La Vía Jacobea xalleira de Gian Lorenzo Buonafede Vanti 1717

PRIMERA PARTE – LODATO IDDIO, E’L MIO S. GIACOMO

«Lodato Iddio , e’l mio S. Giacomo, non m’accade coſa di male (alabado sea Dios y mi Santiago, no me sucedió ningún mal). Esta loa de un peregrino italiano que llegó a Muxía atravesando el Xallas por Brandomil, podía ser expresada por otros ilustres viajeros jacobeos que pisaron las mismas piedras, para descrédito de las mentes obtusas negacionistas, contrarias a la validez oficial de la vía xalleira.

Lean mis labios y busquen en las redes estos nombres: Erich Lassota von Steblovo 1580, Christoph Gunzinger 1654, Gian Lorenzo Buonafede Vanti 1717, Giacomo Antonio Naia 1718. Quizás los «fachendosos» paniaguados eruditos no les citen todos los mojones de sus célebres caminatas, pero los mismos protagonistas lo dejaron por escrito en sus lenguas natales y yo se lo comunico sin tachaduras ni enmiendas. Sen cambiar os marcos. Mentir es pecado, tergiversar la verdad roza el delito. No se puede alegar ignorancia. Bendito sea el señor arzobispo de Santiago de Compostela, porque él sí es fiel a la verdad. Y la verdad es el Camino. Dios y Santiago se lo paguen.

Mucho antes de la oficialización del Camino post-jacobeo a Fisterra y Muxía ya reclamaba yo -y Luis Suárez, con poco éxito ambos- en los años noventa el camino directo de Compostela al Santuario da Barca, por la variante de Covas-Brandomil-Baiñas. Bueno, no es una variante, es el camino medieval propio y evidente. En esta obra, apunto una serie de nombres que siguieron esa calzada, atravesando el Xallas por el puente-vado principal y más antiguo. Lo demás son inventos, politicadas e intereses hostelero-turísticos nada oscuros. Los cuatro apellidos que orlan la cabecera de este artículo -y atravesaron el Xallas por Brandomil- se encuentran en el top ten de los peregrinos jacobeos universales.

En el siglo XVIII el camino a la ría de Camariñas salía de Compostela hacia el Tambre, salvándolo en Portomouro o Ponte Maceira. El primer paso, ideal para ir a Soneira-Bergantiños, el segundo hacia Fisterra y Muxía. Tomás Lòpez recoge el camino real de Ponte Maceira a Brandomil, Baiñas, Berdoias, Boudañeira, Ozón, Muxía. Y Domingo Fontán, en el siglo siguiente. Dos cartógrafos a los que resulta dificil negar, sin caer en una hilarante respuesta a tal bochorno. La ruta más usada por los peregrinos que iban o venían del santuario mariano de A Barca desde la sede compostelana, recogida fielmente en los mapas y en los libros. Camino circular en la derrota a los dos santuarios marianos del finisterre (a Fisterra se va por Ponte Olveira, a Muxía por Brandomil; sin marear la perdiz).

El sendero sin nidos de araña que siguió un peso pesado de la literatura odepórica jacobea, Gian Lorenzo Buonafede Vanti, autor de una obra epistolar que para nosotros es todo un referente a reivindicar: Viaggio occidentale a S. Giacomo di Galicia, Nostra Signora della Barca, e Finisterre; per Mare Mediterráneo, Océano, Algarve, Portogallo, Spagna e Francia. Publicada en Bolonia dos años después de su periplo marítimo-terrestre. En doce cartas, este fraile filospagnolo boloñés relata fragmentos del viaje, desde ciudades como Génova, Cádiz, Compostela, Madrid, Toulouse, Aviñón, Turín. Desde la página 213 a la 270 habla de Nemancos. Buscaré en la impresión directa en italiano las fuentes para esclarecer el oculto trayecto del erudito caminante, sin traiciones ni desvíos interesados. Una vez más, fonte limpa. Porque los artículos divulgativos que pueden leer sobre este viaje, falsificando la verdad, intentan ocultar la verdadera senda con trampantojos, para escarnio de la investigación rigurosa y medre de los comerciantes «trampos».

