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viernes, junio 14, 2024

Dos españoles en el corazón de Frida Kahlo

//Rafael Lema Mouzo//- Acceder al episodio anterior

Frida conoció a Alejandro Finisterre en su visita a México en 1948 y desde entonces fueron amantes. Su relación llegó hasta 1954, hasta los últimos meses de la vida de la pintora, como acreditan sus cartas de entonces. En 1948 Frida estaba locamente enamorada de otro exiliado español, el pintor José Bartolí, con el que alternaba una relación tormentosa que quería ocultar a Diego Rivera. Los dos, Diego y Frida, seguían siendo pareja pero se consienten ambos sus infidelidades, dentro de una vida marcada por constantes ataques de celos, distanciamientos y acercamientos.

El caso es que la importancia en la vida de Frida de Bartolí y Finisterre viene dada precisamente por esa necesidad de esconder esta pasión a los ojos de Diego, algo que se aprecia claramente en las cartas, a veces tan semejantes, que en este periodo envió a los dos. La pasión por Alejandro, las parrandas compartidas en Coyoacán y en Xoximilco, alejan a Bartolí de Frida y dan entrada al editor gallego. En 1949 rompe con el pintor, que ya estaba iniciando una destacada carrera en Estados Unidos.

Hasta la aparición de la serie epistolar que venimos recreando en este medio se tenía a Bartolí como el último amante de Frida, su pasión oculta. Incluso en su monumental biografía de Frida, Hayden Herrera evita citar, pese a que se entrevistó con él. También hay que leer entrelíneas a Alejandro. En vida, el pintor nunca quiso hablar del tema. Un amor que como hemos indicado terminó en 1949, a causa de Alejandro. Nuestro trabajo desvela que este título de «último gran amor de Frida» lo recibe ahora A. Finisterre, al que además hace albacea de sus tesoros más íntimos en las cartas finales de 1954.

«Yo no sé escribir cartas de amor»

El 9-4-2015 un artículo en ABC daba a conocer una serie de cartas sobre la relación de Frida Kahlo con el pintor español José Bartolí. «Yo no sé escribir cartas de amor» decía Frida Kahlo en una misiva a su hasta ahora último amante, el 20 de octubre de 1946. Está en un grupo de 25 cartas de Kahlo que salieron en 2015 a la luz. Junto a otros recuerdos de la artista, el pintor las conservó hasta su muerte, en 1995. Son casi cien páginas de romance fechadas entre agosto de 1946 y noviembre de 1949. Se habían conocido en Nueva York en junio de 1946, donde Kahlo había viajado para someterse a una operación en su columna. «Sabes, cielo mío, tú llueves sobre mí y yo, como la tierra, te recibo», escribe Kahlo en una de las misivas. El 19 de octubre de 1946, pocos días después de que el español hubiera abandonado México, Kahlo le confiesa: «Siento que he perdido todo y quiero morirme».

En una carta fechada el día siguiente expresa: «Desde que me enamoré de ti todo se ha transformado y está lleno de belleza. Querría darte los colores más bellos, quiero besarte, que nuestros mundos soñados sean uno. Quiero ver por tus ojos, oír por tus oídos, sentir con tu piel, besar con tu boca». Son cartas en donde tanto las distintas grafías y los cambios de temperamento, afectadas muchas veces por la dependencia de la artista de los medicamentos y el alcohol, recuerdan a las de Alejandro. Habla de tener un hijo con el pintor, de no tener menstruación durante un tiempo; fantasea con cómo abandonar a Rivera; revienta de celos cuando descubre que Bartolí ha estado en México y no la ha visitado; le chantajea emocionalmente con sus dolores y su soledad.

Como en el caso de las de Alejandro a veces son cartas largas, otras, apenas una nota rápida: «Eres mi vida, mi aire, mi cielo, mis flores, mi mundo, mis sueños, mis pequeños objetos que adoro, mis manos (palomas para ti), mis ojos. Quiero quererte siempre», escribió el 6 de diciembre de 1946.

