Desde hace años cada primer fin de semana de agosto, en Fisterra se lleva a cabo una fiesta denominada “Encontro Pirata” que recrea con música, humor y simpatía las andanzas de Arripay o Paye, según las crónicas sean españolas o inglesas, en la que participan fraternalmente gentes de ambos países.
El despiadado Harry Paye (ca. 1360 – 1419) fue el primer pirata de Inglaterra que se ganó el favor del rey Enrique IV porque era el azote de Francia y España, a través de incursiones navales a lo largo de la costa desde Normandía hasta el Golfo de Vizcaya y el Cabo Finisterre.
Fue en 1398 que invadió Fisterra, tomando muchos prisioneros y exigiendo rescates, saqueó la iglesia de Santa María y robó un valioso crucifijo del que no hay registros (un trozo de campana obsequiado por ciudadanos de Poole en 2008 no tiene que ver con este pillaje).

En octubre de 1404 obtiene patente de corso de manos de Enrique IV. Así su versión en latín original:
“Rex universis et singulis Admirallis capitaneis castellanis, et eorum locum tenentibus, custodibus portuum maris et aliorum locorum maritimorum, maioribus b alii vis constabulariis prepositis ministris, ac magistris et marinariis navium et possessoribus earundem, necnon vitellariis et omnibus aliis fidelibus et subditis nostris, tam per terram quam per mare, infra libertates et extra, ad quos etc., Salutem. Sciatis quod concessimus et licentiam dedimus dilecto nostro Henrico Paye quod ipse supra mare, cum tot navibus bargeis’ et balingeris de guerra, hominibus ad arma et sagittariis sufficienter munitis quot sibi providere poterit, ad mala que poterit notoriis inimicis nostris pro destructione eorundem inferenda, necnon pro tuitione et defensione fidelium ligeorum nostrorum ac salvatione regni nostri, velare et transire possit. Et ideo vobis et cuilibet vestrum mandamus quod eidem Henrico naves bargeas et balingeras victualia et omnia alia que sibi in hac parte necesaria fuerint et oportuna, solvendo pro eisdem prout inter vos et ipsum Henricum rationabiliter concordari poterit, liberetis, et eidem Henrico in premissis faciendis et exequendis intendentes sitis consulentes et auxiliantes, prout decet. In cujus etc. quamdiu nobis placuerit duratur’. Teste Rege apud Castrum de Maxstok tertio die Octobris”.

Versión en inglés: “The King to all and singular Admirals, captains, castellans, and to their lieutenants, and to keepers of ports of the sea and other maritime places, and to mayors, bailiffs, constables, provosts, and officers, and to masters and owners of ships, and mariners, and also to victuallers of ships, and to all other our lieges and subjects, whether on land or at sea, within liberties or without, to whom these presents shall come, Greeting. Know ye that we have granted and given leave to our well-beloved Henry Paye to sail and pass to the seas with as many ships, barges, and balingers oi war, men-at-arms and bowmen properly equipped, as he may be able to provide himself with, to do all the hurt he can to our open enemies, as well for their destruction as for the safe guarding and defence of our faithful lieges, and for the safety of our realm. And therefore we command you, and each of you, that you supply the said Henry with ships, barges, and balingers, victuals, and all other things necessary and useful to him m this behalf, he paying for the same as shall be reasonably agreed between you and him ; and that you be aiding, advising, and assisting to him, Henry, in the performance and execution of the premises, as beseems you. These presents to endure according to our pleasure. Witness the King in Maxstoke Castle…” (“Documents relating to law and custom of the sea” by Marsden, Reginald Godfrey, 1845-1927).
Resumen en español: “El Rey: a todos los almirantes, capitanes, castellanos y sus lugartenientes, y a los guardamuelles y de otras plazas marítimas, y a los alcaldes, alguaciles, prebostes y oficiales, y a los capitanes y propietarios de naves, y marineros, y también a los avitualladores de los barcos, y a todos los demás señores y súbditos nuestros, ya sea en tierra o en el mar… Sepan que hemos concedido y dado permiso a nuestro muy querido Henry Paye para navegar y pasar a los mares con tantos barcos, barcazas y baleners de guerra, hombres de armas y arqueros debidamente equipados como pueda proveerse, para hacer todo el daño posible a nuestros enemigos declarados…” (traducción J. G. Satti).

Los franceses y españoles hartos ya de los incisivos ataques de Harry a naves y poblaciones, aprovechando que él estaba en Gales en misión regia sofocando unas revueltas instigadas por el Principe Owain Glyndwr, enviaron a la ciudad natal de Paye en Poole a otro corsario de renombre con su flota para que la arrasara; este no era otro que Pedro Niño Lasso de la Vega (1378 – 1453), I señor de Cigales y de Valverde, I conde de Buelna, militar y marino castellano al servicio del rey Enrique III el Doliente.