Este franciscano del convento de Castel San Pietro de Bolonia, peregrinó a Santiago de Compostela en el Año Santo de 1717, entrando el uno de agosto en la ciudad. Entre el 17 y el 24 estará de ruta por la Costa da Morte y al comenzar septiembre deja Compostela. Sus exégetas lo definen como un fraile curioso y erudito, con un amplio conocimiento de la Historia y las leyendas españolas. En sus notas trata de las míticas noticias jacobeas, de la reina Lupa y los toros amansados; de Carlomagno, de Duio y del Finisterrae. Mira con ojos escrutadores ciudades y aldeas; no parte de premisas preconcebidas y se muestra receptivo, empático, agradecido o crítico. Quiere ver antes de opinar. Aprecia el país, pese a las carencias materiales y la pillería hospedera, a la urbe compostelana por sus buenas casas y palacios construidos de piedra.

Se emociona en la catedral, allí reza a diario y con los ojos llenos de lágrimas, el corazón jubiloso abraza y besa la estatua de Santiago. Quedará encantado de la hospitalidad del convento franciscano, de las gentes y de un noble que será su anfitrión. El conde de Maceda y señor de las Torres de Cereixo, el mayor mecenas del santuario de A Barca. La fascinación por la casa de Nuestra Señora de la Barca nace en las tertulias en el palacio compostelano del conde, quien le habla de los prodigios y milagros del santuario, recogidos en un libro promovido por el gran benefactor.

El adriático de la Ciudad Roja va a transcribir en su crónica el libro de las maravillas del templo mariano atlántico, para darlo a conocer en todo el mundo, o por lo menos en el idioma de los italianos, completando la inmensa labor de otros grandes divulgadores transalpinos de las rutas occidentales (Fontana, Laffi). Durante todo el viaje de vuelta recordará esta visita y las visiones que en sus propias carnes le suceden en Muxía. En estos días acontece el viaje a Muxía y Fisterra de otro italiano, Naia, aunque no nos consta que coincidieran.

Estas etapas finisterranas son para el mayor experto en peregrinos italianos, J. Caucci «la parte central de su estancia en Galicia (…) que descibe con mucha atención y entusiasmo, ya que el autor lo considera tan importante como para ponerlo en el título de la obra». El 17 de agosto partirá en dirección a Muxía y Finisterre.

Vamos al grano; a la propia escritura del boloñés, sin intermediarios, traductores traidores, ni versiones sesgadas para popularizar inventos con nihil obstat de perjuros (no de la Iglesia compostelana, a la que admiro por su valentía). Usamos para ello el ejemplar de la edición de Bolonia de 1719 de la New York Public Library (654978. Astor, Lenox and Tildan Foundation 1914). Tras reunirse Vanti en Santiago con el conde de Maceda, y escuchar las milagrosas apariciones del templo patrocinado por la noble familia, desea ver para creer y poder contarlo en su lengua a sus compatriotas; en la carta del 16 de agosto anuncia que al día siguiente partirá para Muxía ( Lettera III, pag. 211):

«Con esto concluyo esta carta, pues mañana partiré hacia Mugia, a orillas del mar Océano, para contemplar las maravillas y prodigios que, según he oído, se encuentran allí en las grietas, cerca de la iglesia de María Virgen llamada de la Barca. Si no lo veo, no lo creo; quiero dar noticia a V. S. no de fábulas, sino de cosas vistas con mis propios ojos. Tómese la molestia de reenviarla a todos los parientes y amigos. Santiago de Compostela, 16 de agosto de 1717».