Kahlo temía que Rivera descubriera las cartas y la misma relación con los dos españoles, que durante un breve espacio se solaparon. Utilizaba un seudónimo para Bartolí (Sonja) en su correspondencia con la poca gente que conocía el romance: su hermana, su chófer Manuel y Ella Wolfe, una amiga en Nueva York. Manuel también fue cómplice de los envíos a Alejandro.

«He acabado un dibujo que le debía a Marte R. Gómez, no es muy feo», le dice a Bartolí sobre un cuadro en donde sus rotundas cejas se convierten en una paloma. «Sé que me llevarás contigo algún día», le escribe en su última carta, del 3 de noviembre de 1949. El amante español guardó las cartas, los sobres, los recuerdos, en secreto, hasta su fallecimiento.

Entre los objetos, un medallón pintado por Kahlo. En la parte de atrás, la artista había escrito con letras rojas: «Con amor, para Bartolí, Mara». Su vida amorosa fue tan intensa como su vena social y por supuesto la artística, desarrollada ya como una figura principal desde 1940. Aparte de Alejandro Finisterre y Bartolí, la lista de amantes acoge a Alejandro Gómez Arias, su primer amor; a Leo Eloesser, uno de sus médicos; al fotógrafo Nickolas Muray, al escultor Isamu Noguchi, al mecenas judío Heinz Berggruen, a León Trotski, Chavela Vargas y Jacqueline Lamba, esposa de Breton. Diego fue su alter ego, su todo; pero en la carrera de su corazón ninguno dejó tanto poso como sus ocultos españoles.

UNA CARTA DE DESAMOR, UNA ENTREVISTA DESCONOCIDA

Ya explicamos como la relación con Alejandro empieza en 1948, sustituyendo a Bartolí. Es, según las cartas personales, el primer año que el gallego llega a México. Tiene este romance sus altos y sus bajos, en buena parte por las operaciones de Frida, su tira y afloja con Diego, y la carrera comercial de Alejandro, convertido en un gran empresario en Ecuador y Guatemala, incansable viajero, activista político (comunista como Frida) y cultural.

Alejandro intercede en el exilio para que Frida recupere en 1948 su carnet del Partido Comunista, pues ella y su marido habían sido expulsados por su apoyo a Trotsky. Rivera no lo obtendrá hasta que muera ella ¿Pero conoció Alejandro a Frida antes de 1948? Pues la respuesta es afirmativa y la encontré en el marco de mis recientes investigaciones sobre la relación de los dos. Alejandro en 1943 vivía en España, de vuelta del exilio en Francia tras la guerra.

Escribía artículos para revistas nacionales y extranjeras, mantenía programas de radio. En una entrevista este año anuncia un próximo viaje a Sudamérica. Es la ocasión de conocer y entrevistar a Frida Kahlo, ya convertida en una celebridad, unida en sociedad de intereses a Diego, pero también al exilio español de orientación comunista, que el escritor gallego visita. Y es ahí en donde localicé un artículo de Alejandro Finisterre sobre Frida ¿Contestó ella a Alejandro por teléfono o carta, se vieron en algún acto fuera de México? Es la primera vez que sus nombres aparecen juntos, el primer contacto entre ambos. Luego viene otro exilio de Alejandro en 1947, y su nueva vida en Centroamérica.

El artículo de Alejandro (A.F.) es de 1944, se denomina «Frida Kahlo y la Melancolía de la Sangre», para la revista cultural Rueca de México DF (Rueca, nº 10, pag 80, 1944). El valor de este trabajo en la biografía afectiva de la artista viene dado porque su hermana Isolda Kahlo, conocedora de la relación, lo guardará en su archivo personal como una reliquia. Alejandro este año entabla relaciones con personas cercanas a Frida vinculados a Rueca como Carlos Pellicer, Miguel N. Lira, Torres Bodet.

