Las cartas poéticas de Carmen Gómez

Dedicar la tarde de San Valentín a comentar un libro de poemas no es mal plan. Tengo en mis manos «Cartas para tu encuentro» (Fervenza edicións 2024) de la ourensana Carmen Gómez; un fajo de poemas de distinta temática, corta extensión y claridad textual, en donde sobresalen en número los versos de amor y desamor. Las idas y venidas del corazón, «Te vas/ y mis sueños se arrastran/ a tus pies para irse contigo/ y en esa cercana lejanía/ la espesa niebla/ se aproxima e empañar/ mis retinas».

La poeta se estrena con esta obra, con todos los temblores propios de la primeriza que se abre en canal al lector, pero con una cuidada selección de versos llenos de dudas, gratitud a la vida, nombres queridos y olvidos, en fin pedazos de una vida plena, en madurez.

El prologuista y compañero en el compromiso social Miguel Ángel Santalices avanza que la autora «fala de soidade, do amor-desamor, do sufrimento interior e mesmo da dureza de enfrontarse ás situacións de profunda inxustiza que diariamente suceden no mundo e quebrantan o noso sentir espiritual, unha conxunción do simbólico, imaxinario e real».

Versos en castellano, con algunas concesiones a la lengua gallega, de un alma letraherida, llena de lecturas e influencias.

La poesía de Carmen Gómez

En la estética y el punto de vista nos recuerda a Gloria Fuertes, magnífica poeta española no bien tratada, en cierto modo desmedida a la hora de peneirar su amplia producción. La poesía debe brillar sin chirriar, como aquí sucede. Puede ser oscura y tormentosa o diáfana y cercana. La línea clara, la segunda acepción, es la buscada por Carmen. Como en el caso de la autora madrileña mencionada los versos nos acercan a lo personal, lo cotidiano, la pura vida enfrentada a los humanos temores, la duda, el azar y la elección, la búsqueda del amor y de la felicidad, en un aura de autenticidad y belleza sentida que pretende llegar al lector con una amplitud de eco.

Unas olas que van de Alfonsina Storni a Rosalía, Edith Piaff y Leonard Cohen. Pasión y arrebato. Intimismo y comunicación, entregas autobiográficas, pleno vitalismo con aires de boleros y poemas musicados, porque la poeta nos aclara que «son romántica/ a que ninguén entende/ son romántica por facer poemas/ por ir amodo…/por amar coa mente/ e voar coa imaxinación/ por enriba dos ceos».

Nos habla de la infancia perdida, la vida rural, amigos y parientes en el vai-ven del tiempo. El mal como disculpa para recordar lo perdido, con el perfil de una chalupa prendida en sus retinas, cuando «las olas no besan,/ azotan con fuerza/ lamen las heridas».

Testimonios de los días de la mujer que siente y es consciente de una realidad sentida, tan humana: el sufrimiento, la soledad, la ilusión, la entrega ¿sin límites ni condiciones? Si la poesía duele, también cura.

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