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Santa Comba
domingo, julio 3, 2022

El Peregrino de Valdivielso, teatro religioso del siglo de oro en la Costa da Morte (III)

Rafael Lema

Seguimos con el análisis de El Peregrino (capítulo I y capítulo II), un auto sacramental del gran autor religioso barroco José de Valdivielso publicado en 1622 en los «Doze autos sacramentales y dos comedias divinas»; trabajando sobre el original de mi biblioteca familiar en Ponte do Porto.

Ya hemos citado una serie de autores que hablan de Valdivielso como el precursor de Calderón, y la figura clave en el nacimiento del teatro religioso barroco. Otro de los aspectos destacados es el de la incorporación de cuentos y canciones en sus autos. Es muy importante el papel de la música y la apropiación de temas populares. Las escenas musicales son una nota recurrente y un atractivo para el espectador de la época, que tenía delante un antecedente de la zarzuela, aunque de tema «elevado» y con mensaje doctrinal.

Del mismo modo los autos de Calderón se aproximan a unas óperas sacras y en una adaptación moderna de estas obras sería un recurso impagable dotarlas de banda musical. Por supuesto es efectivo el uso de los refranes como recurso dramático simple, mezclados con citas bíblicas, muy útiles en obras con personajes que son símbolos o ideas alegóricas, como apuntan Ricardo Arias o Enrique Duarte. A ello añado el uso del enfrentamiento a versos entre la luz y la sombra, los amigos y enemigos del alma, al modo de nuestra regueifa.

En este aspecto Valdivielso y Calderón distinguen entre la música diabólica y la celestial. Recordando que el toledano Valdivielso antecede al madrileño Pedro Calderón de la Barca, que empieza a crear cuando el otro se retira, y se valdrá de temas y recursos del anterior. A mi entender el gran combate musical entre las fuerzas del bien y del mal se produce en el enfrentamiento de los dos carros en El Peregrino. De los dos cuelgan escalas, pero una es ancha y llena de flores y yerbas y galas; y arriba habrá música y una boca de infierno. La otra escala será muy angosta y llena de zarzas, abrojos y espinas, cruces, calaveras. Y arriba, música y un cielo (v. 108).

Se adaptaban muy bien estas microestructuras a autos costumbristas de valía documental de la España de su tiempo, como Las ferias del alma, El villano en su rincón, La serrana de Plasencia. En El Peregrino un hombre hace un viaje, metáfora de la vida, por una ruta llena de peligros y enemigos, donde se enfrenta al bivium: el camino angosto y escarpado de la salvación y el fácil y cómodo de la condenación.

Veamos el combate musical entre los dos carros de El Peregrino:

Cantan del carro malo.

¡Tárraga, por aquí van a Málaga!

¡Tárraga, por aquí van allá!

Cantan del carro bueno.

¡Este es el camino del cielo!

¡Este es el camino de allá!

Repiten. [Del carro] malo.

Por aquí se va a placer;

a la ciudad de los gustos.

[Del carro] bueno.

Donde por más que camines

jamás cumplirás el tuyo.

[Del carro] malo.

Este camino es muy ancho,

porque es camino de muchos.

[Del carro] bueno.

Por donde van a buscar,

lo que no alcanza ninguno.

[Del carro] malo.

Por aquesta hermosa escala

a mis escogidos subo.

[Del carro] bueno.

Y es subirlos a la horca,

pues está arriba el verdugo.

VERDAD El camino celestial

es este; este, el del infierno.

Premio y castigo es eterno;

escoge y no escojas mal.

MÚSICOS ¡Tárraga, por aquí van a Málaga!

¡Tárraga, por aquí van allá!

Responden.

¡Este es el camino del cielo!

¡Este es el camino de allá! (v. 177 y ss.).