Pero Alejandro ya llevaba antes del embarque en su programa la cita de Frida, quizás por las referencias de Picasso y el exilio español en Francia y México. Ese año Frida sufre un aborto (era el hijo de un amante, no de Diego), se celebra una exposición de Picasso en México, pinta «El sol y la vida»; y la artista empieza su diario, ¿por consejo de Alejandro? Este primera cita de carácter profesional, sin duda, deja huella en los dos, sembrará una semilla que germina cuatro años después, en otras circunstancias. Frida siempre recordará en sus misivas la ayuda prestada por Alejandro desde que se conocen. Ayuda económica, política, profesional, y una amistad más allá de las cenizas de la muerte. En la mentada interviú con el crítico español Alejandro Finisterre, en viaje por América, le contesta que tres preocupaciones la incitaron a dedicarse al arte: el recuerdo vivo de cómo fluyó su propia sangre en el accidente de tráfico que sufrió con 18 años; los pensamientos acerca del nacimiento, la muerte y los «hilos conductores» de la vida; así como el deseo de ser madre.

En 1954, tres meses antes del fatal desenlace de su muerte, Frida hace partícipe a Alejandro de la importancia que tuvo en su vida, y él traza planes para instalarse junto a ella en la capital. En el apartamento que guardará durante seis décadas su correspondencia. Es el colofón a esta última etapa de cruces de confidencias, desvaríos, atenciones, vueltas y revueltas del inestable corazón. Frida convaleciente en 1953 manda varias duras cartas a Alejandro al que le reprocha su abandono, pero enseguida se volverán a reconciliar. Es algo frecuente en la vida apasionada de la pintora, gran coleccionista de amantes, hombres y mujeres. Ninguno alcanzará la talla de Diego, pero sin duda estos dos españoles la marcaron hondamente, fueron los siguientes en la lid.

En una carta, Frida, que está ahora cerca de Diego, al que intenta retener por medio de su enfermedad, de su hospitalización, se muestra distante con su gallego: «Mi niño: Querido Alex siento mucho tener que dirigirte esta cartita, porque en el tiempo que te he tratado me has brindado la posibilidad de conocer la humildad de tu alma».

«Por tanto y para estar tranquila de mi conciencia y como resultado de una gran y profunda meditación y haciendo eco de esa sinceridad con que en nuestro amor nos hemos tratado debo de aceptar que no he podido quererte como tú lo merecías» reconoce la artista. E intenta un viaje indagador a su interior: «¿Por qué te engaño? No busques en ti al culpable de esto, se que esta en mi recuerdo el cariño con que me has dispensado, pero se que no he logrado quererte como tu mereces ni he logrado el satisfacer el ansia de pasión que presentías llenar en mi». «Seré muy dichosa si puedes encontrar el amor de tu vida lo que yo no supe darte. Perdoname perdoname si con esta carta se degrandan tus esperanzas. ¿Puedes ser mi amigo? Frida Kahlo», le advierte la artista a su último gran amor.

CARTA (respetamos la grafía original)

señor alejandro Finisterre.

Presente.

Mi niño: Querido alex siento mucho tener que dirigirte esta cartita, porque en el tiempo que te he tratado me has brindado la posibilidad de conocer la humildad de tu alma.

Por tanto y para estar tranquila de mi conciencia y como resultado de una gran y profunda meditación y haciendo eco de esa sinceridad con que en nuestro amor nos hemos tratado debo de aceptar que no he podido quererte como tu lo merecías ¿Porque te engaño? No busques en ti al culpable de esto, se que esta en mi recuerdo el cariño con que me has dispensado, pero se que no he logrado quererte como tu mereces ni he logrado el satisfacer el ansia de pasión que presentías llenar en mi.

Seré muy dichosa si puedes encontrar el amor de tu vida lo que yo no supe darte. Perdoname perdoname si con esta carta se degrandan tus esperanzas.

¿Puedes ser mi amigo?

Frida Kahlo

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