En la «Lettera IV. Da Compostella» nos aporta otro documento excepcional en la historia de los caminos jacobeos gallegos, la ruta directa y principal a Muxía. Siguiendo los consejos de la guía de Laffi, del conde y de los hermanos del convento donde se aloja, marcha acompañado de un napolitano y un propio, al servicio del abad, con provisiones. La primera parada es Ponte Maceira, a tres leguas, célebre vado sobre el río Tambre.

El autor cree que aquí sucedió el episodio legendario del puente derribado en la persecución de los discípulos de Santiago por Carloto, el hermano de la reina Lupa. Una nueva versión -y sin duda más fidedigna o de rigor historicista- de las tribulaciones del carro del cuerpo santo y el rex de Duio. Será testigo de la pelea a puñetazos de dos caballeros que retornan de Santiago con un vecino, alguien de la zona y no de fuera como sus rivales (con uno della Terra), todos armados con espadas, terciando en la misma el fraile, a golpe de latines. La presencia de cuatro mujeres, parientes del litigante, y la borrachera de los dos caminantes apunta a una falta de urbanidad de estos como motivo del altercado.

El hecho de llevar espada no es tan común, no es faca de villanos ni destripaterrones o arrieros sino de hidalgos o bravos. Las cuatro mujeres y el pugilista acompañan en su camino a Vanti, son romeros. Todo apunta a eso, ya que el viajero entra en Muxía con una comitiva, el Camino es concurrido y las posadas solicitadas. Vemos que, además de caballeros viajeros, en la ruta hay posadas-albergues.

El Catastro de Ensenada de 1754 nos aporta una buena lista de estancos y tabernas. Y en el mismo texto lo confirma el autor, al regresar de Finisterre a Ponte Maceira el día 23; cuando manifiesta que el amable cura del lugar tiene 73 años y lo confunde con un polaco (Polonia por Bolonia), lo invita a una gran tortilla en una taberna en donde hay muchos forasteros que regresan de Santiago (peregrinos). Para nada en estas fechas el Camino estaba muerto ni mucho menos, como otros compatriotas caminantes, con la guía de Laffi en el zurrón, corroborarán.

Albergues como el de Covas, donde se duerme sobre un palleiro, y las provisiones en general son caras y escasas. Covas (a 5 km de Ponte Maceira) está en el camino directo de Negreira a Muxía, antiguo y actual (giungeſſimo a un luoghetto nominato Nostra Signora di Covas , diſtante da Ponte Maceira una lega). El trabajo de campo es muy importante a la hora de interpretar o glosar textos literarios, o viejos mapas; y yo conozco bien estos senderos por mí pateados. En tantas aldeas de Barcala y Xallas conservo buenos amigos; aprendí (aprendo) romances, cantigas y leyendas.

Al iglesario de Covas (Negreira) los viejos del lugar siguen llamando O Hospital. Topónimo claro y contundente, conservado en el tiempo, en el camino diáfano a A Barca. y mi compañero de estudios, Liñares de Covas, me habló de otro memorable «conto dalgún día»: a los peregrinos enfermos los dejaban al lado de los cruceiros de los caminos sacramentales, porque por allí pasaban caminantes y podían remediarlos.

Allí se detenían los entierros, en cada cruz, a escuchar un responso por las ánimas del purgatorio, que también buscaban el abrigo de los cruces; por allí pasaba la Santa Compaña. El hospital pudo dar servicio en su ruta a Muxía a Lassota o Naia. Covas aparece citado por otros viajeros que pudieron seguir el camino a Finisterre, algo lógico si atendemos a los viejos carreiros y a la orografía. El actual desvío por el centro de Negreira tiene mucha pinta de interesada modernía política. De Covas pueden virar a Zas, Portocarreiro y Ponte Olveira; como hizo el austriaco Christoph Gunzinger en 1654: Puente Massera, Covas, Puente Olveira, Fonte Santa, Zea, Corcovion, Finisterre. De Fisterra va a Muxía y retorna a Compostela por Baiñas y Brandomil.

