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miércoles, febrero 28, 2024

A Coruña y la gran amistad entre Picasso y Alejandro Finisterre

Pablo Picasso y el editor e inventor Alejandro Finisterre (1919-2007) fueron buenos amigos y de esa amistad quedó una serie de obras del genial pintor entregadas a su amigo gallego, nacido en Fisterra, exiliado en América y fallecido en Zamora. Finisterre vivió buena parte de su infancia y adolescencia en A Coruña, de donde eran sus padres.

Picasso pasó cuatro años en la ciudad de cristal. En sus citas en el sur de Francia en la postguerra seguro que hablarían del mar del Orzán, de Riazor. Ambos estaban unidos por el amor a la cultura, su lucha política y el exilio. Finisterre visitó en varias ocasiones a Picasso en el sur de Francia y ambos colaboraron en iniciativas políticas y culturales. Finisterre fue un gran difusor de las letras del exilio español en América, benefactor de León Felipe, Juan Larrea y muchos otros.

Este 2022 se cumplen quince años de la muerte de A.F. El 8 de abril de 2023 se cumplirán 50 años de la muerte del artista español más importante del siglo XX, Pablo Picasso. Bajo el nombre de Celebración Picasso 1973-2023, están previstas una cincuentena de actividades en distintos países.

Se han programado hasta el momento dos congresos y 42 exposiciones: 16 en España, 12 en Francia, 7 en Estados Unidos, dos en Alemania, dos en Suiza, una en el Principado de Mónaco, una en Rumanía y una en Bélgica. A Coruña será junto con Barcelona y Málaga una de las ciudades escogidas para la celebración de los eventos con la celebración de una exposición internacional en el primer semestre de 2023. ‘Picasso, blanco en el recuerdo azul, A Coruña 2023’.

Alejandro Finisterre al dejar México con su nueva compañera para instalarse en Zamora, durante la Transición, dejó en la capital federal una serie de documentos entre los que se hallan obras de Frida Kahlo, de la que fue amante, y de Picasso. Conforman la colección A. P. , de la que venimos hablando desde hace tres años. A España se vino con el legado de León Felipe y Juan Larrea de los que era albacea. Obras que tuvieron desigual fortuna.

PICASSO Y ALEJANDRO

Entre el legado mexicano del editor gallego dimos cuenta en su día de haber localizado tres obras de Pablo Picasso. Un retrato hecho por Picasso a Alejandro Finisterre, un grabado y un álbum de dibujos originales del genial andaluz. Picasso había ilustrado en 1950 un libro de Alejandro, y más cosas. Picasso, realiza en 1937 los grabados y el texto de «Sueño y mentira de Franco» de Juan Larrea, cuando instala su taller en la rue des Grands Augustins de París; y al mismo tiempo, el 1 de mayo comienza a preparar los primeros estudios para el Guernica, por encargo de la comisión en donde estaba el poeta surrealista vasco. Trata al gallego en Francia al menos desde 1944 hasta 1969.

En el retrato de Finisterre sobre un fondo color pizarra el artista dibuja a su amigo de cuerpo entero en un estilo característico de la fase final de su obra; en plena madurez, pero con ansias de experimentar, pleno de simbolismo y penetración psicológica, captando la barca de la emoción sobre las olas de la sorpresa. En la parte superior derecha figura la dedicatoria y la fecha, señal inequívoca de acreditación. «Al poeta y amigo Alejandro Finisterre; que hoy en el lejano Méjico nos une el recuerdo. Argeles 9.3.58. Picasso». Es un homenaje a una historia de amor, la de Alejandro y Frida Kahlo, ambos amigos del pintor. Crea una yuxtaposición entre las dos siluetas de los amantes.

Tras las cuatro líneas en tinta negra, debajo del dibujo se advierten dos grandes trazos en relieve, marcados con punzón sin tinta, con el nombre de Alejandro partido, ocupando la mitad del lienzo. Arriba se aprecia «Alejan», y debajo la otra parte del nombre «dro».

