, dando lo mejor de sí, por momentos recordando a aquel vocalista que maravilló a la escena hace 20 años, Lázaro y el Mirlo, el eje central de la obra, el sentido absoluto del proyecto.

Este segundo capítulo continúa la historia iniciada en el álbum debut, Lázaro, una vez fallecido, encarcelado en el túnel que conecta el mundo de los vivos con el más allá, el limbo perdido en medio de ninguna parte, un viaje espiritual infinito, el purgatorio de almas, el juicio eterno entre el bien y el mal, Lázaro y su némesis, el Mirlo, rindiendo cuentas, purgando pecados, redimiendo conductas…

La obra, repito, se estructura en dos partes, bautizadas, insisto, por la compañía como «Santa» y «Compaña», ambas respaldadas por la misma portada, pero con distintos colores, la legendaria procesión de almas en pena, vestida con sus túnicas y portando sus velas, todo ello bajo el amparo del vuelo de los mirlos y la eterna presencia del cruceiro gallego dándole contexto y sentido a todo el entramado artístico.

Las canciones de «Compaña»

La primera parte se abre con «Compaña», para mí el mejor tema de toda la obra, un corte ciclópeo, sólido y tremendamente identitario del sonido DELALMA. Lázaro pide clemencia obteniendo la negativa de Dios. Ronnie lo borda en toda su interpretación, sereno y dramático en las estrofas, y absolutamente delicioso en todos los estribillos, una absoluta barbaridad. El tema se construye alrededor de un riff de piano que es una auténtica maravilla, jugando con las intensidades y las dinámicas a su antojo, generando una especie de obstinato sobre el que se erige toda la canción, inteligentemente acicalado con toneladas de arreglos orquestales elegantísimos. Inmejorable para comenzar, épico, agónico y denso a partes iguales. El guiño a la melodía de «El Mirlo» en su solo de guitarra vuelve a ser una jugada maestra, mecanismo perfecto para dotar de sensación de continuidad a la obra.

«Uno a Uno» es la siniestra recepción de Edgar el Posadero, pasando lista, seleccionando a los condenados al dolor eterno, un tema cantado íntegramente por Carlos Escobedo (Sôber), un tema levantado sobre el prisma del Power Metal, con una línea melódica principal desarrollada a base de un riff denso y pegajoso, otra vez con una dinámica imantada, con el bueno de Escobedo especialmente exigido tras el micro, más afilado que de costumbre, de nuevo con el piano dibujando figuras armonizadas con la melodía principal, destacando sobre manera una especie de outro final más agresivo abrazado de pleno al riff inicial.

«Voy Muriendo» es otro de mis favoritos, idiosincrasia y personalidad DELALMA, ni más ni menos, complejidad al servicio de la melodía. Riff tortuoso, cadencias irregulares, versatilidad melódica, elegancia sobrehumana y un estribillo absolutamente espectacular, de lo mejor de toda la carrera del proyecto, todo ello con el broche de oro de la interpretación de Romero a las voces, poniendo la piel de gallina, afinación exquisita, interpretación soberbia, modulación equilibrada… Lázaro hablándole de tú a tú a su Destino, rindiendo cuentas, frente a frente a su desenlace final, con el colofón de un solo de guitarra marca de la casa, repleto de melodía y técnica, con el sello personal de quien lo firma, trinos, tremolo picking, glissando…

«Néboa» supone la primera aparición del Mirlo, interpretado, cómo no, por el mito José Andrëa, una canción diferente, un contraste inteligente entre una instrumentación y unas dinámicas vívidas y enérgicas, con la batería marcando un ritmo marcial inequívoco, y una interpretación vocal desangrada, agónica, desquiciante… Cicatrices imborrables de una voz interior que te noquea, la pérdida absoluta de conciencia, el caldo de cultivo perfecto para que el Mirlo campe a sus anchas.

«He Vuelto a Verte» es una especie de medio tiempo angosto y profundo a la vez, un grito desesperado y agónico del Mirlo mostrando toda su dependencia del amor más visceral, la primera conexión íntima y personal entre la némesis de Lázaro y su gran pasión, Casilda, en este caso interpretada por la gran Patricia Tapia (KHY, Nexx, ex-Mägo de Oz), como siempre perfecta en su interpretación.

«Litio» es puro magnetismo, conexión directa con la paz interior del protagonista, eso sí, una calma fugaz, huidiza, efímera, sin recorrido, pero sanadora y cicatrizante, su casi Dios, pero de trayecto corto, hasta la siguiente… «Litio» es en sí todo un estribillo, melodía en el sentido más amplio de la palabra, la búsqueda absoluta del faro de la vitalidad, a lo que sin duda colabora todo el trabajo de sintetizadores, arropando una melodía principal que vuelve a ser otro órdago a la grande. Romero, Lázaro, lo vuelve a bordar, ni un pero, otra vez los pelos como escarpias…

La primera parte encara su recta final con «Sólo Entonces», otro de los momentos álgidos de la obra, otra vez cimentado sobre un riff y una dinámica rampantes, regalándonos parte de las mejores guitarras del plástico, sin descanso, magnetismo puro y duro, algodón de azúcar, otra vez con una línea vocal inmensa, en este caso compartida por Escobedo, Romero y el propio Andrëa, coloreando otro estribillo absolutamente vencedor.