-En la última carta que le escribí, le dije que quería partir de Compostela hacia Mugia, para poder ver con mis propios ojos todo lo que me habían contado sobre los prodigios y maravillas que ocurren casi a diario allí, en esos lugares a orillas del mar Océano. Tras obtener permiso, fui al convento y, con la amable autorización (pág. 212) del padre guardián, tras haber almorzado con mi compañero, un napolitano, y un hombre que me había proporcionado el señor decano con provisiones de pan, queso y alguna otra cosa, recorrí tres leguas por unas colinas hasta Ponte Maceira.

1 Ponte Maceira. Aquí hay una pequeña aldea de poca importancia, con un riachuelo que se cruza por un puente, el cual, al romperse, se derrumbó causando daños a aquellos soldados enviados por el rey Carlotto, hermano de la reina Lupa, en persecución de los discípulos de Santiago. En este lugar, unos hombres que regresaban de Compostela, quizá borrachos, se enzarzaron en una pelea con uno de la tierra, al cual le asestó un gran puñetazo en la nariz con tanto grito y alboroto que parecía una guerra. Al ver yo que nadie ponía mano a la espada, aunque todos la llevaban, me acerqué poco a poco, diciendo «el Oficio Divino». Reunido con los compañeros y con aquel que había dado el puñetazo y su familia, que eran cuatro mujeres, llegamos a un lugarcito llamado Nuestra Señora de Covas, a una legua de Ponte Maceira.

Allí tuvimos que dormir mal en un pajar muy ilustre (in un’ illuſtriſſima pagliata...ironiza el autor), y no fue poco llegar al refugio. Sin embargo, primero comimos bien, pues todos teníamos buenas provisiones, ya que en todo este camino no se encontraba más que (pág. 213) un poco de pan bien negro y un poco de vino, que cuesta mucho.

Ahora viene lo bueno, el meollo; la recta senda esquecida o más bien secuestrada por los (in)expertos jacobinos; perdón, jacobeos. La próxima parada es Brandomil, «Brandavilla» (due leghe, a Brandavilla, Terra di niuna ſingolarità). Si en Negreira «viramos» por el Hospital de Covas a la «beira» del Barcala, el destino natural e histórico. Cita Vanti la costumbre de su Orden de visitar al cura del lugar, en este caso Santiago Gutiérrez, sacerdote cojo que le da viandas y le cede un pajar. Contempla a un maestro dando clases a unos niños a la sombra de un árbol , con otras notas costumbristas y graciosas.

Tres leguas después llega a Baiñas «Baignos, Baignas» (per colli afpri fummo in Baignos). El lugar seguía vinculado a la orden benita, que mantenía la casa del antiguo monasterio medieval de San Antoíño (abadía hasta 1487), ahora priorato dependiente de San Martiño Pinario, en una jurisdicción de su señorío que comprendía Baiñas, Nemiña y el monasterio de Ozón. Dato importante, y sin duda conocido por los viajeros, que visitan ambos prioratos hermanos. La ruta es clara como el agua de la fuente, salvo que uno lleve la albarda encima y no tire del asno. Ponte Maceira, Barca, Chancela de Arriba, Negreira, Covas, Barcala, Ordoeste, Corneira. Pasando el río Barcala por pontellas, primero por Ponte Corneira, luego por Ponte da Picota.

Fontecada, donde se celebra una fiesta campestre en las ruinas de una capilla-albergue en el «camiño vello» de Codesedo. A Pereira, Ponte de Antes, Grille, Antes, Brandomil (vado histórico principal del Xallas), Brandoñas (casa del prior), Orbellido, Baiñas (monasterio). Por supuesto, el último tramo alterado hoy por el embalse de A Fervenza en el Xallas, construido hace sesenta años, como también un trozo inicial fue inundado por el encoro Barrié de la Maza en el Tambre:

-El día 18, a la hora de la comida, por el camino, la mayor parte detrás de un riachuelo, en cuyas orillas había algo de verdura con árboles y mucha arena, llegamos, tras recorrer dos leguas, a Brandavilla, tierra de ninguna singularidad. Aquí seguí la costumbre de mi Orden con el señor párroco Giacomo Guttiers, cojo de una pierna, quien me dio medio pan bastante duro, medio queso, y me llenó la cantimplora de buen vino. Después, con toda la comitiva, comí en un pajar, donde se trillaba el trigo con caballos no atados, sino sueltos, y un maestro de escuela, de pie junto a un árbol, enseñaba a unos niños, que tenían unos papeles manuscritos en la mano, y que, estudiándolos, armaban un gran alboroto.

