La descarga de centeno en los puertos de Camariñas y Muxía de la urca del alemán Ungerat Heberat en 1585, que dio pie a un pleito de varios meses en la Audiencia de Galicia, es uno de los hechos que acostumbro a citar como ejemplo de la presencia de naves comerciales de la Hansa en nuestra ría, un suceso del que ya tengo dado noticia en libros y artículos publicados en el pasado siglo.
En 2024 los historiadores José Enrique Benlloch del Río y José Enrique Benlloch Castiñeira publican en la revista Nalgures un espléndido estudio sobre el proceso, con la transcripción de la documentación de la Real Audiencia. La revista fue presentada el pasado 30 de enero en el Casino coruñés.
Para incordio de paniaguados diletantes (cráneos previlegiados, diría Valle Inclán) que hace pocos años negaban el trato de comercio de sustancia en esta ría -y que suelen cambiar de opinión si hay un pagano político que le costee un informe ad hoc para abrir alguna nueva ruta más turística que histórica-, la ría de Camariñas o abra de Muxía fue desde la Edad Media puerto de refugio y de carga-descarga de todas las grandes marinas europeas.
En la última década, los artículos de los Benlloch no hacen más que ratificar esta premisa.

Parte de mis libros tratan sobre el comercio marítimo de la Costa da Morte, aportando citas no sólo de los «ancoradoiros» de Fisterra o Muxía, acreditados por autoras de la talla de Elisa Ferreira. Así pues, las dos grandes flotas comerciales que desde el medievo marcan la pauta en los tráficos de carga y pasaje en los mares europeos, la veneciana y la hanseática, entraban en nuestra ría.
En donde había mercaderes locales, cargos portuarios, instalaciones de apoyo a la navegación, lonjas, almacenes y fondas. Barcos locales trataban con los puertos cantábricos y con el sur ibérico. De aquellos rumbos llegaban regularmente sus patrones a las dos villas de mar abierto y en no pocos casos subían ría arriba a Cereixo y Ponte do Porto. Y podemos acreditar todos los renglones de este párrafo.
Antes de deleitarnos en resumir el completo Informe Benlloch, que amplía lo poco que sabíamos sobre el litigio, un acontecimiento de gran valor histórico para nuestra ría, nos detenemos en los protagonistas. Una urca al mando de un alemán (Hestrij de Gerald Eberhard, propiamente) trae centeno y otras mercancías a Muxía y Camariñas en 1585.
La nao La Hestriyz de Estocolmo (Suecia) es urca hanseática (hulk Hestrij, también llamada charúa en los legajos) de una sociedad comercial formada por el alemán Ungerat Heberat (Heber, Ebrayre, de Drat…Eberhard) y el holandés o flamenco Juan Holandés (Johannes). El comercio marítimo de la capital sueca (de lejana ascendencia jacobea) estaba dominado por la colonia alemana de la Liga Hanseática, a la que pertenecía nuestro patrón. De ahí que se le denomine alemán en los papeles, por ser su lengua, y diga no entender el español. Su socio Juan Holandés sí lo habla y hace de intérprete. Es posible que sea flamenco (o se hace pasar) y súbdito del rey español, propiciando la resolución favorable del caso.
Los holandeses, entregados al protestantismo y enfrentados en guerra abierta al rey Felipe II, no son trigo limpio en estas fechas. Aunque lo de Flandes tiene visos de guerra civil-religiosa, de complejas y mudables alianzas. Mientras la nao deambula por los puertos gallegos sucede en Holanda el sitio y milagro de Empel (8 de diciembre), una inesperada victoria del sitiado Tercio de Bobadilla con la ayuda de la Inmaculada Concepción, convertida en la patrona de la infantería.
Seguía el pleito en A Coruña sobre el caso Heberat cuando llega la afortunada crónica bélica que da pie a un reguero de misas y celebraciones por todo el vasto imperio. Sí es aliada de España la Suecia del rey Juan III, de simpatías católicas y enfrentado a las potencias bálticas herejes.