«Delalma a Través» vuelve a tirar de Power Metal efectivo y colorista, incendiario y melódico, muy melódico. Lázaro busca cobijo en su gran amigo vital, Justo, Tete Novoa (Saratoga). Quién no hizo alguna vez, por amor o por temor, de su luna el sol, quien a mi lado va, se aparece y se vuelve a ir, pretendiéndome, la vida se me va… Rotundo, incontestable… Porque el tiempo cura el alma y es delalma a través… Semicorcheas a todo trapo, doble bombo al galope, dinámicas incendiarias, palm mute por doquier y dos vocalistas de primerísimo nivel, Ronnie y Tete, haciendo virguerías… Recuerdo que al nacer alguien puso en mí su fe, no correspondí…

Las canciones de «Santa»

La segunda parte de la obra se inicia con otro tema gigantesco, hercúleo, nueve minutos de inteligencia musical a pecho descubierto, sin maquillaje, agrietando el alma hasta doler… «Maldito Sea El Día» vuelve a ser otra de las mejores canciones del álbum, un corte autobiográfico, desesperante y emocionante a partes iguales, un guiño a las «miserias» del Heavy Metal, uno de los temas que más me marcaron desde que lo conocí cuando todavía era maqueta, cantado íntegramente por Ronnie Romero, otra vez inconmensurable, inenarrable…

«Te Vi Nacer» es orgullo en primera persona, el papá de Lázaro desnudando su alma, conexión padre e hijo que alimenta la vida en sí misma, musicalmente orientado hacia el Hard Rock clásico, de dinámicas chisposas y melodías algodonadas, en este caso con la participación de Fran Rivas a las voces, con el propio Lázaro niño despidiendo el tema a modo de súplica (enorme Victoria, enorme).

«La Ira del Mirlo» es nuestro «Gates» particular, el hermanamiento eterno e inquebrantable hecho música, otro de mis favoritos y, en mi opinión, la mejor interpretación vocal, sin ninguna duda, a lo largo de todo el plástico, del mito viviente, Don José Andrëa. El Mirlo saca a relucir sus garras, enseña sus dientes, el mensaje es claro, no vuelvas más, emprendo un vuelo en otra dirección, me voy de aquí, volar es lo que siempre quise hacer, ya no hay balcón abierto para ti… Quién tenga oídos que oiga… La canción se construye sobre un frigio dominante monumental, con un riff ciclópeo y un desarrollo codicioso sustentado sobre la menor armónica, fantástico.

«Ausencia de Luz» es el momento de eclecticismo del LP, la presentación del Padre Tobías, encarnado por Vito Íñiguez de Sínkope, un corte a priori más sencillo, pero que se acaba enrevesando sobre manera gracias a un interludio que es un puro frenesí rítmico, desvergonzado, malherido…

El amor y el romanticismo se visten de gala en «En Otra Vida», si no me equivoco, el primer tema que escuché terminado, una oda al buen gusto, un homenaje al amor puro, un tributo al corazón inmaculado, Lázaro y Casilda declarándose amor eterno, un amor a priori imposible, pero con un final feliz. Ronnie Romero y Patricia Tapia rozando el cielo con los dedos, poniendo su alma a los pies de una canción preciosa, con una línea melódica sublime y con un crescendo en forma de estribillo que es pura esperanza, certidumbre y triunfo del amor verdadero y cristalino. Sobran las palabras. La piel de gallina, los ojos aguados, el corazón en la mano…

«Y Así Será» vuelve a ser otro banquete de Heavy Metal en su estado más primario. Batería férrea, bajo muy grueso, guitarras puntillosas y dinámicas vocales marca de la casa, ahora con el Padre Tobías, Edgar el Posadero y el fiel amigo Justo rindiéndose sin mostrar resistencia a la evidencia del desenlace final, ni trucos ni artificios, es la Guerra entre el Bien y el Mal, todo ello coronado por una de las mejores líneas solistas del plástico, con el maestro Seoane sentando cátedra a las seis cuerdas.

Llegando al final aparece «Cosas por Decir», el tema que fue presentado en Octubre de 2025 como primer single, el gran hit, el corte más inmediato del plástico, melodía y más melodía inundando una canción sin fisuras, otra vez construida sobre una figura melódica de piano marca de la casa, emotiva, esperanzadora… No hay mentiras, esto es lo que soy, ahí es a donde voy… Aún quedan sueños por soñar, hay mil tormentas que amainar, aún quedan cosas por decir, mil páginas por escribir….

Y la despedida definitiva vuelve a ser un canto a la esperanza, un guiño del Destino, «Vuelvo a mi Hogar», un retorno agridulce, pero repleto de abrigo y cobijo, no hay nada como regresar a donde siempre eres bienvenido… Más de diez minutos de canción jugando con los contrastes, el adiós, la partida, el desconcierto, la bienvenida, el regreso, la protección, las cicatrices de la vida, la voz de la experiencia… Un tema denso, profundo, reflexivo, sin acelerones, un camino de barro lodoso y enfangado, una cadencia repleta de síncopas, un desarrollo cenagoso a la vez que límpido y diáfano, Lázaro volviendo a lugar del que nunca debió salir, ¿lo recuerdas?, el Sanatorio de Cesuras, diferente, transformado, irreconocible, pero a fin de cuentas su hogar.

Toda la obra está firmada por el genio Manuel Seoane. Concepto, historia, letras, música, producción, mezcla, masterización, todo lleva su rúbrica, además de haber grabado todas las guitarras, teclados, orquestaciones, sintetizadores…

Enorme, sencillamente enorme.

Recordamos aquí la entrevista de Manuel Seoane en Radio Xallas

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