En efecto, una mañana de septiembre de 1405, una flota combinada de barcos franceses (que en principio no actuaron) y españoles atacó en represalia robando armas y prendiendo fuego a los almacenes antes y al pueblo entero después, según crónicas españolas. Aún así la pelea fue muy reñida, y la llegada de refuerzos rivales puso en serio peligro la retirada de los castellanos. Especialmente los arqueros, cuya acción sembraba el suelo de flechas. Viendo los graves apuros que pasaban sus aliados, los franceses acuden a socorrerlos, haciendo huir a los ingleses y posibilitando al fin el reembarco.
Aunque Pedro Niño no dio con Paye durante el ataque, sí encontró a su hermano quien murió durante la lucha. Los hechos están narrados en “El Victorial o Crónica de Pedro Niño” (1436), biografía escrita por su alférez Gutierre Díez de Games.
Es en el capítulo 26 donde hace un relato pormenorizado de lo sucedido:
“… partieron de alli las galeras, é fueron costeando la costa, é buscando los puertos (de Inglterra), é tomaron las galeras agua é leña é vieron andar ganado de bacas é ovejas, é fueron por ello, é ficieron carnaje quanto ovieron menester. Asi iban siguiendo la costa cada dia quemando é robando muchas casas é paños, é avian muchas escaramuzas con la gente de aquella tierra. Asi yendo, sopo el Capitan de un lugar que llaman Pola, que es alli en aquella costa. Era aquel lugar de un Caballero que llamaban Arripay, que andaba siempre Corsario con muchos navios robando por la mar quantos navios podia alcanzar de España, é de Francia: é este Arripay vino muchas veces en la costa de Castilla, é levó muchas naves é barcas robadas; é corria la canal de Flandes tan poderosamente, que non pasaba navio en Flandes ninguno que fuese que non era tomado. Este Arripay quemó á Gijón, é á Finesterra, é levó el Crucifixo de Sancta Maria de Finesterra, que era nombrado por el mas devoto de todas las partidas (é asi era verdad, é yo le ví) é fizo otros muchos daños en Castilla de muchos prisioneros, é rescates; é aunque otros navios andaban armados de Inglaterra, aquel era el que mas lo continuaba. Quando el Capitan sopo que tan cerca era de su lugar, ovo grand placer pensando fallarle: é una alva de mañana llegaron las galeras delante de Pola. El lugar era decercado tenia una fermosa torre cubierta de una capilla de estaño redonda toda entera á facion de una taza. E dixo el Capitan á Mosen Charles, que era bien de tomar alli tierra, é ir robar é quemar aquel lugar: é dixo Mosen Charles: Monseñor, mi consejo es que aqui non tomemos tierra, por quanto hay muchos bajos, é grand roquedo, é las galeras non pueden llegar á la tierra: é aqui en esta comarca hay mucha Gente de armas, é de Frecheros. E dixo el Capitán: Saldremos en los copanos pocos á pocos, é mientras unos pelean saldran los otros. E dixo Mosen Charles, que en manera del mundo non saldria fuera él, nin gente suya non saldrian en aquella tierra. El Capitan mandó armar su gente, é fizolos ir en tierra, é mandó que pusiesen fuego á aquel lugar. El lugar de Pola era arredrado de la mar grand rato: é los Castellanos ponianle fuego, é ardia yá grand parte del lugar. Vinieron á ellos tanta gente de Ingleses que non los pudieron sofrir, é vinieron retrayendose á la mar muy á paso todos juntos. El Capitan, como los suyos venian é dejaban el lugar, ovo grand pesar, é mandó ir en tierra mas gente: é los otros venian peleando, é defendiendose, fasta que la otra gente los acorrió. Iba alli con la bandera del Capitan Fernando Niño su primo, é los Omes de armas é mandó que se ordenasen bien, é fuesen destruir aquel lugar. E movieron para allá todos los Castellanos juntos segund que el Capitan mandó, é asentaron la bandera fuera del lugar, é los Omes de armas con ella. Mandado avia el Capitan que non robasen ninguna cosa, salvo que á todo pusiesen fuego, porque se non empachase la gente con el robo: é asi fué que en poca de hora fué ardido todo el lugar, salvo una fermosa morada é grande, que la defendió mucha gente que estaba dentro en ella; é los Castellanos porfiaron tanto, que por fuerza la entraron, é la gente que en ella estaba salieron todos por las espadas de la casa. Fallaron dentro muchas armas de todas guisas, é truenos, é jarcia, é velas, é todas