Después de haber comido, unos en el suelo y otros sobre la paja, salimos del granero rodeado de fardos, por donde pasaba una joven con una cesta en la cabeza, en la que había cazuelas y diversos comestibles, y cayó de cabeza ante la gran risa de todos, y ella se entristeció, no porque se hubiera hecho daño a nadie, sino por haber hecho una tortilla sin fuego y haber roto algunos recipientes. La marcha se completó en tres leguas por llano, y tras pasar por colinas escarpadas llegamos a Baignos; comimos en común casi a oscuras, si no hubiera sido por lo que nos dio un administrador de los Padres (pág. 214) benedictinos, dueños del lugar, poco fiable (de poca consideración), y luego se duerme, como la noche pasada, en la paja.

Sigue la jornada en los campos xalleiros de Vimianzo, se levantan los tres y van hacia San Martiño de Ozón (Muxía), a dos leguas de Baiñas (a S. Martino d’Uffon da Baignas diftante due leghe), por montañas casi desiertas salvo pobres cabañas que parecen guaridas de bandoleros. Nos recuerdan las notas de Jorgito el inglés o Mártiros. Baiñas, Sixto (cruce de caminos reales), Padreiro de Abaixo, Boudañeira, Berdoias, Pontevella, Vilarvello de Suxo (cruce de caminos), Ozón, Muiños, Moraime, Muxía.

El vicario del monasterio de Ozón (Usson) les ofrece comida, prueba más de la pervivencia de la red alberguera medieval (como en Baiñas o Moraime; los tres en el camino a Muxía, por ninguno presente en el de Fisterra). A tres leguas se halla en santuario de destino, con el tramo final sobre arenas que cubren el camino (B. Vergine della Barca all’orio del Mare Oceano): «Si por la mañana el canto de los gallos no me hubiera despertado, y yo hubiera llamado a la compañía, habríamos dormido hasta el mediodía. El día 19 pasamos por algunos terruños (Terriciuole), que parecen cuevas de ladrones, y, tras subir una montaña, llegamos a San Martino d’Uffon da Baignas, a dos leguas de distancia. San Martino d’Uffon.

Es una aldea sin importancia, fundada en tiempos de la Orden de San Benito, donde el vicario benedictino, de gran bondad, me llenó la cantimplora de buen vino y me dio un gran pan típico del pueblo, con un trozo de queso. También quería darme chocolate, mi compañero se lo bebió, y yo la rechacé, para decir la misa en Mugia en la Iglesia de Nuestra Señora de la Barca, a tres leguas de aquí. Le di las gracias al cortesísimo padre y, tras una rápida ascensión por una montaña muy empinada, descubrí Mugia, a la que se desciende siempre por la arena sin rastro de camino. Pasamos a tierra a dos tiros de mosquete de la Virgen de la Barca, a orillas del mar Océano, y en su santo altar celebré (pág. 215)».

