Los ataúdes con personas vivas en su interior volvieron a desfilar en la romería de Santa Marta de Ribarteme, cumpliendo una tradición que se remonta siglo XVIII y sigue creciendo en popularidad.
En esta ocasión, fueron cuatro ataúdes abiertos, cada uno con su respectivo “ofrecido” y un quinto cerrado, los que desfilaron en procesión después de la misa solmene que se celebra cada 29 de julio.
Todo en un ambiente excepcional formado por miles de personas procedentes, en su inmensa mayoría, por ciudadanos de distintos puntos de España y Portugal. La imagen de Santa Marta, a la que relacionan con las personas que están en peligro de muerte, es paseada junto con la Virgen del Carmen y San Benito.
Porque en San José de Ribarteme, la fiesta en honor a Santa Marta es una concentración de multitudes. Los devotos, para pedir la intercesión de la Virgen o agradecer un supuesto favor, participan en la caminata o incluso van más allá y se introducen en los féretros, dando varias vueltas al santuario.
La procesión de los ataúdes genera mucha expectación por parte de los medios de comunicación e incluso el National Geographic Channel realizó un documental, con uno de sus periodista Darren McMullen ejerciendo de ofrecido entre las mortajas.
Y es que los temas vinculados a la muerte o al “otro mundo” tienen hondas raíces en la tradición gallega, e incluso causan respeto.
No sabemos si sería por ese temor o por sus creencias religiosas, pero en marzo de 1940, después de un incendio, Francisco Franco hace llegar un donativo de 500 pesetas a la iglesia de San José de Ribarteme.