guarniciones de guerra é mar, é robaron de aquellas cosas lo que pudieron traer, é pusieron fuego al palacio. Esto delibrado, vinose la gente ante las galeras, é los Ingleses peleando con ellos : é la gente comenzandose á recoger á las galeras, vino mucha gente de Ingleses de pie é de caballo, é dejaron todos los caballos, é pusieronse á pie, é ordenaron una haz de gente Omes de armas é Frecheros, é pusieronse tan á cerca, que bien veria el ome el que era bermejo ó negro dellos: é traian puertas de casas, é asentabanlas en tierra, é un madero detrás á que estaban arrimadas, é salian detrás dellas, é peleaban. Esto facian ellos por miedo de los de las ballestas, que los mataban mucho. Ellos tenian lo alto, é los Castellanos lo bajo: é las frechas eran tantas, é venian tan espesas, que los Ballesteros non se osaban abajar á armar las ballestas; ca avia yá muchos feridos de las frechas: é tantas eran, que los que tenian jaques, ó sobrevistas, parescian asaeteados. La bandera, é el que la tenia, eran llenos de frechas, si non que le mamparaban las buenas armas que tenia, aunque en algunos lugares yá eran falsadas. Los Ingleses son muy sabidores de guerra. Yá ellos non esperaban si non que los Ballesteros oviesen gastado el almacen, é cesado de tirar, para venir con los Castellanos á las manos. El Capitán Pero Niño estaba en su galera, é veia yá como los Ingleses cada vez eran mas muchos, é que parescian entre ellos muchos Omes valientes de armas, é conosció como estaba la facienda en peso. Salió de las galeras con algunos pocos que con él avian quedado, é vino en tierra: é Mosen Charles, quando vió ir el Capitan en tierra, endereszose para le ayudar, aunque era yá tarde. Quando los Castellanos vieron el Capitan cobraron mayor esfuerzo. El, esforzando los que fallaba, llegó á su bandera, que estaba solo el que la tenia en grand peligro entre los Castellanos é los Ingleses; ca en verdad los Castellanos se avian retraido fasta tres pasos, é avianlos cobrado los Ingleses.

Bien saben los guerreros, que todos miran á la bandera, tan bien los enemigos, como los amigos; é si la ven retraer estando en la pelea, pierden los suyos el esfuerzo, é cobranle los contrarios; é si la ven estár firme, ó ir adelante, eso mesmo. E non porque al Alferez sea dada aquella honra, é sea escogido en toda la hueste para aquel oficio, é que todos aguarden á él, é le tengan ojo, non le cresca orgullo é locura, que tome mas lugar que le es dado, nin vaya un tanto adelante de lo que es mandado, nin tenga que por ser el mas fuerte de aquella hueste le fué dado aquel oficio; que otros muchos é mejores están cerca dél, que han de facer el fecho. Nin se quiera tanto esmerar, é levar honra, que ponga en peligro de deshonra á su Señor, é á los que con él van; nin otrosi se ponga en tan grand guarda, que los otros vayan adelante, é quede él atrás: que la candela mejor alumbra delante que non detrás: é la bandera es como la facha en la sala, que alumbra á todos; é si se mata por alguna ocasion, todos quedan lobregos, é sin vista, que es vencidos. E por ende, para tal oficio debe ser querido ome de grand seso, é que se haya visto en grandes faciendas, ó tenga fama de bueno, é que dió buena cuenta de sí en otros lugares. Non debe ser dada á ome presuntuoso, nin salido de razon; ca quien mala cuenta dá de lo suyo, non la dará buena de lo ageno. Yá algunos, á quien fué encomendado este oficio, dieron mal cabo de sus Señores, é de los que con él iban, por quanto el Señor manda á los suyos aguardar aquel pendon. Grand querella deben aver del Señor que los pone so tal Alferez; porque la vergüenza face morir los Fidalgos, é los face meter á peligro conoscido: onde conviene al Alferez que sea conforme à la voluntad de su Señor, é non faga mas de lo que le es mandado.

E Pero Niño dixo á Gutierre Diez su Alferez: Amigo, catad como agora oyades las trompetas, moved la bandera, é andad adelante fasta los Ingleses: estad alli quedo, non vos partades dende. El Capitan, muy bien armado, desque ovo requerido toda su gente, comenzó á altas voces á llamar Santiago, Santiago. Tocaron las trompetas, é movió la bandera, é toda la gente en pos della. Alli era tiempo de facer cada uno su debdo, é mostrar para quánto era; ca bien avia con quien.
