El doctor Amad Abu-Suboh Abadia, director del Servicio de Diagnóstico por Imagen del Hospital Fundació Hospitalàries de Barcelona, acaba de publicar Lo que te mata no es lo que crees (Arcopress), una obra que invita a revisar muchas ideas asumidas sobre la salud y el bienestar. Su planteamiento central es claro: sentirse bien no siempre equivale a estar sano.
Falsa sensación de normalidad
El autor sostiene que numerosos procesos que deterioran el organismo avanzan de forma silenciosa, sin dolor ni señales tempranas evidentes. Esa falsa sensación de normalidad, explica, puede convertirse en una de las mayores trampas para la salud moderna. Mientras tanto, el cuerpo compensa como puede hábitos nocivos como el sedentarismo, la mala alimentación, la falta de descanso o el estrés sostenido.
Lejos de recurrir al alarmismo, Abu-Suboh propone una reflexión práctica sobre cómo vivimos y cómo tratamos al cuerpo. En el libro plantea que muchas molestias normalizadas —fatiga constante, niebla mental, dolores musculares o sensación de agotamiento— pueden ser avisos de que el organismo lleva tiempo funcionando al límite.
La salud como reserva
Durante una entrevista concedida a Radio Xallas, el especialista resumió una de las ideas centrales de la obra: “La salud no es una sensación de invulnerabilidad, sino que es una reserva que se construye, pero que debe construirse antes de que la necesitemos”.
Ese concepto de “reserva” aparece como uno de los ejes del libro. No se trata de perseguir la perfección física ni de someterse a rutinas extremas, sino de ganar margen fisiológico mediante hábitos sostenibles: dormir mejor, moverse con frecuencia, reducir el ruido mental o mantener horarios más estables. En palabras del propio médico, “el cuerpo no pide perfección. El cuerpo lo que pide es margen”.

El vínculo con otras personas, algo fisiológico
Otro de los aspectos destacados por el autor es la importancia de las relaciones personales en el equilibrio físico y emocional. Abu-Suboh defiende que la salud no se construye únicamente desde lo individual, sino también desde el entorno humano. “Más vínculo con los que nos rodean, con los que queremos, con los que están cerca”, señaló en la entrevista, subrayando que ese vínculo “no es algo romantizado, es algo fisiológico”.
El libro también aborda la diferencia entre genética y hábitos adquiridos. Aunque existen factores heredados que no pueden modificarse, el doctor recuerda que sí existe un margen de actuación a través de la epigenética, es decir, la influencia que tienen nuestras rutinas sobre la expresión genética.
Con un lenguaje accesible y apoyado en la experiencia clínica, Lo que te mata no es lo que crees propone una visión más honesta del cuerpo y de sus límites. “No se trata de vivir peor enterado. Se trata de vivir con menos mentira”, resume el autor.


