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Santa Comba
lunes, julio 15, 2024

“Moviendo las piezas” (El Candidato Ganador III)


“Asesores políticos y el complejo de Superman”, “El Comité de Campaña”, “La estrategia electoral”, y “El votante objetivo”


Enlaces a los capítulos anteriores


“El Candidato Ganador”. Donde todo comienza – Introducción I


«Colocando las fichas en el tablero» – II

Y si quieres tener el libro en papel o en Kindle aquí lo tienes completo

Entre el asesor y el complejo de Superman

Lo lógico sería que ya llevaras varios párrafos planteándote que hay mucho trabajo por delante. Te advierto que todo esto funciona como un engranaje, y cada pieza que falte el motor se resentirá. Si es que no deja de funcionar.

Si piensas que puedes hacerlo todo tu solo, con pequeñas ayudas, barajo dos alternativas, o eres un auténtico superhombre o quizás te sobrevalores. Algo habitual en la clase política.

Lo que yo denomino como el “Complejo de Superman”. Aunque te parezca mentira no puedes estar en misa y repicando. Te pediría una seria reflexión. En caso de que sigas convencido de que puedes tú solo sigue leyendo (si lo crees conveniente) y asume tu responsabilidad.

En el otro caso (me acabas de dar una alegría) es el momento de hacer una de las elecciones más complicadas. Debes elegir un buen asesor. Hay libros de expertos que tratan este asunto más adelante. Considero que es un asunto que debes de resolver cuanto antes, y aconsejo que el asesor (por eso no lo llamo exclusivamente director de campaña) debe de estar contigo desde el primer momento. Y pienso que cuanto más retrases esta decisión será peor.

«Entre el candidato y el asesor debe de haber la máxima confianza. Tienen que formar un binomio ganador«

Aléjate de gurús. Valora varias posibilidades. No siempre lo más caro es lo mejor. Piensa en el trabajo que te plantea. Pídele una hoja de ruta y un presupuesto. No es el momento de que le exijas resultados. Es un asesor, no es un sabio. Pero sí que tenga claro que hay una misión que realizar y unos objetivos y que este no es un trabajo de dos horas diarias.

Entre el candidato y el asesor debe de haber la máxima confianza. Tienen que formar un binomio ganador. Si ves que no compaginas o te cae mal, aunque sea un crack, no lo contrates. Debes de tener en cuenta sus consejos, pero está claro que el que tiene el timón de mando y la última palabra eres tú. Es sano que pidas explicaciones sobre las indicaciones que te va dando. Porque todos cometemos fallos. Y tu interés estimulará también al asesor.

No busques en cualquier sitio. Por ejemplo, ese chico que reparte octavillas y te ha hecho algún escrito. Que además te saldría a precio de ganga. Ten en cuenta que estás eligiendo a la persona que será tu sombra. No lleves tu barco directamente contra las piedras. Incluso equivocándote te puede salir bien la jugada. He visto candidatos descoordinados y campañas pésimas que terminaron en mayorías absolutas. Pero no ha sido gracias a las meteduras de pata.

Apuesto a que podrían sacar incluso mejores resultados si hicieran las cosas bien. Si piensas que ya tienes a toda tu circunscripción en el bolsillo, es evidente que puedes ahorrarte todos mis consejos.

Pregunta a tus compañeros de partido, Observa a tu alrededor o vete directamente a empresas especializadas. Te aconsejo que lo comentes en tu partido y en tu “círculo íntimo”.Cuando tengas a tu hombre deja claro entre tus más cercanos colaboradores que no es más que una ayuda externa. Que no viene a hacer carrera política. Es algo fundamental.

Siempre que tuve la ocasión de participar o seguir una campaña electoral, los primeros contactos son como entrar en un zoológico. Hay personas que tienen marcado su territorio. Unos se acercan para sondear tus simpatías de cara a sus propias aspiraciones políticas (quizás buscando un puesto destacado en la candidatura). Otros ejercerán una repulsión o distanciamiento porque el asesor, en la mayoría de los casos, es un objeto externo colocado en la cúspide del organigrama.

Y eso es difícil de asimilar para muchas personas. Porque en definitiva la política es también un maratón de egos, celos, ambiciones y codazos. Otra característica común en el zoológico político es una especie fácilmente detectable: “La corte de aduladores”. Si eres candidato o asesor y aún no tienes localizada a esta peculiar familia, tienes un pequeño problema. Mira cerca de ti. Suelen ser gregarios, cercanos, cariñosos pero en el noventa por ciento de los casos inútiles para nuestro trabajo. Tampoco te deshagas de ellos. Forman parte del hábitat y adornan.

El Comité de campaña

Después de varias conversaciones y analizar varias alternativas ya tenemos a nuestro asesor, que a su vez será el director de campaña y nuestro jefe de prensa. Nuestro territorio no es Nueva York y estamos en un difícil contexto económico. Has hecho un esfuerzo con cargo a tus finanzas para tener un asesor durante varios meses y ahora debes articular tu comité de campaña.