Tenemos la fecha, 1958; y el lugar, nada menos que Argeles sur Mer, tristemente famoso para tantos «finisterres, larreas». En el margen inferior, a sus pies, reposa tranquila, con aire despreocupado, los ojos abiertos y desiguales, una cabeza cortada; un rostro joven, con un tocado exótico, de aires egipcios. Es una cabeza humana, con líneas claras de tinta.

Recordamos otra obra de la amplia parte egipcia del Louvre, la estatuilla tebana de bronce de la la Divina Adoradora Karomama, esposa mística del dios Amón. En el trabajo de Picasso, apreciamos el traje, las formas del cuello blanco de señorito, el bolsillo y los botones también blancos. Pero, al mismo tiempo advertimos que es todo lo que cubre al personaje: medio traje, medio cuerpo en su lado derecho.

Es un ser tremendamente carnal, y por ello, con rasgos de hombre y mujer. Si luce un traje masculino, la clásica americana de las fotos que conservamos de Alejandro, también muestra su trasero desnudo en una distorsión del plano para incorporar la corporeidad y la volumetría de la revolución cubista. Desnudas nos parecen las piernas. En el torso izquierdo sobresale un gran pecho de matrona, carnal y lácteo, marcado con tiza blanca. Apreciamos la sexualidad del cuadro en los trazos femeninos, en el pecho, los labios, la mirada, el trasero desnudo. Esa broma entre dos faunos de sacar al amigo con el culo al aire. Pero el apósito nasal igualmente troceado, marcado en piezas, esa trompa terminada en dos orificios, y el mismo perfil explícito de la cabellera apuntan a símbolos sexuales.

Desde 1955, Picasso, además de trabajar sobre Las Meninas, recupera su pasión por los toros como motivo de inspiración; y la figura del Minotauro, con la que se identifica. En la fecha de este cuadro acaba una serie de aguatintas para ilustrar «La tauromaquia. Arte de torear» de José Delgado (Pepe Illo), y se interesa por la técnica del grabado en linóleo. Esta peculiar trompa fálica que añade en otra dimensión al rostro de A. F. puede marcar el carácter racial, español, del modelo. Es un símbolo taurino. Picasso conoció personalmente y admiró a Frida Kahlo, sabía de su relación con Alejandro. Habían sido amantes, no de una forma ocasional, ya que la relación duró seis años. Fue el gran amante de su vida, el principal, dejando siempre a un lado a Diego (su hombre, su esposo, su enfermedad, su otro yo). Lo dice ella con sus palabras. En ese rostro partido ¿quién es Frida, quién Alejandro? Son uno, espetados en una columna rota.

Además de su retrato, Alejandro guarda un álbum con dibujos de Picasso. Está fechado el 21-12-63. En una de las extraordinarias láminas Pablo se retrata con su amigo gallego. Los dos barbados, como dos filósofos griegos, o dos faunos. Pablo con una corona de laurel en la sien pasa su brazo derecho por el hombro del amigo, un Alejandro serio, maduro, con el torso desnudo.

Otro regalo de Picasso a A.F. es una caja del The Metropolitan Museum of Art de Nueva York con un grabado en relieve del Guernica, depositado por el autor en el museo hasta la llegada de la democracia en España. La pieza tiene una dedicatoria del malagueño, en pintura blanca:

-Al amigo Alejandro Finisterre: «El oro fino con error galano…». Argeles. 5-12-69. Picasso.

Al lado de la firma, el autor dibuja con un trazo su caricatura. Debajo del relieve hay una filigrana con tres nudos. Cita un célebre soneto del poeta andaluz Luis de Góngora, dedicado a una ninfa, de 1582. «Ondeábale el viento que corría/ El oro fino con error galano,/ Cuál verde hoja de álamo lozano/ Se mueve al rojo despuntar del día».

