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Santa Comba
miércoles, julio 6, 2022

Analizamos «Senjutsu» el último disco de Iron Maiden

La Vara de Moisés //

IRON MAIDEN – SENJUTSU (PARLOPHONE RECORDS – WARNER MUSIC)

Nuevo trabajo de Iron Maiden, 6 años después, cómo pasa el tiempo, de su anterior The Book of Souls, de nuevo con Kevin Shirley en la producción, consiguiendo ese sonido tan característico, orgánico y vivaz del que llevan haciendo gala en los últimos 15 años, sin duda uno de los puntos a favor de toda su propuesta.

Una banda única e irrepetible, la banda más importante de la Historia del Heavy Metal, auténticos inmortales del género, una vez más con las pilas cargadas al máximo, sin decaer en esfuerzos y sin titubear en profesionalidad. Una banda eterna.

Portada y artwork al nivel exigido, es cierto que puede gustar más o menos, para gustos los colores, pero de nuevo con una exigencia artística elevadísima, muy en la línea de lo que fuera The Book of Souls, o por lo menos a mí me lo parece.

Senjutsu vuelve a ser un disco doble, un álbum con más de 80 minutos de duración, donde la banda vuelve a retomar todos sus ingredientes musicales propios de sus discos pertenecientes a la segunda etapa de Dickinson, es decir, del año 2000 en adelante, aunque ya en The X Factor habían sentado las bases de este nuevo sonido. Canciones más clásicas y directas, intercaladas con temas muy amplios de minutaje, rebosantes de épica y grandilocuencia rítmico/melódica, que sin duda volverán a hacer las delicias de sus fans más exigentes.

CD 1:

«Senjutsu» sirve como pistoletazo de salida, un tema marcial con una percusión de tintes orientales muy marcada y una dinámica de medio tiempo que no es muy habitual en un tema de apertura de un disco de La Doncella, con las guitarras nutriéndose a través de unos power chords rocosos, dibujando además unas líneas melódicas que armonizan con la línea vocal central del tema. 8 minutos de suntuosidad melódica y con sus habituales guiños a la escala menor y las dinámicas pentatónicas. Smith y Harris firman un tema que descoloca como corte de apertura, pero que sin duda bebe de los dos mundos musicales de sus dos creadores.

«Stratego» es el primer guiño a su sonido más clásico, un tema de fácil digestión, en este caso escrito por la pareja Gers/Harris, con el bajo cabalgante y las guitarras aportando frescura y muchísima agilidad con un puñado de riffs y licks melódicos que nos transportan a sus discos más clásicos. El estribillo explota gracias a una línea vocal que puede recordar a los temas más frescos de Brave New World o Dance of Death. Maiden en su máxima esencia, 4 minutos y 59 segundos de Heavy Metal británico con todas las letras.

«The Writing On The Wall» fue el primer single presentado por la banda, una canción escrita por Adrian y Bruce, una oda al talento y un desafío al paso del tiempo, una combinación perfecta entre nuevas sonoridades y elementos clásicos. Guitarras afinadas en drop D para conseguir un riff sencillo, pero hipnótico, con ciertos dejes sureños sobre el que oscila toda la canción. Líneas vocales muy logradas y estribillo apoteósico, sin complicaciones, pero con un gancho brutal. Solo de guitarra a base de pentatónicas, ligados y muchísimo bending que desemboca en un interludio rítmico/solista especialmente atractivo. Tema muy dinámico y con muchísima fuerza, un corte que va para clásico de la banda.

«Lost In A Lost World» es la primera pieza que aparece en la obra escrita de forma íntegra por Steve Harris y una vez más con todos los ingredientes con los que suele trabajar el bajista británico. Inicio acústico, con unos coros algo apagados y un Dickinson ténue y susurrante que va marcando la pauta rítmica del tema hasta el minuto 2, donde se produce el estallido absoluto, momento en el que entra el bajo para liderar toda la instrumentación a base de tresillos armonizados con los habituales power chords de las guitarras. La caja y los platos de Nicko tutelan toda la senda rítmica en pos de un estribillo hiper clásico nuevamente, con una cadencia mil veces oídas gracias a la típica estructura vi-IV-V, para de seguido dar paso a un extenso interludio instrumental con los habituales dúos de guitarra armonizados por terceras, siempre mágicos, siempre hipnóticos, siempre marca de la casa, para cerrar ya en torno al minuto 9 con un nuevo estribillo.

«Days Of Future Past» es otro guiño al pasado, de nuevo con la autoría de Smith/Dickinson, con un riff fantástico, un montón de palm mute en sus rítmicas y otra vez con unas cadencias pegajosas y desquiciantes. Estribillo directo al corazón con Bruce cantando a las mil maravillas, desgañitándose y poniendo toda la carne en el asador. Las guitarras impolutas de Adrian y Dave, el bajo perenne de Harris, los redobles y el rebote del bombo de Nicko, la angustia de Dickinson… sencillamente marca de la casa.