La batalla fué bien ferida de un cabo é de otro, tanto que los Ingleses ovieron de dejar el campo; mas non todos, ca los Gentiles omes muy bien peleaban retrayendose: é si como la gente de las galeras eran á pie, fueran á caballo, muchos prisioneros vinieran alli aquel dia; pero ende ovo asaz muertos é presos. Yá estonce estaba Mosen Charles en tierra, armados muchos Caballeros que traia de Gentiles omes, é parescian al un cabo de la batalla muy guarnidos de sobrevistas, é otras guarniciones de oro é plata. E yo digo verdad, que pasada la batalla, las frechas eran tantas por el suelo, que non podia ome pisar en tierra que non pisase en frechas, tantas que las cogian á manadas. E contesció que un solo ome, que aquel dia vino á la batalla de la galera de Mosen Charles, murió alli: era Castellano, é era un buen ome: llamabanle Juan de Murcia. E aquel dia otrosi murió alli un hermano de Arripay, muy buen Ome de armas, que fizo alli muy bien armas antes que muriese. E despues Pero Niño rogó á Mosen Charles que comiese aquel dia con él, é sus Caballeros: é asi lo ficieron. E de tal guisa fueron aquella hora los Ingleses feridos é vencidos, que nunca ningunos tornaron, mas ante los dejaron recoger bien á su salvo sin pelea. E curaron de los feridos, é comieron é folgaron, que les facia bien menester. E alli dixo Mosen Charles al Capitan: Monseñor, il faut que vos me perdoneis; que esperando á guarnecerse estos Caballeros, yo non vos he ayudado en esta batalla. Pero todo el honor es vuestro, que yo non he de aqui parte. E dixo el Capitan: Monseñor, otro dia lo fareis mejor é si en mí es vos la dar, yo vos doy la honra toda desta batalla, por quanto sé que vos sois tan buen Caballero, que vos non fariades mengua ninguna donde vos acaesciesedes.
Alli sopo el Capitan como el Rey de Inglaterra avia juntado grand hueste, é avia levado mucha gente de aquella tierra, é era ido contra Ivan Príncipe de Gales, que estaba alzado contra él”.
No hay constancia en los archivos de Poole sobre esta incursión de 1405. La crónica deja muchas preguntas sin respuesta, como dónde se libró la batalla, de dónde vinieron los refuerzos, cuántas personas murieron o fueron capturadas y cuán graves fueron los daños a la ciudad. La crónica dice que la ciudad fue «totalmente quemada», pero es poco probable que esto sea cierto.
El gran almacén mencionado es casi con certeza las bodegas de la villa, cerca del muelle, cuyo muro trasero es anterior a la época de la represalia y debe haber sobrevivido a ella. El hecho de que los defensores pudieran escapar por la parte trasera del edificio sugiere que los asaltantes no penetraron por el interior las calles; y que el peor daño probablemente se concentró cerca de la orilla. Los refuerzos probablemente vinieron de Canford, un centro señorial y uno de los pocos lugares cercanos donde se podían encontrar caballeros y combatientes. Durante el siglo siguiente, Poole se recuperó, reparó sus edificios dañados y construyó defensas para la ciudad; además se creó el puerto aduanero de Staple.
Gutierre Díez de Games, siendo buen conocedor de los mares del norte, ofrece en su relato también un aspecto devocional al que se aferraban los marineros gallegos y castellanos cuando se hallaban en esas aguas embravecidas: “alli faziam los hombres, con el miedo de la muerte, botos e prometimientos, unos a Santa Maria de Guadalupe, otros a Santiago de Galizia, otros a Santa Maria de Finisterra, otros a Fray Pero González (Telmo) de Tui, e otros a San Biçente del Cavo. E plogo a Dios de los oyr, e doblaron el cavo, fallaron la mar mansa, e non tanto viento”.
Cuenta la leyenda que Harry Paye se vengó capturando 120 buques franceses cargados con hierro, sal, aceite y vino; y que de vuelta a Poole, dio el alcohol a la gente del pueblo dejándolos borrachos durante un mes, por lo que hoy cada mes de junio celebran una fiesta en su honor ataviados tal piratas de la época.

El rey, impresionado con sus hazañas, tomó a Harry a su servicio nombrándolo Escudero Real y le dio una pensión que aumentó su riqueza al tiempo que cambiaba su nombre por el más respetable de Henry Pay y se trasladó a Faversham con su esposa donde se convirtió en un comerciante próspero y Comandante de la Alianza de los Cinco Puertos (el nombre oficial ‘Cinque Ports’ proviene del francés normando y las ciudades que componían esta Confederación eran Hastings, New Romney, Hythe, Dover y Sándwich que históricamente tuvieron un cometido militar y mercantil).
Harry murió en 1419, casi 150 años antes de Sir Francis Drake y sus corsarios isabelinos. Está enterrado en la Iglesia de Santa María de la Caridad bajo la inscripción «Henry Pay, Armiger».
Pero con el paso del tiempo poco quedaba ya de la placa conmemorativa en su tumba; por lo que el alcalde de Poole se reunió en febrero de 2017 con el alcalde de Faversham para rehacer una nueva placa que devuelva su figura como se aprecia en las fotos. Pues para ellos Harry fue un héroe no reconocido en la historia inglesa que ha servido con honor y valentía a la Corona.