Tenemos un problema con varios de los nombres aportados en los escritos, ya que no existen. Propiamente la urca debería llamarse Hestrij, un nombre letón. Riga es otro de los grandes puertos hanseáticos y jacobeos, muy unido a los suecos, que comercia intensamente con Galicia. Pero hacerse el neutral sueco era habitual en estos pagos; algo que no les sirvió en 1632 cuando hubo requisa en masa de sus velas para las flotas de Indias. Su patrón, referenciado en media docena de citas con nombres diferentes, sería un Gerald Eberhard. La Hestrij de Estocolmo, al mando de Gerald Eberhard y Johannes el Flamenco. En los escritos se dice que la nave es de «Estocolmo», de «naturales del Reino de Hestocolmo» o el capitán «alemán de la villa destocolmo».
La ría en este siglo se abre a tráficos regulares e irregulares, recibiendo distinto trato los mercaderes según su nación, fruto y atendiendo a las vicisitudes políticas y no pocas veces a la arbitrariedad de las autoridades. Benlloch recuerda que «Hemos investigado antes la historia de esta ría mediante fuentes primarias en muchos otros casos y observamos a lo largo de este siglo actividad de barcos franceses, más concretamente bretones, que no enfrentaron circunstancias análogas en su comercio marítimo».
Para el profesor, «la actividad comercial en esta ría en la época que tratamos en este artículo tiene bastante importancia. Gracias a la digitalización de fondos en los archivos vascos constata ya en estudios anteriores cómo de los puertos de Euskadi salían sus barcos con hierro, armas o herramientas que luego se vendían en localidades como las que nos ocupan y, en sentido opuesto, algunos navíos muxiáns transportaban su pescado para los puertos del norte de España, movimiento (hierro por pescado) que se prolongará durante los dos siglos siguientes. En estos años del litigio funcionaba en Ponte do Porto la única ferrería de la comarca, montada por arosas vascos, propiedad del Conde de Altamira.
Este precioso conjunto documental muestra un ejemplo de tráfico comercial importante por su montante económico, cualitativo y cuantitativo. Una ría que negocia con una rica urca de la Hansa, ganando un proveedor al puerto de A Coruña, llave del reino, provocando la queja de las autoridades coruñesas. Un movimiento de 2.700 ducados, nada menos, para satisfacción de las necesidades de mercaderes locales y avalado por vecinos de la ría.
Son aún más los aspectos a destacar; en los dos puertos y villas de la ría hay cargos públicos vinculados a la fiscalización del comercio marino, escribanos, clientes locales duchos en los tratos de la mar, profesionales dispuestos a las cargas y descargas, y cierta infraestructura portuaria de servicios (almacenes y lonjas, fondas). La estancia de la nave en ambos puertos denota la compatibilidad de ambos fondeaderos, complementarios en los negocios de mar abierto y lejanas clientelas (pese a sus distintos señoríos), sirviendo como bocanas por donde se reciben los necesarios aprestos en el interior de la comarca.
Aprovechando el camino real a Santiago, el puente porteño y una red de carreteros, tenderos. Incluso en estos legajos se duda sobre la posible estancia varias veces de la urca en ambas radas, no sólo una vez en cada una. No son pocos los barcos que en otras circunstancias aportan en ambas orillas en un viaje, ni las sociedades entre armadores de ambas orillas.
En estos pliegos vemos la cita al puerto y lonja de Camariñas. La villa cuenta con una lonja para almacén y venta del centeno y otros efectos del barco alemán. Los extranjeros, además, disponen de casa de hospedaje en donde pasarán varios meses, y contarán con estibadores para el servicio portuario. La mención a una serie de avalistas fiadores de los mercaderes de nuevo ratifica la existencia de una red de apoyo al comercio, conocedora de los tratos y leyes del mar (que se invocan a menudo). Unos avales con peso social y de posibles. Sus nombres y vecindades arrojan mucha luz. Son fiadores y avalistas del mercader alemán:
El alguacil de merindad Juan de Mora de Carnés, Alonso Castro de Salto, Juan de Lema de Roalo, Sancho Trillo da Lavandeira de Castrelo, Alonso Villar de Cereixo, Vastián Márquez de Buría. El último se perfila como el principal avalista local, una familia muy presente y destacada en la villa en los siglos siguientes, dueña de tierra y barcos, ostentando cargos. En Camariñas otros nombres de peso citados en la disputa son los Ynsoa (Insua) y Mesura. Los otros avales son tratantes de cereales del interior, todos del actual concello de Vimianzo, personas «afeitas» a los tráficos de trigo, vasallos y clientes del conde de Altamira (dueño de los molinos del castillo de Vimianzo y de aceñas en Ponte do Porto). Dos de ellos de Cereixo y Carnés, vinculados por tanto a las tratos con la Iglesia, con el conde y sus alcaides (Carantoña, Leis); a las descargas en Ponte do Porto, desde donde parten los carros y recuas por el camino real a las montañas de Soneira e incluso Xallas o Bergantiños. Esto supone una demanda no solo local de las dos villas de mar, sino comarcal, que deben atender unos tratantes llegados del interior, con importantes clientes río arriba.
