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miércoles, noviembre 30, 2022

El patrimonio arqueológico sumergido de la Costa da Morte pide a gritos un museo que lo albergue

 //Manuel Sambade//

Pecios romanos, la Escuadra de la Plata, los tesoros de Rande y la flota perdida de Martín Padilla…y recientemente el hallazgo de sendos cañones del SXVI en Camariñas son muestra de que la riqueza subacuática de nuestra costa es indescriptible y que, por desgracia, está muy lejos de ser tratada y valorada como sería de esperar teniendo en cuanta el potencial dinamizador del turismo y el empleo que supondría un museo que albergase estas piezas y evitase su dispersión por otros lares.  

Uno de los nombres claves cuando de patrimonio arqueológico sumergido se habla es el de la empresa Archeonauta, de Miguel San Claudio Santa Cruz, responsable de la extracción de los dos cañones en Camariñas y que, ya en el 2011, investigó la zona de Fisterra en busca de los restos de la flota de Martín Padilla con el apoyo de una universidad estadounidense.

Como señalan los expertos en la materia J. Luaces y C. Toscano, en Galicia la arqueología subacuática aparece necesariamente ligada a la denominada Escuadra de la Plata y al mito de los tesoros de Rande. Ya Julio Verne en su célebre “Veinte mil leguas de viaje submarino” utiliza sus conocimientos y fantasía para pasearse, en compañía del capitán Nemo, por las profundidades de la Ría de Vigo en busca de los galeones hundidos por la piratería anglo-holandesa en 1702. Sin embargo, el verdadero inicio de la arqueología subacuática en Galicia está asociado a la aparición, en 1975, del G.I.R.A.S. (Grupo de Investigación y Rescate Arqueológico Submarino) vinculado al Club del Mar y relacionado con el Museo de S. Antón (A Coruña).

Este grupo está coordinado en tierra por Felipe Senén López, director por entonces del Museo de San Antón, aunque la verdadera labor subacuática correrá a cargo de Rafael Mejuto García. Entre 1976 y 1979, trabajan en Fisterra, Laxe (recuperan cañones de bronce), Viveiro (restos del expolio de la fragata Magdalena) y en la bahía de A Coruña (material prerromano, romano, medieval y contemporáneo). Entre 1982 y 1983, un grupo de arqueólogos y buceadores vinculados al Museo de Pontevedra, desarrollan un plan sistemático de prospecciones subacuáticas centrado en el litoral pontevedrés. Estos trabajos están dirigidos por Antonio de la Peña Santos y en ellos participan miembros del club Calabaza de Marín y de Montañeros Celtas de Vigo. Algunos de estos buceadores se integraron en el Grupo Arqueológico Alfredo García Alén formando su sección Subacuática (dirigida por Eutimio Rodríguez Biempica).

Este grupo, con apoyo de arqueólogos en superficie (A. de la Peña, Ramón Patiño, Juan Naveiro, etc.) realiza trabajos en la Rías de Arosa, Pontevedra y Vigo documentándose importantes hallazgos desde época romana al s. XVIII. Hasta el momento todos los trabajos habían sido realizados por buceadores dirigidos desde superficie por arqueólogos. Esta situación hace que desde 1984 se denieguen, por parte de la Xunta de Galicia, todos los permisos de arqueología subacuática. Ante este vacío profesional entre 1985 y 1986 se celebra un curso de buceo para arqueólogos, organizado desde la F.E .G.A.S y financiado por la Consellería de Cultura.

Falta de apoyo

Con arqueólogos buceadores, el apoyo del Museo Provincial de Pontevedra y la financiación de la Consellería de Cultura de la Xunta de Galicia se consiguió la introducción de la arqueología subacuática dentro de los planes de investigación de la Comunidad Autónoma. Dentro de este panorama es de destacar la falta de apoyo de la Universidad de Santiago -Departamento de Prehistoria y Arqueología- que negó a dos de sus propios licenciados el aval científico, en aquellos momentos requisito imprescindible para la aprobación de los proyectos arqueológicos.

Entre 1987 y 1993 se continúa la actividad arqueológica subacuática en Galicia. Bajo la dirección de los autores de este artículo, se inician una serie de trabajos de prospección y excavación. En 1987 se inicia la prospección de la ría de Vigo y se realiza una recuperación de urgencia de dos cañones de bronce en Cabo Silleiro.

En 1988 se trabaja en la Ría de Arousa, en un pecio romano hundido cerca de la isla de Cortegada. Fueron recuperados fragmentos de ánfora, cerámica común y terra sigillata que nos llevan a la época de dominio de la dinastía Flavia. La embarcación, con un cargamento de vino y cerámica, posiblemente se dirigiese río Ulla arriba hacia Pontecesures-Padrón (proximidades de la ciudad de Iria Flavia) en donde existen indicios claros sobre la existencia de un puerto romano.

En 1989 se continúa la prospección en la Ría de Vigo con trabajos en Cala Melide y las islas Cíes y se inicia un proyecto televisivo -del productor Fernando Navarrete y la TVG- para la realización de una serie documental sobre la Batalla de Rande. Esta circunstancia será en parte el desencadenante de que se inicie, en esos momentos, la investigación sistemática de la ensenada de S. Simón. Son años de esplendor de la arqueología submarina en Galicia, de hecho, incluso se crea una escuela taller de buceo científico y se inicia la investigación de los galeones de Rande que, junto con la exploración de la ría de Corcubión-Fisterra (y la reciente de Camariñas) han continuado la senda de recuperar para los museos un patrimonio que, de no mediar intervención alguna, habría rematado en las vitrinas de algún coleccionista privado o degradado por las propias fuerzas de la naturaleza. 

Técnicas de construcción naval

Uno de los puntos centrales de aquella investigación llevada a cabo en la zona de Fisterra fue la de  hallar claves de cara a descubrir las técnicas de construcción de los buques españoles del SXVI, que serían los patrones a seguir por el resto de las naciones en los siglos venideros en lo relativo a la navegación transoceánica.

Además, este fue uno de los objetivos centrales que se hallaban detrás del apoyo económico brindado al proyecto por la Universidad de Texas, sin cuyo apoyo, factor vital en cualquier empresa de este tipo, nuestro patrimonio sumergido quedará al albur de la rapiña particular o de las más profesionalizada, llevada a cabo por los modernos piratas que, lejos de saquear y matar, roban aquello que no puede reemplazarse: nuestra historia. 

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