En Muxía destaca el puerto, la dedicación de las mujeres a crear y vender encajes, y los hombres a la pesca. El santuario es una pequeña ermita arruinada, por ello el conde de Maceda está construyendo una capilla para albergar a siete u ocho religiosos, sin una orden aún elegida. De hecho, el noble levanta en 1719 no solo este «conventuolo», sino el magnífico edificio que hoy conocemos y en donde se entierran los condes. Naia descubrirá unos meses después las obras iniciales del nuevo santuario patrocinado por el magnate compostelano. Vanti cita la presencia de obreros, que estarían iniciando estas obras. Estará en la visita al templo y los actos litúrgicos acompañado por el capellán del santuario y por un vecino que lo hospeda, y, entiendo, debe de ser el capataz del conde, José Martínez. Su apellido coincide con uno de los canteros de fama local en esta época. Los «pedreiros» suelen ser vasallos del conde, de Cereixo y Carnés. Los prodigios que arrebatan al ilustre visitante son sobre todo las extraordinarias marcas que dibuja el mar sobre las sagradas rocas, algo que destacarán otros viajeros en sus escritos. Tras ver y creer, anuncia su intención de traducir el libro impreso que en Santiago le mostró el conde y resalta los milagros del santuario mariano.

-Mugia. Esta es una tierra pequeña (terruño), con terrenos muy arenosos, situada en una colina al este, rodeada por tres lados por las aguas del mar, lo que le confiere un puerto nada desdeñable al este. Los habitantes son pobres, que no se dedican a otra cosa que a la pesca, y las mujeres, a hacer encajes y bordados, (le Donne , che a far pizzi , e merletti), que llevan a vender a otros lugares. El lugar se conoce comúnmente como Nuestra Señora de la Barca, por tener su imagen en una iglesia antiquísima situada a poca distancia de las orillas del mar al oeste. Aunque después de la misa contemplé un poco la estatua de la Virgen María, y en aquellas grandes, grandes piedras las maravillas y prodigios que allí ocurren, volví también después de almorzar en casa de un buen hombre llamado Giuseppe Martínez: Vi en primer lugar que aquella venerable efigie era una estatua coronada (diría que de madera), de un palmo y medio de altura, sobre un pedestal en el altar, con el Niño Jesús también coronado en el brazo derecho, el cual tiene en sus manitas un pajarito; y la Santísima Virgen, en la mano, un cetro. Nunca me pareció que hubiera sido pintada por ningún pintor, pues los colores se desvanecen de repente.

En el lado del Evangelio hay un crucifijo de la estatura de un hombre, el cual (pág. 216) conmueve a los fieles, que lo miran con atención. Dado que la iglesia, como se ha dicho, es antiquísima, húmeda y amenaza con derrumbarse, El Excelentísimo Conde Maceda Compostelano Grande de España, devoto de esta Santísima Madre María, mandó construir a gran costo una capilla, un pequeño convento, todo de piedra de cantera, que se extrae de un peñasco, para que allí vivan siete u ocho religiosos, de la religión que él desee. Aún no se sabe quiénes. En segundo lugar, al saltar de piedra en piedra (sasso), que son grandes e innumerables, una encima de otra, cubiertas por las aguas cuando el mar está embravecido, me señalaron una bastante ancha, volcada con la parte hueca hacia arriba sobre otras, el cual fue la barca que trajo aquí la Santa Imagen; a la derecha, a poca distancia, hay otra que tiene forma de vela, y a la izquierda otra que parece un timón. La barca está colocada de tal manera que, al tirar yo de un hilo atado a un extremo y un hombre por la otra, pasó sin dificultad y sin ningún tropiezo; pues se mantiene en el aire. Esta no la moverían ni cien pares de bueyes, y sin embargo, en ciertos momentos se mueve con una mano, como yo hice, y con una rodilla, lo mismo ocurre en la vela, y yo con mis propios ojos y manos hice la experiencia. Lo admirable es que en ciertas ocasiones estas dos máquinas están totalmente inmóviles, y a veces un niño las mueve fácilmente.

La aparición de Muxía

En los (pág. 217) demás casos, al reflujo de las aguas quedan marcas, como talladas por un fuerte cincel, que son de estelas, cruces ordinarias, cruces de Caravaca, de San Andrés, ruedas de Santa Catalina, cálices, mapas, tenazas, martillos, esponjas, escaleras, con los nombres de Jesús, de María, de San José, etc., figuras que por algún motivo duran. Al rato, ante mis ojos apareció un barco con seis cañones, en la proa una cruz, en la popa una estrella de ocho puntas, y en la proa dos cruces comunes.