No son para nada desconocidos en mis papeles estos hombres de carros y mulas, de cica cumplida. Los Mora de Carnés cuentan con una acreditada tienda de suministros, ultramarinos. Los apellidos Mora Sanz ya aparecen en estas fechas en el primer libro de bautizados de San Pedro do Porto y San Cristóbal de Carnés 1565-1615, que en su día transcribí. Tienen tierras, tratan con el clero (Lope Vázquez de Eras Fontán, cura de Carnés y Ponte do Porto) y ostentan cargos de señorío en el coto de Carnés. No pocas veces son buscados para apadrinar bautizados.

Debemos añadir un segundo vecino del lugar de Campolongo (Carnés), Jácome Graiño da Castiñeira, que ejercerá la petición de protección de todos los fiadores ante el rumor de la marcha del alemán, encabezando una demanda. Graiño es el hombre más rico de su parroquia en tierras y bienes, y sus descendientes seguirán apareciendo en el siglo siguiente como hacendados.
Al liderar el lite representando a todos los avales demuestra su peso entre los tratantes del interior de la ría. En este primer libro parroquial, Joam Graiño de Campolongo es marcado como «labrador rico»; el único así denominado. Por su parte, en esta feligresía, Aldonza de Mora Sanz es tendera, como también Gregorio de Moreira. Por ello, queda acreditado el desempeño comercial de los Mora y su tarea de intermediarios en los tráficos entre la costa y el interior (vino, cereal, sal). Francisco Graiño el Grifo, Francisco de Calças, Francisco de Sanz, igualmente aparecen avecindados en Carnés-Ponte do Porto en esta primera relación de feligreses.
Entre los cargos de referencia en la ría en este pleito hallamos en la jurisdicción de Altamira (titular de Camariñas) a Juan Díaz de Páramo, alcalde y merino de Vimianzo; Francisco López, escribano de Vimianzo; Juan de Paços, escribano, notario público de Vimianzo. O el alguacil de Carnés Juan de Mora (lo vemos como testigo y aval).
Por parte del señor de Muxía, el arzobispo de Santiago, aparece un Juan de Santa Cruz, juez ordinario de Muxía. Agustín Fernandes, tesorero y contador del arzobispo en Muxía. Domingo de Losada, arrendador; vecino de Santiago de Compostela, cogedor de las alcabalas rentas y media diezma de la villa y puerto de Muxía pertenecientes a la dignidad arzobispal santiaguesa. Pedro Martínez, escribano; nacido en 1539, consta actividad notarial suya en 1562-1606. Destinado en Muxía en el momento de los hechos, actuó igualmente en otras jurisdicciones como Moraime-Buxantes, Fisterra u Ozón-Baiñas-Nemiña.
Son testigos en los legajos varios vecinos de la ría. Adán de Buría, alumno de la Universidad de Santiago. Jácome Graiño da Castiñeira de Carnés, promotor de la denuncia de fuga del alemán. Jácome de Mesura de Camariñas. Alberte Sánchez, estante en Muxía. Rodrigo de Casas y Alonso de Sampaio de San Vicenzo de Vimianzo. Juan de Mora o Juan Calça de Mora de Carnés.
Es testigo en Muxía el capitán coruñés Juan Varela. Como en el caso de Graíño en Carnés-Ponte do Porto, un personaje importante a nivel local es Martino da Ynsoa de Buría. Es demandado como depositario del dinero confiscado a los extranjeros por la autoridad del señorío. En ambos casos son prestamistas, propietarios, muy vinculados al clero y al señor conde.

EL CASO HEBERAT
Entre noviembre de 1585 y febrero de 1586 se produce una demanda judicial en la Real Audiencia de A Coruña contra un mercader alemán y su socio holandés por la actividad de ambos en Muxía y Camariñas.
