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sábado, noviembre 26, 2022

El viaje de Feijóo. La visión previa del líder gallego ante su gran salto

-RAFAEL LEMA MOUZO

Alberto Núñez Feijoo está llamado a liderar el PP nacional en abril, como antes lo hicieron nuestros paisanos Fraga y Rajoy. Ante unas circunstancias un tanto abruptas, el indiscutible líder gallego quiere apaciguar la marejada, y encalmarla en un congreso normalizado de afirmación de ideas y proyectos. Cuando en el otoño se publicó «El viaje de Feijoo» de Fran Balado, lejos estaba el autor de pensar en esta cadena tan precipitada de hechos.

Por diversos motivos estuve presente en varios acontecimientos significativos de la vida política del PPdeG de los últimos años, y de Alberto Núñez Feijoo, con el que coincidí en muchos actos públicos desde su etapa como conselleiro.

Estuve en el congreso popular de 1997 en A Estrada cuando el triunvirato de la boina mandó a Rajoy y Romay al poleiro. Conocí de cerca la apuesta del PP coruñés por atraer a Rajoy como sucesor de Fraga, ante el arrinconamiento de la propuesta de Romay. En un acto en el restaurante Pastoriza de Arteixo le indiqué a varios cargos que sin duda creía que Rajoy y Romay eran los mejores políticos del PP gallego, dirigentes de contrastada solidez, pero por un lado Galicia no era una sola provincia, y por otro el gran problema de Mariano Rajoy era su falta de tacto con nuestra lengua propia. Muchos gallego hablantes, tanxugueiros de cuna y acción diaria, creemos (hoy como ayer) que el pueblo no acepta un presidente no bilingue. No es cuestión baladí, porque una de las fortalezas de Feijoo es la de ser un niño de aldea, con un uso coloquial, familiar y nada impostado del gallego.

Participé en el congreso del 15 de enero de 2006 en el Palacio de Congresos de Santiago cuando Feijoo relevó a Fraga como presidente popular. No era el marcado por los dioses, el pretendido por la cúpula de la efectiva maquinaria popular. Pero la venganza del poleiro se cocía lenta, como una pota de caldo sobre la plancha de una bilbaína, y culminó. Rajoy, Romay sobre todo, y Louzán en la trama final, cambiaron la historia del PPdeG, la de Feijoo, para bien de todos. También de los vencidos. Se implican con fuerza en esa victoria para la que inicialmente no estaba destinado el eficiente ex conselleiro de Obras Públicas. Estaba en las gradas de la plaza de toros de Pontevedra cuando Feijoo la llenó en su exitosa campaña a la Xunta, y en otros muchos actos de la misma.

Quizás aquellas lides, con no pocas bajezas, para un hombre casado con la vida pública y la acción de gobierno, apartaran la idea de meter su mano en el avispero madrileño las veces que su nombre fue invocado en el ágora donde nacen y crecen todas las tormentas. Luchando con los suyos, con los espías y tramposos mediocres de la casa. Aupado por los votos.

De igual modo, me une una relación de amistad y afecto sincero con dos personas destacadas en la biografía de Feijoo, como son Carlos Negreira y Amarelo de Castro. La primera vez que escuché el nombre de Alberto Núñez Feijoo fue precisamente por una gestión ante Carlos Negreira, político de la Santa Comba brasileira que tan bien conozco. El xalleiro entró en la administración gallega con Alberto, su compañero de estudios, en Facenda. Fernando Amarelo se lo recomienda a Romay en 1990, y entra en puestos de responsabilidad en la consellería de Agricultura. El entonces conselleiro de Agricultura, Gandeiría e Política Forestal, barón provincial e incansable corre corredoiras, José Manuel Romay Beccaría, será su gran padrino político.

En el aspecto personal cuento con información de primera mano sobre los Feijoo, por medio de un buen amigo natural de Os Peares, casado con una vecina mía, un gran profesional ajeno al mundo de la política. Antonio, que así se llama, a todos los aprecia y se siente muy orgulloso por la carrera de Alberto.

Fran Balado publicó en La Esfera de los Libros, «El viaje de Feijoo» un acercamiento en lo personal y político a la figura del nuevo candidato a liderar el PP nacional. El periodista se entrevistó durante dos años con más de 50 personas significativas en la etapa pública y privada del presidente de la Xunta de Galicia. La obra recorre en imágenes la vida de Feijoo, desde su infancia en Os Peares hasta su última toma de posesión, con un carácter ameno y didáctico pero también de memoria periodística en la recreación y análisis de los momentos cruciales de su vida pública, que es la del PP gallego, en la gran incertidumbre del relevo del león de Vilalba.

Una apuesta que inicialmente no era la favorita de los garantes de la continuidad del poderoso andamiaje popular gallego, pero que fue la más acertada. Y que de nuevo nos devuelve a las tensiones y pulsos actuales en una encrucijada deja vu. Las páginas avanzan desde los primeros estudios en León, la vuelta a Galicia, la Universidad en Santiago, las primeras novias, las oposiciones, la entrada en la Xunta, las primeras influencias políticas, la negativa al salto a la caja de los vientos de Madrid a relevar a Mariano Rajoy.

Por ello, en estos turbulentos días de España y Europa, cuando algunos políticos y partidos tienen la indecencia de no condenar la agresión a un país europeo soberano e independiente, acae la lectura de este dossier biográfico sobre el niño de aldea que nunca perdió unas elecciones. Un político con una clase y convicciones poco frecuentes en la actual selva nacional. «Un hombre austero, metódico y con un gran sentido familiar que lleva con discreción estar en la primera línea de la política» reza la cartela.

A la indagación en la personalidad de Feijoo por parte del autor añado la definición de uno de sus padrinos, Rajoy, en la página 64, cuando le preguntan si el nuevo líder del PPdeG pertenece a la boina o al birrete: «¿Feijóo el candidato del birrete? Tiene estudios, está muy formado, había estado en Madrid…Pero en las primarias se fue camuflando y acabó siendo el candidato de todos. Feijoo pisa con la misma comodidad el barro de las aldeas que las moquetas de los salones«.

Palabras que se pueden actualizar a las nuevas circunstancias, cuando inesperadamente, esta vez sí, Feijoo va a dar el salto para verse de nuevo en un congreso peleando unos votos que hoy y en estas circunstancias ya tiene por sacos. No hay color en la brega, ni se pronostican turbulencias. Filas prietas cuando la necesidad aprieta.

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