En 1987 embarrancaba el buque panameño Cason en Fisterra y tanto el suceso como su carga siguen envueltos en el misterio. En este medio publicamos varios artículos sobre el «Informe Casón», en referencia a las evidencias de un naufragio provocado, con los servicios secretos israelitas por medio, y al contrabando de piezas nucleares para algún sátrapa árabe.
Distintas publicaciones internacionales sobre la política nuclear de la época en algunos estados árabes y la batalla por el desarrollo de plantas nucleares (Libia, Irán) siguen apuntando en esta dirección y engordando nuestro expediente.
Otra cuestión polémica fue en su día el desguace de los restos del barco. Mientras algunos pedían el mantenimiento del pecio como un atractivo turístico y el recordatorio de la tragedia, la administración optó por la retirada del mismo, extremo también bien visto por los grupos ecologistas. La veterana empresa desguaces Santa cruz se encargó de los trabajos de retirada de unos hierros altamente contaminantes, como tóxica era buena parte de la carga.

Lo recuerda Carlos San Claudio Santa Cruz, que estuvo actuando en el Casón y en el Mar Egeo. De esta acción queda un ancla en una plaza fisterrana que hoy es un reclamo para los visitantes. «Recupereina eu», nos indica Carlos, «falara co meu tío (Pocholo) para donala a Fisterra, pois así o pedira o Canario, patrón maior daquela. Un agasallo merecido polo agradecidos que estabamos ao pobo de Fisterra. Aínda queda outra no mar».
Carlos, lo mismo que la Real Liga Naval Española son partidarios de crear un museo de anclas en la Costa da Morte, recuperando algunos buenos ejemplares que tienen ubicados y que el mar no conserva sino destroza. Tampoco ven con malos ojos que sirvan de decoración a espacios públicos en Muxía, Camelle. O como revalorización del faro de cabo Vilán.
En cuanto al acierto de la retirada de los restos, Carlos es tajante y defiende el trabajo de los homes do ferro: «libramos ao medio ambiente de algo moi contaminante. Quedan alí unhas 3.000 toneladas de ferro doce, de aleacións químicas. As chapas que se podían ver eran de estampación, cunha recoberta de inox e resina química, elementos tóxicos que se transmiten ao medio».

«Non é o mesmo o ferro de fai cen anos, feito de mineral, có de agora con fundicións e materiais químicos» aclara y habla de la gestión de los «ferros» en el siglo pasado, cuando las compañías de desguace de Camelle o Corcubión aportaban unos materiales muy buenos, de gran calidad, que hacían competencia a las fábricas del país y a otras importaciones más deficientes. Ve en esta situación la mano que derivó a lo público la gestión privada, sin costes para las arcas públicas, del salvamento y desguace de barcos.
Recuerda que «o pecio segue degradando o medio mariño. Hai moitos estudos sobre as consecuencias destes óxidos no entorno, causan anoxia, zonas mortas. En países serios obrigan ás aseguradoras a retirar os pecios, hai unha póliza para isto». Así cita la composición química de productos como el hierro (99,868 %), níquel, cromo, sulfuro, fósforo, manganeso, molibdeno, carbón.