Éstos llegaron a la ría en su propia embarcación, tras haber recalado en A Coruña con un cargamento de centeno y otros demandados productos de comercio (quesos, telas, loza). Las autoridades locales coruñesas denuncian que la nave parte con su mercancía, muy necesaria por la falta de pan en la ciudad, y la descarga en la ría de Camariñas. Pero el suceso lleva muchas aristas y enfrentados pareceres, con cargos comarcales en litigio.
Dos hombres, Ungerat Heberat y Juan de Holanda (o Juan Flamenco), son mercaderes y socios de una nave que se desplaza por la costa gallega vendiendo mercancías importadas.
El primero tiene mayor protagonismo en la parte inicial de la documentación, mientras que el segundo (también ejerce de intérprete), destaca en la última parte de los hechos documentados. Antes de la entrada en nuestra ría habían estado en la ciudad de A Coruña, donde descargaron y vendieron algunas de las citadas mercancías. Por la documentación procesal, la secuencia cronológica de hechos por localidad se cifra en este orden:
En Muxía se da el primer manuscrito el 28 de noviembre del año 1585. Luego hay diez escritos en Camariñas en 12/1585 (días 18, 19 y 27), y uno más allí en 2-1/1586; a continuación A Coruña, dos escritos, en 1/1586. Vimianzo, cinco escritos el mismo mes de enero (días 14 y 28). A Coruña, cinco más, idem. Vimianzo, uno más y A Coruña, otros tres. Finalmente, A Coruña, cuatro escritos en febrero del 1586 (el último el día 15).
En noviembre de 1585 la nao Laustrosa (la Hestriyz) vende 800 ducados de centeno en Muxía, según declara su capitán alemán al escribano local. Luego descarga 200 cargas de centeno en Camariñas. En esta villa rentan 570 ducados de productos ultramarinos.
A mayores, el juez manda desembarcar lo que creemos es un conjunto de lienzos importados, un barrilexo con «treze pieças de olandas». El merino de la jurisdicción de Altamira teme que partan de Camariñas como lo hicieron de Muxía, llevándose el dinero, que según la ley tienen obligación de dejar en tierra y comprar con él mercancías locales (en el plazo de un año); además de pagar los impuestos o alcabalas correspondientes, que en esta ría son del 10% y no del 3% como en la ciudad coruñesa, hecho que denuncian los mercaderes. Por ello, el merino soneirano decide secuestrar el capital y vigilar a los extranjeros, a la espera de que se dilucidan las demandas de parte.
La instada por las justicias de señorío, por la Audiencia y las reclamaciones y partes de los mercaderes antes los escribanos. El merino habla de un comercio de 2.500 ducados más 200 de telas, una cifra muy importante, digna de un puerto de sustancia, abierto a los grandes navíos. En toda la carga documental vemos las actuaciones de los representantes del arzobispo en Muxía y del conde de Altamira en Camariñas. Las obligaciones de buscar avalistas locales por parte de los extranjeros, para cambiar el oro por mercancías locales. El celo del alcalde de Vimianzo que manda vigilar a los mercaderes y confiscó su dinero.
Es evidente el temor a que estas autoridades, tantas veces demandadas por su arbitrariedad, puedan tomar la justicia por su mano, apropiarse de bienes y dineros e incluso «ajusticiar» a los rebeldes. Son años de extrema conflictividad en el mar a causa de los «herejes»; faltan dos años para la jornada de Inglaterra: la Invencible, la Contraarmada.
Desde 1590 en nuestra costa (y en media Europa) golpean las levas y las pestes, la hambruna; especialmente virulentas en Muxía y Fisterra (como apuntará un certero testigo y caminante extremo por estos lares, Del Hoyo). Pasan dos meses de dimes y diretes, con el barco en la ría. La Audiencia coruñesa exige explicaciones al alcalde-juez de Vimianzo, amenazándole con una multa de 10.000 maravedíes por retener el dinero de los mercaderes europeos. Los avalistas, preocupados por sus responsabilidades, y temiendo la marcha sigilosa del barco, buscan desprenderse de sus obligaciones, dos de ellos piden protección en la Audiencia.