Al ver tal aparición, me quedé fuera de mí, como una estatua; toqué con mis propias manos esas figuras y, con el hierro del bastón, intenté deshacerlas, pero en vano. Tomé papel y pluma, mientras mi compañero sostenía el tintero, y comencé a escribir. Describí el barco tal y como se veía, las cruces y la estrella, y otros signos que ya habían aparecido anteriormente, es decir, un guante, un corporal, una una bola, dos llaves, cuatro cruces de San Andrés, un cáliz, a cuyos lados había dos estrellas de ocho puntas, dos cruces de Caravaca, una cruz con su pie, en total setenta, y más cruces comunes. Noté que su color era cerúleo, lo que les daba un aspecto de extrema belleza. Quería con mi débil entendimiento, estando sobre estas rocas fuertes y grandísimas, filosofar sobre cómo podía suceder esto, pero ¿qué? De repente, (pág. 218) se me calentó tanto la cabeza, que me parecía tenerla como un odre enorme y haberme quedado ciego, por lo que me vi obligado a desistir de tales consideraciones físicas.

Desearía que estuvieran presentes en aquel Lugar Santo los herejes y los incrédulos, para que pudieran ver aquellos signos, o figuras, no de cosas indiferentes, sino expresivas de la Pasión de Cristo, y de los misterios de nuestra Santa Fe Romana, católica y apostólica, fuera de la cual no hay, ni puede haber, salvación…Tras ver y anotar tantas figuras con una rápida mirada a la barca, el timón y la vela, volví a entrar en la iglesia, donde con el señor capellán, que siempre me acompañaba me quedé allí, canté las Letanías de la Virgen María, y todos los que estaban conmigo respondían, y todos los trabajadores acudieron para honrar a la Santísima Madre de Dios. Mi queridísimo amigo, aquí quiero, en honor a María siempre Virgen, presentar una de mis obras, es decir, la traducción a nuestra lengua del libro que trata de aquellas maravillas y prodigios, impreso en español a instancias del mencionado señor conde Maceda. Lea V. S. con suma atención, alabe a la Santísima Virgen María…(pág. 219).

Se trata de la Relación verdadera de las maravillas, prodigios y milagros de Nuestra Señora de la Barca, impresa por el antepasado de un compañero mío de curso, Antonio Aldemunde, a expensas del conde de Maceda en 1716:

Relazione Vera e autenticata per autorità dell’ Ordinario Eccleſiaſtico della Città , ed Arciveſcovado del Signor San Giacomo unico Padron di Spagna . Delle maraviglie , Prodigi , e Miracoli ,che Noſtro Signore opera , ed ha operato per mezzo della divotiſſima Immaginedi NOSTRA SIGNORA DELLA BARCA Collocata nella ſua Cappella , la quale ſtà all’ orlo del Mare , e diſtante come due tiri di moſchetto dalla Chieſa. Parrocchiale della Villa di MUGIA nel Regno di Galizia Arcivescovado di S. Giacomo. La quale dà in luce undivoto della medeſima Regina degli Angeli , Madre di Dio , e degli Uomini , per confolazione de’ fuoi divoti , e a maggior’ venerazione di queſta Sovrana Signora. Con licenza de’Superiori in S. Giacomo nella Stamparia d’Antonio Aldemude l’Anno M. DCC . XVI . Approvazione del Lictziato D. Diego Giacinto Romero di Morcoſſo , e Caamagne già Collegiale nel Collegio di Fonseca dell’ Università de S. Giacomo , e nel maggiore di S. Croce di Valliadolid , Canonico lettorale della Scrittura nella Cattedrale di Tuy , ed attual Canomico Maestrale del Pulpito della S. Appostolica , e Metropolitana Chiesa del Signor S. Giacomo .

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