Miembros del partido y colaboradores deben formar el “núcleo duro” para tomar decisiones y reunirse con frecuencia. Es interesante que tengas personas de absoluta confianza aunque si estás en la estructura de un partido seguramente tendrás cargos con los que no tengas una gran amistad, pero que están en el mismo proyecto.

Al final lo que queremos es ganar unas elecciones y tampoco es la cena de Nochebuena. Pero mejor evitar malos rollos y limar asperezas si las hubiera. Este proyecto tendrá sitio para todos. Necesitamos mucha gente. Pero en el Comité de campaña no tengas a demasiados. Que sea un grupo dinámico que tendrá que coordinar a muchos más grupos. Tu equipo será como la famosa “Matrioska”. Un equipo estará dentro de otro equipo y así suma y sigue.

La estrategia

Observarás que aquí en ningún momento nos referimos a ideologías políticas. Ese es tu producto. Aquí aportamos claves y experiencia para “vender” ese producto. No me importa si eres de izquierda, centro, o derecha, si eres republicano o monárquico.

Lo que sí te digo es que esto es como una operación militar. Tiene que haber una jerarquía y no debe ser un proceso asambleario. En precampaña y campaña tiene que haber una estrategia definida y la capacidad de reaccionar al instante si es preciso, y no esperar a reunir a cincuenta personas para decidir lo que le contamos a un periodista que está al otro lado de la línea telefónica.

Es vital ser operativos. Si en el fútbol o en el ajedrez diseñan tácticas, la política no es menos. Tu equipo puede ir perdiendo y cambiar de sistema, pero lo que no pueden hacer es cambiar la camiseta o saltarse las reglas del juego (Es tu equipo y debe tener once jugadores sobre el campo, entre otras cosas).

Ya hemos adoptado una decisión estratégica. Tenemos un candidato, un asesor y un comité de campaña. En palabras de los expertos se persigue “una correcta definición del escenario electoral”. En uno de los manuales de la Fundación Konrad Adenauer y la Organización Demócrata Cristiana de América, radicada en Argentina, se considera elemental la “centralización de la conducción de la campaña en un comité de campaña, y dentro de éste, el jefe de campaña”.

Este equipo debe tener la “capacidad de producir hechos y acciones e campaña”, establecer un “permanente monitoreo de la comunicación mediática” y “desarrollar una política de comunicación coherente”.

Aunque yo escribo este libro con mis experiencias y mis propios ejemplos, es obvio que detrás de todo esto hay múltiples lecturas. Y en este capítulo, me quedo con una nueva reflexión del gran Joe Napolitan:
“Nunca existe un solo camino posible. La mejor estrategia es la que puede ser asimilada o internalizada por el candidato en cuestión. Se reitera: Las estrategias no son trajes a medida. Lo que le queda bien a uno le puede quedar mal a otro”.

El autor @xmlema

Objetivos generales


¡Vamos a ganar las elecciones¡ Me gusta que seas positivo y es bueno serlo aunque recuerda que hay quien dice que hay dos formas de perder las elecciones, dándolas por ganadas de antemano o salir ya con rol de perdedor.


Es el momento de volver a ser sinceros. Ser realista es imprescindible. ¿Cuál es nuestro objetivo? Lo normal es buscar la victoria, pero a veces es más complicado obtener representación para un candidato que la mayoría absoluta para otro que cuenta con una base sólida. Con toda la información que llevas recopilada y haciendo una reflexión colectiva entre tus colaboradores más directos hay que fijar una meta a la que aspiramos con total franqueza.


El votante objetivo


Hablamos de que estamos en una carrera. Ni el mejor ciclista de la historia hizo todo un Tour de Francia o una Vuelta a España al cien por cien y pedaleando como un poseído.
Hay que dosificar esfuerzos. Y definir en qué caladeros de votos queremos pescar preferentemente.

Sí, hombre, queremos todos los votos, pero en el maratón electoral no podemos hacer toda la carrera a un ritmo impresionante. Hay que elegir un “votante objetivo” al que el profesor Costa Bonino define como el “elector ideal medio”. Tenemos que tener clara una escala de prioridades.


Coge la libreta. Te acuerdas que al principio del libro te pedí que identificaras a los “líderes de opinión”. En todos los sitios hay personas que influyen y tienen una cierta ascendencia sobre los demás. Presidentes de asociaciones vecinales, culturales o deportivas, músicos, escritores, funcionarios, médicos, taberneros, comerciantes, taxistas y hasta el cura del pueblo.


Nos interesa estar cerca de toda la gente que tenga contacto directo con nuestros votantes. Algunos estarán disposición de colaborar contigo y serán “transmisores de mensajes”. Con otros nos conformaremos con que no hablen mal y no “entorpezcan” los mensajes.