Al concluir el primer mes del año 1586, Rodrigo López, representante de Juan de Holanda (en sus escritos lo llama Juan Flamenco) demanda que se le devuelva el dinero retenido, traído a la capital por el alcalde de Vimianzo, quien por su parte pide también en ella que se le pague su trabajo y desplazamiento en dos monturas, durante cinco días, el cual se valora en 2500 maravedís. 1 febrero 1586, llega la conclusión; la Audiencia recordando a Holanda que debe cumplir la ley en el uso que haga del dinero, ordena que la totalidad de este efectivo hasta entonces retenido por el alcalde de Vimianzo le sea reintegrada de una vez y manda además que tal decisión se le comunique al interesado, punto del que se da fé notarial. 15 de febrero de 1586, Juan de Holanda se declara satisfecho con 1001 reales por trece piezas de Holanda (que entendemos son las que el juez de Muxía había ordenado descargar el 28-11-1585).
En la feliz resolución para los comerciantes, Benlloch reconoce que «Al procurador general coruñés le preocupa que la inmovilización del comerciante alemán suponga que haya menos pan en el mercado y empeore la situación de hambre actual. En su segunda comunicación parece que se le agota la paciencia y pide se actúe contra la justicia local vimiancesa por desacato». Las conclusiones anotadas por el estudio de Benlloch y Benlloch nos aclara que estamos ante un pleito de naturaleza privada y con ánimo de lucro comercial, contra otro de carácter jurisdiccional y local. «En cuanto a la conducta del último, cabe al lector o lectora opinar si su persistencia corresponde al extremado celo en el cumplimiento de la normativa o a motivos menos claros.
Si a priori no se le puede suponer mala fé por exigir que se respete la ley, tampoco se puede pensar mal de los negociantes simplemente por ejercer su profesión, pues cuanto se les exigió en cada momento del proceso lo cumplieron». La enorme carencia de pan en el reino «lleva al procurador general coruñés a poner en marcha una iniciativa de control de la justicia del Condado de Altamira en Vimianzo y Camariñas, sin la cual sólo cabe conjeturar cuál habría sido la suerte de los comerciantes extranjeros en su periplo de negocios por la costa de Nemancos». Y se desprende que no es un acto irregular este tipo de tráficos en la ría. En el aporte documental vemos la secuencia de los hechos, centrándonos sobre todo en los legajos de los escribanos de la ría. El primero el 28-11-1585 nos abre a la versión del alemán, con cita de su barco y productos.
APARATO DOCUMENTAL
En la villa de Mugía a [28-11-1585] ante mí, Juan de Santa Cruz, juez
ordinario de la dicha vª de Mugía, y en presencia de mi escribano y tºs Girald
Ebrayre, mareante y maestro de la nao nonbrada Laustrosa y natural que
dixo ser de Alemania, dixo delante su magestad manifestaba ochocientos
ducados que avía hecho de pan en la dicha villa, que de la dicha su nau
avía descargado ochocientos y no más. Pedió a my, escribano, se lo diese por
fee y testimonio, atento lo qual el dicho senor juez dixo que mandava a my,
escribano, le diese dello fee de como los manifestaba e de como dezía no aver
hecho más. E yo, escribano, doy fee el dicho mercader
por delante mí y del dicho senor juez y a ello fueron tºs el capitán Juan Barela
de la Coruña y Alberte Sánchez, estante en la dicha villa. Firmado, Juan de
Santa Cruz. Ante mí, Pedro Martínez.
E, después de lo susodicho en la dicha vª [Muxía] junto con esto, este día el
dicho senor juez dixo que al tiempo que ansí abía hecho descargar las belas
y más contenido en el recuento que tenía, hiziera descargar un barrilexo
en que benían treze pieças de olandas.
las quales, ansimismo en birtud de la dicha probisión de entrega, avía
mandado entregar las dichas treze pieças de olandas y se avían cargado por
la dicha nao juntamente con lo demás contenido en su recuento que dello
trae. Y dello yo, escribano, doy fee. Tºs los dichos. Firmado, Juan de Santa
Cruz. Pasó ante mí, Pedro Martínez
NALGURES XXII BENLLOCH Y BENLLOCH, 2024. «Pleito a propósito de un alemán y su socio holandés por comercio marítimo en Muxía y Camariñas (1586); José Enrique Benlloch del Río y José Enrique Benlloch Castiñeira. ARG. Real Audiencia. Vecinos legajo 22794–17. Año 1586.