Entre 1955-1961 Picasso vivió sobre todo en Cannes, en la finca La Californie, con Jacqueline Roqué. En 1958 compra el castillo de Vauvenargues. En la zona de Cannes vivirá y creará en los sesenta. En Notre Dame de Vie, en Mougins. Por eso son en principio extrañas las dos dedicatorias hechas a A. F. en Argeles. Había vivido en ese distrito, en Céret. Y en 1954 en las vecinas Perpiñán y Collioure. ¿Sería fruto de una visita de ambos a esa zona en 1958 y 1969? O el recuerdo de un nombre destacado en la biografía de A.F., algo que unía a los dos y Pablo quiso inmortalizar. Alejandro huyó con los restos del ejército republicano a Francia en 1939 y su destino fue el campo de concentración de Argeles sur Mer; junto a otros compañeros, algunos también amigos del pintor, como los catalanes José Bartolí y Ricardo Arias, el vasco Juan Larrea, el compostelano Vázquez Díaz. Alejandro vio las orejas al lobo y escapó a Andorra. Así que el pintor unió su obra y el nombre del amigo al de la memoria republicana, al de la playa norte de una localidad franco-catalana del Rosellón donde se apelotonan miles de derrotados de una guerra con pocos ganadores, que les marcó a todos.

En 1938, Frida Kahlo expuso en el Louvre de París. Picasso, los surrealistas, la bohemia española la acompañaron y apreciaron. A Pablo Picasso se le cayeron las lágrimas ante un boceto apenas dibujado en papel. Nadie apoyó más al exilio español que Frida. Finisterre era secretario de redacción de la revista L’Espagne Républicaine. Y fue el autor de las mejores entrevistas de aquella época: a Picasso y a Rafael Alberti, según recuerdan Ángel Bahamonde y Juan Carlos Sánchez Illán. Por entonces estrenó, en Mónaco, «De amor y de muerte». Marchó a América. Ecuador 0° 0′ 0» fue el título de la revista literaria que fundó en Quito; en Guatemala fabricó juguetes y vendió maderas. En el Centro Republicano Español mantuvo conversaciones con Ernesto Guevara de la Serna, Che, al que siempre ganaba al futbolín, su invento más conocido.

Finisterre en México otra vez fue editor. Con su sello, Finisterre, imprimió la primera novela de Mario Moreno, Cantinflas: «Su Excelencia». Casi al mismo tiempo, en Roma, se publicaba «Cantos Rodados«, una antología de su obra poética, ilustrada por Picasso.

La relación de Picasso y A.F. sobre todo se enmarca en el trabajo del gallego como redactor de varias revistas culturales en los años cuarenta. Y desde 1947, por amistades compartidas, la lucha a favor de la República y por ser ambos afiliados del Partido Comunista. Picasso entra en el PCF en 1944.

Una confluencia de intereses propició la colaboración del pintor ilustrando un libro de Alejandro en 1950, editado en Roma: «Cantos rodados». Ese año y el anterior se celebraron congresos de paz, en el de París se vieron los dos. Picasso vivía en Vallauris con François Gilot, a quien conoció el gallego, como antes a Dora Maar.

También les unió la literatura. Picasso escribió poemas en 1935, cuando se relaciona con Paul Eluard; y teatro en 1944 (Le désir attrapé par la queue), con Camus, Sartre, Simone de Beauvoir. En 1952 crea otra pieza teatral (Les quatre petites filles). En 1959 A.F. está de gira por Europa. El cuadro que hemos analizado le sería entregado durante esta estancia, cuando visite a Picasso en el sur de Francia.

En los años sesenta volverán a verse, como demuestran los dos regalos de 1963 y 1969 que ahora aportamos. Finisterre mantuvo siempre una gran relación con personalidades de la política y la cultura del exilio español. En su etapa parisina se vinculó a la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas y la Asociación Internacional de Refugiados.

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