«The Time Machine» despide el primer CD, un tema de más de 7 minutos de nuevo muy ambicioso. Inicio precioso a base de acústicas, eléctricas limpias y con mucho chorus, y unos colchones de teclados que le entregan una ampulosidad inmensa. Entra la caja de Nicko y la banda explota en unas estrofas enormes, sin acelerar los tempos, pero con una fuerza desmelenada, de nuevo marcando unas dinámicas hiper pegajosas, desembocando en un estribillo que es pura efervescencia. Alrededor del minuto dos, oh sorpresa, toda la banda nos mete en la máquina del tiempo y nos traslada al año 1995, disco The X Factor, para dejarnos un lick absolutamente inspirado en aquel fantástico «The Edge Of Darkness». Estribillos, más dinámicas y final acuoso idóneo para terminar esta primera parte del álbum.

CD2:

La segunda parte del disco se abre con “Darkest Hour”, otro tema firmado por Smith y Dickinson, en este caso con más de 7 minutos de duración, interconectado en cuanto a texturas y dinámicas con el primer corte del álbum, es decir, de nuevo jugando con los tempos enfangados, con las guitarras llevando en volandas a la voz durante las estrofas para explotar en un estribillo otra vez marca de la casa, un tema de nuevo muy épico, tirando de historia y literatura en sus líricas, deudor claro en sus melodías, otra vez, de un disco como Brave New World. Atención máxima al solo de guitarra a partir del minuto 4, una de las líneas solistas más exigentes y acertadas armónica y técnicamente hablando de toda su carrera. Feeling, densidad, técnica, buen gusto…

Y ahora llega la traca final, el quién da más, el éxtasis musical, la despedida en forma de tres temas largos escritos por el maestro Harris, la épica y la heroicidad musical de la banda en su máxima esencia. La citada despedida se inicia con “Death Of The Celts”, más de 10 minutos de duración, con un desarrollo similar a un tema como “The Red And The Black” de su anterior The Book of Souls. Inicio clásico con el bajo y las guitarras arpegiando los típicos acordes de quinta (tónica, quinta, octava), con una melodía central dibujando un espectro sonoro que nos acompañará a lo largo de todo el tema. Giros melódicos, desarrollos intrincados sobre la misma idea y muchísima dinámica. Dickinson entra con carisma en las estrofas, Nicko marca la senda con los platos y el charles, y el bajo se adueña de toda la instrumentación en la mezcla. No hay estribillo, toda la línea vocal es una especie de increscendo intenso que, eso sí, aterriza en una coral hipnótica que actúa a modo de desenlace. Para enmarcar todo el interludio musical de más de tres minutos centrado en unas líneas melódicas de aires celtas y tintes medievales.

“The Parchment” es el tema más largo del disco, en este caso más de 12 minutos, un corte oscuro, construido sobre un frigio dominante, como siempre, muy característico y con mucha pegada. El inicio es algo extraño a causa de una idea de bajo algo rocambolesca que explota de forma inesperada en un riff/lick excelente, como decía, asentado sobre esa sonoridad tan personal que le entrega el frigio mayor. Todo el tema se va cimentando sobre esa idea central, con cambios en las melodías, acelerones, parones, variaciones en sus rítmicas, pero en definitiva todo construido sobre esa especie de obstinato melódico/rítmico. Las voces aportan una oscuridad estrechamente vinculada con su clasicazo “Fear Of The Dark”, mientras que las guitarras crecen y crecen sin mesura, realizando uno de sus trabajos más exigentes a lo largo de todo el plástico. Tema muy interesante, agónico, estresante, repleto de magia, mística y muchísima personalidad, marca de la casa 100%.

El broche final lo pone “Hell On Earth”, probablemente el mejor tema del disco, una oda a su esencia musical, un tributo a su manera de entender el Heavy Metal, un tema deudor de discos como A Matter of Life and Death, Dance of Death o Brave New World, pero con mucho, también, de un trabajo excelente como The X Factor, de hecho me imagino al propio Blaze cantando el tema y se me pone la piel de gallina. Bajo cabalgante, guitarras dibujando licks y melodías dobladas absolutamente hipnóticas, dinámicas y cadencias hiper reconocibles, y una línea vocal inmensa, sin duda la más pegajosa de todo el disco, con un estribillo que es puro azúcar. No puedo parar de escucharla, el sentimiento que me produce es indescriptible, se me empañan los ojos de la emoción, se me derrite el alma.

En definitiva, La Doncella volviendo a destapar el tarro de las esencias, unos músicos con prácticamente 70 años a sus espaldas exigiéndose al máximo y exprimiéndose hasta límites insospechados. Respeto absoluto por sus fans, respeto absoluto por la escena y respeto absoluto por su propia carrera. Bravo. Enormes, sencillamente enormes.

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