LA ZARZUELA DEL PEREGRINO

«¡Tárraga, por aquí van a Málaga!/¡Tárraga, por aquí van allá!» cantaban del carro malo. Esta y otras letrillas y cantares de la época llenan el auto de El peregrino. Un romero (romerito verde) recorre los campos patrios en donde hallará el camino de la Jerusalén celestial sin necesidad de tomar un barco a Tierra Santa. Y así a las puertas de la ciudad de Plasencia (llena de pecadores, bandoleros y mujeres lujuriosas) escucha el viajero la algarabía de músicos con su cuerpo de baile, engatusando sus sentidos cantando una bella canción (pág.96):

Florecicas açules, el verde romero,

prado de mi gusto, color de mi cielo

Romerito verde, q verde os estays

viendo q se os passa la flor de la edad

mis puertas entrad el verde romero

prado de mi gusto, color de mi cielo.

El Deleyte vestido de mujer se rodea de músicos que cantan y bailan. Enamora al peregrino (pág. 97).

Ventezico mormurador,

que lo miras y andas todo,

haz el son con las ojas del olmo,

mientras duerme mi lindo amor.

Tras los platos ofrecidos por el Deleyte, cantan:

Romero vete a tu guia

ganaras la Romería,

romero vete a tu patria,

ganaras la Roma santa.

El auto se cierra con dos largas canciones, donde la copla popular se entremezcla con la voz del romero que romancea su historia, resumiendo en verso el suceso.

Yo me yva madre,

a ciudad Reale,

herrara yo el camino

en fuerte lugare.

En la última canción, es el narrador quien describe la acción del samaritano cristo curando el alma herida del peregrino, mezclando del mismo modo la más popular de las tonadas con los versos moralizantes (pág. 102).

Dongolondron Dios sana la enferma

dongolondron la sana y la alegra.

Romerito tu que vienes,

donde mi señora está,

di que nuevas ay alla?

MUSICAS POPULARES EN OTROS AUTOS

En el auto El villano en su rincón, las canciones populares ayudan a describir un mundo rural sofocado por la presencia del pecado. El Apetito, que se identifica con el demonio, ha perturbado la Razón que idiotizada por el pecado, es mostrada comportándose de forma extraña, cantando versos tradicionales con un alto valor erótico:

RAZÓN: Dábale con el azadoncico,

dábale con el azadón.

Cavo con la azada dura

en la vida mal segura

una estrecha sepultura

al Villano en su rincón.

Dábale con el azadoncico,

dábale con el azadón (v. 137 y ss.)

En Las ferias del Alma, el Alma humana compra mal en el mercado y se rodea de los seres infernales.

MÚSICOS Gente de feria

y pendón verde,

es quien mata de amores,

cautiva y prende.

El auto termina con una invocación de la Iglesia a entonar unas letrillas populares adaptadas al modo: Musicos de mi Capilla/ mientras le doy mi tesoro,/ cantad en mi alegre coro/ aquesta alegre letrilla.

Musi. Al alma que gime

de Christo ferias,

su cuerpo que coma,

su sangre que beva.

Igle. Y pues este alegre dia,

quien de estrellas me corona

faltas y culpas perdona,

perdone Vueseñoria.

En La amistad en el peligro, el hombre ensuciado por el pecado es rescatado por el Príncipe (Cristo) quien le entrega vestiduras blancas para que pueda presentarse en la corte celestial. Pero la Culpa intenta atraerlo de nuevo al lodazal del pecado con la música diabólica: Los músicos entonan una popular cantiga de germanía.

INOCENCIA ¡Ay, que es la culpa gitana

que al mayor amigo vende!

Huye deste mal tremendo;

huye, si quieres vencer,

que la culpa y la mujer

se vencen mejor huyendo (v. 398 y ss.)

MUSICOS A la dina dana,

la linda gitana,

a la dana dina

la gitana linda (442 y ss.)

En Los cautivos libres Valdivielso hace uso del pregón, un recurso que veremos en la mayoría de los autos de Calderón. El pregón servía como introducción o exordio para recabar la atención de los espectadores. Valdivielso lo coloca en el interior del auto. Aquí aparece acompañado de unos versos tradicionales muy conocidos, cantados al principio y al final del pregón:

Bien haya quien hizo

cadenitas, cadenas;

bien haya quien hizo

cadenitas de amor (v. 612-615 y 660-663).

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