Diferenciando a los electores

Es muy importante cuidar al llamado “voto duro”. A nuestros votantes tradicionales que hay que tener en un estado óptimo de motivación. Posiblemente con ellos no tengamos la victoria asegurada, pero en la historia política se ha escuchado muchas veces el lamento de que: “nuestros votantes se han quedado en casa y no han ido a votar”.


Hay que evitar la desmotivación. Y una de las cosas buenas de la campaña es mantener en ese grado de movimiento a nuestras bases.


Por lo tanto, debemos diferenciar entre tres grupos. La gente que nos votará con toda seguridad, la que no se sabe con precisión y las personas que es muy posible que no nos apoyen.


A los primeros hay que motivarlos y atenderlos. En el segundo grupo está el llamado “marais”, grupos de electores poco interesados, que no tienen suficiente información y mantienen un cierto distanciamiento con el proceso electoral y que salvo sorpresa es muy posible que no aparezcan por el colegio electoral.


Todo lo que podamos pescar en este río nos vendrá estupendamente. En este mismo grupo de “dudosos” están los llamados indecisos. Pero hay que diferenciar. Hablamos de gente con criterio y más formada, que no tiene su decisión cerrada. A estos hay que ganarlos con especial esfuerzo. As veces serán pulsos personales demoledores. Valora lo que interesa en cada caso.


En el terreno contrario tenemos a los “críticos”, que simpatizan o están más cerca de otras opciones. Son un terreno vedado pero podemos intentar salir de caza dentro de nuestra agenda. Cada voto que consigas tendrá valor doble porque se lo arrebatarás a tu contrincante. Y si no lo consigues, al menos, con tus argumentos crearás dudas en el bando contrario. Podrán tener un efecto muy beneficioso para tus aspiraciones. Hay quién diferencia los grupos e votantes en cuatro apartados: Seguros, frágiles, potenciales y lejanos. Solo para que lo sepas si algún día te compras un libro de marketing electoral.


El Candidato Ganador y La estructura


Hay un dicho muy común en los años del mandato de Margaret Thatcher en el Reino Unido. La gente decía que cada mañana las primeras personas que te daban los buenos días eran el lechero y el candidato del Partido Conservador.


Si tú partido tiene una sede y hay una cierta actividad ya hemos avanzado algo. Si no es así, no esperes a la campaña para darle vida. Por cuestión de imagen y operatividad. No lleves la sede en tu bolsillo ni la habilites en tu casa. Comparte y dinamiza. No pongas fronteras en tu camino.


Haz un mapa con todos los lugares del territorio que aspiras gobernar (o seguir gobernando).Y anota los agentes electorales, militantes o colaboradores de los que dispones. Procura que no haya ni una sola calle, ni una aldea, sin un representante controlado por ti. Si no lo hay, búscalo inmediatamente.

Constituye consejos de distrito o parroquiales formados por varias personas, con un portavoz local o presidente, un secretario y varios locales. A las personas nos gusta generalmente que nuestros pueblos tengan un “status” y un protagonismo. El secretario del partido o tu “mano derecha”, tu asesor y siempre que sea posible tú mismo, debéis mantener reuniones periódicas con estos consejos, comités parroquiales o juntas de distrito.


Tendrás a tu equipo en una permanente interactuación, y podrás conocer lo que se palpa en cada núcleo. Además posiblemente te permitirá incorporar gente nueva.


También es interesante que mantengas vivas las juventudes del partido. Aunque mi experiencia me dice que en la mayoría de los casos el protagonismo de los jóvenes se limita mucho y en casos se reduce a hacer de comparsas en mítines y en mano de obra de campaña, sigo pensando que los líderes juveniles pueden aportarte frescura, ideas y sobre todo un vehículo de conexión con un sector muy apetecible, como es el de los primeros votantes o, en general, las personas de menor edad.


Cuenta con ellos. Dale su parcela de protagonismo, y deja hagan sus actividades y emitan sus opiniones, siempre en coordinación con el jefe, que eres tú.


Abonando el terreno


Hay quién considera que es una buena elección que aparezca un candidato inmaculado caído del cielo y que aparezca estilo “ángel mensajero”, como solución espontánea.


Puede salir bien pero yo creo más en el candidato que ha abonado el terreno con suficiente tiempo, ha tenido un proceso de aprendizaje previo, se ha curtido en los salones de plenos o en la calle, y es conocido.

Probablemente se le conozcan más defectos que al candidato espontáneo, pero también tendrá un bagaje, una experiencia, y una imagen más consolidada.

“El Candidato Ganador. Cómo organizar campañas electorales para ganar unas elecciones (Marketing Político)” es un libro de Xosé Manuel Lema con todos los derechos reservados.

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